domingo, 27 de septiembre de 2026

HOCKNEY Y SU PERRO

 

La venta del cuadro de David Hockney que retrata a su querido perro Stanley


Mark Brown








Cuadro de un perro de David Hockney, 1995. Fotografía: David Hockney/Christie’s




Exclusiva: Se cree que Dog Painting 17 es una de las únicas seis obras de la serie Dog Series en manos privadas y la primera en ser subastada.

David Hockney adoraba a sus perros salchicha, Stanley y Boodgie, y los dejaba hacer lo que quisieran; tanto es así que, después de que uno de ellos tuviera un accidente en la casa del actor Dennis Hopper en Los Ángeles, se dice que el pintor bromeó: "Estará seco por la mañana, cariño, y podrás recogerlo sin problema".Pero Hockney no solo mimaba a sus compañeros de cuatro patas, sino que los trataba como modelos para una serie de pinturas, una de las cuales será subastada por Christie 's.

Esta obra es la primera de una serie de pinturas de perros de Hockney, fallecido en junio, que se subasta. «Es una pintura fascinante para nosotros», declaró Tessa Lord, directora de arte de posguerra y contemporáneo de Christie 's. «Su rareza es extraordinaria»
El cuadro se titula « Pintura de perro 17» y muestra a Stanley, el primer perro salchicha de Hockney, acurrucado sobre un cojín, profundamente dormido. Su precio estimado oscila entre 1,5 y 2,5 millones de libras esterlinas y es una de las más de 40 obras que Hockney pintó entre 1994 y 1995 para su serie «Perros».
Stanley, llamado así en honor a Stan Laurel, fue elegido por Hockney cuando era un cachorro en 1987 y lo seguía a todas partes. Boodgie, más reservado, llegó más tarde.



Hockney sosteniendo a uno de sus perros salchicha en 1993. Fotografía: Photo Researchers/Getty Images


Según Christopher Simon Sykes, biógrafo autorizado de Hockney, los amigos del incansable Hockney se quedaron asombrados de que quisiera tener un perro. Pero pronto se dieron cuenta de lo enamorado que estaba de él. El sentimiento era mutuo y los ruidosos perros salchicha pronto se convirtieron en una parte esencial de su ajetreada vida, llena de amigos y visitas, en su casa de Hollywood Hills en Montcalm Avenue.

En su biografía, Sykes escribe que a Hockney no le preocupaba el adiestramiento para ir al baño, y un amigo suyo, Jonathan Brown, recuerda cómo los perros solían defecar en sus zapatos.Durante una visita de Hockney para cenar en la casa de Hopper, diseñada por Frank Gehry, en Venice, Los Ángeles, Boodgie dejó un "regalo" en medio del suelo.  Según Brown, Hockney sí que, en retrospectiva, le regañó a Boodgie diciéndole: «¡No, NO!». Luego, «mientras la mirada de Hopper, propia de un asesino encadenado, se intensificaba, Hockney añadió: “Ah, estará seco por la mañana, cariño, y podrás recogerlo sin problema”».Según cuenta la historia, Hopper se vio obligado a elegir entre dos opciones: el silencio o el asesinato. «Eligió el silencio, pero su aspecto era el de un asesino».



Hockney en su casa de Los Ángeles en 1987. Fotografía: Anthony Barboza/Getty Images



Hockney comenzó a pintar perros cuando necesitaba un poco de alegría en su vida. Había perdido a varios amigos a causa del sida y estaba devastado por la muerte de uno de sus amigos más cercanos y antiguos, Henry Geldzahler, quien falleció de cáncer de páncreas. El artista le comentó a un periodista que deseaba "desesperadamente pintar algo lleno de amor".Lord dijo: “Sentía una pérdida de amor tan grande que esto fue una especie de catarsis para él”.
Christie's cree que solo seis de los cuadros de perros están en manos privadas, mientras que los demás pertenecen a la Fundación David Hockney.

El vendedor de Dog Painting 17 lo compró después de que la serie de perros se exhibiera en la galería LA Louver, una muestra muy popular que, según Hockney, atrajo a 7.000 personas en cuatro días, muchas de ellas acompañadas de sus propios perros. Lord comentó que la pintura mostraba una “espontaneidad increíble” y una “fluidez de pinceladas, pero a la vez una textura rica. Se aprecia una especie de veteado bajo el cojín y ese ligero movimiento de la oreja que realmente da vida a Stanley”.
Según ella, el cuadro arroja luz sobre un capítulo importante en la vida de uno de los más grandes artistas de los siglos XX y XXI. «Me encanta esa especie de inocencia que transmite, pero es mucho más que eso. Tiene una universalidad... es mucho más que un simple retrato de un perro».

