martes, 17 de diciembre de 2013

EL BUENOS AIRES DE MAFALDA

Medio siglo, el mismo flequillo

Mercedes Cebrian 









En Buenos Aires se puede visitar una plaza que lleva su nombre, la casa de San Telmo donde vivió su autor, Quino, o un ultramarinos en Palermo que recuerda al de su amigo Manolito.
Y un museo que celebra su cumpleaños

La presencia de Mafalda en Buenos Aires se deja ver incluso bajo tierra: una tira cómica de 15 metros, versión alicatada, se puede leer en la confluencia de las estaciones de metro (aquí llamado subte) de Perú, de la Línea A, y de Catedral, de la Línea D. Arriba, en tierra firme, los visitantes le rinden homenaje en la plaza que lleva su nombre, situada en el barrio de Colegiales. Cada una de las siete secciones del parque que conforma la plaza está bautizada con carteles dedicados a Mafalda y sus compañeros de fatigas: Felipe, Susanita, Miguelito, Libertad, Manolito y Guille.
San Telmo, barrio ineludible para cualquier visitante, también cuenta con su ruta mafaldista. Comencemos asomándonos a la casa donde vivieron Quino y ella misma, según reza en la placa que aparece en la puerta del bloque de apartamentos cien por cien clase media de la calle de Chile, 371. Sobre la misma calle, en la esquina con Defensa, encontramos a Mafalda recreada a tamaño real y sentada en un banco. La foto junto a ella resulta obligatoria, así como el beso en su redondísima nariz, que se erosiona poco a poco debido a la devoción popular.
Las preguntas improcedentes que Mafalda les hacía a sus padres la llevaban a menudo en busca del ansiolítico Nervocalm: “Para mi papá, que al final no me contestó qué diablos es el erotismo”. Para comprar los calmantes, quizá acudía a la farmacia más antigua y bella de Buenos Aires, que se encuentra a cinco porteñas cuadras de su escultura. Se trata de la Farmacia de la Estrella (Defensa, 201; www.farmaciadelaestrella.com), abierta en 1834 y hoy patrimonio cultural de la ciudad, con sus estantes de nogal y sus frescos del techo –de título tan sugerente como El triunfo de la farmacopea– a cargo del italiano Carlos Barberis.
Y mientras tanto, a Manolito, hijo de españoles que regentan un almacén de ultramarinos, se le podría encontrar hoy trabajando en El Preferido de Palermo (Jorge Luis Borges, 2108; abierto de lunes a sábado, de12.00 a 0.30). Es un colmado de toda la vida con latas de conservas apiladas como adorno principal. La novedad es que ahora sirven comida reconfortante, como ricos platos de pasta con carne estofada. Probablemente, también se sirva sopa, pero eso Mafalda no querría ni oírlo. A su madre, cuando se la servía, la llamaba Raquel: “En momentos como estos, Mamá es tan solo un seudónimo”. Es una pena, porque se pierde el locro, uno de los guisos de cuchara más sabrosos de la poco conocida y exquisita cocina regional del país.Nosotros sí nos atrevemos a probarlo en Ña Serapia (avenida de Las Heras, 3357), la embajada de la cocina norteña argentina en el barrio de Palermo.

























Mafalda, la niña eternamente rebelde, celebra sus 50 años
En 2012 se corrió la voz de que Mafalda acababa de cumplir los 50. Quino, su papá, tuvo que intervenir: “El 50º cumpleaños de Mafalda se celebra en 2014, pues fue en 1964 cuando se publicó la primera tira de sus aventuras”. En Buenos Aires ya están ideando un montón de eventos en su honor. El epicentro de los homenajes será el MuHu, el flamante Museo del Humor de Puerto Madero.









lunes, 16 de diciembre de 2013

POEMA





Letras 

Alina Kummerfeldt














A veces también eres
el crepúsculo de las luciérnagas
la luz nocturna de mi conciencia
el preámbulo indescifrable de un suspiro
el ancla que me pone los pies sobre la tierra
el oleaje feroz que me inspira
la existencia útopica y la realidad mentida
el espía secreto de mis pecas
el amor que invade de contrabando
la frontera de mis muslos















