viernes, 14 de agosto de 2020

EL ARTE ABSTRACTO Y NUESTRO CEREBRO


Como funciona el cerebro ante una obra abstracta







Vasily Kandinsky – Black Lines, 1913








 Un estudio demuestra que hay procesos de percepción comunes a todos los observadores. La corteza del cerebro se fija primero en la parte emocional y después se activa la parte cognitiva

Los tonos rojizos transmiten calor, al igual que la sangre es caliente y que el fuego arde. Las pinceladas azuladas, por su parte, se asocian al frío y a la ligereza. Son los colores con los cuales la mente pinta, sin esfuerzo y desde la infancia, el agua, la lluvia o una burbuja. De esto no cabe duda. Un estudio publicado en la revista científica PLOS ONE demuestra que estas asociaciones, junto con la de la felicidad y la tristeza, son universales. Sin embargo, las divergencias aparecen a la hora de distinguir entre liso y rugoso, masculino o femenino, suave o rígido, agresivo o tranquilo, por ejemplo. Las personas discrepan más, según los resultados, en el momento de juzgar si la obra es interesante, si les gusta o no.

Eva Specker, autora principal del estudio e investigadora en la facultad de Psicología de la Universidad de Viena (Austria), va al museo con su madre desde que es una niña y siempre quiso entender lo que pasa por la cabeza del público al mirar una obra. “La principal motivación fue entender cómo una persona experimenta el arte, las diferencias entre cada uno y si correspondía a lo que pensaba. Pero tuve sorpresas”, cuenta.

Lo más sorprendente del estudio es que el conocimiento artístico no influye en casi nada en lo que concierne las 14 disociaciones analizadas. Para Jesús Porta, vicepresidente de la Sociedad Española de Neurología, el hecho de que no exista diferencia entre ser expertos en arte o no, es lo mejor de este estudio. “Siempre se ha creído que el arte los disfrutamos más cuando tenemos conocimientos, pero aquí demuestran que no", explica. Esto refleja por lo tanto que la emoción que transmite una obra abstracta es independiente a la pericia que uno tiene.


Una mujer contempla la obra de Joan Miro "Azul II".

Si dos personas miran una obra de Kandinsky en su totalidad estarán más de acuerdo en el mensaje que propone que si se centran en un círculo rojo a la izquierda. Ahí, cada uno tendrá su visión y su idea sobre lo que ese dibujo aislado representa. Specker pensaba que iba a ser lo contrario y que la gente discreparía más en cuánto aumentara la complejidad. La experta utiliza una comparación sencilla para justificar este fenómeno: “Supongo que es cómo con la escritura. La cosa está mucho más clara cuando tienes toda la frase que tan solo una palabra. En este segundo caso, cada uno imaginará lo que quiera. El ambiente general nos une en cierto modo”.

Porta sostiene un discurso en la misma línea. “Con un solo color, el cerebro se predispone. Lo metes en un contexto personal, en las experiencias individuales y por eso hay más diferencias”, opina. En definitiva, al mirar la obra entera, el artista ya da el ambiente, y por lo tanto, también ofrece el camino que tiene que tomar el espectador para interpretar.
Pero no hace falta contexto para distinguir entre frío y calor, triste y feliz, y pesado y ligero, cuenta el estudio. La universalidad de estos tres primeros aspectos se debe a que la educación establece estas percepciones básicas desde la infancia. Son obvias y transculturales, mientras que las otras no. “Son aprendizajes evolutivos. El lenguaje matiza nuestro cerebro desde pequeños. Incluso si vemos el cielo blanco en una obra, lo imaginaremos azul”, comenta Porta.