El cuadro se venderá el 14 de octubre durante la Semana de Frieze y se exhibirá al público —cualquiera podrá verlo gratuitamente— en Christie's en Londres a partir del 8 de octubre.
























viernes, 25 de septiembre de 2026

EL PRERRAFAELISMO Y LAS ARTISTAS

 

Las artistas y el prerrafaelismo una manera de liberarse y salir de casa



La obra 'El pálido semblante del amor verdadero', 1899, de Eleanor Fortescue-Brickdale. Óleo sobre lienzo. Musée d'Orsay, París. Donación del fondo Meyer Louis-Dreyfus para el desarrollo de las colecciones de artistas extranjeros a través de la Société des Amis des Musées d’Orsay et de l’Orangerie, 2022.




La Fundación Mapfre de Madrid reúne el trabajo de las mujeres que aprovecharon los cambios sociales en Reino Unido en el siglo XIX para contribuir a un movimiento pictórico que cambió el romanticismo por el realismo

En la entrada de la exposición Prerrafaelismo. Itinerarios femeninos (1850-1914), en la Fundación Mapfre de Madrid, hay una cartela que recuerda que este movimiento pictórico que reaccionó contra el canon anterior impuesto por la Royal Academy —al arte siempre le ha encantado matar a sus padres— estuvo liderado por siete hombres, la Hermandad Prerrafaelita. Cuando se termina el recorrido por las salas donde se reúnen más 130 obras que discurren por medio siglo de historia del arte, hay un cartel más grande, de color verde, con los nombres en mayúsculas de las mujeres que consiguieron hacer de las escenas que veían desde sus habitaciones, sus retratos y la naturaleza obras maestras dignas de compartir en igualdad de condiciones durante este episodio.“La exposición no forma parte de los relatos oficiales que se han contado en los libros, sí de la historia del arte que estamos escribiendo tantas instituciones culturales al hablar de movimientos y artistas que quedaron en los márgenes”, defiende Nadia Arroyo, directora del área de Cultura de Mapfre. De alguna manera, la muestra le hace frente hasta a la todopoderosa Taylor Swift. La artista eligió el cuadro de Ofelia, de John Everett Millais, uno de los hombres de la Hermandad Prerrafaelita, como inspiración del primer single de su último álbum (The Life of a Showgirl) y contribuyó así a refijar esta pieza como la obra que mejor ha definido el espíritu de este movimiento con esa naturaleza hiperrealista y a la vez mística, pero sobre todo muy dramática en su romanticismo, casi como la biografía de la propia cantante.




Taylor Swift :The Life Of A Showgirl

Las artistas que contribuyeron a romper con el romanticismo hacia un arte más realista a partir de 1850 en el Reino Unido, aprovecharon el impulso de la transformación social de la sociedad británica de aquel momento. “No es que la aristocracia perdiera poder, pero sí la autoridad social. Así fue como la clase media ganó espacio en una economía renovada y las mujeres consideraron que podían formar parte de esa nueva liga de influencia. En concreto, algunas de ellas, encontraron en el prerrafaelismo esa oportunidad”, recuerda la comisaria Pamela Gerrish Nunn, historiadora del arte experta en este periodo.

En las primeras salas se suceden las escenas que artistas como Alice Boyd pintó desde su ventana. Joanna Boyce y Jemima Blackburn representaron a los campesinos, y Mary Ellen Edwards retrató interiores burgueses. Es decir, la vida cotidiana recupera valor artístico a través de las composiciones de estas mujeres para tratar de reflexionar sobre el presente. “Las personas de su entorno, muchas veces anónimas, eran esos modelos más accesibles que pudieron convertir en símbolos de la vida moderna”, relata la comisaria. El historiador y crítico de arte John Ruskin, principal defensor movimiento que se enfrentó al propio Charles Dickens —el autor no era tan favorable a esta evolución pictórica— lo resumió así en su obra Las piedras de Venecia: “La función del artista en el del mundo consiste en ser una criatura que ve y siente”.

Una de las salas con los retratos de la exposición prerrafaelita.

El prerrafaelismo también miró a la naturaleza para reclamar un espacio amenazado por la industrialización y la urbanización, con el ferrocarril como uno de los símbolos de esta transformación. Los paisajes que se despliegan por la exposición tienen el mismo aura casi celestial que algunas de las piezas con reminiscencias espirituales. Son sensibles y líricas, es sencillo enmarcarlas en ese momento, por eso se convirtieron en uno de los emblemas de este movimiento. Tras estas piezas, se suceden detalles de la naturaleza, hay obras de animales, hojas, plumas, plantas… Otra vez motivos que podían aislarse en la categoría artística de menores pero que estas artistas consiguieron dotar de altura.

