martes, 30 de diciembre de 2014

HOY Y SIEMPRE






El instante

Jorge Luis  Borges















Dónde estarán los siglos, dónde el sueño
de espadas que los tártaros soñaron,
dónde los fuertes muros que allanaron,
dónde el Árbol de Adán y el otro Leño?

El presente está solo. La memoria
erige el tiempo. Sucesión y engaño
es la rutina del reloj. El año
no es menos vano que la vana historia.

Entre el alba y la noche hay un abismo
de agonías, de luces, de cuidados;
el rostro que se mira en los gastados

espejos de la noche no es el mismo.
El hoy fugaz es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno




















lunes, 29 de diciembre de 2014

CREAR UN KENNEDY




La construcción de Kennedy

Francisco G. Basterra



25 de abril de 1960. Subido a una silla, John Fitzgerald Kennedy se dirige a una improvisada concurrencia en el condado de Logan, en Virginia Occidental. Sorprenden las escasas medidas de seguridad en torno al ascendente político.




El 35º presidente de Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy, tendría hoy 97 años; es, por tanto, un personaje que bastante más de la mitad de los lectores conocen solo por los libros de historia, y sobre todo por las fotografías. Somos minoría los que aún recordamos dónde estábamos cuando, a última hora de la tarde del 22 de noviembre de 1963, llegó la noticia de su asesinato en Dallas. Su corta presidencia, solo mil días, una tarea inacabada, no explica por qué hoy, 51 años después de su desaparición, un periodo más que suficiente para sepultar la memoria de cualquier personaje, este político de origen irlandés todavía suscita interés, provoca nuevas obras sobre su persona y su tiempo en la Casa Blanca, y proyecta su imagen privada y pública sobre un mundo globalizado muy diferente. Incluso se quiso ver un paralelismo con la llegada de Barack Obama, el primer presidente negro, a la Casa Blanca en 2008, por el entusiasmo y las expectativas despertadas en todo el mundo. De las que solo quedan rescoldos.

Uno de los momentos de relax más naturales de la pareja Jackie-Jack en la pre-campaña de finales de 1959. La imagen está tomada en un diner de Pendleton (Oregón), cuando el matrimonio aún podía viajar disfrutando de cierto anonimato

Tampoco el hecho de su asesinato a manos, oficialmente, de un tirador solitario, Lee Harvey Oswald, de tres disparos de un rifle italiano de cerrojo marca Carcano, uno de los cuales le reventó el cerebro, cuando solo tenía 46 años y viajaba en un coche descubierto, basta para entender que todavía se siga escribiendo sobre Kennedy: más de 500 libros, y que se sigan vendiendo. 
Aparece ahora Norman Mailer. JFK. Superman Comes to the Supermarket (Taschen), centrado en 1960, las elecciones primarias, la convención demócrata, los debates en televisión con Nixon, la campaña y el ajustado triunfo en noviembre por solo 118.574 votos de 68,8 millones de sufragios emitidos, menos del 1% del voto popular.
La base literaria del libro es un largo ensayo del rebelde escritor Norman Mailer, precursor del Nuevo Periodismo, que se enamoró del personaje tras seguirle durante todo el año, titulado Superman va al supermercado. Fue publicado en los sesenta por la revista Esquire. Pero el interés de este libro reside sobre todo en su parte gráfica: el más completo reportaje fotográfico sobre la campaña presidencial de 1960 y de sus grandes protagonistas: JFK y los votantes. Repasando las imágenes, mayoritariamente en blanco y negro (el color, aún primitivo y caro, lo reservaban las grandes revistas como Life para las portadas), se comprende el entusiasmo que despertó el todavía senador, sobre todo entre los jóvenes y las mujeres, en un país adormecido en el bienestar y el aburrimiento tras ocho años de calma paternal del presidente general Eisenhower.
Escena en octubre de 1960 tomada en el distrito neoyorquino de Harlem, donde Kennedy cosechó apoyo ciudadano 
tras incorporar a su candidatura presidencial a Lyndon B. Johnson.