A Susana Martínez Conde, directora de Laboratorio de Neurociencia Integrativa de Nueva York y experta en percepción visual, no le sorprenden los resultados. “Justamente por ser un trabajo abstracto, existe una gama muy amplia de experiencias y de diferencias individuales”, asegura. Tampoco le llama la atención que haya poca diferencia entre expertos y personas que no lo son, ya que la mayoría de los procesos de percepción más básicos forman parte de la arquitectura neuronal intrínseca. “Hay procesos comunes a todos los observadores. En escenas complejas tendemos a fijarnos más en objetos que están en el fondo o por ejemplo en los contornos de los objetos. Las esquinas contienen más información y atraen más la mirada que los bordes rectos. Cuanto más aguda y más sobresaliente, más resalta del conjunto”, detalla la investigadora.

El recorrido mental

Para saber lo que pasa en el cerebro, hay que tener en cuento el estado de ánimo de la persona. El cerebro no reacciona igual si la persona va sola, si está acompañada y por quién, si ha tenido un buen día o no. Porta explica que, al acercarse a la obra, el espectador integra cada elemento por separado. La corteza del cerebro se activa y primero se fija en los colores, las sombras, las formas y las cosas que le llaman la atención. “Es la parte emocional. Más tarde, el cerebro activa la parte cognitiva, la que intenta buscar una explicación y es la que usan más los que tienen conocimientos”, asevera.

Martínez Conde confirma este punto. “Diferentes personas dirigen la mirada a diferentes partes de una obra en diferente orden, pero también la misma persona en función de su estado mental va a observar la misma escena de manera distinta. Según lo que el observador se está preguntando, la forma en la que analiza la imagen varía”, relata. Este tipo de diferencia existe ya en el arte figurativo, por lo que se establece una diferencia aún mayor en el arte abstracto debido a su naturaleza mucho más subjetiva.

Para el vicepresidente de la SEN es fundamental ahondar en estos aspectos porque permite no solamente entender lo que es el arte para el ser humano, pero también puede ayudar a conocer el cerebro y prevenir enfermedades. “Estudios como este son pasos importantes para la neurología”, concluye.


































jueves, 13 de agosto de 2020

KAMALA HARRIS



Kamala Harris, un loto crece debajo del agua...

















De padre jamaicano y madre tamil, lucha por cambiar la política migratoria y tener un país 100% verde. En el pasado proceso de primarias tuvo duros enfrentamientos con quien ahora será su compañero de campaña

“Antes de empezar es importante señalar que mi nombre se pronuncia “coma-la”, como el signo de puntuación. Significa ‘flor de loto’, un símbolo con gran significado en la cultura india. Un loto crece debajo del agua y las flores ascienden en la superficie mientras sus raíces están firmemente plantadas en el suelo del río”, escribe Kamala Harris en las primeras páginas de su autobiografía. La demócrata, la primera mujer de color en ocupar un puesto en el Senado de Estados Unidos por California y la segunda en la historia que lo logra,ha sido la elegida por Joe Biden para ser la número 2 de su tiquet presidencial.

Esas palabras sobre su origen las dijo Harris en un debate que dejó una foto para la historia en 2019, la de Harris siendo una niña con coletas que formaba parte del “busing”, un plan lanzado en los años 60 que repartía a los niños de distinas etnias en distintos colegios y barrios para evitar  la segregación en las escuelas. Ese plan es el que le lanzó a la cara al ex vicepresidente Biden, de quien ahora será compañera de campaña, a quien acusó de haberlo cancelado con la ayuda de dos senadores racistas. Biden se defendió diciendo que no estaba en contra, sino que creía que debía ser cada Estado y no el Gobierno el que aplicara un plan de ese tipo.

En cualquier caso, la polémica permitió a la senadora por California y ex fiscal de ese mismo Estado mostrar sus armas dialécticas y reivindicar su infancia como niña afroamericana. Fue al terminar el debate cuando Harris colgó una foto suya en Twitter de aquellos años, una en la que aparece con coletas. “Había una niña pequeña en California que iba en “busing” al colegio. Esa niña pequeña era yo”, dice en el texto de un tuit que causó furor.