“No hay una respuesta ni un estilo uniforme por parte de las mujeres británicas de aquella época, como tampoco la hay en las artistas, se percibe individualidad en su ambición y optimismo”, describe Gerrish Nunn. En los asideros que encontraron en busca de cada vez una mayor independencia se distinguen esos distintos estilos. El país se industrializaba y modernizaba y la cultura de la fama ampliaba sus límites. Más clientes buscaban retratarse para la eternidad. Ellas supieron ver el negocio, como reza una de las cartelas, algunos de estas pinturas son a mayor gloria de aquellos quienes soltaban los billetes. Pero al mismo tiempo, fueron un lugar de experimentación en las miradas, las poses y cierta ficcionalización.

Una de las piezas que Alice Boyd pintó desde su casa, 'Vista desde la ventana de Balcony House', 1864. Colección particular, cortesía de Christie’s.

En las últimas salas de la exposición los colores se vuelven más intensos, las figuras se rodean de ornamentos cada vez más complejos en las denominadas fancy pictures con las que las artistas seguían atrayendo a potenciales clientes, ahí están las obras de Emma Sandys y Edith Martineau.

A finales del XIX, con mayor acceso a una formación artística rigurosa, a los viajes de estudio y a una educación más amplia, muchas mujeres llegan a la misma altura del camino que habían iniciado sus colegas, se atreven con piezas de mayor envergadura y con una visión artística propia.

Un autorretrato de Mary Severn, de 1862, menos complaciente de los que la artista hacía por encargo.



















































martes, 22 de septiembre de 2026

CHARLES SPENCER Y EL LIBRO SOBRE SU HERMANA DIANA


Swan Song* de Charles Spencer: un ejercicio de ajuste de cuentas.

Emma Brockes







El libro de Charles Spencer en una librería de Londres. Fotografía: Jack Taylor/Reuters








En medio de pasajes genuinamente conmovedores sobre su hermana, el conde no puede evitar ponerse a sí mismo y a sus quejas en el centro de la escena.

El canto del cisne de Charles Spencer, unas memorias sobre su relación con su hermana, la difunta Diana, princesa de Gales, es un documento fascinante que nos revela algo sobre Diana y mucho sobre Charles Spencer, quizás más de lo que necesitábamos saber. Si esto suena sarcástico, después de 400 páginas de ajustes de cuentas, bravuconadas, indiscreciones descaradas y algunos pasajes verdaderamente conmovedores sobre su difunta hermana, el lector se queda con una historia vertiginosa del mundo que creó a Diana y cierta amargura por la forma en que está contada.

Empecemos con los titulares del Daily Mail de la semana pasada, el periódico al que Spencer vendió la serialización de un libro que incluye una frase que describe a los periodistas sensacionalistas como «aquellos que habitan los pantanos turbios de la malevolencia y que necesitan succionar el alma de sus víctimas». Quizás se refería a otro tipo de periodistas. 
En cualquier caso, la noticia principal del Mail decía que, poco después de la muerte de Diana, el rey Carlos la insultó en una llamada telefónica a Spencer: «“Tenga la seguridad”, siseó, “que la olvidaremos pronto”». Su interpretación de esta cita probablemente determinará cómo recibe el libro, y esta es la mía: estoy dispuesta a creer que el rey se comportó mal, pero «siseó» es una señal de alerta, uno de esos adornos, como «gruñó» o «se pavoneó», que los escritores suelen usar para hacer que aquellos sobre quienes escriben parezcan peores. Spencer, siempre la parte perjudicada, tiene tantas cuentas pendientes en este libro que a veces es imposible entender lo que dice.

Antes de llegar a eso, la pregunta que todos se hacen es: ¿por qué escribir este libro ahora? Spencer afirma que es porque, al acercarse el trigésimo aniversario de la muerte de Diana, le pedían constantemente que colaborara en proyectos ajenos. En lugar de dejar que la narrativa fuera dirigida por «algún productor de televisión» de una cadena «que jamás veré», decidió seguir adelante con la suya propia. Probablemente no sea la única razón; en otra parte del libro escribe sobre cómo, en el pasado, su padre siempre corría el riesgo de quedarse sin dinero para administrar Althorp, la finca familiar en Northamptonshire, y uno se pregunta si el actual conde está teniendo dificultades similares.

No importa. Para los aficionados a las rencillas insignificantes, entre los que me incluyo, el libro es una auténtica joya del resentimiento, y en Spencer tenemos a un héroe que, décadas después, sigue recriminándoles un montón de cosas que involucran a un gran elenco de personajes a los que no ha perdonado absolutamente nada. Mientras narra la historia de su relación con Diana, lanza indirectas a Peter Carter-Ruck, la princesa Michael de Kent, la princesa Margarita, sus tres exesposas, a quienes describe en un sorprendente comentario entre paréntesis como "todas divorciadas por partida doble", y a miembros de un escuadrón de protección policial que, en 1986, dejaron que perros rastreadores saltaran sobre sus muebles.