 


















jueves, 12 de diciembre de 2013

DEMOCRACIA



Treinta años más pobres*

 Martín Caparrós


El chino de Tacuarí entre Independencia y Estados Unidos tiene mejores vinos que los demás chinos del barrio: me gusta ir a rebuscar en sus estantes. También tiene una vidriera grande y despejada, doce metros de vidrio que a veces está limpio. Esta tarde, 10 de diciembre, el patrón chino y otros dos chinos ocupan la vereda con chispas y herramientas: sueldan e instalan rejas. Los miro y me parece un signo, una metáfora: tres chinos en cuclillas con sus máscaras, hombres que hasta ayer no tenían miedo escondiéndose detrás de fierros nuevos. Ella me explica que es un signo más fuerte: en la esquina de Tacuarí e Independencia hay una comisaría. Tanta policía junta debió ser la razón por la que el chino pensó, por años, que no necesitaba rejas; ahora, de pronto, el argumento ya no vale. La policía también puede ser un factor de riesgo o, simplemente, borrarse cualquier tarde. Los tres chinos siguen sopleteando, estrellitas azules, calor de varios fuegos; mientras, a menos de mil metros, en la plaza de Mayo, algunos miles festejan los 30 años de la democracia con un acto oficial y oficialista: 30 años desde aquel día pensado para ser inolvidable.
Yo lo voy olvidando, como solemos, poco a poco. Aquel día me la pasé de un lado para otro. José María Pasquini, que dirigía la oficina de Inter Press Service, me había contratado para cubrir los varios actos de asunción y yo corría y corría para demostrarle que era bueno. Quizás era bueno, quizá no; en cualquier caso no me gané el empleo. Me importó tres carajos: en aquellos días teníamos ilusiones, proyectos, esperanzas para tirar al techo. Terminados los siete años más negros de la historia argentina, nada podía ser peor, todo sería mucho mejor. Con la democracia, nos decían, se come se cura se educa y tantas otras cosas.
Después pasaron 30 años. Es triste ver todo lo que no hicimos –o lo que nos hicimos. Se podría hablar de trenes trampa, monocultivo arrasador, petróleo escaso, villas y más villas, mentiras, más mentiras, educación caída, industria tan menguada: en 1983 fabricábamos aviones y microscopios y nuestros propios coches. Pero podemos limitarnos a los indicadores más brutales. Al final del gobierno más antipopular, 14,2 por ciento de los argentinos –uno de cada siete– vivían bajo la línea de pobreza; ahora, tras 30 años de democracia, cuando el desarrollo social de toda la región fue arrollador, la CTA oficialista calcula que son el 19,8 por ciento –uno de cada cinco– y el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica dice que 25 –uno de cada cuatro. O sea: en treinta años de democracia conseguimos que haya entre un 33 y un 66 por ciento más de pobres que a la salida de la peor dictadura. Si eso no es un fracaso estrepitoso –como país, un fracaso estrepitoso– vamos a tener que redefinir esa palabra. Y, si nos queda tiempo, habrá que hablar de la vergüenza.Es cierto que lo más grueso del trabajo se hizo en los noventas y en los últimos años hubo ligeras correcciones, necesarias para guardar el rumbo. Sin la limosna de la Asignación Universal el modelo de desigualdad –el coeficiente Gini también es mayor hoy que hace 30 años– habría sido inviable: el hambre se habría impuesto ya hace mucho, y sus efectos. Pero estos andamios sirvieron para apuntalarlo y conservarlo. Con las grietas, por supuesto, que tal modelo sabe producir.(Los ricos argentinos, siempre tan astutos, se creyeron que podían construir un país latinoamericano, con desigualdades socioeconómicas latinoamericanas, manteniendo el funcionamiento de aquel país un poco más igualitario y más prometedor –que había sido la Argentina hasta entonces. Como sabemos, les salió espantoso. O, mejor dicho: nos salió espantoso –a todos los que de algún modo contribuimos, a los que no supimos evitarlo.)
Grietas, entonces. Estos días ponen en evidencia, decíamos, una de las más brutas: la base del sistema, la ideología que supone que la propiedad es inviolable –socavada por años de engaños y curros oficiales, por la falta de perspectivas sociales, laborales– ya no opera para millones de argentinos. Hay muchos que piensan el robo como una de las pocas ocupaciones posibles y la actividad de apoderarse de mercaderías en negocios y en banda parece tan común que el columnista liberal de La Nación puede hablar de “los rutinarios saqueos de diciembre”.
Es un problema: todo el sistema está basado en la idea de que sus ciudadanos aceptarán que lo que pertenece a otro no les pertenece, y no tratarán de apropiárselo aunque puedan: respetarán la propiedad ajena. Yo no estoy de acuerdo con la propiedad privada, pero es un pacto –impuesto– que sirve para resolver conflictos antes de que se produzcan: no vamos a pelearnos, si yo adquirí esto entonces es mío y vos no podés tenerlo. Si el pacto pierde vigencia solo queda la pelea. Sin ideología, solo la represión garantiza el mecanismo.
