martes, 26 de marzo de 2013

COMIDAS Y LUGARES



Diez restaurantes baratos en Buenos Aires




Con los últimos años de inflación sostenida, comer rico y barato en Buenos Aires, se ha convertido en una hazaña difícil pero no imposible. Y para visitantes con cambio de moneda favorable, Buenos Aires sigue siendo uno de los mejores destinos gastronómicos del mundo por su oferta cosmopolita, regional, vanguardista y, sobre todo, deliciosa hasta el cansancio. Veamos en este recorrido algunas de esas estrellas que brillan por sus precios, amplitud de opciones y sabores.


Pizzería Kentucky





Tradicional pizzería de Buenos Aires, ahora se muestra dispersa por toda la ciudad como una cadena con gran cantidad de locales. Los pizarrones escritos con tiza en las pizzerías Kentucky ofrecen varias combinaciones de tres porciones de la masa más rica del mundo junto a un chop de cerveza o gaseosa. Se puede degustar en sus mostradores “de parado y al paso” o en mesas. Imprescindibles la napolitana, la fugazzeta, la faina y la de verdura con salsa blanca.


Bodegones


Los bodegones son el espacio seguro y cálido para comer todavía rico, barato y entre amigos en Buenos Aires. Estos locales con gran tradición en la capital argentina eran antiguos almacenes que primero empezaron a vender bebidas y luego acabaron convirtiéndose en restaurantes. Habituales refugios de la noche o del domingo al medio día, pintorescos por definición, cada barrio alberga el suyo y algunos conservan delicias como la milanesa a caballo (con huevo frito), las costillitas de cerdo, el matambre a la pizza, las rabas o los raviolis a la bolognesa a precios cercanos a los 10 dólares por plato. Dos clásicos que se destacan: la cadena Bellagamba en Balvanera y El Obrero (Caffarena, 64), el refugio de los jugadores de fútbol, en La Boca.

El Puestito del Tío

Los carritos de la costanera del Río de la Plata de Buenos Aires ofrecen otro paseo esencial, fuera de la moda y repleto de delicias. El Puestito del Tío (Avenida Dorrego 4050) es uno de los destacados, dentro de la hilera de la Avenida Dorrego. Las joyas de este clásico al aire libre, son la bondiola, el churrasquito, el chorizo y la hamburguesa completa. Por menos de 10 dólares puedes llenarte el estómago de felicidad, con un poco de aire de río para despejar la mente.
Pippo y Salgado Alimentos
La herencia de los inmigrantes italianos sigue vive en las venas de todos los porteños y sale a la luz con las pastas de cada domingo. La ciudad está llena de opciones para comer ñoquis, raviolis, tallarines, espaguetis, vermicellis y todas las formas y nombres que impliquen a una pasta. Una de las casas más tradicionales de la ciudad y con precios por menos de 10 dólares, que incluyen gaseosa, es el restaurante Pippo, en Montevideo 341. Emporio del centro porteño, se destaca por la velocidad de su servicio y el sabor de sus pastas “al dente”. En el barrio de Villa Crespo aparece otra alternativa de gran calidad y que todavía, si no se incluye vino en el menú, ofrece deliciosos y abundantes platos de pasta: Salgado Alimentos (Juan Ramírez de Velasco, 401). En una esquina de barrio, brillan los raviolis de jamón crudo, de cheddar o de bondiola, los sorrentinos de salmón y camarones, los ñoquis de mostaza ahumada o los canelones de pollo. Importante: reservar con mucho tiempo o ir bien temprano; se llena.


PANZOTTIS DE J CRUDO3




Los Sabios

Como en muchas partes del mundo, el boom de la comida vegetariana, macrobiótica y vegana también llegó a las orillas del Río de la Plata. En poco tiempo todos los barrios empezaron a esconder su rincón natural o a incluir comidas orgánicas en sus menús. Una de las mejores opciones de la ciudad es el restaurante Los Sabios (Avenida Corrientes, 3733), en el barrio de Almagro. Al mejor estilo tenedor libre, puedes llenarte el estómago de comida hasta explotar. Entradas, platos principales y postres se ofrecen en largos pasillos para servirse hasta reventar. La estrella del lugar en forma de postre: el flan de coco.

Status

Si uno visita la ciudad con ganas de deleitarse con sabores del altiplano, una buena opción es este pequeño restaurante del centro de la ciudad: Status, en Virrey Ceballos 178. Allí se puede degustar el típico ceviche peruano, el ajiaco de conejo, el chicharrón de pescado, el ají de gallina y mucho más. Con una estética antigua, tipo bodegón, es un paso obligado para perderse en este sabor norteño y por poco dinero.




El Boliche de Darío y Lo de Charly

Estos lugares no brillan por sus salones ni por su servicio, pero sí por conservar el sabor de las parillas tradicionales y abundantes, a buen precio. En El Boliche de Darío, en el barrio de Caballito, se puede comer toda la carne y achuras que quieras por poco más de 10 dólares (sin bebida). Empanaditas salteñas para empezar, bandejas con chinchulines, riñones, mollejas y ricos cortes de carne: asado, vacío, lechón, matambre a la criolla, etcétera. La recomendación: ¡Las papas fritas! Y si el hambre ataca 24 horas, Buenos Aires tiene la solución: la parrilla Lo de Charly (Alvarez Thomas 2101), en el barrio de Villa Urquiza. Con un salón poco lujoso, ofrece un servicio de primera desde hace más de 15 años. Con promociones o la opción de tenedor libre, Charly alberga noctámbulos con cortes deliciosos como colita de cuadril, entraña, costillitas de cerdo o bondiolas.
Sarkis

