domingo, 22 de marzo de 2026

AMAMOS EL MARAVILLOSO AZUL

 


“El arte es el azul”: cómo un color cautivó nuestros sentidos

Silvia Hernando







'La habitación azul', de Pablo Picasso.










Con sus 111 tonos, el color es un favorito de las artes, desde el fabuloso ultramar llegado de Afganistán hasta el intenso IKB de Yves Klein, pasando por su invocación en libros, canciones y películas

A la pregunta de cuál es su color preferido, hay buenas razones para sospechar que su respuesta no será otra que el azul. No por dotes adivinatorias: la mayoría de los ciudadanos occidentales coinciden en esa opinión. En una encuesta realizada a 2.000 personas para el long seller Psicología del color (Editorial GG), de la alemana Eva Heller, un 46% de hombres y un 44% de mujeres lo escogieron como su predilecto, mientras que solamente un 1% de hombres y un 2% de mujeres afirmaron que no les gustaba.

 El verde, en comparación, contaba con un 16% de adeptos entre ellos y un 15% entre ellas. Inquiridos por los sentimientos que les inspiraba su favorito, los sujetos del sondeo coincidieron en asociarlo a emociones eminentemente positivas: la simpatía, la armonía, la amistad, la confianza. Aunque muchos de los participantes lo relacionaron con el frío, la inteligencia y lo masculino, en la tradición este ha sido, en contra de la arbitrariedad impuesta sobre la ropita de los bebés, un emblema de lo femenino: Iris (lirio), Celeste o Zafiro son nombres de mujer.




Dos expertos de Christie's frente a la obra 'California, (IKB 71)', 1961, del artista Yves Klein (1928-1962), expuesta para su subasta en París, el 16 de octubre de 2025.


Con sus 111 tonos, del azul email al Chagall, del azul de Copenhague al de medianoche, este color encandila: a diario se ve blue jeans, en la calle se multiplican coches con esa pintura y, extendido sobre las paredes de nuestros hogares, infunde un efecto tranquilizador, tal y como relata Heller. El azul, como en aquella píldora, es el color de las cosas que no cambian. Solo hay un lugar donde el azul no gusta, y ese es el plato. En sus múltiples encarnaciones se antoja divino: vasto, profundo y artístico.

Innumerables escritores, pintores, cineastas y músicos le han cantado sus odas a la musa azul: Van Gogh, Picasso, Matisse o Helen Frankenthaler tuvieron fijación por él, vibra en la exaltación de la pasión del Azul de Rosa Regàs, emociona al ver la vida apagarse en las Noches azules de Joan Didion y en el Tangled Up in Blue del Nobel Bob Dylan. En el icónico Azul de la trilogía cinematográfica Tres colores, de Krzysztof Kieślowski, los filtros y los objetos se bañan de azul para evocar el leit motiv de la búsqueda de la libertad que abandera la película. La melancolía que transportan los aires del blues afroamericano proviene de su significado en inglés: el azul alude al sentimiento oscuro de la depresión (y también, como aquí el verde, a la pornografía).

Pinturas egipcias en Luxor.

Pinturas egipcias en Luxor.


En lengua castellana, el poeta Rubén Darío escribió en Historia de mis libros que el azul es “el color del ensueño, el color del arte, un color helénico y homérico, color oceánico y firmamental, el coeruleum, que en Plinio es el color simple que semeja al de los cielos y al zafiro”. En ese ensayo de 1916, el nicaragüense volvía así la vista a su obra magna, el celebrado libro de cuentos y poemas de 1888 que, con el evocador título de Azul…, inauguró vestido de esa tintura la era del modernismo literario en español, un repliegue del yo hacia el interior arropado por la búsqueda de la belleza formal y el simbolismo.