Spencer escribe que el mal comportamiento de Charles hacia su hermana comenzó desde el inicio mismo de su noviazgo.

Si se dedica demasiado espacio, por ejemplo, a la pérfida conducta de Martin Bashir, podría escribir un libro entero sobre el horror que Spencer sintió al ver cómo su madrastra, Raine, decoraba Althorp, incluyendo la instalación de ventanas de doble acristalamiento «excepcionalmente feas», tapicería de «terciopelo brillante» y una «alfombra espantosa de pared a pared».

Entremezclado con estas delicias, encontramos un retrato de Diana afectuoso, triste y, en ocasiones, encantador. Spencer sufre el dolor del hermano menos famoso que se resiste a renunciar a su propia versión de la infancia, y algunos pasajes resultan algo rígidos, ya que Spencer insiste en que todo fue menos infeliz de lo que se desprende de los registros. El retrato de su madre, Frances, se presenta como una útil corrección a una figura que ha sido vilipendiada públicamente y que, en el libro, se muestra como la progenitora más responsable de los dones de Diana: enérgica, ligeramente excéntrica, un personaje más interesante que los monótonos varones de la familia Spencer. (Charles, con encanto, lo reconoce, señalando que los hombres de su familia siempre han estado eclipsados ​​por las mujeres).

Y, por supuesto, está el relato devastador de la frialdad y la agresividad del entonces Príncipe de Gales. Spencer nos cuenta que el pésimo comportamiento de Carlos hacia su hermana comenzó desde el inicio de su noviazgo, durante el cual hacía comentarios sobre su peso, la ignoraba en las fiestas y le decía que no la amaba, hasta el punto de que, según escribe Spencer, Diana intentó romper el compromiso. Su padre le dijo que ya era demasiado tarde. Todo esto coincide con otros relatos del matrimonio condenado al fracaso, aunque con detalles más escabrosos, y explica la furia del momento cumbre de Spencer: el discurso que pronunció en el funeral de Diana, en el que arremetió no solo contra la prensa, sino también contra la familia real, reivindicando a los jóvenes príncipes Guillermo y Enrique para la "familia de sangre" de su madre.

En sus mejores momentos, en estos pasajes, Spencer actúa como un portavoz del resto de nosotros al plasmar la absoluta locura de aquellos días posteriores a la muerte de Diana; con esto no me refiero a la efusión pública, sino al comportamiento de la familia real, que permaneció sorda a las necesidades de la nación hasta que se vio obligada a cambiar de rumbo.

«¿Qué hacía el príncipe Carlos allí?», escribe Spencer, incrédulo, refiriéndose al papel destacado de su excuñado en el funeral, señalando con cierto humor que nadie quiere a su ex en su propio funeral. El exmarido de Diana estaba allí porque los jóvenes príncipes estaban allí, caminando tres kilómetros detrás del ataúd de su madre mientras los dolientes lloraban y les gritaban, un desenlace al que Spencer se había opuesto con vehemencia. Ahora, escribe rotundamente: «Todo me parecía una locura, sobre todo cuando empecé a comprender la magnitud del calvario en el que nos habíamos embarcado».

Para ser sinceros, en ocasiones en este libro, todos parecen bastante locos. «Ya está... se acabó... Duch ha muerto», relata Spencer que le dijo su hermana Jane por teléfono cuando se confirmó la noticia de la muerte de Diana. Antes del funeral, según el relato de Spencer, el príncipe Carlos quería caminar detrás del ataúd en el centro del escenario, hasta que su padre, el príncipe Felipe, lo interrumpió bruscamente, diciéndole algo así como «no seas tan tonto», y colocó a Charles Spencer en el centro, con los niños a cada lado y el exmarido y el exsuegro de Diana en los extremos. Hubo un instante, escribe Spencer, en el que pareció que los portadores del féretro iban a ceder bajo el peso del ataúd reforzado y forrado de plomo de Diana. Todo esto es fascinante y Spencer lo narra con maestría.

Sin embargo, el libro adolece de autocompasión y egocentrismo (no entraré en los pasajes sobre el TDAH de Spencer ni en las justificaciones evasivas que da para decirle a Diana, en su momento de necesidad, que no podía mudarse a una propiedad en la finca Althorp; la casa principal tiene 90 habitaciones). Cada pocos capítulos volvemos al relato detallado de cómo escribió su discurso: la decisión que tomó de sustituir la palabra «fuerza» por «poder»; cómo se forjó su oratoria, cómo se desarrolló su grandeza, y sí, fue un discurso fantástico, pero en algún momento del libro uno empieza a pensar: «Vale, Alexander Hamilton, ya basta». Antes del funeral, Spencer visita a Diana, que yace en su ataúd, y le lee su discurso, sintiendo que su hermana muerta «aplaudía mis palabras con suave insistencia». Incluso aquí, Spencer consigue acaparar toda la atención.