Si el paladar pide sabores árabes o armenios, Sarkis (Thames 1101) es un paso obligado por el barrio de Palermo. Siempre repleto de comensales (hay que ir bien temprano, antes de las 20:00), ofrece sabores deliciosos como hummus, tabulé, falafel, fatays, kafta al fierrito y más y más. Una fiesta de la comida en pequeños platos para compartir y disfrutar. Los camareros, en su mayoría, tienen una simpatía única y el salón es cálido, limpio y ordenado. La curiosidad del lugar: si ven una señora tejiendo o leyendo cerca del baño, anímense a que les lea el futuro con la borra del café


1810

Si el plan es comer algunas de las comidas regionales de Argentina, una buena opción para conocer los sabores del norte del país es el restaurante 1810. Empanadas tucumanas, humitas, locro, carbonada, mondongo a la criolla, lentejas, pastel de lomo a la criolla, etcétera. Importante: acompañar la comida con un delicioso Malbec argentino (aunque esto hará subir el precio) y tratar de no probar estos platos en días de mucho calor. El postre para la noche perfe



Jauja y Rapa Nui







Cerrar una noche en Buenos Aires sin un helado, sobre todo en verano, es un pecado. Herencia europea, la ciudad del calor húmedo ofrece en cada barrio opciones de gran calidad y con multiplicidad de cremas y frutas. Una opción de vanguardia y económica son los Helados Jauja (Cerviño 3901), en el barrio de Palermo. Llegados hace pocos años a la ciudad desde el sur de Argentina, ofrecen una variedad de gustos únicos y fuera de lo común: ristretto, tiramisú, merengueche, lemon pie, anarangibre... También es un pecado no probar su variedad de chocolates. Y si de chocolates se trata, una competencia en sabores y cremas es la casa, también del sur, Rapa Nui. Su pastelería, heladería y chocolates están entre las delicias dulces más fuertes de la ciudad. Sus sabores de helados también se salen fuera de lo normal y uno puede apagar el calor con cheesecake de frambuesa, chocolate rapanuino, tramontana y fra-nui.






viernes, 22 de marzo de 2013

24 DE MARZO



Inocencia


Alejandro Schleh












Hicimos el altar con un cajón cubierto por un mantel. Sobre él, una flor en su vaso con agua y una imagen religiosa recuerdo de la comunión de algún antepasado, como un icono de mármol. Un pesado rectángulo de unos doce centímetros de base por dieciséis de alto rematado en una curva y sostenido por un pie rebatible de bronce y con una enorme medalla del mismo metal –una cabeza de Cristo con su corona de espinas- pegada en el centro. Debajo, una pequeña placa de cinco centímetros de largo por uno de ancho indicaba el nombre del antepasado y la fecha en que había recibido a Dios, o creído recibirlo, en la hostia consagrada. La cruz que descolgamos de alguna pared pendía de un alfiler de gancho clavado en el mantel que cubría el frente del cajón de frutas. 

 Así fue, frente a ese pequeño altar fabricado por nosotros mismos, que nos casamos por primera vez cuando teníamos seis o siete años. Lo repetimos a los ocho. En realidad, mientras fuimos infantes, cada vez que nos veíamos nos casábamos, y si bien todo era juego en aquel momento, muchos años después, ya grandes los dos y yo con una familia formada, el destino nos fue uniendo de a poco nuevamente, no para casarnos como cuando chicos, pero sí para uno hacerse cargo del otro, luego que el curador designado por el juez hubiera terminado su trabajo y me hubiesen designado a mí, por sugerencia de su padre, la aceptación de su hermana, y de la propia interesada y la justicia,  nuevo curador oficial de mi prima. 

En rigor de verdad ya lo era de hecho desde tiempo atrás. 


Introducción. (Continuará) 

miércoles, 20 de marzo de 2013

PEDALEANDO






Pedaleando a la velocidad de Audi









La nueva propuesta de Peugeot para la ciudad
La automotriz francesa y su último desarrollo es la bicicleta DL122.









Un Fórmula 1 en dos ruedas

La firma UBC, que trabaja junto al equipo de carreras de Toyota, 
presentó dos modelos de bicicletas de fibras de carbón de alta resistencia. 



Lamborghini festeja sus 50 años en dos ruedas

La clásica marca de autos deportivos italiana cumple medio siglo de vida y
 lo celebra lanzando un peculiar modelo de edición limitada. 




Bicycle Design by design-dautore.com

Police Bikes by Ciprian Frunzeanu (r)




Smart eBike: dos ruedas para la ciudad








lunes, 18 de marzo de 2013

BOSQUE ALEGRE V


El dulce de leche



                                         El autor ( uno de los jóvenes empresarios) y su hermano Gonzalo.