Una visita de la campaña de primarias de John y Robert Kennedy a un grupo de mineros

Mailer relata que había un río subterráneo de deseos románticos, solitarios, sin descubrir, en el alma americana que Kennedy, un héroe de guerra con el glamur de una estrella de Hollywood, parecía dispuesto a ocupar. El príncipe de la luz contra la apoteosis del liderazgo oportunista, encarnado por Nixon. El autor entendía que la elección suponía una obra dramática de moralidad más que un reajuste de las preferencias del votante basadas en la demografía y las promesas partidistas. Estados Unidos aceleraba. 1960 era la frontera. Con un presidente tan joven y atractivo, 43 años, y la elegante y cultivada Jackie, la política pasaba a ser excitante y, en opinión de Mailer, hacía que fuera divertido vivir en EE UU. No eran detalles accidentales, insignificantes o frívolos, sino nuevos e importantes hechos políticos. Kennedy significaba un acontecimiento existencial.

Jackie Kennedy, a la sombra de JFK, recibe en septiembre de 1960 la atención del alcalde de Nueva York, Robert Wagner Jr., durante una cena de recaudación de fondos en Washington.

Estados Unidos iniciaba la década de los sesenta que tanto juego dio: la revolución sexual, los derechos civiles para los negros, la llegada a la Luna, la contracultura, Mayo del 68. Y el país buscaba un héroe y coincidió con la llegada de Kennedy a la Casa Blanca. La nación se había vuelto perezosa y encontró a su despertador en el hijo de una familia privilegiada de Boston, adonde llegaron sus abuelos huyendo de la hambruna de la patata en Irlanda. Su padre, Joseph, amasó su fortuna vendiendo ilegalmente alcohol en los años de la prohibición; se integró en la burguesía de la Costa Este, logrando ser aceptado por los patricios yanquis de Boston, una ciudad en la que “los Lowell’s hablan solo con los Cabot, y los Cabot únicamente hablan con Dios”. Joseph logró finalmente colocar a su hijo en la Casa Blanca; años antes, Jack había derrotado humillantemente a un Cabot en su primer intento para conseguir un escaño en el Senado de Washington.
Mailer, abducido por JFK, acertó al escribir que la política de América sería también ahora la película favorita de América, el best seller de América. En su ensayo sobre la forma arrolladora de Kennedy de vencer en las primarias frente a Humphrey y Stevenson, en su discurso de aceptación en la convención de Los Ángeles, en su fría decisión de escoger como vicepresidente a Lyndon John­son, al que aborrecía, pero que le daría los Estados del Sur en la elección, están los primeros mimbres para construir la leyenda. El 8 de noviembre, como esperaba Mailer, la nación fue suficientemente valiente para alistarse al sueño romántico de sí misma y votar por la imagen en el espejo de su subconsciente, suficiente para esperar una aceleración del tiempo.
Tras derrotarlo en la convención demócrata, Kennedy propuso a Lyndon Johnson que le acompañara en su carrera
 hacia la Casa Blanca.  

Pero hay que recurrir a parámetros procedentes de la antigüedad griega para comprender por qué JFK, los Kennedy y su corte de Camelot, que alistó a los mejores y los más brillantes, se han convertido en un mito al que no puede aplicarse la prueba del algodón de la realidad. El mito es siempre un relato que cuenta las historias extraordinarias de héroes y dioses centrado en un protagonista mítico. Carlos García Gual explica cómo el mito habita en el ámbito seductor de lo imaginario, lo fabuloso y lo memorable.
La muerte, en 2009, de Ted Kennedy, el tercer hermano de la saga que intentó también la presidencia, y su entierro en el cementerio nacional de Arlington, junto a sus hermanos asesinados John y Robert, parecía presagiar que la dinastía se desvanecía. Como afirmó el general Douglas MacArthur de los viejos soldados, “que nunca mueren, simplemente se desvanecen”. Las dos generaciones Kennedy siguientes, entre los 25 y los 65 años, saben que no pueden, no quieren o no se atreven a portar la antorcha política de JFK. Son solo iconos de un sueño. La única hija viva de Jack, Caroline, la princesa heredera, de 57 años, es la embajadora de Estados Unidos en Japón. Joe Kennedy III, nieto de Robert Kennedy, es congresista en Washington por un distrito de Massachusetts. Son ya un epílogo. Los aristócratas de América, lo más parecido a una familia real en un país que nació de una rebelión contra el monarca británico.