Tras la interminable lista de amargos resentimientos que narra el libro, me quedé preguntándome si Spencer habría estado influyendo en su sobrino, el príncipe Harry, durante los últimos años. Sin embargo, sobre todo sentí tristeza por las enormes dificultades que su hermana tuvo que superar para casarse con un miembro de esa familia. El rey se muestra irritable de principio a fin, y Spencer le responde con la misma irritación. Uno termina con la sensación de que ambos se merecían el uno al otro. Y en medio, Diana, muerta hace treinta años, congelada en el tiempo y, como siempre, a merced de las interpretaciones ajenas.


*"Swan Song: Diana, My Sister" de Charles Spencer, publicado por Michael Joseph



































EL CHOCOLATE NUESTRO DE CADA DÍA

 

Amamos el chocolate...









“Es un fruto, como de almendras, que venden molido y tiénenlo en tanto que se trata por moneda en toda la tierra y con ella se compran todas las cosas necesarias”. Así presentaba Hernán Cortés el cacao a Carlos I, a su regreso del entonces “Nuevo mundo” recién descubierto por Colón.

El nombre científico de esa venerada bebida originariamente de sabor amargo es Theobroma cacao, que literalmente significa alimento de los dioses. Las leyendas mayas y aztecas cuentan que fue un regalo divino a los “mortales”.
Un delicioso regalo que desde entonces ha gozado de buena fama y a partir de ahora la tendrá mejor aún. 
Uno de sus componentes, la epicatequina, un flavonol con acción antioxidante, ha demostrado su eficacia para revertir las pérdidas de memoria normales asociadas a la edad. Esas que a partir de los cincuenta hacen más difícil localizar el coche en el aparcamiento del supermercado o que haya que poner más empeño en aprender cosas nuevas o recordar nombres.

Movidos por esa fama de protector del cerebro que rodea al cacao, los investigadores probaron una dieta rica en epicatequina (900 miligramos al día) durante tres meses en 37 voluntarios sanos con edades comprendidas entre 50 y 69 años. El ensayo, doble ciego, mostró una mejoría notable en la cognición equivalente a un rejuvenecimiento de 30 años, aseguran los investigadores de la Universidad de Columbia. “Los participantes que tenían una memoria típica de una persona de 60 años al inicio del ensayo, después de tres meses de consumo de una bebida rica en flavonoides del cacao mostraban una mejoría en su memoria que los equiparaba a las personas de 30 o 40 años”, explica Scott A.Small, director del Centro para Estudio de la Enfermedad de Alzheimer, que lidera el trabajo.

Las pruebas

Tal afirmación se basa en los resultados obtenidos con dos pruebas complementarias. Por un lado, un test que los investigadores han adaptado para medir específicamente la actividad de un región concreta del hipocampo (el guardián de la memoria) que previamente se había visto que se deterioraba con la edad en paralelo a la dificultad para recordar: el giro dentado.
Con su investigación han conseguido la primera evidencia directa de que el declive de la memoria asociado a la edad se debe a cambios en esta región especifica del cerebro (el giro dentado del hipocampo) y, lo que es más interesante, que este deterioro puede revertirse con una intervención dietética.

Estudios previos con ratones, les pusieron sobre la pista. En esa ocasión la investigación en la que participaba Scott la dirigía el premio Nobel Eric Kandel, galardonado en el año 2000 precisamente por sus estudios sobre la memoria. Entonces encontraron una molécula implicada en la pérdida de memoria asociada a la edad, que además permitía confirmar de manera “irrefutable” que esos despistes frecuentes con el paso de los años no están relacionados con la enfermedad de Alzheimer, aseguraba Erik Kandel.
Mientras que la pérdida de memoria asociada a la edad se asocia al giro dentado del hipocampo, las primeras anomalías que tienen lugar en la enfermedad del Alzheimer ocurren inicialmente fuera de esta región, en la corteza entorrinal.
Muy esperanzador fue entonces que lograron revertir esa pérdida de memoria no patológica en los roedores aumentando los niveles de esa proteína deficitaria, denominada RbAp48, que se localiza precisamente en el giro dentado. “El hecho de que hayamos sido capaces de revertir la pérdida de memoria asociada a la edad en ratones es muy alentador”, destacaba el año pasado el Nobel Kandel. 
Incrementar los niveles de esa proteína en nuestro cerebro es algo más complicado. Por eso Small pensó en los flavonoides del cacao, que previamente había demostrado beneficios para el cerebro. Y funcionó. Los voluntarios que habían recibido una dosis alta de flavonoides mejoraban espectacularmente en una prueba de memoria que consistía en encontrar diferencias sutiles en el menor tiempo posible entre dos imágenes muy parecidas. Precisamente la agudeza que se pierde con la edad, que reside en el giro dentado del hipocampo, y nos hace despistarnos en el aparcamiento.
Las puntuaciones del test encontraban un apoyo adicional en los cambios observados por un método específico de resonancia magnética, que mostraba un funcionamiento notablemente mejor del giro dentado de los participantes que habían recibido la bebida a base de flavonoides.