No recuerdo, aunque lo supe, cómo se las había arreglado Juan para conseguir de contrabando aquel informe. Había sido encargado por Molinos Río de la Plata a una consultora de negocios y se sacaba en limpio de aquella prolija pila de hojas, que el emprendimiento de la fabricación de dulce de leche, sería viable para aquella multinacional ya que en el mercado de este producto nunca había habido marcas líderes, de manera tal, que no había que librar una batalla encarnizada contra una marca en particular. Molinos nunca decidió finalmente ocupar su tiempo en ese menester cosa que nosotros sí hicimos, y aunque nuestra envergadura era algo más reducida que la de Molinos Río de la Plata, comenzamos a poner manos a la obra comprando el lote sobre la Ruta 3 en el Km. 128, ubicado en una doble cuenca. La cuenca del Salado y la lechera. Un terreno en “Bosque Alegre”.
Pero no todo era leche en los alrededores de Monte. Además de algunos pequeños tambos y de San Genaro -uno de los más grandes de por allí- existían explotaciones tradicionales agricologanaderas cuyos propietarios se empeñaban en sembrar trigo o maíz que nunca venían del todo bien. Aquí y allá podían verse criaderos de pollos, alguno de porcinos. Había además, a cuadras de la estación del tren, una aceitera, y a muy pocos kilómetros, la fábrica de bujías.
Creímos que aquel lugar de San Miguel del Monte era estratégico para la fabricación del dulce; la cercanía de algunos tambos que serían nuestros proveedores nos aseguraría diaria y puntual provisión de leche.
Algunos años después, que serían dos, mientras producía las bobinas de papel higiénico y una a una las iba apoyando contra la pared, Roberto, nuestro empleado gangoso de labio leporino, me describía el proceso de fabricación del dulce a nivel industrial. No había pasado mucho tiempo desde nuestra incursión en Monte, yo ya me había casado, y a Juan lo veía solo de casualidad y muy esporádicamente. Nunca pude contarle, cuando tuve la oportunidad no me acordé de decirle, que este empleado que teníamos en la papelera  me había dicho que el dulce, cuando no es casero, se fabrica siempre con leche en polvo. Bien lo sabía este ex empleado en dos fábricas de ese producto. Así que la nuestra podía haber estado situada en cualquier parte: en Alejandro Korn, Merlo, Villa Adelina o Villa Carlos Paz; hubiera sido lo mismo a los fines de su elaboración. No son necesarios los tambos cercanos. Agradezco la suerte que trae la ignorancia a veces; no tuvimos ese dato en su momento. De haberlo tenido en cuenta nos hubiéramos perdido de conocer el Bosque Alegre loteado por La Forestal y vendido por Vinelli. El Bosque del escultor, el del nacionalista y su castillo almenado, el de las prostitutas, los camioneros, los hacheros borrachos y explotados, el de los gerentes de la Forestal, el de Eccleston, el de la City, el del Mensú, el de nosotros mismos; lo que hubiera sido muy lamentable.

Relaciones humanas


                               Visión idealizada de ' las chicas trabajadoras'



Además del restaurante que teníamos enfrente y pegado a la estación de servicio que era al que siempre íbamos y donde se comía bastante aceptablemente y en un clima relajado, otro, pintoresco y llamativamente decorado, completaba a lo largo de unos seiscientos metros de banquina la oferta gastronómica del lugar.

Cruzando el asfalto de la ruta, frente a la fortaleza medieval del industrial de las bujías, una realidad más cercana retrotraía a los años veinte. Estaba el restaurante de arquitectura ecléctica de las chicas trabajadoras con sus puertas de vidrios repartidos y biselados, sus cristales azogados y ennegrecidos.
Era visitado fundamentalmente por camioneros atraídos por los buenos precios de la comida casera y además, porque por sumas módicas, podían conseguir compañía femenina por algunos minutos fugaces o si estaban dispuestos a invertir, una, dos, o más horas.
Los camiones paraban a lo largo de una anchísima y cómoda banquina más allá de la cual se ingresaba en el bosque de altos eucaliptus de troncos rectos y finos. Un pequeño cartel de madera con forma de flecha indicaba el camino. Sobre el piso, y apoyado sobre el palo que hacía de columna del primero, otro, tipo pizarra, con los precios de dos o tres comidas diferentes, se ponía por las mañanas y se retiraba por las noches. Veinte metros adentro, ya en el bosque y en un claro pequeño, una construcción digna de ser fotografiada y publicada en las revistas especializadas en arquitectura como exponente de lo espontáneo y popular, sorprendía al visitante. Rezagos de todo tipo, llevados desde las demoliciones realizadas en ciudades importantes correspondientes a casas que iban desde 1890 hasta 1925; paños de chapa lisa de hierro adornados con extraños floripondios o con flores de lis cinceladas o de hierro fundido adheridas a sus cuerpos, de boisserie, y puertas de tres o más hojas con vidrios repartidos y biselados arrancados de algún palacete, hacían las paredes y los tabiques divisorios del restaurante.
La imagen del volumen: un eclecticismo de los años veinte y treinta aggiornado de racionalismo con toques de pop-art. 
Franqueando la entrada, puerta art nouveau con vidrios de colores, se chocaba con una mesa de cocina cubierta con un viejo mantel de hule de motivos floreados. Sobre ella, frascos de diferentes dimensiones que contenían aceitunas, orejones, salsas de tomate, chimichurri, duraznos al natural, ciruelas, y otros productos envasados vaya a saber uno dónde, y cajitas apiladas de diferentes marcas de té, yerbas diversas y dulces variados, quesos y salamines del lugar, se ofrecían  a la venta.