Ataques de los negros 'puros'

La polémica aumentó espectacularmente la base de fans de Harris, pero también ha provocó una campaña en su contra. Algunos la acusan de decir que es afroamericana cuando en realidad es medio india y medio jamaicana. Donald Trump Jr retuiteó un tuit de Ali Alexander, un activista afroamericano de derechas, en el que cuestionaba la “africanidad” de la candidata aunque después lo borró.
La controversia también dio visibilidad al movimiento #ADOS, en el que se reivindica la diferencia entre los negros “puros” descendientes de esclavos, que son los “verdaderos americanos”, y los recién llegados. Un movimiento del que se ha dicho que pueda estar dirigido por bots rusos aunque sus portavoces son personas de carne y hueso que mantienen, eso sí, discursos ambivalentes sobre esa "pureza" según en qué ámbito se expresen.

Por su parte, Harris está casada con el también abogado Douglas Emhoff, especializado en propiedad intelectual, y pieza clave de su anterior campaña, cuando competía contra Biden. Con él tiene dos hijos veintañeros y una trayectoria vital y profesional marcada por el esfuerzo y los logros. En sus memorias, The Truths We Hold (“Las verdades que preservamos”) explica sus orígenes.

Su madre Shyamala Golapana, creció en el sur de la India y fue una estudiante brillante. Después de graduarse en la universidad de Dehli, fue admitida en la Universidad de Berkeley para ampliar estudios en endocrinología y nutrición. Aunque el plan era que regresara a la India después de esos estudios para casarse en un matrimonio concertado, Shyamala se enamoró en California del padre de Kamala y nunca regresó. Mujer decidida, cuenta la candidata demócrata que al nacer su hermana mayor, Maya, cuando su madre rompió aguas estaba en el laboratorio. Su maternidad no le impidió acabar el doctorado. Kamala fue la segunda llegar. En esa ocasión, en el momento del parto su madre estaba preparando tarta de manzana.




Kamala Harris (segunda fila a la izquierda) y su familia

La candidata demócrata no habla mucho de su padre (en el libro cuenta que era un apasionado del jazz que poseía una gran colección de vinilos), pero sí explica la dolorosa ruptura del matrimonio: “La armonía no duró mucho entre ellos y con el tiempo parecían agua y aceite”, escribe Kamala. “Cuando tenía cinco años mi padre encontró trabajo en la universidad de Wisconsin y aunque no se divorciaron hasta muchos años después jamás volvieron a convivir. No se pelearon por el dinero, se pelearon por los libros”, escribe la senadora.


Harris y Biden, rivales en el Partido Demócrata.


Rodeada de mujeres

A partir de la separación, Kamala vivió con su madre, la mujer “responsable de formarnos como mujeres”, y aunque el padre no desapareció de sus vidas reconoce que lo veían esporádicamente. Una madre que fue una brillante científica, pero también se involucró en los movimientos de derechos civiles que transformaron EEUU en los 60 y 70. “Mi abuela no fue a la escuela, pero ya era una mujer con la fuerza para organizar su comunidad que fue muy activa políticamente. Mi madre heredó esa profunda conciencia política que surgía de la injusticia”, dice sobre su progenitora.
Shyamala luchó contra la guerra de Vietnam, fue atacada por la policía en las manifestaciones contra la segregación y conoció a Martin Luther King. “Ella entendió muy bien que estaba criando a dos niñas negras e hizo todo lo posible para que creciéramos como mujeres poderosas y seguras de sí mismas”, señala su agradecida hija. Fue durante esa infancia marcada por la fuerza de una madre excepcional cuando Kamala se convirtió en una “niña del busing” que tuvo la ocasión de estudiar en aulas no exclusivamente blancas. “Recuerdo maravillada lo sensacional que era educarme en un aula con estudiantes que venían de lugares tan distintos. En clase celebrábamos varias fiestas culturales y yo sabía contar hasta diez en varias lenguas”, explica.