Caminando junto a las letras, aquel movimiento permeó todas las artes. Ya había sentenciado Víctor Hugo que “el arte es el azul” (l’art c’est l’azur), y sobre esa premisa y bajo el influjo del libro de Darío se inauguró en 2019 en CaixaForum Azul, el color del modernismo, un recorrido tras la estela de ese color en los pintores e incipientes cineastas del periodo de entre finales del siglo XIX y principios del XX. 
Con obras de Santiago Rusiñol, Joaquín Torres García o Gustave Courbet, aquella muestra probó que sí, el azul de origen natural y sus entonces novedosos tonos artificiales, como el azul de Prusia, resultó ser un color predilecto del modernismo. También los renacentistas europeos veneraron el fabuloso lapislázuli y, en el siglo XX, exploradores como el neodadaísta Yves Klein hicieron oficio de su búsqueda cercana a lo místico del azul más puro, materializado en el IKB, el Internacional Klein Blue.



'El descendimiento' (hacia 1436), de Rogier Van der Weyden. La composición de la escena y el destacado color azul ultramar dirigen la mirada del espectador a la figura de la Virgen.


Instalados en una visión abismada del azul, uno de los tres colores primarios junto al rojo y el amarillo, ni causa actualmente la misma impresión que les generaba a los modernistas ni ellos llegaron a él con la misma predisposición que sus antecesores. Como amplía la comisaria de aquella exposición de CaixaForum, Teresa M. Sala, “la percepción de los colores cambia”. Y explica: “No es igual ahora que cuando no existía la electricidad, o que cuando empezó a ampliarse la paleta a través de los pigmentos artificiales durante la industrialización”. Y, sobre todo, como ya introdujo Goethe en su Teoría del color (Editorial GG), conviene separar la óptica del color descubierta por Newton de la psicología de su percepción, algo que con el tiempo fueron asimilando todos los artistas y diseñadores contemporáneos.



'El guante blanco' (1925), de Miró, y 'Vista de Notre-Dame' (1914), de Matisse, en la exposición Miró-Matisse en la Fundación Miró de Barcelona.


Sujeto a las oscilaciones del gusto y las modas, la percepción del color es una cuestión de sentido, el de la vista, y también sensibilidad, esa de la que daba líricas pinceladas Rubén Darío en su descripción del “color del ensueño”, pero que el historiador Michel Pastoureau puntualizaría indirectamente en obras como su monumental Azul.* Historia de un color (Folioscopio): no podría decirse que se trate de un color helénico ni homérico. Como también recuerda Daniel Entrialgo en el reciente Cuando el mar no era azul (Espasa), el autor de la Ilíada describe el mar como del color del vino, y por la imprecisión de la terminología que usaban y lo infrecuente de su plasmación artística, los estudiosos de finales del siglo XIX llegaron a plantearse la duda de si griegos y romanos eran ciegos de azul.



'Untitled (Blue placebo)', 1991, obra de Félix González-Torres expuesta 
en el MACBA de Barcelona en 2021.


Ahora se sabe que los sentidos de las civilizaciones antiguas funcionaban exactamente como los nuestros, de modo que resulta crucial no ignorar “la distancia, a veces considerable, que existe en todas las épocas, todas las sociedades y todos los individuos, entre el color “real” (si es que ese adjetivo significa algo), el color percibido y el color nombrado”, como escribe Pastoureau.

Para los romanos, al hecho de que el pigmento azul resultaba difícil de obtener y fijar con la naturaleza que tenían a su alcance, se sumaba la circunstancia de que lo relacionaban con los bárbaros, de tal manera que no existía ni un solo tono que les resultara aceptable. “Resulta poco estético cuando es claro e inquietante cuando es oscuro, (porque) se asocia a menudo con la muerte y los infiernos”, apunta Pastoureau.



'La joven de la perla', de Johannes Vermeer (1665-1667).