Este restaurante que seguramente ya no existe, mereció haber sido visitado y descripto, tanto en lo que a arquitectura se refiere como a la sociología y psicología de sus dueños y visitantes, por algún experto observador y relator de las relaciones humanas y sus vínculos con el entorno que ellos mismos se fabrican. Eran frecuentes las peleas y trifulcas entre sus mismos dueños a la vista y oídos de los comensales que a veces quedaban solos cuando los gritos, voces de mando, alaridos y llantos se retiraban a los fondos donde el insólito matrimonio de tres –era ella y dos hermanos; uno, apodado el Mensú por Juan debido a su apariencia-  se las arreglaba para dormir en la cama camera y la hija de uno de ellos trabajaba haciendo buenas migas con los visitantes. Nunca nadie supo quién era el padre y quién el tío; ni ellos, ni la inocente chica, ni su blanca madre cuya piel contrastaba con la de sus maridos. Bueno, hubo una  reyerta acalorada el día que se nos ocurrió ir a comer a ese lugar por primera vez. Nos dijeron que era habitual. Todos comíamos en silencio pues todos queríamos seguir las alternativas y queríamos conocer el motivo de semejante pelea, todos con un estómago a toda prueba.

En un dormitorio satélite -separado del complejo casa-restaurante de los dueños- dos o tres chicas bien dispuestas y pintarrajeadas completaban los servicios de aquella empresa.

viernes, 15 de marzo de 2013

PIRATAS SIGLO XXI


Los piratas y el nuevo desorden global







El mundo actual está lleno de paradojas, y una buena parte de ellas podría sintetizarse en la idea de que es un mundo de todos y de nadie. Proliferan los asuntos que son de todos (que a todos nos afectan y que exigen acciones coordinadas), pero de los que, al mismo tiempo, nadie puede o quiere hacerse cargo (para los que no hay instancia competente o de los que nadie se hace responsable). ¿Cuál es la diferencia entre lo común y lo ingobernable, entre la responsabilidad compartida y la irresponsabilidad generalizada? ¿Cómo distinguir lo de todos y lo de ninguno, lo que no tiene dueño y aquello de lo que nadie se ocupa?
Estamos ante una configuración del mundo que se parece a las formas arcaicas de las sociedades de colectores y cazadores, que lo conciben más en términos de itinerarios, de botines y pactos que como espacios cerrados y propiedades estables. No tiene nada de extraño que la figura del pirata reaparezca en un mundo así y que lo haga con toda su ambivalencia de libertad y barbarie.
El pirata encarna la figura de un tipo de enemigo que no amenaza tanto a un país en particular como a las naciones terrestres en general, no a una soberanía concreta como a la idea de soberanía en general. Un pirata no es un enemigo particular, sino el enemigo común de todos, como decía Cicerón. La piratería es lo contrario de la hegemonía, no en el sentido de que esté en condiciones de rivalizar con los imperios en el terreno del poder, sino porque impugna la idea de soberanía como tal. 
De esta hostilidad absoluta proceden nuestras actuales denominaciones para caracterizar los genocidios como “crímenes contra la humanidad” o el terrorismo de los “unlawful combatans”, que se parece menos a la guerra tradicional entre Estados que a la piratería que resulta del debilitamiento de las convenciones modernas acerca de la guerra territorial. El paralelismo entre la vieja piratería y el actual terrorismo internacional tiene su base en el hecho de que ambos fenómenos se sitúan al margen del cuadro territorial.
Las instituciones médicas y científicas denunciadas como piratas no destruyen la propiedad; la introducen donde no existía

 Pues bien, no creo estar forzando la metáfora si afirmo que la piratería representa una nueva forma de estar en el mundo que se ha vuelto líquido. No me refiero solo al terrorismo global, sino a formas actuales de la globalización que retoman el modelo de la rapiña. Podríamos pensar en el comportamiento de los consumidores, tan similar al pillaje (como se pone de manifiesto el primer día de rebajas en los grandes almacenes o en cualquier forma de consumo que implica un daño sobre el medio ambiente). El éxito de los productos financieros es inexplicable si no fuera porque en ellos se promete una gran rentabilidad que ciega incluso para los riesgos que llevan consigo. Pienso también en la biopiratería, término que aparece a comienzo de los años noventa para designar la apropiación indebida de los recursos genéticos. En este caso, las instituciones científicas o médicas denunciadas como piratas no son llamadas así porque destruyan la propiedad, sino por introducirla en lugares en los que previamente no existía. Existe una relación entre muchos conflictos actuales y la disposición sobre determinados recursos naturales, por lo que podría hablarse de “una ecología política de la guerra”. En definitiva, la actual multiplicación del pillaje se explica por la debilidad de los Estados a la hora de controlar eficazmente sus territorios y por la agravación de las desigualdades que resulta particularmente insoportable.
 Una de las figuras más elocuentes de la piratería contemporánea son los paraísos fiscales, esos lugares sin identidad, sin fiscalidad ni obligación de residencia. Allí se consagra el curioso derecho de abandonar todo espacio político sustrayéndose al impuesto que es el símbolo del poder territorializado.
El ciberespacio proporciona igualmente una gran cantidad de metáforas marítimas y piratas. Como los océanos y el aire, el ciberespacio es un territorio de navegación. El vocabulario de la Red es muy explícito a este respecto. Se navega por la Red, y los piratas asaltan, inmovilizan, sabotean y se hacen con los servidores, a veces por puro juego, otras por motivos criminales o geoestratégicos. Allí se mueven otros navegantes con la misma lógica libertaria con la que los expertos financieros inventan productos para escapar de una posible regulación. Los hackers se cuelan por los huecos de la Red y los financieros buscan los espacios off shore como los piratas circulan entre los espacios de la soberanía. Al igual que los piratas históricos, los navegantes de la Red viven en un archipiélago sobre el que el Estado impotente no tiene el monopolio de la violencia legítima.Una de las figuras más elocuentes de la piratería contemporánea son los paraísos fiscales, lugares sin obligación de residencia
El sueño de las lógicas libres es lo que ha convertido a Internet en la utopía política que ha entusiasmado a una generación.