La imagen lo es todo en política. Bien lo sabía Kennedy, Entre sus estrategias: mostrarse cercano en cada ocasión, 
dejando que los fotógrafos se acercaran a él, como en esta incursión en una tienda de comestibles
 en Virginia Occidental en abril de 1960.

Pero el mito perdura, aunque no se explique objetivamente, sea exagerado e incluso falso. Estamos ante un interesante caso de instalación de una realidad virtual que no se compadece con los escasos logros, sobre todo en política doméstica, de la presidencia Kennedy. Este imaginario es inmune a los fallos de su personalidad, sus engaños sobre su salud o sus comportamientos inmorales que, aunque relativos a la esfera privada, le llevaron a asumir grandes riesgos que pudieron afectar a la seguridad nacional, al compartir cama con una mujer, Judith Campbell, que también lo hacía con el capo mafioso Sam Giancana. Mujeriego compulsivo hasta límites patológicos, engañando permanentemente a su mujer, introduciendo a sus amantes en la Casa Blanca, mientras su entorno proyectaba la imagen de la feliz familia presidencial símbolo del sueño americano.
Kennedy aparece sentado a la izquierda, junto a Eisenhower. Es el 20 de enero de 1961 y JFK está a punto de inaugurar mandato.

La prensa de entonces no controlaba como ahora a los presidentes. Los pecados privados no eran investigados, no se conocía su intensidad ni los detalles que ahora sabemos. JFK exudaba energía, pero era en realidad un enfermo crónico que necesitaba 10 medicinas diarias: sufría una enfermedad congénita de la columna vertebral que le obligaba de vez en cuando a usar muletas; padecía la enfermedad de Addison, una atrofia de las glándulas adrenales; tomaba corticoides, y sufría de colitis y asma alérgica. Todo ello fue ocultado al público, antes de su elección y durante su presidencia. Su hermano Robert, fiscal general, llegó a destruir el informe de su autopsia. La sociedad de la época no le concedía importancia a estas cosas. Hoy no hubiera podido ser presidente, y de haberlo sido, sus mentiras continuadas hubieran acabado con él.



Sus prometidas reformas sociales: lucha contra la pobreza, el Medicare (seguro de salud para las personas mayores de 65 años), no llegaron a convertirse en leyes. Fue excesivamente calculador y políticamente tímido, y no se atrevió a conceder los derechos civiles a la población negra y acabar con una infamia histórica. Tuvo que esperar a la llegada de su sucesor, Johnson, que consiguió que el Congreso aprobara las leyes de derechos civiles y la legislación social que no logró Kennedy. Católico, rompió las barreras religiosas en política, respetó la absoluta separación entre Iglesia y Estado y repetía que no era el candidato católico a la presidencia: “No hablo por la Iglesia en temas de política pública y nadie en la Iglesia habla por mí”.
Fue más estimable su labor en política exterior, marcada por su afirmación: “Soy un idealista sin ilusiones”. Avances en la relación con la URSS, sobre Berlín y Cuba, tras la fallida invasión que le legó Eisenhower, y que se negó a solucionar utilizando la fuerza militar aplastante, evitó una guerra nuclear con los soviéticos en la crisis de los misiles atómicos instalados por Jruschov en la isla caribeña. En Vietnam, a pesar del asesinato del presidente Diem, que Kennedy autorizó, no agravó el conflicto, aumentó de unos centenares a unos miles el número de asesores militares, pero negó el envío de 100.000 tropas de combate. Nos hemos quedado sin saber si en un segundo mandato hubiera contenido militarmente la guerra de Vietnam, evitando la escalada de una contienda que envenenó al país.
No fue una presidencia transformadora, duró menos de tres años, y sin embargo Jack Kennedy y su magnetismo movilizaron a los jóvenes de la época, y no solo en EE UU, volcándolos en la ayuda a otros países a través del Cuerpo de Paz, como no lo ha hecho nunca ningún otro mandatario. El primer presidente estadounidense nacido en el siglo XX jugó fuerte la baza de la renovación generacional al afirmar: “Los jóvenes están mejor preparados para dirigir la historia que los viejos, y estoy listo para ser presidente”. Ante la misma pregunta sobre su disposición, Nixon respondió: “Las capacidades que pueda tener para la presidencia las recibí de mi madre y de mi padre, de mi escuela y de mi iglesia”. En 1988, 75 historiadores y periodistas describieron la presidencia de Kennedy como la más sobrevalorada de la historia de EE UU. Una valoración de los presidentes realizada por historiadores y académicos sitúa a JFK en el puesto 18º, ligeramente por encima de la media.