Listado como una de las maravillas de los viajes de Marco Polo, si existe una variante mítica del color azul esa es el ultramar, obtenido, como explica el diseñador italiano Riccardo Falcinelli en Cromorama (Taurus), de “la reducción a polvo de una piedra semipreciosa, el lapislázuli, que llega a Europa en naves provenientes de países lejanos, de ‘más allá’ del Mediterráneo”. Aunque existen depósitos de lapislázuli en minas de Chile, Zambia y Siberia, su procedencia fundamental se sitúa en las montañas de Afganistán.


Lapislázuli, muy utilizada en la joyería durante siglos.

En un viaje arriesgado en busca de aquella roca casi mágica, la periodista británica Victoria Finlay se trasladó en el 2000 hasta el hogar de los Budas de Bāmiyān, poco antes de que los talibanes destruyeran aquellas figuras colosales acompañadas de frescos decorados en azul. “El ultramar brillaba aún —apenas— en las arruinadas paredes”, rememora Finlay en Color. Historia de la paleta cromática (Capitán Swing), “y era extraordinario pensar que este fue el primer uso conocido del pigmento”.


'Pared abierta' (Open Wall), 1953, de Helen Frankenthaler, obra incluida en la exposición del Museo Guggenheim de Bilbao ‘Pintura sin reglas’.


Cuando en 2019 el Museo del Prado restauró una de sus obras más conocidas, La anunciación pintada por el temprano maestro renacentista Fra Angelico en torno a 1430-1432, la luminosidad recuperada del lapislázuli que decora las bóvedas y el manto que cubren a la Virgen resultó un auténtico descubrimiento: el pigmento, hasta entonces opaco y plano, volvió a la vida en su tono más intensamente brillante y profundo. “La diferencia reside en la calidad del ultramar y la técnica usada por el pintor”, sentencia Almudena Sánchez, la mano a cargo de aquella restauración. Dos cualidades excelentes de las que La anunciación puede presumir. “A partir del siglo XVII”, agrega Sánchez, “el lapislázuli se usa mucho menos, sustituido por la azurita, pero esta tiende a alterarse con el tiempo”. Viendo su extraordinario comportamiento después de 600 años, no extraña que el ultramar ostente el récord de ser el color más caro de todos los tiempos.


'La anunciación', de Fra Angelico.


Aunque el azul no se afianzó como un favorito hasta los siglos XVII y XVIII, apreciado por fin, como dice Pastoureau, como “un color bonito, el color de la Virgen y de los reyes” y rivalizando así con el rojo, desde un recién descubierto pigmento de época paleolítica hasta su utilización en los templos egipcios, la porcelana china o las vidrieras góticas, el azul se nos presenta como un color fascinante cuyas huellas pueden rastrearse a lo largo y ancho del curso de la historia. Como narra Benjamín Labatut en Un verdor terrible (Anagrama), incluso ha cambiado su rumbo: el primer pigmento sintético moderno, el azul de Prusia, dio origen al cianuro de hidrógeno empleado para elaborar el letal pesticida Zyklon, y fue usado por líderes nazis como Hermann Göring para suicidarse antes de recibir su castigo. Hoy ondea como el color de la paz, encarnado en una bandera azul, y en las vestimentas de todas las épocas ha sido la tintura más popular, extraída de la planta del índigo.



Woman in Blue, Richard Burlet (1957)

Su simbolismo, quizá por encima de otros colores, se despliega como un enigma inabarcable, un círculo cromático sin principio ni fin, como demuestra la amplísima impronta que ha dejado en las artes, y que llega hasta hoy inscrita en la obra de creadores actuales como el malogrado Matthew Wong. Ahora que las miradas brillan todo el tiempo con el azul que las pantallas reflectan en nuestras pupilas, quizá haya llegado el momento de salir a la calle y volver a observar el cielo a todo color, con sus sombras de gris nube, naranja amanecer o violeta crepúsculo.