Propongo entender esta nueva constelación —la dialéctica entre el todos y el nadie— como la condición que explica lo que podríamos llamar sin exageración metafórica el retorno de la piratería en la era global. Hay piratería siempre que aparecen nuevas realidades disponibles respecto de las cuales no termina de estar claro a quién pertenece o de quién es la competencia. Era lógico que con el incremento de los bienes públicos de la humanidad —como el clima, la seguridad, el saber o la estabilidad financiera— haya aumentado también la incertidumbre acerca de su propiedad y gestión. La tímida configuración de la humanidad como sujeto e instancia de apelación convierte eo ipso en piratas a quienes antes eran Estados soberanos, propietarios o practicantes de alguna unilateralidad. La actual fluidificación de la propiedad se corresponde con el debilitamiento de la soberanía política en un mundo de interdependencias; ambos fenómenos comparten y tienen su origen en la misma lógica. La cartografía del mundo ya no establece un conjunto coherente y completo de unidades autosuficientes, sino un mapa incompleto, con zonas de soberanía ambigua, espacios de difícil regulación y responsabilidades difusas. Todo ello nos obliga a articular un nuevo equilibrio entre Estado, mercado y sociedad


De 'Un mundo de todos y de nadie' (Paidós) de Daniel Innerarity 
 192 páginas. 
Diario El Pais. España

jueves, 14 de marzo de 2013

LA NOTICIA



...que nos hizo gritar, aplaudir, llorar....





Estoy temblando. Han pasado seis horas y sigo temblando. La Redacción entera tiembla y se sacude. Qué pasa en la piel de acero inoxidable de periodistas curtidos en guerras y revoluciones, en todas las miserias y todas las emociones; qué pasa en esa piel impenetrable que de pronto cae, derrotada, ante la noticia increíble que la atraviesa y llega hasta el alma.Es muy fuerte. Hay algo en el aire en la Redacción de LA NACION, que ayer, en un destacado de la página 3, publicó que Bergoglio "podría convertirse en la sorpresa" del Cónclave. De paso, un tributo, desde aquí, a Elisabetta Piqué, nuestra corresponsal en Italia, por lo bien rumbeada que estaba. En los diarios no acostumbramos a elogiar públicamente a nuestra gente. Pero "Betta" -así la llamamos- y su primicia merecían la excepción.De todos modos, no hablo de eso. Algo hay en el aire. Nos juntamos unos 40, 50, cada vez más, frente a la televisión grande de la Secretaría de Redacción, corazón del diario, a esperar el nombre de la persona a la que 114 cardenales han puesto al mando de la barca de Pedro. Y algo parecido pasa en las televisiones del resto de la Redacción. Están redactores y jefes, fotógrafos y ordenanzas, diagramadores, ilustradores e infógrafos; están los que vibran con lo católico o lo religioso, y los que esas cuestiones están muy lejos de importarles. Estamos todos



Alguien pregunta si alguna vez una elección de un papa nos había hecho reaccionar así. Le contestan que no, definitivamente. Seguimos clavados allí, tensos, nerviosos, inquietos. Hay algo. Tantos periodistas juntos pueden ser divertidos o crueles. Pero nunca dejarán de ser escépticos, por vocación y mandato. Pero estamos todos, no nos vamos, reímos, fijamos la vista en la pantalla. Esperamos. Hay algo ahí. Algo distinto.De pronto, primer plano de las puertas del gran balcón central de la Basílica de San Pedro. Se ven, o se adivinan, sombras por detrás. Se abren las puertas. Camina hacia el balcón el cardenal protodiácono, el francés Jean-Louis Tauran. Lo acompañan dos sacerdotes. Está frente al micrófono. En la Redacción crujen los nervios y, enseguida, sobreviene el silencio. Estalla el silencio. Las redacciones pueden ser cualquier cosa menos silenciosas. Pero hay algo ahí. Habla Tauran: "Habemus papam". ¡Por Dios, el nombre! ¡Quién es! ¿El italiano Scola, el brasileño Scherer? Es un instante interminable. Alguien, entre nosotros, se queja porque la traducción de la televisión se superpone con el anuncio en latín.