La televisión se convirtió en la principal herramienta de campaña para las elecciones presidenciales 
de Estados Unidos en 1960. 


Fue el primer gobernante televisivo del siglo XX. Le querían las cámaras, como quedó demostrado en el primer debate televisado de una elección presidencial, a finales de septiembre de 1960, en el que se comió a Nixon. Una audiencia de 70 millones comenzó a enamorarse de JFK, que pareció mejor, dio mejor, quizá no fue necesariamente por lo que dijo. Enfrente tuvo a un Nixon que acababa de salir de una enfermedad infecciosa. Aparecía cansado, con sudor y su barba oscura empastada por un deficiente maquillaje. La audiencia que escuchó el debate por radio pensó que Nixon había ganado. Hubo dos debates más, pero ya no importaron: el público se había quedado con la frescura de JFK. Aquella televisión incipiente, todavía en blanco y negro, que hoy nos parecería cutre, sería decisiva para impulsar el mito de Kennedy.
Entendió que acababa una época y el país estaba al borde de una nueva frontera, y le pidió que optara entre el interés público o la esfera privada, entre la grandeza nacional o el declive. JFK transmitió una corriente eléctrica de optimismo, esperanza, y de la necesidad de perseguir los sueños. Sedujo a los ciudadanos como ningún líder político lo había hecho. Proyectó idealismo y simbolizó el sueño americano; a Kennedy le gustaba repetir las palabras del escritor irlandés George Bernard Shaw: “Sueño cosas que nunca fueron y digo: ¿por qué no?”. Permanece hoy en el espacio fabuloso de la memoria colectiva, que retiene la enorme ilusión que provocó su efímera presidencia; del sueño dramáticamente interrumpido. Este es el mito que aún perdura. En poco más de dos años probablemente Estados Unidos afrontará la posibilidad de dar otro salto importante hacia el futuro eligiendo a su primera mujer presidenta. Hillary Clinton, sin embargo, no huele a coche nuevo. Jack Kennedy fue en 1960 un coche nuevo.


Jackie Kennedy saluda a los periodistas en la casa familiar de Hyannis Port, cuando su esposo resultó ganador en las primarias presidenciales del Partido Demócrata y daba comienzo el viaje de los Kennedy hacia la Casa Blanca. 



