*AZUL - HISTORIA DE UN COLOR 
Michel Pastoureau

La historia del color azul en la cultura occidental es la de una auténtica transformación. Para los griegos y los romanos, este color contaba poco e incluso era desagradable a la vista; se le consideraba un color bárbaro. Pero hoy en día, el azul es, con gran diferencia, el color favorito para una gran parte de la población. Toda historia del color es, ante todo, una historia social, y Michel Pastoureau cuenta la historia de esta transformación, enfatizando las prácticas sociales del azul léxico, tejidos y vestimenta, vida cotidiana, simbolismo y su lugar en la creación literaria y artística. Esta edición aporta la representación de distintas tonalidades de azul para acompañar la lectura fascinante de la historia de este color.

























viernes, 20 de marzo de 2026

WILLEM DE KOONING Y LA CRUDEZA DE LOS COMIENZOS

 


La exposición de Willem de Kooning devela la intensidad cruda de sus primeros trabajos.

Verónica Esposito




Calle Gansevoort, Willem de Kooning, 1949. Fotografía: Colección Anderson de la Universidad de Stanford. Donación de Mary Margaret Anderson.









La exposición en el Museo de Arte de la Universidad de Princeton captura la fuerza apremiante de los años decisivos del icónico expresionista abstracto, entre 1945 y 1950.

Willem de Kooning celebró su primera exposición individual en la galería Charles Egan en la primavera de 1948, poco antes de cumplir 44 años. La exposición, un rotundo éxito, consolidó su reputación, reposicionó al artista y lo catapultó a la fama internacional a principios de la década de 1950. Al final de la década, muchos lo considerarían el pintor más importante del mundo.





El Museo de Arte de la Universidad de Princeton ofrece ahora una especie de revisión de la transformadora exposición que catapultó a la fama a Willem de Kooning con "Willem de Kooning: Los años decisivos" , que abarca el periodo de 1945 a 1950. Con 18 pinturas que revelan a un artista explorando la transición entre la figuración y la abstracción, muestra cómo de Kooning encontró su propia relación singular con ambos estilos. Si bien "Los años decisivos" no incluye la misma selección de pinturas que la exposición de Egan, sí permite al público adentrarse de forma íntima en la vida creativa del artista durante ese periodo.

"Quería esperar hasta tener un conjunto de obras con las que se sintiera realmente satisfecho", dijo John Elderfield, experto en De Kooning y cocurador de la exposición, explicando por qué el pintor tardó tanto en realizar su primera exposición individual. "Preparó una exposición con una docena de obras".
Por aquel entonces, De Kooning se había labrado una reputación algo marginal, muy apreciado por los entendidos pero aún no ampliamente admirado. El influyente ensayista y crítico de arte Clement Greenberg contribuyó a que saliera de ese anonimato con una reseña de la exposición de la Galería Egan que atrajo la atención de mucha más gente hacia él.

La exposición "Los años de la ruptura" ofrece una mirada concentrada a muchas de las obras más emblemáticas de este período particularmente prolífico en la carrera de De Kooning, brindando al público la oportunidad de contemplar piezas clave como «Viernes negro» y «Estanque oscuro». La paleta de colores de la muestra es notablemente limitada, con predominio de negros y tonos tostados entre pinceladas ocasionales de color, como el amarillo eléctrico de «Secretaria» y el cautivador ocre de «Calle Gansevoort». Las líneas sinuosas del artista danzan sobre los lienzos en éxtasis controlados, y su uso preciso del sombreado convierte muchas de estas obras en auténticos deleites del espacio negativo.



Willem de Kooning. Black Friday, 1948.


«Hay algo en el hecho de que reduzca sus recursos y trabaje sin usar colores cromáticos que realmente les da a estas pinturas una intensidad especial», dijo Elderfield. «Utiliza el negro como color, lo que hace que estas pinturas parezcan extraordinariamente vívidas y muy presentes».



"Buzón de correo", Willem de Kooning, 1948. Fotografía: Colección de Bettina Bryant.