Tauran, al que recordaremos siempre por lo que dijo y no por esa voz tan poco cautivante, dice el nombre del nuevo papa. No lo oímos o no lo entendemos. A 20 metros, salta en un grito la editora de El Mundo. Salta, corre hacia nosotros y grita: "Es Bergoglio, es Bergoglio". Lo ha escuchado ella, pero no nosotros. No le terminamos de creer. Después conoceríamos la causa, y hay que agradecer que en este mundo con tanto apresuramiento y levedad haya profesionales del periodismo con una vocación a prueba de fuego. La noche anterior, en la sección El Mundo se habían quedado después del cierre a estudiar los nombres en latín de los principales candidatos. Ellos entendieron el "Georgium Marium" que ninguno de nosotros entendió.No terminamos de reaccionar. ¿Es Bergoglio? Estamos como paralizados. Por Dios, ¿es realmente Bergoglio? ¿Puede ser Bergoglio? ¡Es! Se termina de romper el silencio. Se anima la TV y pone la placa con el nombre del primer papa argentino de la historia. Empieza a estallar la Redacción. Se abrazan la editora de El Mundo y la secretaria de Redacción de esa sección, a la que veo, o adivino, lagrimeando debajo de los anteojos. Son las dueñas (¡eso se creen!) de la noticia. De la gran historia. Hay aplausos. Hay gente que está quebrada. Estalla la argentinidad: "¡Tenemos un papa, la reina de Holanda y Messi!" Le agregan: "Y una emperatriz".Un secretario de Redacción concluye: "Esto va a cambiar definitivamente la historia del país". Varios coinciden. "Juan Pablo II cambió la historia de Polonia", dice el editor de Política, y bromea con que Moyano está lejos de ser Lech Walesa.Otro, un animal político, saca conclusiones políticas de las palabras iniciales de Bergoglio como Papa: "Lo primero que hizo fue hablar de amor fraterno. Mensaje para Olivos?". Llama un columnista, otro tipo que respira política. "Jesuita y bueno para gobernar. Los cardenales eligieron bien."
Ahora hay que hacer un diario. Acaso, el ejemplar más importante de la historia de LA NACION. El capitán del barco nos dice: "Todas las páginas que hagan falta". En la Redacción hierve la sangre. Y los teléfonos, y el mail, y Twitter.Pero un diario caliente se hace con la sangre fría. Hay que ponerse a trabajar. Empezamos a discutir el título principal (y seguiríamos haciéndolo tres horas después). Como muy pocas veces, sentimos que trabajamos para la historia.
Estoy a punto de tener la reacción menos periodística de todas. Me escondo en una salita. Necesito llorar a solas. 
Hoy,  diario La Nación


miércoles, 13 de marzo de 2013

CENSURA


Enemigos de Internet: Siria, China, Irán...






     



Siria, China, Irán, Bahrein y Vietnam están entre una docena de países enemigos de Internet por sus políticas de espionaje online, según el informe anual de Reporteros Sin Fronteras que ha publicado hoy martes coincidiendo con el Día Mundial contra la Cibercensura.
El informe de este año, del que ha desaparecido Cuba como uno de los países que más espía a sus ciudadanos, también incluye a un grupo de países "bajo vigilancia" y, aunque hay una mayoría de países árabes y dictatoriales, también se encuentran en ese capítulo Australia y Francia por sus leyes de filtraje de contenidos y cierre de cuentas de particulares por motivos de copyright. En ese sentido, RSF señala: "Francia no debe sacrificar la libertad de expresión en Internet y la neutralidad de la Red por razones de seguridad o de protección delcopyright".
En ese sentido, también critica el anuario leyes aprobadas recientemente por países democráticos, "leyes potencialmente liberticidas que permitirían la instalación de una vigilancia generalizada. Ejemplos de ellos son la FISAA y CISPA, en Estados Unidos, la British Communication Data Bill, en Reino Unido, la Wetgeving Bestrijding Cybercrime, en los Países Bajos, y tantos textos que sacrifican la libertad de expresión en Internet, alegando luchar contra los delitos informáticos".
El informe Enemigos de Internet señala a cinco empresas "mercenarias" que venden sus servicios a los gobiernos para ayudar técnicamente a la opresión de sus ciudadanos. Estas empresas son Gamma, Trovicor,Hacking Team, Amesys y Blue Coat, todas ellas radicadas en países occidentales.

Un total de 22 periodistas y 18 internautas fueron a la cárcel el pasado año en Siria por culpa del ciberespionaje que ejerce el Gobierno a través de sus organismos de telecomunicaciones que controlan a cinco millones de ciudadanos. Incluso bloquean datos encriptados y el intercambio de correos electrónicos con el extranjero.
En el caso de Irán, el Gobierno ha optado por crear su propio sistema local de Internet. Ha encarcelado a 20 internautas y matado a uno de ellos. Pero en términos de gente afectada, según el RSF el número uno es para China, ya que individuos y empresas tienen que pasar por el lazo del Gobierno o una compañía estatal para acceder a Internet, además de soportar un filtro a las webs extranjeras. Por motivos de Internet, el Gobierno encarceló el pasado año a más de un centenar de  ciudadanos, una treintena de ellos periodistas. El mismo control gubernamental existe en Bahrein (77% de penetración de Internet) y en Vietnam.
RSF pide que se deje de vender material informático a esos países, ya que actualmente la Unión Europea o Estados Unidos están ayudando, con sus suministros, a la censura y represión.


Tomado del Diario El País. España

martes, 12 de marzo de 2013

POEMA






Y Dios Me Hizo Mujer 


Gioconda Belli











     Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos,
nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo que creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.