viernes, 26 de diciembre de 2014

PELIGRO: HOMBRE ALFA


 El Hombre alfa 





Ilustra: Leandro Lamas



"¡Qué especial sos !",  "Con vos es diferente"... siempre hay algo de esto en el repertorio de un hombre alfa… y, muchas veces, nosotras creemos en lo que queremos creer (y ellos lo saben)
 Este tipo de cazador se muestra tranquilo y aplomado, casi como si no quisiera conquistarte, pero deja que sus cualidades te golpeen. Hace crecer tu curiosidad, usa las palabras para debilitarte. Los alfas no tienen problema en entrar en situaciones sociales, en argumentar o discutir sobre cualquier cosa. Descubren tus intereses, te rozan suavemente y, como por casualidad, paso a paso, te van convenciendo de que hay algo mágico entre ustedes. Algunos nacen, pero otros, viendo los éxitos de esta manera de ser, estudian para serlo. Así, hay muchos manuales para ser un hombre alfa, "consejos para conquistarlas", etcétera. Si los vas a leer, descubrirás que los recursos que utilizan este tipo de hombres son los que sirven para bajar las defensas de la mujer.
Toda la masculinidad de un hombre alfa está basada en esta capacidad, desarrollada durante años, y él te va llegando de una manera sutil y sigilosa, analizando tus necesidades y convirtiéndose en eso que necesitas. Debido a su gran experiencia con mujeres, tiene la facilidad de leerte muy rápidamente y es astuto, pero no siempre inteligente.
Es un narcisista, por lo que ignora los sentimientos de la otra persona: tiene facilidad para halagar la sensibilidad femenina y darle a cada mujer lo que necesita.
El alfa nos da la impresión de que nos otorga la gracia en contar con su tiempo y sus atenciones. Vive por los espejos. Para un alfa, la adulación se convierte en un arte a cultivar y hace de la seducción toda una ciencia, usando el romanticismo, la técnica y la pasión con precisión.

Acá algunas claves para descubrir estos alfa y decidir si seguir con ellos (con instrucciones de uso) o si cortar, antes que caer en la trampa.
  • El alfa siempre tiene prisa y su tiempo es muy precioso. Entonces él tendrá un tiempo preciso y bien definido para verte o para llamarte o contestar al teléfono.
  • Interesado en sí mismo. Su vida y sus intereses vienen primero
  • Crea su propia realidad: él no puede ser dependiente de nadie y entonce es él el director de su tiempo libre y de su entorno. Elige él los lugares y los restaurantes adonde llevarte.
  • Es caballero. Para su mayor beneficio se comporta come el Príncipe Azul, nunca como un bruto.
  • Controla sus emociones: nunca muestra fragilidad o desconocimiento y no se deja sorprender fácilmente. No le gustan las sorpresas.
  • Crea un poder gravitatorio a su alrededor: busca personas que consideren valiosa su opinión.Te presenta sus amigos y no le interesan mucho los tuyos.
  • Sabe lo que quiere: no siente vergüenza por necesitar, querer y desear en la manera en que lo hace.
  • Entiende "los riesgos" de la vida: sabe que la vida es una aventura que se vive un día a la vez. 
  • Se perdona por sus fallos: se perdona a sí mismo así que quiere que los demás también lo hagan (y tú eres cruel por no hacerlo).
  • Es un actor: te habla mucho con palabras que te llegan  y no valora, incluso olvida, las promesas.
  •  Ha desarrollado un agudo sentido del humor: El Macho Alfa sabe que se envejece más rápido cuando la vida se toma demasiado en serio, así que sabe reírse de las circunstancias y de sí mismo, es irónico y sabe sacarle acidez a su propia vida. Sabe que sus comentarios divertidos están llenos de profunda inteligencia. 

Que no se diga que no estás avisada, ( seguro que lo sabías....) ¡ Huye ....!