Una infancia feliz marcada por las bromas de sus compañeros por los experimentos culinarios de su madre (que trataba de aplicar principios científicos a sus creaciones), las conversaciones sobre política e historia en la cocina y una madre encantadora pero dura que “no tenía paciencia con la autoindulgencia y nos obligó a ser ordenadas y estudiosas desde muy pequeñas”.

 Una fiscal dura

Tras una etapa en Montreal, donde la familia se mudó porque la madre había encontrado un trabajo en un hospital, Harris volvió a EEUU para estudiar derecho y ciencias políticas en la universidad. Acabada la carrera, enseguida tuvo claro que quería trabajar en la fiscalía porque allí es “donde se toman las decisiones”. Después de trece años como ayudante, en 2003 ganó las elecciones para fiscal del condado de San Francisco y siete años más tarde fue elegida fiscal de California, el Estado más poblado del país en el que viven 39 millones de personas y una de las economías más avanzadas del mundo.

En sus inicios, como en un capítulo de CSI, Harris se dedicaba a los homicidios y su papel era aparecer en la escena del crimen para “asegurarme de que todas las pruebas eran recogidas de forma apropiada y sin ser corrompidas para que pudieran servir como prueba en el tribunal”. Eso significaba que la despertaran sin previo aviso a horas intempestivas de la madrugada para encontrarse con las escenas más dantescas.

Como fiscal, Harris se presentó como la más dura contra los abusos de las corporaciones y al mismo tiempo trató de suavizar la dura política penitenciaria de EEUU, un país en el que hay 750.000 personas encarceladas. De hecho, reducir la población carcelaria y vigilar que la policía no se mueva por motivos racistas son dos de sus máximos argumentos de campaña. Harris también propone revertir por completo la política de Donald Trump en materia de emigración y avanzar hacia un modelo de energías cien por cien limpias. Su coraje y determinación la convirtieron en una estrella para determinados sectores demócratas, pero finalmente eligieron a Joe Biden, el rival con quien ella se mostró más dura pero con quien ahora tendrá que recorrer el largo y duro camino de la campaña electoral con la que en noviembre intentarán sacar de la Casa Blanca a Donald Trump.










































miércoles, 12 de agosto de 2020

VACUNA RUSA ?


La vacuna rusa 



Gideon Meyerowitz-Katz








 Frascos de la vacuna Sputnik V de Rusia, la primera vacuna contra el coronavirus en el mundo. Si bien se han registrado previamente los ensayos de fase uno y dos de la vacuna, al parecer están en curso y aún no han publicado ningún resultado. No hay evidencia de que se haya iniciado siquiera un ensayo de fase tres








La única diferencia perceptible entre la vacuna de Rusia y otras es que esta se ha saltado la mayoría de las fases de prueba.


A lo largo de la pandemia de Covid-19, ha habido una esperanza en la que todos hemos confiado. Todos estamos esperando, con la respiración contenida, el día en que los científicos anuncien una vacuna exitosa contra el coronavirus, porque entonces podemos recibir un golpe y volver a la existencia monótona que disfrutamos en 2019.  Y, según Rusia, ese día fue ayer. En las últimas 24 horas, Vladimir Putin aparentemente aprobó la primera vacuna contra el coronavirus del mundo. Realmente una gran noticia.

Pero mucha gente está comprensiblemente confundida con este anuncio. Durante meses nos han dicho que la carrera para encontrar una vacuna es más un maratón que un sprint. Incluso los objetivos optimistas de los programas de vacunas más avanzados solo apuntan a comenzar a administrar dosis a fines de 2020 . ¿Cómo es que Rusia ha logrado anotar el golpe definitivo y terminar de probar una vacuna meses antes que nadie?

Desafortunadamente, resulta que realmente no lo han hecho. De hecho, la única diferencia perceptible entre la vacuna de Rusia y cualquiera de las otras que ha visto en las noticias es que esta se ha saltado la mayoría de las fases de prueba que vienen antes de la licencia. En realidad, no tenemos idea de si es seguro y eficaz.