lunes, 11 de marzo de 2013

MADURO, PERO VERDE


Maduro vio a Cristina y cambió para siempre*

  M. Reymundo Roberts 



Qué fuerte ha sido todo lo de Chávez. Pero los estadistas tienen esa capacidad de dar vuelta la página, de asumir que la vida sigue, que los desafíos no esperan. Cristina lo tuvo claro desde el primer momento: Nicolás Maduro iba a necesitar de ella. Los Castro habían sido muy buenos -verdaderos maestros- en administrar la enfermedad, la transición y la muerte. Ahora se necesitaba alguien que guiara a ese buen señor en el monumental trabajo de conducir el país. Un país que cruje y llora, no sólo por lo que acaba de perder.Cristina lo tuvo claro y viajó de inmediato, con una delegación cuyo número podemos estimar después de ver lo despejadas que estuvieron estos días las calles de Buenos Aires. Maduro la recibió con los brazos abiertos y el grabador encendido. Quería registrar cada uno de los consejos de la amiga reina llegada del Sur. Gracias a esa preocupación hoy puedo reproducir aquí el diálogo histórico entre ambos. Un diálogo riquísimo, aunque desigual: de un lado, la pesadumbre de un hombre casi paralizado ante la monstruosa tarea que le ha caído encima; del otro, la serenidad y experiencia de una mujer para quien la política ya no tiene secretos.
- Cristina -dijo él-, me imagino tu primer consejo: seguir al pie de la letra el ideario de nuestro comandante Hugo.
-Bueno, no siempre hay que aferrarse a nuestros antecesores, aunque hayan sido grandes hombres. Hacé la tuya. Néstor, por ejemplo, vivía obsesionado con la inflación y las reservas del Banco Central.
-¿Y tú?
-Para mí la inflación no existe, y en poco tiempo las reservas tampoco.
-Fíjate que yo estoy en lo contrario: cada día quiero parecerme más a Hugo.
-¿Pero te da el cuero? Yo desde el primer día me afirmé en lo mío: el relato. Hablo, hablo y hablo. Y trato de silenciar a todos. A los medios, a los jueces, al que se me anime.
-¿También a la oposición?
-No, la oposición no se me anima.
-Me gusta eso de ir haciendo mi camino. Además, entre nosotros, Hugo me ha dejado una herencia terrible. Por ejemplo, la inseguridad. El año pasado murieron 20.000 personas. ¿Qué puedo hacer?
-Dejar de hablar del tema. La inseguridad no existe, chau, fue. No te sumes al coro del lamento. Yo sólo doy good news. Hace un tiempo tuve que hacer un ajuste y lo llamé sintonía fina, que tiene una agradable sonoridad musical. Los acosté a todos, pero con una canción de cuna. Lo mismo con la inseguridad: mandé decir que se hablara de sensación. Un éxito. Ahora entran a una casa y la desvalijan y a los dueños sólo les queda la sensación de que ya no tienen nada. Nicolás: gobernar es ser creativo.
-Impresionante, Cristina. Dime, ¿cómo has hecho para resolver la falta de dólares? Aquí estamos viviendo el mismo drama.
-Bueno, convertí mis dólares a pesos y eso solucionó gran parte del problema. Después, mano dura, cepo, cerrar importaciones. Recetas clásicas. Néstor me enseñó a tener gran respeto por el dólar. Vieras qué bien lo aprendió mi hijo Máximo.
-Pero he leído que por el cepo se vino abajo la construcción y que está paralizado el mercado inmobiliario.
-Es cierto, pero puse el tema en manos de La Cámpora y ya ha logrado reactivar Puerto Madero. Después irá a otros barrios.
-Supe que tienes problemas con la Justicia. Aquí Hugo hizo un gran trabajo.
-Yo heredé un verdadero desastre: una Corte que se las da de independiente. Pero me estoy poniendo firme: el otro día anuncié en el Congreso una gran reforma judicial. Y para que vieran que iba en serio lo senté a mi lado a Boudou.
-Oí que vas a democratizar la Justicia.
-Sí, democracia total. Se hace lo que digo yo, que soy la más votada.
-También estamos más adelantados que ustedes es en la relación con Irán.
-Es verdad, pero al ritmo que estamos yendo los alcanzaremos pronto. Ellos necesitan quedar libres de culpa y cargo por la AMIA y nosotros necesitamos energía y un país grande que nos atienda el teléfono.
-¿Te reunirás aquí con Ahmadinejad?
-No, no se la voy a hacer tan fácil. Ellos tendrán mucho petróleo y la bomba atómica, pero yo soy Cristina.
-Lo que llama la atención es cómo estamos hermanados en todo. Incluso en los problemas: los dos somos campeones de la inseguridad y la inflación, a los dos nos faltan dólares, los inversores huyen, se nos desborda el gasto público, nos llueven las denuncias de corrupción y somos excesivamente dependientes del petróleo, nosotros, y de la soja, ustedes. ¿Por qué será?
-My friend, qué nuevito sos. El principal parecido no es ninguna de esas minucias. Tampoco que expropiamos sin pagar, habernos cargado a los medios, ser despreciados por los yanquis o estar arrepentidos de haber usado de valijero a un tipo tan desprolijo como Antonini Wilson. Lo que nos une definitivamente es que nuestros pueblos nos aman. Nuestra gente nos vota. Hugo sacó el 55% y yo, el 54. Todo lo demás no importa.
Maduro, apabullado por lo que acababa de oír, apenas tuvo tiempo de agradecerle la generosidad de la visita y la sabiduría de los consejos. Ella partió raudamente, como escapando de algo o de alguien y dejando un aura de monarca inconmovible. Incluso se fue antes del funeral, acostumbrada a ser esperada más que a esperar. Ni Venezuela ni Maduro se merecen más, dijo.



* La Nación. Sábado 9 de Marzo de 2013

sábado, 9 de marzo de 2013

BOSQUE ALEGRE IV




Conociendo los vecinos.