Somos lo que comemos

Aunque los médicos no suelen dudar en admitir que una dieta alta en colesterol puede acarrear problemas para el corazón y el cerebro, pero son más reacios a admitir que determinados componentes de la dieta pueden contribuir a mejorar la salud de estos órganos, a pesar de que algunos estudios lo apuntaban, aun sin demostrar una relación causa-efecto. Y eso es lo que ahora ha logrado Scott con las epicatequinas, presentes en el cacao, el té verde, frutos rojos y algunos vegetales. Gracias a su investigación puede que cambie esa idea y se admita que somos lo que comemos.
Sin embargo, los propios investigadores advierten que no es posible obtener 900 miligramos del flavonoide epicatenina comiendo chocolate. En primer lugar porque los procesos de fabricación, como el tostado y el tratamiento con álcali para quitarle el sabor amargo al cacao, hacen que se pierda hasta el 90% de este beneficioso compuesto. Y porque una dosis de chocolate diaria para obtener tal cantidad sería perjudicial para la salud.
Además, advierten, aunque muy alentadoras, sus conclusiones se han obtenido con una muestra pequeña de personas, 37 voluntarios, por lo que tendrán que ser replicadas en un estudio a gran escala, que el equipo de Columbia ya está planeado llevar a cabo.
Preguntado por ABC, Scott no descarta la posibilidad de que en unos años podamos encontrar en la farmacia suplementos de flavonoides, igual que ya ocurre con los ácidos grasos omega-3. “Supongo que a la vista de nuestros resultados sería factible. O tal vez sea interesante diseñar una dieta alta en flavonoides”, señala.











Durante años, el chocolate pareció una categoría relativamente estable. Pero en los últimos tiempos comenzaron a aparecer nuevas formas de producirlo, consumirlo y pensarlo. Chocolates de origen, ingredientes amazónicos, elaboraciones bean-to-bar y alfajores que incorporan sabores impensados hasta hace poco forman parte de una transformación que atraviesa a toda la industria.
El fenómeno responde a distintos factores: consumidores más interesados en conocer el origen de los alimentos, productores que apuestan por la diferenciación y una creciente influencia de movimientos que ya revolucionaron otros universos gastronómicos, como el vino o el café de especialidad.







La búsqueda de calidad, innovación y nuevas experiencias impulsa la evolución del chocolate 

Tendencias

1. El auge de los chocolates de origen

Una de las transformaciones más visibles es el crecimiento de la cultura bean-to-bar, un modelo que pone el foco en el origen del cacao y en el control integral del proceso de elaboración.

Cada vez más chocolateros trabajan con partidas específicas de cacao y destacan las características propias de cada origen, del mismo modo que sucede con los vinos o los cafés de especialidad. El resultado son chocolates que buscan expresar la identidad del territorio y de la materia prima con la que fueron elaborados.


2. La influencia de los ingredientes amazónicos

La riqueza del cacao latinoamericano también gana protagonismo. En particular, los ingredientes provenientes de la Amazonia empiezan a aparecer con mayor frecuencia en chocolates, bombones y otras elaboraciones.


Ingredientes amazónicos, chocolates bean-to-bar y alfajores de autor reflejan algunas de las tendencias que hoy transforman el universo del cacao 

Productos como cupuaçu, cumarú, açaí, maracuyá o castañas brasileñas aportan aromas, sabores y texturas diferentes, ampliando el repertorio tradicional del chocolate y acercando al consumidor a nuevas expresiones de la biodiversidad regional.


3. La búsqueda de sabores inesperados

El chocolate ya no se limita a las combinaciones clásicas. Hoy dialoga con especias, frutas, café de especialidad e ingredientes regionales que enriquecen su perfil sensorial.

Pimienta rosa, minerales marinos, productos liofilizados y referencias inspiradas en cocinas de distintas partes del mundo forman parte de una tendencia que busca ampliar las posibilidades del cacao sin perder de vista la calidad de la materia prima.


4. Los alfajores de autor ganan protagonismo

Pocas categorías reflejan mejor esta búsqueda de innovación que el alfajor. Lo que durante décadas estuvo asociado a recetas tradicionales hoy se convirtió en un terreno fértil para la experimentación.

Aperol y naranja, yerba mate, higo y merengue, whisky, piña colada,pistacho, Malbec o rosa mosqueta son algunas de las combinaciones que empiezan a aparecer en propuestas que toman elementos de la gastronomía contemporánea para reinterpretar uno de los clásicos más queridos por los argentinos.