Lo sabíamos de algún modo confuso: lo que llamamos inseguridad es precisamente eso, la desaparición de la ideología –cierta “moral”– que conseguía que los más pobres se resignaran a su suerte y no intentaran apoderarse de lo que tenían los más ricos. Para que ese mecanismo se mantenga tiene que haber ciertas condiciones: sobre todo, que las diferencias no sean extremas. Cuanto más grandes, más necesidad de la pata represiva –decía el teorema de Vronsky: "el quantum de represión necesaria es inversamente proporcional al grado de igualdad...".
Pero la represión también puede fallar. Estos días, 30 años justos, bajamos un escalón más. Y aceptamos la idea de que la policía puede “liberar una zona” –otra costumbre y terminología de la dictadura que los asesinos de entonces usaban para su guerra pública y ahora usan sus herederos para su beneficio privado. Y también aceptamos que, ante el ataque de personas que no creen que lo ajeno sea de otro, es comprensible que los que quieren defender lo que creen suyo se armen y les tiren. O sea: que civiles usen sus armas para defenderse, que policías usen las nuestras para chantajearnos. Que una docena de argentinos mueran en la calle, peleando por mercadería.Son las formas de la presión armada, ahora. En estos días de discursos, muchos se jactaron de que llevamos 30 años sin golpes militares. No es difícil. Para empezar, los ricos latinoamericanos ya no necesitan golpes militares. Les sobra, para hacer prosperar sus intereses, con los gobiernos democráticos. En la Argentina, mientras tanto y por falta de necesidad, el ejército fue desmantelado. Recuerdo una cena, mediados de los noventas, en que quedé sentado al lado de Raúl Alfonsín y su ex canciller Dante Caputo. Charlábamos de tonterías y yo les dije que era curioso que, después de todo, fuera el neoliberal Menem el que estuviera terminando con el poder militar y su injerencia en la política argentina. Discutimos; al fin, Alfonsín dijo que era peligroso debilitar demasiado al ejército: que hacía falta su contrapeso para que las policías no se transformaran en el único poder armado.
Casi veinte años después la presidenta del gobierno opositor se quejaba, en sus festejos, de que esas policías están fuera de control y conspiran en su contra. Parecía indefensa, deploraba. Se olvidaba, una vez más, de que lleva una década en el mando y que, a esta altura, casi todo lo que pasa en el país es su responsabilidad.Fernández encabezaba un acto partidario. El gobierno intentaba quedarse con la democracia; algunos desaforados que dicen lo que sus jefes piensan –la señora Bonafini, un suponer– dijeron que democracia verdadera eran estos últimos diez años, “los años de Néstor y Cristina”.Por eso el kirchnerismo la celebra como un bien ganancial, y la presenta como un fin en sí mismo. En su júbilo, Fernández decía que “todo lo que falta hacer solo se puede hacer en democracia” como si otros pusieran esa democracia en discusión. Nadie lo hace. Sería bueno hacerlo, pisar ese terreno tabú, curarse de estos 30 años de miedo y volver a debatir cómo queremos vivir, en qué sistemas –sin creer que la única opción es esta democracia o aquella dictadura. Sería bueno pero nadie lo hace, y defender valientemente esta democracia contra nadie es una buena forma –la + K– de no discutir las cosas que sí importan.
En esa línea, Fernández insistía: decía que había preferido no imponer la cadena nacional “para permitir que democráticamente, como seguramente lo estarán haciendo en este momento, algún canal corte su pantalla y yo esté hablando de la democracia y de estos 30 años de historia, de un lado, y del otro lado pongan alguna escena de los violentos, los antidemocráticos, los que no respetan los valores por los cuales tantos argentinos y argentinas dieron su vida”. O sea: la democracia soy yo, y los demás la atacan. La esencia del pensamiento más antidemocrático. Que sintetiza, de algún modo, el aire de estos tiempos: el otro es amenaza. En estos años nos habituamos a pensarlo: el otro político es el saboteador, el mentiroso, el corrupto, el pelotudo, el antipatria. Y el otro social el delincuente, el chorro a mano armada. Ahora también el saqueador: un otro nuevo en el infierno de los peligros argentinos. Y su correlato –bastante– necesario: el policía con agenda propia.
Amenazas, más amenazas, por todas partes amenazas. Si no me resultara sospechoso diría que la sospecha constante es la gran conquista de estos 30 años.
Y, para sostenerla, entre un tercio y dos tercios más de argentinos más pobres.