miércoles, 24 de diciembre de 2014

NAVIDAD





Navidad

LEILA GUERRIERO








¿Por qué, cuando nos hacemos adultos, nos gusta tanto que ya no nos gusten cosas que antes nos gustaban mucho? Sucede con varios asuntos: con bandas de rock, con escritores, con bares, con playas. Lo declamamos, además, con orgullo: “¿Esa banda? ¡Pero si no hacen nada bueno desde 1982!”; “¿Ese bar? Deberías haberlo conocido hace 15 años”. Como si el hecho de que ahora nos generen desprecio las cosas que antes nos apasionaban —U2, Paul Auster— fuera señal inequívoca de que hemos devenido personas inteligentes y evolucionadas.
 El ejemplo más universal de este fenómeno es la Navidad. La irritación y el espanto que esta fecha produce en el adulto promedio parece la mejor garantía de que el susodicho ha dejado atrás —al fin— las torpes ilusiones de la infancia. Por estos días, la gente que me escribe se despide deseándome “que te sea leve con las fiestas” o “que pase rápido”. Yo agradezco, pero tengo un problema: la Navidad me encanta. Siento un placer infantil, completamente frívolo y del todo pagano ante la Navidad. Me gusta dar regalos, arreglar la casa, cocinar durante horas, sacar el mantel de las abuelas. De los ritos que en Occidente ya no tenemos, o que hemos decidido aniquilar, este se ha quedado conmigo y lo cultivo con esmero. Lo paso mejor, mal y peor, como todo el mundo, pero persisto, como quien ha decidido ser leal a sus héroes de infancia. Sospecho que lo que irrita y perturba de la Navidad —de las fiestas de fin de año en su conjunto— es que su reestreno serial, cada diciembre, nos recuerda que el tiempo pasa: que nos hacemos viejos, que los sueños se nos quedan en espuma. Habría que pensar, entonces, qué hicimos —o qué vamos a hacer— con el tiempo. Por ahora, y hasta tanto, feliz Navidad.





 Hoy 24 de diciembre 2014.













lunes, 22 de diciembre de 2014

POEMA





SÍNDROME DE ABSTINENCIA

Aurora Luque 










No es tan tóxico ya: también caduca
el amor en la fecha señalada en su dorso.
Ya no es ese veneno
tan eficaz, ni acaso necesaria
la urgente sobredosis. Qué cualidad letal
la del amor filtrado en la memoria.

Regreso a las palabras y compruebo que nunca
se contagian o enferman con las fases
de mi intoxicación o mi delirio.
Siempre más sanas, siempre
a punto de ser dadas de alta y de dejarme
un poco más enferma. Y nunca simultánea
he sentido la fiebre en mi otro cuerpo,
el que tiene por vísceras palabras.














Imagen: Alexey Slusar





viernes, 19 de diciembre de 2014

ECCE HOMO





Cómo el Cristo de Borja salvó la economía de un pueblo







Hace dos años que el mundo descubrió la localidad aragonesa de Borja gracias a - o por culpa de - el “retoque” que Cecilia Giménez hizo a la pintura del Ecce Homo que había en la iglesia del pueblo. Fue en el verano de 2012 y la imagen dio la vuelta al mundo convertida en miles de memes. Ahora, dos años después, Borja tiene mucho que agradecerle a Cecilia, aunque al principio muchos se burlaran de ella, puesto que, según explica The New York Times en un reportaje publicado este lunes, la fama de la pintura ha salvado la economía del pueblo.
“Una ciudad, y no una pintura, restaurada”, es el titular del reportaje que le dedica el diario estadounidense. El Cristo de Borja fue la sensación de hace dos veranos y, desde entonces, el pueblo se ha beneficiado de los miles de turistas que han acudido a esta localidad de poco más de 5.000 habitantes para ver en directo lo que habían visto en televisión, periódicos y webs. Para acceder al Santuario de Misericordia, donde se encuentra el lienzo pintado en los años 30 y restaurado por Cecilia Giménez, cada turista tiene que pagar un euro. Y, según calcula el The New York Times, durante estos dos años la pintura ha atraído a más de 150.000 de todas las partes del mundo.