Entre mediados y finales de la década de 1940, De Kooning trabajó con ahínco para consolidar su arte, emergiendo como uno de los líderes de la escuela de Nueva York. «Lo que ocurrió en los años 40 fue absolutamente transformador en su carrera», afirmó Elderfield. «En ese periodo de cinco años, se convierte en un artista de absoluta madurez».
En esa década se produjo la primera adquisición museística de una de sus pinturas; una obra titulada simplemente «Pintura», adquirida por el MoMA en 1948, figura entre las piezas presentadas en «Los años de su consagración». Este fue también un periodo en el que de Kooning desarrolló una especie de rivalidad con su homólogo expresionista abstracto, Jackson Pollock . «Parte de su desarrollo como artista estuvo ligado al revuelo que Pollock estaba causando en aquel momento», afirmó Elderfield. «Algunas de sus obras posteriores a la exposición de Egan parecen competir con las de Pollock».

A pesar del innato talento creativo de De Kooning, no era particularmente hábil para promocionarse ni para desarrollar su carrera artística. Su esposa, Elaine, también artista, solía actuar como su publicista informal, impulsando la exposición de Charles Egan y ayudando a De Kooning a obtener el reconocimiento que su arte merecía. «Su esposa se dio cuenta de que otros artistas recibían mucha atención mediática por sus exposiciones, así que lo animó a exponer la suya», comentó Elderfield. «Creo que De Kooning sentía que no tenía un conjunto coherente de pinturas y que ella lo estaba presionando».
Elaine también ayudó a de Kooning con una tarea que a él le interesaba poco: encontrar títulos para sus pinturas. Junto con otros simpatizantes de la galería Egan, Elaine participó en sesiones de nombramiento donde les daban nombre a las obras. "Estaban todos sentados en las galerías, bebiendo, pasándolo bien, y decían: '¿Cómo vamos a llamar a estas?'", dijo Elderfield. "Eran nombres que creían que la gente recordaría". Según Elderfield, a de Kooning le importaban tan poco los títulos de sus obras que a veces ocurría que quien adquiría una obra era quien la bautizaba. "En un caso, alguien compró una obra y le puso nombre, y a de Kooning no pareció importarle", dijo.



El deleite de Bill Lee, Willem de Kooning, 1946. Fotografía: Colección privada.



A partir de la década de 1950, De Kooning se reinventó continuamente, regresando a la figuración con sus famosas pinturas de mujeres. Este giro era característico del artista, quien mantuvo una sensibilidad inconformista y rebelde durante toda su vida. La decisión, sin duda, no fue bien recibida por todos. Pollock, su eterno rival, lo consideró un traidor. «Pollock dijo: "Has traicionado la causa al volver a pintar figuras"», comentó Elderfield.

Sin embargo, las pinturas de mujeres sí impactaron a Bob Dylan, a quien Elderfield acompañó personalmente a la monumental exposición de De Kooning en el MoMA en 2011, una muestra que él mismo organizó. «Bob Dylan dijo que quería recorrer la exposición conmigo y comentó cómo el estilo de De Kooning cambiaba constantemente», dijo Elderfield. «Cuando llegamos a las pinturas de mujeres, me dijo: "Aquí es cuando De Kooning se electrificó"».
De Kooning sigue teniendo repercusión hasta nuestros días, y sus obras baten récords de precio. En 2015, su obra Interchange acaparó titulares al venderse por 300 millones de dólares, un récord en aquel momento para el precio más alto pagado por una pintura. Según Elderfield, las pinturas que alcanzan precios tan estratosféricos son mucho más llamativas que las expuestas en The Breakthrough Years. «Las obras maestras son las que parecen atraer más al público», afirmó. «A los coleccionistas les gusta tener obras que provoquen que la gente entre en su casa y diga: "¡Mira el de Kooning!", pero probablemente no dirían lo mismo de estas obras».
Las pinturas siguen inspirando a otros artistas, como el escultor Richard Serra, entre otros, que se han visto influenciados por las obras expuestas en la muestra "The Breakthrough Years". En definitiva, trabajar con de Kooning es un verdadero tesoro. "Intentar hacer una selección de la obra de de Kooning es como intentar recoger nubes del cielo", comentó Elderfield. "Hay demasiadas". Las 18 pinturas expuestas en Princeton demuestran sin duda por qué.