* Del blog Pamplinas. Diario El País. España

miércoles, 11 de diciembre de 2013

UNA ARGENTINA, DOS PAÍSES




Imágenes del 10 de Diciembre.

(Treinta años de Democracia)



 Saqueos















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Festejos 














‘El Gobierno de los Kirchner construyó una cultura política del enfrentamiento perpetuo. La lógica binaria que separó a amigos de enemigos fue la única política constante del kirchnerismo. Esos ejemplos impregnaron la sociedad. Es lo que se vio en estos días. Vecinos que robaban a vecinos. Destrucción sin límites ni medidas para hurtar un televisor. Delito, oportunismo, resentimiento y necesidad se juntaron para convertir estas vísperas navideñas en las peores desde 2001. El Gobierno de Cristina Fernández está, como siempre, buscando una conspiración ajena para explicar sus propios errores.’*

*Joaquín Morales Solá ‘El País’. España



Hasta el momento son 12 los muertos por saqueos.  Mas datos sobre el discurso presidencial que abrió los festejos:

http://www.lanacion.com.ar/1646826-20-replicas-al-discurso-de-cristina-kirchner






Miss Musa












martes, 10 de diciembre de 2013

DON RAÚL



Alfonsin a 30 años

Alfredo Leuco






San Raúl de la democracia.Ya pasaron 30 años de aquella epopeya refundadora de la democracia. Este sistema que es el menos malo de los conocidos llegó para quedarse por 100 años mas. Por eso Don Raúl está en la eternidad. Seguramente está tomando unos mates con don Hipólito Irigoyen y don Arturo Illia en el cielo de la austeridad republicana y la honradez. O saludando a la gente por las calles de la memoria, con dignidad y la frente alta, como le gustaba hacer aquí en la tierra



Don Raúl, el padre de la democracia recuperada, caminando lento, como perdonando el viento, según la poesía emblemática del día del padre. Don Raúl, firme en sus convicciones y peleando con coraje contra ese maldito cáncer que lo rompió pero que no lo pudo doblar. Como quería don Leandro Alem. Ahí está don Raúl que – mirado en perspectiva- fue uno de los mejores presidentes que nos supimos conseguir. Con todos sus errores, con todas sus equivocaciones, a tres décadas de la revolución cívica que significó la vuelta a la libertad, creo que Alfonsín es mejor que la media de los presidentes que tuvimos y –si me apura- creo que es mejor que la media de la sociedad que tenemos. Ahí andaba don Raúl con las manos limpias, viviendo y muriendo en el mismo departamento de siempre, honrado como don Arturo, corajudo como Alem manda. 

No quiero decir que el doctor Raúl Alfonsín haya sido un presidente perfecto. De ninguna manera. Fue tan imperfecto y tan lleno de contradicciones como todos nosotros. La democracia es imperfecta. Pero nadie puede desmentir que Alfonsín fue un demócrata cabal. Nunca ocupó ningún cargo durante ninguna dictadura. Y eso que muchos de sus correligionarios si lo hicieron. Estuvo detenido por defender sus ideas. Fue un auténtico defensor de los derechos humanos de la primera hora y en el momento en que las balas picaban cerca. Fue su bandera permanente. Se jugó la vida por eso.

 No fue por una cuestión de oportunismo ni para cazar dinosaurios en el zoológico. Fue defensor de presos políticos durante la dictadura, reclamó por los desaparecidos y fue co-fundador de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Vale la pena recordar que Alfonsín hizo todo eso. Como para respetar la sagrada verdad de los hechos. Por eso, con toda autoridad, después fogoneó el Nunca Mas y la Conadep y el histórico Juicio a las Juntas Militares que ningún otro país del mundo se atrevió a hacer con la dictadura en retirada pero todavía acechante , poderosa y armada hasta los dientes. 

Tuvo sublevaciones militares carapintadas, paros salvajes de la CGT y golpes de mercado que intentaron derrocarlo. Es verdad que también existieron los errores y los horrores propios. La economía de guerra y el desmadre inflacionario. La gran desilusión frente al “felices pascuas” y “la casa está en orden”. O el Punto Final y la Obediencia Debida. Y el derrumbe de la confianza en la capacidad para gobernar y ese descontrol que terminó con la entrega anticipada del poder. O el pacto de Olivos. Si tratamos de ser lo mas ecuánimes y rigurosos posibles aparecen las luces y las sombras de una gestión. 
Pero el paso del tiempo y la comparación con lo que vino después, lo deja a Raúl Ricardo Alfonsín del lado bueno de la historia. En la vereda del sol. Entrando a los libros como un héroe que se definió como el mas humilde de todos los servidores del pueblo. Nadie puede negar que fue un patriota. Cada día los extrañamos más. En estos tiempos de cólera su sabiduría nos podría iluminar el camino. Aquellas frases dichas casi como testamento: “Si la política no es diálogo, es violencia” y “gobernar no es solo conflicto, básicamente es construcción”. Algo así como decir que la palabra enemigo hay que extirparla del diccionario político. Que solo hay que marginar a los golpistas y los corruptos. 
Cada día es más necesaria su apuesta a la coexistencia pacífica de los diferentes, a una república igualitaria y a la libertad. Raúl Alfonsín fue el partero del período democrático mas prolongado de toda la historia. Siempre será como un símbolo de la luz de las ideas que salieron del túnel de la muerte y el terrorismo de estado.