Déjeme explicarle. Las vacunas, y la mayoría de las demás intervenciones médicas, se prueban en cuatro fases de experimentos humanos. Los ensayos de fase uno son muy simples: administre la vacuna a un pequeño grupo de personas en diferentes dosis para ver cuál es segura. Los ensayos de fase dos son más grandes, con unos pocos cientos de personas, y generalmente comparan la vacuna con un control para a) asegurarse de que esté desencadenando una respuesta inmunitaria y b) ver si hay efectos secundarios graves que el ensayo de fase uno omitió. Los ensayos de fase tres son los mayores estudios previos a la obtención de la licencia y prueban si la vacuna realmente funciona- asignan aleatoriamente a las personas en dos grupos, vacuna versus control, y las siguen durante meses para ver si las personas que recibieron la vacuna se infectan menos que las personas que reciben el control.

 Estos ensayos son enormes, con decenas de miles de participantes, por lo que también pueden buscar efectos secundarios raros que los estudios más pequeños no pueden detectar. Los ensayos de fase cuatro son posteriores a la obtención de la licencia y están allí para verificar si la vacuna causa problemas realmente raros, porque es posible que no detecte algo que sucede una de cada 1.000.000 de veces hasta que vacune a suficientes personas.

Ahora, la clave aquí es la fase tres de prueba. Hasta que se completen, todo lo que ha demostrado es que la vacuna no daña a todos los que la toman y que hay alguna respuesta de anticuerpos al mes de recibir la vacuna. Hay numerosos ejemplos de vacunas que parecían prometedoras en la fase dos (causaron respuestas de anticuerpos y eran lo suficientemente seguras) que resultaron ser inútiles para prevenir enfermedades. La vacunación contra el VIH ha sido tradicionalmente increíblemente difícil, y al menos una vacuna que pasó los ensayos de fase 2 con gran éxito no logró prevenir realmente la enfermedad. Una vacuna para el herpes parecía prometedora, pero no creó una respuesta inmune sostenida y, por lo tanto , no previno infecciones reales por herpes.. Otra inmunización para el estafilococo, una enfermedad desagradable que mata a personas en hospitales de todo el mundo, no solo no pudo prevenir infecciones en la fase tres a pesar de ser perfecta en la fase dos, sino que en realidad aumentó el riesgo de muerte de las personas.

Por eso hacemos estos estudios. No es por diversión, es porque a veces las cosas que se ven realmente bien al principio resultan bastante inútiles.
Lo que nos devuelve a Rusia. Si bien se han registrado previamente los ensayos de fase uno y dos de la vacuna , se informa que están en curso y aún no han publicado ningún resultado. No hay evidencia de que se haya iniciado siquiera un ensayo de fase tres, y mucho menos completado.
Esto nos deja con la conclusión obvia: nadie sabe realmente si esta vacuna realmente funciona. Los ensayos de fase uno y dos pueden informar esta pregunta, pero debido a que solo miden títulos de anticuerpos u otro resultado sustituto, no pueden decirnos si la vacuna previene la enfermedad que debe detener. Según todos los informes, las personas inoculadas con la vacuna rusa tienen anticuerpos, pero es posible que estos no duren, no proporcionen suficiente protección o que fallen por otra razón porque el sistema inmunológico es endiabladamente complejo. Simplemente no lo sabemos.

Lo que esto significa es que, en efecto, cualquier persona que reciba la vacuna será parte de un gran ensayo clínico, pero sin un grupo de control sólido. Ahora, no puedo hablar por las personas en Rusia, especialmente dado que enfrentan casi un millón de casos de coronavirus, pero no estaría dispuesto a inscribirme para ser un conejillo de indias para probar una vacuna que tiene una eficacia desconocida y niveles de riesgo también desconocidos. Aún peor es que, según todos los informes, la vacuna se está moviendo hacia la fabricación masiva inmediata, lo que significa que las pruebas de fase tres y cuatro pueden omitirse por completo, dejándonos sin idea de si la vacuna es segura y efectiva en absoluto.