La afluencia de visitantes se ha notado en toda la localidad, especialmente en los restaurantes. El alcalde, Miguel Arilla, asegura al diario que el boom del turismo ha ayudado a recuperar la economía local. También se han beneficiado otros museos locales como el Museo de la Colegiata de Borja, con su colección de arte religioso medieval y que ha pasado de tener 7.000 visitantes al año a 70.000.
El reportaje también cuenta que en Estados Unidos está en marcha una ópera sobre “la historia de cómo una mujer arruinó un fresco y salvó una ciudad”:Behold the man (He aquí el hombre). Su autor, Andrew Flack, se ha trasladado a Borja para poder documentarse y asegura que, para él, “es una historia de fe. Es un milagro cómo ha impulsado el turismo. ¿Por qué la gente viene a verlo si es un trabajo artístico terrible? Es una peregrinación a un fenómeno impulsado por los medios de comunicación. Dios trabaja de maneras misteriosas”.
Aunque al principio fue objeto de burlas, Cecilia se ha convertido en un personaje famoso dentro y fuera de Borja. “Estaba devastada. Decían que estaba loca, que era una vieja que había destruido una pintura que costaba mucho dinero”, cuenta al diario. Después de un pleito entre dos bodegas que bautizaron a sus vinos con el nombre y la imagen del cuadro restaurado, Cecilia ha diseñado una etiqueta con su propia versión de Ecce Homo que ahora lucen unas botellas de vino. Y hay gente que acude a conocer a la autora de una de las obras de arte más famosas de las redes sociales.






Ver también: 
http://lamusaencantada.blogspot.com.ar/2013/08/ecce-homo.html

http://lamusaencantada.blogspot.com.ar/2012/10/rebusque.html






miércoles, 17 de diciembre de 2014

AQUI Y AHORA.





Era la vida

Leila Guerriero












Debería, por ejemplo, empezar por viajar más, por viajar menos, por no viajar en absoluto. Debería hacer las paces con mi padre, debería depender menos de mi padre, debería ver a mi padre más seguido. Debería salir de esta casa en la que paso tanto tiempo sola, debería quedarme en casa y no salir a aturdirme con gente que no me importa en absoluto. Debería terminar mi novela. Debería renunciar a este trabajo que detesto. Debería ir a bailar antes de ser el más viejo de la discoteca. Debería divorciarme. Debería empezar a usar toda esa ropa que hace años que no uso. Debería ir a recitales. Debería invitarla a cenar, invitarlo a un bar, decirles que soy gay. Debería parar con la cocaína. Debería probar alguna vez un trago, debería beber menos, debería dejar de beber. Debería aprender a tocar la guitarra. Debería ir a África mientras todavía puedo caminar. Debería cambiar de analista, conseguir un analista, dejar de ir al analista. Abandonar las pastillas. Ceder. No ceder. Arrojarme en paracaídas, tomar un curso de buceo, poner un hotel en la montaña, un bar en una playa de Brasil. Ir más despacio, ponerme en marcha, no mirar atrás. A fin de año, más que nunca, la vida no es la vida sino una patética declamación de buenas intenciones, una renovación del permiso de postergarlo todo, una fe idiota en que nunca será demasiado tarde para nada.

 “Toda la inmortalidad que puedes desear está presente / aquí y ahora”, escribió el poeta chileno Gonzalo Millán en Veneno de escorpión azul, su diario de vida y de muerte, y esa bestia terrible de la poesía, la uruguaya Idea Vilariño, dijo, mejor que nadie, peor que nunca: “Alguno de estos días / se acabarán las bromas y todo eso / esa farsa / esa juguetería / las marionetas sucias / los payasos / habrán sido la vida”.











lunes, 15 de diciembre de 2014

POEMA






O tempo não para

Valéria Lamim











Nosso amor é para ontem
Tem pressa, fome,
Sede, desejo, saudade.
Não há nele passado
Apenas o momento desperto
O instante da real percepção
Das palavras nunca ditas ou ouvidas
Dos olhares timidamente trocados.

Nosso amor é para hoje
É todo boca, olhos,
Mãos, pernas, coração.
Não há nele presente
Apenas o silêncio de almas gêmeas
O delírio dos amantes
Sangue vivo correndo pelas veias
Suor sagrado.

Nosso amor é para sempre
Sorri, chora,
Encanta, arrebata, enlouquece.
Não há nele futuro concreto
Apenas a doce poesia de palavras sinceras
A ânsia profunda de que seja real
O sonho delicioso de ter o passado no presente

...e o presente no futuro.

