 De la utopía de aquel preámbulo que sepultó todas las dictaduras por los siglos de los siglos, amén. San Raúl de la democracia. Tal vez nos ayude a parir el país que soñamos. 
Don Raúl: es hora de honrarlo.



De Columna de Política. Radio Continental.
http://www.continental.com.ar/opinion/bloggers/blogs/por-alfredo-leuco/alfonsin-a-30-anos/blog/2033763.aspx



lunes, 9 de diciembre de 2013

BIENES Y VALORES



El libro más valioso del  nuevo mundo 












Hay algunos expertos que afirman que es el libro más valioso del planeta. Conocido como Bay Psalm Book fue editado, en 1640, con el título original de The Whole Booke of Psalmes Faithfully Translated into English Metre, por los primeros residentes de la colonia de la bahía de Massachusetts. Se imprimieron 1.700 ejemplares y solo han sobrevivido 11. Los especialistas hablan de él como el primer libro impreso en las colonias y también el primero impreso en inglés en el Nuevo Mundo, en lo que aquellos días eran tierras británicas.

El libro es un salterio no muy bien traducido por los Puritanos que emigraron de Inglaterra a esos nuevos paisajes en busca de libertad religiosa, y contiene infinidad de erratas. A pesar de esos defectos supone un logro de edición teniendo en cuenta los escasos medios con los que contaban los colonos para su confección en un entorno prácticamente salvaje. Tampoco hay que olvidar que se encuadernó solo 20 años después de la llegada de los peregrinos a Playmouth, algo que multiplica la hazaña. Los historiadores creen que un almanaque puede haber salido de la prensa antes de la Bay Psalm Book. Pero el jefe de libros raros y colecciones especiales de la Biblioteca del Congreso, Mark Dimunation, ha dicho el almanaque era más de un folleto o un periódico de gran formato de un libro. Ninguna copia del almanaque existe hoy. Dimunation señaló que, en las Américas, en general, los libros fueron impresos en lo que hoy es México ya en 1539


Pero la historia, una vez más, deja paso al dinero. El  26 de noviembre la sala Sotheby’s subastó uno de los dos ejemplares que atesora la colección de libros raros de la Old South Church de Boston (Massachusetts) en 14.200.000 dólares  el libro más caro vendido nunca en subasta, superando el récord que tiene el volumen The Birds of America, de John James Audubon, el cual se remató en 2010 por 11,54 millones.Fue comprado por el empresario y filántropo David Rubenstein, quien planea prestar a las bibliotecas de todo el país. Su precio estimado era de $ 15 millones a $ 30 millones.



En este caso, la iglesia de Boston se ve obligada a vender uno de sus ejemplares para conseguir los siete millones de dólares que necesita con el fin de mantener vivos diversos proyectos. Eso sí, para sacar a la venta el libro fue necesario que antes votara la congregación. El resultado: 271 votos a favor y 34 en contra. Los religiosos esperan conseguir el dinero necesario para evitar enajenar su colección de copas de plata y cálices, que era el plan “b”.
Los otros diez volúmenes pertenecen a los anaqueles de museos y bibliotecas públicas. De hecho, la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos tiene uno y la Universidad de Harvard posee otro. 





*El récord de subasta para cualquier libro lo tiene el  'Leonardo da Vinci Codex Hammer', un cuaderno personal de escritos científicos y diagramas de Leonardo. El nombre de Hammer proviene del hecho de que este documento de enorme valor artístico e histórico perteneció a una familia con ese apellido por muchos años.
Se vendió por 30.8 millones dólares en la casa de subastas Christie en 1994.