En última instancia, estaría un poco aterrorizado de tomar una vacuna que se ha acelerado en el proceso de desarrollo. Hay razones, buenas, por las que no les damos una vacuna a todos cuando llegamos a la fase dos. Las vacunas, por definición, se administran principalmente a personas sanas, lo que significa que tienen que pasar las barreras más altas por seguridad de cualquier intervención médica. Incluso los riesgos menores de problemas graves a menudo son inaceptables, razón por la cual hacemos estos enormes ensayos con decenas de miles de personas.


Quizás la vacuna rusa sea realmente efectiva. Pero tal vez solo produzca una respuesta inmune durante dos semanas, y los cientos de millones de dosis previstas no hagan nada en absoluto para prevenir la pandemia. Simplemente no lo sabemos y, dado que se implementará en un mes, quizás nunca lo sepamos.





Gideon Meyerowitz-Katz es epidemiólogo  y trabaja en enfermedades crónicas.Escribe un blog de salud regular que cubre la comunicación científica, la salud pública y lo que realmente significa ese nuevo estudio sobre el que has leído. Puede encontrar su blog en  medium.com/@gidmk































martes, 11 de agosto de 2020

LITERATURA Y COVID



Llegan las novelas de Covid

Laura Spinney




"Se puede argumentar que la gripe de 1918 se abrió camino en la literatura de la década de 1920 con cierta ansiedad y melancolía que infunden la escritura de la época".
 La gente busca ayuda en San Francisco, California, 1918.





Recordamos los horrores de la Primera Guerra Mundial pero no la gripe española de 1918, que en su mayoría fue ignorada por la literatura.

Se acaba de publicar la primera novela sobre el coronavirus de una importante escritora británica. 


















Summer, el último libro del cuarteto estacional de la escritora escocesa Ali Smith, está impregnado de la pandemia que estamos viviendo. Que haya aparecido ahora es un tributo a la agilidad tanto del autor como del editor, cuyo objetivo era producir literatura lo más cerca posible del tiempo real. ¿Presagia una próxima ola de ficción pandémica?

Por supuesto, muchas personas que elijan una novela este verano podrían esperar escapar a un mundo ficticio donde los gérmenes no se roban todos los titulares. Pero los escapistas tienen muchas opciones. La ficción literaria que explora el contagio es escasa, especialmente cuando se compara con la literatura sobre esa otra parca: la guerra. Algunos creen que esta es la razón por la que las pandemias se recuerdan menos que los conflictos militares. Los escritores no logran fijarlos en nuestra memoria colectiva, por lo que nos sorprende, y no estamos preparados, cuando aparece uno nuevo.

Cuatro gigantes de la literatura estadounidense descuidaron la famosa pandemia de gripe de 1918, que mató a 50 millones de personas y que golpeó justo cuando se establecían como escritores. Ernest Hemingway, F.Scott Fitzgerald, John Dos Passos y William Carlos Williams se vieron afectados por esa pandemia, pero ninguno la incluyó en su ficción (aunque la discutieron en cartas y diarios). Se ha argumentado que no tenían la distancia necesaria al respecto, que fue para que los escritores posteriores retomaran el tema; pero esto no se lava. La primera guerra mundial (el número de muertos es de aproximadamente 17 millones) ocupa un lugar preponderante en sus historias, y tampoco tenían distancia al respecto.

Pero es posible que estos escritores no fueran representativos. Se han realizado pocas investigaciones sobre la pandemia de 1918 en la literatura escrita en idiomas distintos del inglés, y en los continentes que sufrieron la peor parte del desastre, Asia y África, la novela no era entonces el pilar de la expresión cultural que lo era en Europa. o los Estados Unidos. No sabemos casi nada, por ejemplo, sobre cómo los narradores orales de África abordaron el tema.