La exposición Willem de Kooning: Los años decisivos, 1945-1950 se podrá visitar en el Museo de Arte de la Universidad de Princeton hasta el 26 de julio.

















Una exposición en el Museo de Arte de la Universidad de Princeton captura la fuerza apremiante de los años decisivos del icónico expresionista abstracto, entre 1945 y 1950.

miércoles, 18 de marzo de 2026

LAS PINTORAS DE LA EDAD DE ORO DE LOS PAÍSES BAJOS



La exposición de Gante celebra a las artistas femeninas del barroco.

Jennifer Rankin







Autorretrato de la pintora del Siglo de Oro neerlandés, Judith Leyster, 1630.
Ilustración: IanDagnall Computing/Alamy












Muestra en parte un redescubrimiento de más de 40 mujeres, en su mayoría olvidadas, que ejercían su oficio en los Países Bajos.

Durante siglos, la historia del arte de los Países Bajos se ha contado a través de nombres como RembrandtVermeerRubensVan Dyck o Frans Hals. La extraordinaria fama internacional de estos maestros del siglo XVII contrasta, sin embargo, con el relativo anonimato de muchas de sus contemporáneas. El Museo de Bellas Artes de Gante (MSK) propone ahora revisar ese relato con “Unforgettable. Women Artists from Antwerp to Amsterdam, 1600–1750”, una ambiciosa exposición que reúne más de doscientas obras de más de cuarenta creadoras activas en Flandes y la República neerlandesa.

Se cree que Judith Leyster, artista de la Edad de Oro holandesa, tenía unos 21 años cuando pintó su autorretrato en 1630. En la obra que presentó al mundo, Leyster irradia una alegre seguridad. Ataviada con sedas brillantes y un cuello de encaje almidonado, se recuesta en su silla, con la paleta y los pinceles en la mano y un cuadro a su lado.
Esta obra, terminada el mismo año en que ingresó en un gremio de pintores en Haarlem, la consagró como artista consagrada. Fue uno de los primeros autorretratos de una artista en la República Holandesa, un recurso que la mayoría de los pintores varones no adoptaron hasta años después.



Un niño y una niña con un gato y una anguila, 1635, de Judith Leyster. 
Fotografía: The Picture Art Collection/Alamy


Aunque célebre en vida, Leyster cayó rápidamente en el olvido tras su muerte. Un inventario póstumo atribuyó algunas de sus pinturas a "la esposa del difunto", refiriéndose a su marido, el artista Jan Miense Molenaer. Después, desapareció. Sus obras fueron atribuidas a Frans Hals, a otros contemporáneos varones o, simplemente, a "maestro desconocido". Las pinturas que figuraban bajo su nombre gozaban de escaso prestigio. En la década de 1970, un importante museo estadounidense vendió una; otras instituciones dejaron su obra olvidada en sus archivos.

Ahora, la pintora, que lleva un tiempo disfrutando de un resurgimiento, vuelve a estar en el centro de atención, siendo una de las más de 40 artistas femeninas que trabajaron en los Países Bajos durante el período barroco y que participan en una nueva exposición.