Miss Musa.




jueves, 5 de diciembre de 2013

HAMBRE




842 millones de hambrientos en un mundo.... en el que hay comida para todos







El informe El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2013 de la Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) estima que hay un total de 842 millones de personas (una de cada ocho) que sufren hambre crónica en el mundo. Lo único positivo de esta cifra es que el total de hambrientos ha disminuido en 26 millones desde 2010 (868 millones) y supone un 17% menos desde 1990, tal y como señala la FAOLo chocante es que ahora mismo en el planeta "hay alimento suficiente para dar de comer a todo el mundo", como indica Ignacio Trueba, asesor especial de la FAO 
"La causa verdadera del hambre no se produce por catástrofes naturales. No es ni por sequías, ni por terremotos o tifones, como el que hemos visto en Filipinas. La causa verdadera del hambre es de origen humano y el 90% del hambre en el mundo es crónica", señala tajante y conciso Trueba, quien afirma que se dedica a "esto" porque ha visto con sus propios ojos “morir de desnutrición a niños en África”. Desde la FAO apuntan que para erradicar el hambre el problema no es la disponibilidad del alimento (que la hay) sino la distribución y el acceso, ya sea por falta de infraestructuras o por las condiciones en las que se realiza el traslado, como malas carreteras o la densidad de líneas de ferrocarril. "El acceso tiene dos matices, puede ser físico o económico. De qué vale que en Burundi o en Guatemala haya pequeñas explotaciones agrarias, que generan el 80% de los alimentos en los países en desarrollo, si no hay caminos rurales para poder vender los productos. Es decir, hay una limitación en el acceso, porque aunque haya alimentos no hay forma de llegar a ellos o almacenarlos", señala el asesor de la FAO.
Si acudimos a las cifras que ha publicado la FAO, los 842 millones de hambrientos crónicos en el mundo estarían distribuidos de la siguiente manera: Asia y Pacífico, 528,7 millones; África, 222,7 millones; Latinoamérica y Caribe; 47 millones, Oriente Próximo y Norte de África, 43,7 millones y Europa y Asica Central, 6,1 millones. 
En el contiene africano, además, encontramos uno de los casos más significativos respecto a la disponibilidad de comida: de los 15 países del planeta donde más ha crecido la producción agrícola entre 2000 y 2008, siete son africanos.  Se trata de Angola (13,6%), Guinea (9,9%), Eritrea (9,3%), Mozambique (7,8%), Nigeria (7%), Etiopía (6,8%) y Burkina Faso (6,2%), según apunta un estudio de la Fundación Mo Ibrahim. Son países donde el hambre ha aumentado en los últimos años y cuyo principal problema se basa en la mala gestión de los recursos y en el precio de los alimentos.En países como Níger, una familia tiene que dedicar entre el 70 y el 80% de sus ingresos a comprar la comida. En Europa, por el contrario, se destina entre el 7 y 20% de los ingresos. Disminuir los precios es la clave para conseguir el alimento.
En los países desarrollados, solo en elementos de consumo, es decir, lo que compramos en los supermercados o guardamos en la nevera, al final se tiran más de 100 kilos de comida por habitante al año. Una barbaridad”, explica Trueba. “En el mundo hay 1.500 millones de hectáreas para producir alimento y no se puede producir más por motivos medioambientales como la tala de árboles, etc. Ahora somos 7.000 millones de habitantes y en 2050 seremos 9.500 millones. ¿Habrá posibilidades de dar de comer a 2.000 millones más de personas además de a los 842 millones que ya ahora pasan hambre? 


Conocemos el porqué de la problemática y sabemos que hay comida suficiente. Entonces,  ¿cuál es la solución? Los expertos consultados han coincidido en que lo primero y más importante es lograr una regularización de los precios en los mercados para que no haya tanta diferencia entre unos países y otros en el acceso a los alimentos. Es por ello, que la vía para poder lograr acabar con el hambre en el mundo es una cuestión meramente política y económica. 
Como señaló el exdirector general de la FAO, el senegalés Jacques Diouf: "Las grandes potencias han desatendido el problema del hambre, de enorme magnitud moral y económica, por falta de voluntad política"






Mas datos:

http://www.fao.org/hunger/es/

 http://www.fao.org/fileadmin/templates/hunger_portal/docs/poster_web_001_MDG.pdf


Miss Musa














miércoles, 4 de diciembre de 2013

PAPEL, PAPEL V





 Personajes: Estafadores y estafados.

  El gordo Galicia.

   Alejandro Schleh










Otro de los personajes inolvidables era el Gordo Galicia. Permanecía, vivía  sentado detrás de su enorme escritorio donde depositaba además de muestras de diferentes productos como limpiadores, jabones, franelas o esponjas, botellas de Coca Cola o Fanta, vasos, paquetes abiertos de bizcochitos de grasa o de  galletitas Surtidas de Terrabussi, factura, un termo y un mate, pan, fiambres, y demás elementos para saciar el hambre y la sed que, a juzgar por todo lo expuesto, no era menor. Siempre a mano las planillas mecanografiadas con todo el listado de precios de compra y venta de los productos debidamente encarpetados. Y un infaltable diario El Clarín abierto en la sección de clasificados, en donde su distribuidora y decenas de mayoristas y colegas suyos, publicaban los días sábados y domingos, que son los días en que los comerciantes minoristas aprovechan para reabastecerse, sus ofertas y precios especiales para captar clientes. El gordo Galicia solo se levantaba de su silla para ir al baño o cuando llegaba la hora de cerrar. Contaba con el personal suficiente como para no necesitar pararse por nada del mundo.