También se puede argumentar que la gripe de 1918 se encontró su camino en la literatura de habla inglesa, pero no de forma explícita. Quizá esté allí, en cierta ansiedad, el pesimismo y la melancolía que infunden la literatura de la década de 1920, en The Waste Land (1922) de TS Eliot, por ejemplo, partes de la cual escribió en Londres en el apogeo de la pandemia.

Los investigadores ya están trabajando en cómo la pandemia de 1918 fue cubierta por los periódicos anglófonos, para tratar de entender cosas como cuando las personas se dieron cuenta por primera vez de que estaban enfrentando un fenómeno global, qué prioridad le dieron a la pandemia en relación con otros eventos mundiales y cómo el nombre " La gripe española” echó raíces. 
Las técnicas aún no se han aplicado a la ficción literaria, pero lo serán. Y luego, dice Oleg Sobchuk, quien reflexiona sobre estos temas en el Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana en Alemania, será posible probar la hipótesis de que el sujeto "decayó" más lentamente en la ficción que en las noticias: para probar la noción de Ezra Pound de que "la literatura es una noticia que sigue siendo noticia".


Puede resultar que el tratamiento literario de la gripe de 1918 de hecho esté cobrando fuerza, un siglo después. 
















En los últimos años han aparecido varias novelas que lo toman como tema. Uno de ellos, Moonstone del escritor islandés Sjón, relata la pandemia en Reykjavik vista a través de los ojos de Máni, un chico de 16 años apasionado por el cine y que tiene sexo con hombres por dinero. Sjón me dice que los escritores de ficción siempre han estado más interesados ​​en la política de la guerra que en la política del cuerpo, quizás porque estaban demasiado cerca de esta última. Lo que ayudó a Sjón a escribir su novela fue que su protagonista ya era un paria de su cuerpo y de la sociedad. Esto le dio la distancia que necesitaba para contar eventos.

Quizás por la misma razón, los escritores de ciencia ficción y fantasía nunca han rehuido el contagio. Sobre la base de una tradición de fábulas, que les permitió alejarse de la realidad, “se asoman directamente al corazón del cuerpo de la sociedad plagado de plagas”, dice Sjón. Una forma de hacerlo es personificando al enemigo. Piense en los zombis, que provocan el mismo tipo de miedo que un posible portador asintomático de Covid-19 en la actualidad. En Phoenix Point , un videojuego que con una sincronización espeluznante salió en diciembre pasado, un virus mortal se convierte en una mente alienígena malvada empeñada en destruir la civilización. El escritor de ciencia ficción Allen Stroud, quien preside la Asociación Británica de Ciencia Ficción y coescribió la trama del juego, dice que este dispositivo literario obliga al desorden de la enfermedad a una lucha limpia y agradable entre el bien y el mal, y hace posible un final feliz.
Un final feliz es más difícil de conseguir en una pandemia real, y la verosimilitud es importante para los escritores de ficción literaria. Quizás por eso tantos están llevando diarios de plagas en este momento. 

Un diario no es una novela, pero podría ser la semilla de una, como lo fue para la ficticia A Journal of the Plague Year (1722) de Daniel Defoe. Quizás solo algunas de estas semillas germinen. En un debate en el programa Today de BBC Radio 4 a fines de marzo, el ex laureado infantil Michael Morpurgo dijo que no tenía intención de ficcionar la plaga actual, mientras que la novelista Louise Doughty estaba segura de que la "gran novela del coronavirus" estaba en proceso, y que Covid-19 ya estaba infectando la ficción de manera subliminal.
Es demasiado pronto para saber si cosecharemos una cosecha de novelas con temática pandémica en los próximos años. La llegada del verano sugiere que podríamos. 