Parte II

Alejandro Schleh






                                        Nuestro Rancho de Monte*








Los Eccleston


Los Eccleston eran gente más o menos conocida del partido de San Isidro. Llegaban a Monte los viernes por la tarde, o los sábados al promediar la mañana, en un Falcon verde con cubiertas pantaneras de auxilio en el portaequipajes del techo. Pasaban dos o tres fines de semana al mes. Eran dueños de unas dos hectáreas que estaban ya totalmente organizadas para cuando nosotros nos instalamos en el bosque. Una casa rústica de unos sesenta metros cuadrados de dos o tres dormitorios y living comedor con gran chimenea,  un contenedor de los del puerto como casa de huéspedes, un horno a leña, una enramada a manera de quincho con parrilla, una pequeña pileta, y una casa de troncos de un metro por un metro construida sobre una plataforma al mejor estilo Robinson Crusoe en las alturas de un árbol, estaban repartidos en una de las hectáreas. En la otra, debidamente alambrada, dos caballos de su propiedad pastaban en la medialuz entre los eucaliptus altos y de finos troncos buscando trébol, yuyos diversos, florcitas silvestres violetas o amarillas que crecían como los hongos, al amparo de las luces o las sombras según su conveniencia.
Las dos hectáreas de la familia estaban a mitad de camino entre la casa del escultor y nuestro campamento que más tarde pasó a rancho, o cabaña, según se prefiera describir aquello que construimos.
Ni bien nos conocieron, luego de algunas charlas de aproximación y entendimiento, nos encargaron por favor que les “miráramos” durante la semana los caballos que eran mansos y de andar, totalmente blanco uno -presa codiciada por lo tanto- un rosado medio alazán el otro. No era mucho lo que podíamos hacer nosotros a trescientos o cuatrocientos metros. Demasiado duraron.
El viejo Eccleston era levemente tartamudo. En realidad se le atrancaba en la punta de la lengua alguna que otra palabra de manera elegante y este defecto agregaba cierta distinción a la que naturalmente tenía. Oficial retirado de algún arma, era alto, flaco, de cara alargada, piel curtida por el sol, pelo lacio y gris tirando a blanco. Tenía una hija que en ese momento, calculo, no tendría más de veinticinco años pero que conservaba muchas actitudes adolescentes.  Pasaba galopando o al trote delante de nosotros calzada con sus extrañas botas blancas de goma; llamaba enormemente nuestra atención. Saludos y risas, nada más que eso. Seguro sabía que nos quedábamos mirándola. Siempre al trote o galopito, nunca al paso, muy pocas las oportunidades de charlar. Era realmente atractiva esta amazona y, creo recordar, joven madre soltera. Fue para su pequeño hijo, o para algún otro nieto que Eccleston había construido la cabaña de Robinson Crusoe.

Corría el último tramo de mil novecientos setenta y cuatro y para esa época yo estaba peleado con mi novia, ella en Campana con sus dibujos, yo en Bosque Alegre, recomenzaba con mis pinturas. Sólo o con Juan, no la estaba pasando del todo bien aunque por momentos me olvidaba de ella por completo. Atribuía a mi depresión el que se me hubieran retraído un poco las encías que se fueron componiendo solas con el pasar de las semanas. Ver pasar a la hija de Eccleston eran segundos de mágica distracción, reconciliarse con la vida, aspirar el aire puro cargado con los perfumes de las flores silvestres y apreciar todo el encanto de aquel lugar y del sol, y el de la blonda amazona, la que daba y robaba al mismo tiempo, valor a casi todas las cosas.
A veces recibíamos la visita de su hermano, menor que nosotros, y se apeaba del caballo con una carabina. Conversábamos de armas o cualquier cosa sentados sobre tacos de troncos. 
Con uno de los caballos de esta familia un día pasó lo imprevisto. El blanco se soltó de alguna manera de su encierro, fue atropellado en la ruta por un camión y murió al rato. Con el otro, el de menor alzada, lo esperado, desapareció misteriosamente. En Bosque Alegre todo era robable. Así como se levantaban y crecían las paredes en cualquier parte, así nomás comenzaban a decrecer en altura de una manera que parecía espontánea.
No había ni marginales, ni gente que diera miedo ni nada parecido, un lugar tranquilo, silencioso y seguro, pero era natural que si no se hacía acto de presencia las cosas fuesen disolviéndose hasta convertirse en rastros o simplemente en nada. Tierra, cascotes y polvo. 









Gargiulo

Frente a nuestro lote, el de los Eccleston, el del escultor, un campo de doscientas hectáreas -mellizo del arborizado y loteado por la Forestal, nuestro Bosque Alegre- llamaba la atención por la calidad y cantidad de caballos de pelajes variados, estilizados y movedizos que lo habitaba. Pastaban pacíficamente todo el día en alguno de los pocos potreros en que había sido dividido aquel predio. De tanto en tanto, nos deleitaban cuando a toda carrera un puñado de ellos iba de una punta a la otra de uno de los lotes. Se veían felices y contagiaban a uno con su entusiasmo atropellador. Claro, ellos no habían sufrido el Rodrigazo de junio de 1975, ni tenían problemas con la inflación. En mi caso: había vendido en la casa de remates Roldan una pintura de Gastón Jarry por monedas. Solo compré dos pares de botas y dos carabinas con ese dinero, poco, y perdido un cuadro de firma reconocida. Aquellos briosos caballos nada sabían de la historia del país ni de desencuentros; hasta ese momento tenían buenas pasturas en primavera, verano, y fardos en el invierno.
Su única obligación, era cada tanto, presentarse en festivales de doma y jineteada, en homenajes al gaucho y a la patria. Formaban parte de la hasta ese momento, para nosotros desconocida, famosa caballada de Gargiulo.
Un Citroen 3 cv color pistacho, impecable por su estado, de un hijo o yerno de Gargiulo, era la cara visible de los propietarios del campo. Se lo veía entrar y salir varias veces al día. No sé qué tanta cosa tendría que hacer entrando y saliendo a cada rato. Se ve que el campo lo aburría.

fotografía del autor