Era un hombre muy pesado, de una gordura extrema, obeso, de estatura media, caderas anchas y espaldas angostas, y una cabeza totalmente rapada y ahuevada. De unos cuarenta, cuarenta y cinco años, dicharachero pertinaz y de risa un poco histérica, siempre que hablaba de nosotros nos recalcaba que éramos cómplices y no socios. Dicho esto se reía a carcajadas.

Estaba al frente de Distribuidora Galicia ubicada sobre la calle Alvarez Jonte, según creo, en jurisdicción del barrio de Villa Ortúzar, un lugar apacible. Su local tenía una cortina de enrollar que ocupaba todo un frente sin vidrios  ni paredes o columnas, de modo que cuando levantaba las persianas, quedaba todo a la vista y expuesto. Él y su escritorio podían verse desde la calle entre las pilas de bolsones de papel higiénico y las montañas de paquetes de pañales y algodón. Sus empleados iban y venían desde el fondo donde contaba con algún galpón que usaba de depósito general. Todas las mañanas, cuando abrían, sacaban carteles y pizarrones de tamaños variados que colgaban contra las paredes en que terminaban las medianeras a ambos costados del negocio anunciando los precios de diferentes productos. Fue el primer gran cliente que pudimos conseguir luego de recorrer infructuosamente varios de los que están agrupados sobre Av. Jujuy y calles transversales. Esos sí son grandes de verdad y surten muchos de ellos el interior del país, suelen tener, con frecuencia, mejores precios que los mismos fabricantes. Durante algunos escasos meses trabajamos con el gordo Galicia, cuyo verdadero nombre conocimos a través de sus cheques pero jamás memorizamos, nos contentábamos, y nos hizo gracia en un principio, con llamarlo con el apodo inventado por nosotros para lo cual no hicimos demasiado esfuerzo. No era un pez chico el gordo Galicia, no era un Godoy que se las arreglaba embromando a pequeños y románticos fabricantes de productos de segunda, de yerbas desconocidas o aguas de colonia Telerín. Cuando partió para España sin aviso previo, importantes firmas como Jabón Federal, Espuma, Seiseme y Lever en el rubro jabones, Celulosa Jujuy (Sanidad) y Papelera del Plata (Higienol), en el rubro papel, Pirelli, y otras firmas por el estilo y de gran envergadura, fueron perjudicadas con su desaparición hasta el día de la fecha. Esa partida terminó siendo una partida sin retorno; algo parecido a una fuga. Tuvimos el dudoso privilegio de que nuestra incipiente pequeña empresa de papel higiénico Copos fue compañera de desgracia de aquellos monstruos, algunos de ellos transnacionales. Esto ocurría mientras comercializábamos todavía los productos heredados del bueno de Godoy. Fue total nuestro quebranto y no tuvimos otra, ni mejor salida de aquel brete, que endosar aquel desbarajuste económico-financiero a nuestro más importante proveedor de papel tissue en aquel momento: papelera Hispano Argentina. Hoy desaparecida, tenía su fábrica en Mataderos sobre la Av. Larrazbal. Quizá el gordo Galicia tuvo razón cuando haciéndose el gracioso nos tildó de cómplices. Al menos lo fuimos para aquella papelera del barrio de Mataderos, y es de esperar que su desaparición y el despido de todos sus obreros y empleados administrativos no haya sido culpa nuestra.
El gordo nunca volvió a la Argentina pero en España debe haber pasado desapercibido, más en Galicia, creo recordar que Rodríguez era su apellido. Roberto Rodríguez su nombre completo. Aunque Roberto no sé si suena tan gallego.

Usaríamos el mismo método usado por Godoy*, que después de pagarnos con especias y colonias Telerín, terminó cerrando sus dos pequeños locales de la calle Montes de Oca. Cerraríamos y desapareceríamos como él. No era tan mala idea. En esa elucubración estábamos, cuando vinieron devueltos por sin fondo varios cheques del gordo Galicia, que también desapareció igual que Godoy, de modo más pintoresco por algún rumbo de España. Nosotros lo haríamos más cerca, iríamos a parar a un punto de la Provincia de Buenos Aires cercano a la Capital Federal.