5. Consumidores que buscan más información y calidad

Detrás de todas estas tendencias existe un cambio más profundo: cada vez más personas quieren saber qué están comiendo, de dónde provienen los ingredientes y quién está detrás de los productos que consumen.


La nueva generación de chocolateros apuesta por el origen del cacao, la trazabilidad 
y la elaboración artesanal 

La trazabilidad, las historias de origen, las prácticas de elaboración y la calidad de las materias primas dejaron de ser cuestiones exclusivas de especialistas para convertirse en factores que influyen en las decisiones de compra. En ese contexto, el chocolate se suma a una transformación que ya atraviesa a otras categorías gastronómicas.








































domingo, 20 de septiembre de 2026

EL APOGEO DEL BIOCHISME

 


La novela de Rachel Cusk sobre Natalie Portman es la última incorporación a una deliciosa tradición literaria.


Greta Rainbow





Izquierda: Anna Wintour en la Gala del Met de 2019. Centro: Virginia Woolf, c. 1933. Derecha: Natalie Portman en los Globos de Oro de 2014. Composición: Invision/AP, Central Press/Getty Images, NurPhoto/Rex/Shutterstock







La muy comentada obra La vida de M es la más reciente de una serie de sátiras sobre celebridades que se extiende desde Virginia Woolf hasta El diablo viste de Prada.

En la nueva novela de Rachel Cusk, Life of M, la protagonista participa en un evento en una librería fuera del horario habitual. Se le unen «un escritor de cierta renombre» y una modelo que posee «cierto egocentrismo». Una marca patrocinó el evento. Pasé horas intentando encontrar el equivalente en el mundo real de ese opaco pasaje de ficción. Revisé el historial de influencers que sé que parecen tener inclinaciones literarias en su contenido, que podrían haber caído en la trampa del lanzamiento del bolso Ulysses de Dior o del «club literario» de Miu Miu. Incluso llegué a rebajarme a enviar un mensaje directo a una cuenta de fans de Natalie Portman, pidiendo pistas.

Como se ha informado ampliamente, el personaje de M está basado en Portman. Una periodista se atribuyó la primicia, pero simplemente terminó su ejemplar anticipado antes que el resto; queda claro desde la página tres, cuando Cusk describe la película que lanzó a la fama a M como aquella que "puso fin a su infancia de inmediato" (obviamente Léon: El profesional; Portman tenía 11 años cuando fue elegida para el papel) y una película posterior sobre bailarinas obsesivas y salvajes ( Cisne negro ). Pero el rumor de que Portman está descontenta con su interpretación —una impresión que no se puede deducir inmediatamente del libro en sí, especialmente dependiendo de la interpretación de sus últimas líneas— ha llegado hasta los tabloides más sensacionalistas.

El “escándalo literario” de Cusk, como lo bautizó Page Six, añade La vida de M al canon de las biografías de chismes, es decir, novelas que alimentan intensas especulaciones sobre la persona de la que realmente tratan . Y si el autor prácticamente confirma el material original, ¿cuánto de él es exactamente como sucedió? ¿Hasta qué punto se nos ha permitido a los lectores llegar a la verdad?



Cusk fotografiada en Barcelona en 2025. 
Fotografía: Enric Fontcuberta/EPA-EFE/Shutterstock


Hace casi un siglo, Virginia Woolf revolucionó la alta sociedad con Orlando, su experimento romántico que desafiaba el tiempo y el género. El Daily Mail lo trató como un simple chisme del círculo íntimo del Grupo de Bloomsbury, una confirmación del romance de Woolf con Vita Sackville-West. Como si alguien de la alta sociedad no supiera ya lo que estaba pasando (y que había terminado para cuando se publicó el artículo).

En 2002, Women's Wear Daily informó que El diablo viste de Prada, de Lauren Weisberger, ex-asistente de Anna Wintour de Vogue, se vendió a Doubleday por unos 250.000 dólares. Al enterarse, Wintour supuestamente respondió: «No recuerdo quién es esa chica». Aunque Weisberger sostuvo ante la prensa que su fría editora, Miranda Priestly, no estaba basada en Anna, la opinión pública, por no hablar de Hollywood, decidió lo contrario. Tras años de esquivar las preguntas sobre el libro y la adaptación cinematográfica de 2006, Wintour finalmente decidió sumarse a la broma justo a tiempo para la secuela de la película a principios de este año.

En 2018, la novela debut de Lisa Halliday, Asymmetry, fue todo un acontecimiento literario, ya que ofrecía lo que The New Yorker denominó la «emoción voyeurista» de imaginar cómo sería salir con Philip Roth —algo que Halliday hizo durante un tiempo— o al menos con un hombre que se le pareciera mucho. Había suficientes detalles sutiles (béisbol, dolor de espalda, ansiedad) para que la imaginación del lector se posara en el aclamado autor estadounidense; la revista comparó la prosa con la de «uno de los narradores de voz fría de Rachel Cusk».