El mundo ha cambiado desde la pandemia de 1918: los escritores son menos aprensivos con la política del cuerpo. Esas novelas que tienen poder de permanencia, en el sentido de Pound, actuarán como mensajes en una botella para las generaciones futuras sobre cómo fue vivir esto. Eso es importante, incluso si nosotros mismos preferimos que no se lo recuerden. Por suerte, para nosotros todavía existe la opción del escapismo.















lunes, 10 de agosto de 2020

POEMA



El final

Alejandra Lerma

















El final será un campo de trigo bañado por la luz

sin nadie para verlo

sin nadie que confirme su existencia

el final sólo será la ausencia de lo humano

el comienzo de otra vida.






































viernes, 7 de agosto de 2020

PEQUEÑOS PERO GRANDES CAMBIOS




Tate elimina la referencia a  su  "restaurante" divertido










 Expedition in Pursuit of Rare Meats (La expedición en busca de carnes raras), mural. Londres: Tate Britain 











Tate Britain ha eliminado una referencia a su restaurante como "la sala más divertida de Europa" después de las quejas sobre representaciones racistas en un mural de 1920.

El restaurante de Tate Britain está cubierto de piso a techo en un mural especialmente encargado al artista británico Rex Whistler  titulado Expedition in Pursuit of Rare Meats, que representa la esclavitud de un niño negro y la angustia de su madre. También muestra al niño corriendo detrás de un caballo y un carro al que está atado por una cadena alrededor del cuello.



 Expedition in Pursuit of Rare Meats (Detalle)



El sitio web de Tate dijo que el restaurante, que actualmente está cerrado como resultado de la pandemia de Covid-19, fue descrito históricamente como la sala más divertida de Europa debido al mural, pero el texto  ha sido retirado para la obra de arte. Se ha reemplazado con un nuevo texto de interpretación que dice que la galería está "trabajando para convertirse en un espacio que sea más relevante, acogedor e inclusivo para todos ... El tratamiento de Whistler de figuras no blancas los reduce a estereotipos".


El sitio web de arte The White Pube inicialmente planteó el problema la semana pasada, y después de ganar fuerza en línea, se inició una petición para exigir la eliminación del mural. Sugiere que la obra de arte debería desmontarse o que el restaurante se mudaría a otra habitación. "El punto fundamental de un restaurante de clase alta (utilizado principalmente por un grupo demográfico blanco) con arte de esta naturaleza horrible no se reconoce como el problema dañino y odioso que es", dice la petición.
El mural "suena más como un concepto para una película de terror de lo que cabría esperar que la institución de arte más grande de Gran Bretaña ofrezca como una experiencia gastronómica exclusiva""Tate Britain permitiendo que esta pintura abiertamente racista permanezca para el disfrute de los comensales no es aceptable".


 Expedition in Pursuit of Rare Meats 


El mural, encargado por el director de Tate Charles Aitken para la apertura del restaurante, cuenta la historia de una expedición de caza imaginada que involucra al duque de Epicurania y sus cortesanos. Junto con sus representaciones de la esclavitud, presenta figuras chinas "presentadas en traje que ahora sugiere caricatura", según la Tate.
El mural fue restaurado en 2013 como parte de una renovación de £ 45 millones.
















Un portavoz de Tate dijo: “Tate ha sido abierto y transparente sobre las imágenes racistas profundamente problemáticas en el mural de Rex Whistler. En el contexto de la reciente revisión del ámbito público anunciada por el alcalde de Londres , damos la bienvenida a más discusiones al respecto."

“Habiendo sido comisionado para las paredes del restaurante en 1927, el mural fue una de las obras más valiosas del artista y es parte de un interior histórico catalogado como Grado I. Pero es importante reconocer la presencia de contenido ofensivo e inaceptable y su relación con las actitudes racistas e imperialistas en la década de 1920 y hoy."

"El texto de interpretación en la pared junto al mural y en el sitio web aborda esto directamente como parte de nuestro trabajo continuo para confrontar tales historias, un proceso que va de la mano con defender una historia más inclusiva del arte y la identidad británica hoy en día".