Todas esas elucubraciones que terminarían siendo un hecho para el escándalo, de ninguna manera serían una estafa. Los chicos buenos nunca estafan a nadie porque no tienen ninguna maldad ni capacidad para ello, es por eso que son chicos e inocentes, para eso, por lo mismo. Estábamos despertando al mundo; rondábamos el rango que va de los veintitrés a veintisiete años, éramos púberes adolescentes que fumaban. Sería sólo una travesura que nos generaba un divertimento anticipado al pensarlo y, que después de lo de Godoy, había comenzado a dar vueltas por nuestras  cabezas de manera insistente. Anticipábamos que sería muy difícil seguir cumpliendo con las obligaciones sin renunciar al emprendimiento, y fue por eso que, cuando recibimos aquella remesa de papel que fue la última, yo no firmé como de costumbre, quien era a cuyo nombre se emitían las facturas, sino Piyi, que rubricó con un garabato nunca antes visto, la conformidad y la aceptación de haber recibido aquellas bobinas, la última remesa de la Hispano Argentina. Habían venido enormes esa vez. Todas cercanas a los cuatrocientos kilos.
Con el gordo Galicia la vida nos dio el puntapié para llevar adelante el plan. Habíamos sido estafados por un maldito delincuente que merecía estar en la cárcel. Se había abusado de nuestra bondad e ingenuidad. Se hacía el gracioso con nosotros ese personaje novelesco que conseguía ser divertido. Quizá nos había contagiado de tanto verlo, aunque descarto que haya sido nuestro héroe. No, no se fue como un héroe, se fue escapando, huyendo como una rata de los puertos.



* Godoy fue otro de los personajes inolvidables de aquellos tiempos. De estatura baja siempre andaba con saco y corbata. Exageradamente bien afeitado, perfumado y prolijo, peinaba con gomina su abundante y renegrida cabellera. Ex suboficial del ejército o la gendarmería estaba siempre rodeado de gente fornida que eran sus ayudantes y asistentes. Fue él, quien al frente de la distribuidora Montes de Oca, un pequeño local ubicado sobre esa avenida de Barracas, tuvo el mérito de infligir el primer quebranto a nuestra empresa con su estafa.  Era la cabeza de una pequeña banda de forajidos y estafadores que compraban mercaderías a víctimas ansiosas de incrementar sus ventas aún a riesgo de perder todo. Lo hacían con cheques robados o con cheques de cuentas cerradas obtenidos ilegalmente en diferentes bancos. Años más tarde me enteré que los cheques que tienen ese origen y son usados para cometer estafas son llamados cheques "puqui" en la provincia de Santiago del Estero. He visto un maletín lleno de ellos, chequeras varias que me fueron mostradas como trofeo, en ocasión de conocer a estafadores que se movían en el ámbito rural de esa provincia. 

Así es que Godoy dejó el tendal entre los distintos proveedores valiéndose de esos cheques "puqui". Pero terminó apiadándose de nosotros –teníamos la suerte de caerle bien a todo el mundo con nuestras gracias, estilo y medios de transporte- y saldó sus deudas con cajas de leche en polvo y yerba de marca desconocida, algunas otras minucias como muñecas y juguetes de plástico, y frascos y frascos y más frascos de la línea de agua de colonia para chicos Telerín, productos que seguramente no había pagado ni pagaría nunca a nadie. Fuimos vendiendo de a poco y como podíamos todas esas cosas. Era el asunto del agua de colonia lo que nos tenía más preocupados por la cantidad que teníamos y la reticencia de los comerciantes a comprarla. 
Dimos por fin con un gran kiosco poli rubro cuyos dueños eran una pareja gay de lo más divertida que tenía su comercio sobre la calle Julián Álvarez a la altura de Arenales, Berutti o Juncal, una de esas. Nos compraron absolutamente todo lo que nos quedaba de esas colonias que venían envasadas en frascos con formas variadas y que representaban animales diversos y que quizá eran los miembros de una gran familia llamada Telerín integrada por bestias. Muchos años después de esa transacción comercial que nos salvó en alguna medida de perder toda la plata, quince, veinte, veinticinco años más tarde –nunca les perdí el rastro pues cada tanto les vendía algunas mochilas- nos reíamos hasta el cansancio cada vez que nos veíamos recordando el tiempo, en que siendo clientes de papel higiénico, tuvieron la magnífica idea de comprarnos toda la línea de agua colonia infantil Telerín, cajas y más cajas, soñando hacer vaya uno a saber qué negocio brillante, y cuyo stock fueron liquidando al ritmo de un frasquito por año y regalando a manos abiertas a los clientes más agraciados.



                 Foto del autor : Junto a sus socios y el producto de la fábrica Copos,  y uno de los
                                    tantos asados, ( este en la vereda ) compartidos






De " Una historia de papel higiénico". ( Historias Verdaderas y Otros Cuentos) Título provisorio.