Scarlett Johansson, Azhy Robertson y Adam Driver en la película de 2019 Marriage Story.
 Fotografía: Netflix/Allstar


El microgénero del chisme biográfico funciona como todo chisme: es más divertido cuando uno está fuera. No tan lejos como para no conocer a los protagonistas, pero tampoco lo suficientemente cerca como para sentir verdadero dolor, profunda compasión o escepticismo porque para uno son más que caricaturas. Sin embargo, si eres un superfan de Jennifer Jason Leigh, ver Marriage Story de Noah Baumbach habría sido difícil (se cree que la película trata sobre los ocho años de matrimonio del director con la actriz, aunque Baumbach ha dicho que "no es autobiográfica; es personal").

El biogossip tiende a ambientar la historia y a generar familiaridad. El atractivo voyeurista de El diablo viste de Prada reside, precisamente, en leer sobre personas que visten Prada. Y Armani, y Oscar de la Renta y Bottega Veneta —¡por cierto, mal escrito en la primera edición!—. La revista, al estilo Vogue, puede presentarse como Runway, con una empresa matriz al estilo Condé Nast rebautizada como Elias-Clark, pero conserva todos los deliciosos nombres propios del libre mercado que completan la fantasía de trabajar en la alta costura. Incluso las menciones a la Coca-Cola Light tienen un propósito (más allá de ser una oportunidad para una colocación de producto coherente en la secuela): comunicar que la narrativa se desarrolla en nuestro mundo reconocible.



Meryl Streep como Miranda Priestly en la adaptación cinematográfica de 2006 de 
El diablo viste de Prada. Fotografía: Allstar


Cusk se sitúa al otro lado del espejo. Elimina todos los símbolos de clase y buen gusto para presentar, en cambio, un esbozo de algo que creías conocer, pero que, cuanto más lo analizas, más difícil resulta definir. Esto es característico de su estilo y sus inquietudes; con el tiempo, agotará el alfabeto con sus musas que solo tienen iniciales, como Second Place, preseleccionada para el Premio Booker, y Parade, ganadora del Premio Goldsmiths 2024. Pero M es diferente porque M es megafamosa.


La vida de M. Cusk. Fotografía: Farrar, Straus and Giroux/AP


Cusk propuso en una ocasión que el carácter ya no existe, y esto se debe a que hemos comenzado a vivir una experiencia colectiva y homogénea. Sin embargo, M no puede hacer cosas como ir a un restaurante con normalidad, y eso se debe a cómo la tratamos. El pronombre personal «nosotros» se emplea a lo largo de la novela, y es aquí donde el chisme biográfico se transforma en un registro metatextual. 

Nos creemos individuos, pero somos esclavos de los mismos principios de parasocialidad: «Como la fea torre, vemos todo desde donde estamos, excepto a nosotros mismos», escribe Cusk. «La fama es quizás esa torre, una trampa definitiva en el yo que también es una liberación de él». ¿Quién no se sentiría incómodo estando cerca de Natalie Portman? Cusk nos hace admitir que anhelamos detalles jugosos. Pero como Cusk se niega a proporcionarlos, sentimos que no se nos permite acercarnos a M en absoluto.

Incluso sin la vulgaridad y la portada tan reveladora de, digamos, The Wig, The Bitch & The Meltdown, una novela satírica del ex mano derecha de America's Next Top Model, Jay Manuel, el atractivo de la mera sugerencia de chismes biográficos puede hacer lo casi imposible y catapultar una obra de ficción literaria más allá de la sección de reseñas de libros de un periódico y directamente a las páginas principales de los blogs de chismes. Tengo que preguntarme si eso fue parte del cálculo de Cusk desde el principio. Ya había sido objeto de fascinación para los tabloides, destrozada por la prensa británica por sus libros sobre la maternidad y el matrimonio.
 Después de publicar A Life's Work, sus memorias de 2001 sobre, entre otras cosas, la lucha por mantener un sentido de identidad al cuidar a un recién nacido, fue acusada de odiar a los niños, de ser alarmista y de personificar la crisis del feminismo contemporáneo . "He lidiado artísticamente creyendo que las críticas no eran justas", dijo Cusk . “Me molestaron, pero no pusieron en tela de juicio mi comprensión de cómo escribir, ni de cómo funciona la moralidad en la literatura.”

El chisme pone a prueba la moral, se tambalea al borde del abismo. Cusk no critica el concepto de fama desde un punto de vista moral, sino nuestro comportamiento ante ella. Mi frenética búsqueda de la inspiración detrás del evento en la librería, «bastante pomposo e incómodo», en La vida de M, es, lo admito sin reparos, un repugnante desperdicio de las preciosas horas que componen mi vida. Quizás esa constatación signifique que superé una prueba del propio Cusk.