GATOS II





Ronronéame mucho

Carolina Pinedo










Prrrrrrrr. Esta es la onomatopeya del ronroneo gatuno, una vibración típica de los felinos que no rugen, como el ocelote o el puma. Este sonido felino, emitido con las cuerdas vocales, ha sido sobrevalorado a lo largo de la historia, al atribuírsele excelencias curativas para las personas que no están constatadas ni corroboradas de manera científica. Entonces, ¿qué hay de cierto en que el ronroneo del gato es terapéutico? Existe parte de verdad y otra de leyenda.
Una frecuencia sonora de entre 25 y 40 hercios (Hz) es el secreto del ronroneo felino. Se trata de la misma onda que se utiliza en la tecnología aplicada en la rehabilitación de fracturas óseas. La vibración que emite el gato, similar al mantra, ayuda a que ellos mismos aumenten su densidad ósea y facilita la cicatrización, según los especialistas consultados y varios estudios elaborados en la Universidad de Carolina del Norte, además de tener propiedades antiinflamatorias. 
Pero, ¿las personas se pueden beneficiar de este poder terapéutico? Contesta Flor Dessal, veterinaria y especialista en gatos: "No existen evidencias científicas que corroboren que las personas que tienen un gato cerca que ronronea disfruten de los mismos efectos terapéuticos que se sabe que tienen para el propio felino, entre otras cosas, porque se desconoce si esa vibración es capaz de atravesar tejidos".
Por otra parte, un estudio realizado por Elizabeth Von Muggenthaler, especialista en Bioacústica, en el Instituto de Investigación de la Fauna de Comunicaciones de la Universidad de Carolina del Norte, investigó el ronroneo del gato, con un resultado que demostró que este sonido felino se encuentra en una frecuencia de entre 25 y 40 hercios.  Este rango es similar al de las ondas terapéuticas, que se utilizan en tratamientos de rehabilitación para casos como las fracturas óseas. Esto, obviamente, no significa que el ronroneo mejore la densidad del hueso del ser humano, pero ya tiene algo en común con la tecnología médica de ultrasonidos que sí lo hace.
Evidencias científicas aparte, las personas con gato coinciden en que cuando estos ronronean, ellos se sienten relajados. "Me ayuda a mejorar mi estado anímico y, por tanto, me aporta bienestar", asegura Raquel Sierro, presidenta de la Asociación Felina Española (ASFE) y dueña de Lobezno, un cachorrito de gato, con cinco meses de edad, muy cariñoso y al que le encanta producir ronquidos de felicidad. "No obstante, de ser agradable y relajante a resultar curativo hay un trecho, porque yo tengo dos hernias discales y por mucho que ronronee mi gato, lo único que me quita el dolor es mi medicación", añade.
Cada felino tiene su propia personalidad. Los hay que no ronronean, al igual que algunos son más maulladores que otros o menos cariñosos o sociables. La ausencia de ronroneo no debe identificarse siempre como un signo de alarma o de enfermedad del gato. Simplemente, le ha salido una mascota un poco excéntrica. Eso sí, es un sonido bello y elaborado: solo los mapaches emiten un runrún similar, aunque no son capaces de hacerlo con las variantes (diferentes intensidades) con que lo consiguen los gatos.
"No solo ronronean cuando están relajados y a gusto, también lo pueden hacer cuando sienten dolor y están enfermos, como forma de aliviar sus molestias; y en otras situaciones, como cuando se les acaricia, tienen miedo, al despertarse de una sedación o anestesia, cuando están con sus cachorros o incluso durante el parto", explica Flor Dessal. Nacen con la capacidad connatural de hacerlo y suelen comenzar a partir de los 15 días de edad. "La habilidad innata de emitir este sonido se produce en los órganos del gato cercanos a la nariz (vomeronasal), cuando hace vibrar sus cuerdas vocales", añade la veterinaria. Miguel Ibáñez, veterinario experto en comportamiento animal y responsable de la Clínica del Comportamiento Animal de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, confirma que el ronroneo es una herramienta de comunicación felina, "por lo que conviene fomentarla, acariciando al gato y buscando un ambiente agradable y cómodo que, además, estreche la relación con el animal".





Buena Vida. El País. España