Maria van Oosterwijck, Flores en un jarrón ornamental, 1670-1675, lienzo, Mauritshuis, Den Haag. Fotografía: Museo Prinsenhof Delft


La exposición "Inolvidable: Mujeres artistas de Amberes a Ámsterdam, 1600-1750" se inauguró este mes en el Museo de Bellas Artes de Gante (MSK), tras su paso por Washington D. C. La muestra busca reivindicar el papel de la mujer en uno de los periodos más gloriosos de la historia del arte, conocido principalmente por las obras de Rembrandt van Rijn, Johannes Vermeer y Anthony van Dyck. Como reza el lema del MSK: "Los grandes maestros también eran mujeres".
La cocuradora Frederica Van Dam afirmó que la exposición invitaba a los visitantes a reflexionar sobre "¿Por qué no habíamos visto antes obras de arte creadas por mujeres? ¿Por qué nadie se lo había planteado?". El catálogo menciona a 179 mujeres que participaron activamente en la economía artística de los Países Bajos, que corresponden a los actuales Países Bajos y Flandes, en el norte de Bélgica.

Muchos de ellos fueron admirados en vida. Los bodegones de Maria van Oosterwijck adornaban las paredes de los palacios de toda Europa. En 1697, el zar ruso Pedro I visitó la casa en Ámsterdam de Johanna Koerten, especializada en el arte del recorte de papel, una técnica que combina el dibujo, la caligrafía y la escultura mediante el uso de líneas marcadas. Koerten recibió una generosa remuneración por su talento: se estima que una obra de seda tejida al estilo rústico, realizada para la emperatriz del Sacro Imperio Romano Germánico, le reportó más del doble de lo que Rembrandt ganó por La ronda de noche .



Artemisia Gentileschi, Autorretrato como Santa Catalina de Alejandría, c. 1615-17. 
Fotografía: The National Gallery, Londres.


La exposición forma parte de un creciente redescubrimiento de mujeres que estuvieron ausentes durante mucho tiempo de los tomos de la historia del arte, desde la artista barroca italiana Artemisia Gentileschi y su casi contemporánea del sur de los Países Bajos, Michaelina Wautier , hasta la modernista belga Marthe Donas y la impresionista estadounidense Mary Cassatt.

En el siglo XIX, cuando la historia del arte se consolidó como disciplina, las mujeres fueron excluidas de la narrativa. Los historiadores del arte, en su mayoría hombres, "decidían qué era buen arte, qué merecía ser reseñado", afirmó Van Dam. Cuando las mujeres tenían un papel secundario, se las consideraba imitadoras. Ese fue el destino de Rachel Ruysch. Si bien los coleccionistas llevaban tiempo buscando sus bodegones florales —admirados por su asombrosa atención al detalle y sus pinceladas refinadas—, los expertos descartaban su obra por considerarla una imitación.



Clara Peeters. Naturaleza muerta con queso y cangrejo de río, c.1612-21.


El siglo XIX también marcó el auge de la pintura en los museos de arte, eclipsando las artes aplicadas en las que las mujeres destacaban, como el recorte de papel, la caligrafía y la elaboración de encajes. A principios de la Edad Moderna, el encaje alcanzaba precios fabulosos, aunque las mujeres más pobres, monjas y niñas huérfanas que solían confeccionar exquisitos abanicos, velos, delantales y vajillas apenas ganaban una miseria. Estas artistas permanecieron en el anonimato durante toda su vida, firmando con una «X» en los registros de la época.



Adam und Eva mit Kain und Abel puerta Louise Hollandine van de Pfalz rond 1660. Fotografía: Alamy


Si bien muchas artistas femeninas permanecerán olvidadas por la historia, algunas están siendo redescubiertas. La pintora Catrina Tieling había caído casi en el olvido hasta 2025, cuando un historiador de arte neerlandés reexaminó obras atribuidas durante mucho tiempo a su hermano, Lodewijk, y concluyó que, de hecho, estaban firmadas con las iniciales "CT". La exposición incluye la escena rústica de Catrina Tieling que representa a dos pastoras descansando junto a un rebaño de vacas, un raro ejemplo de paisaje italianizante pintado por una mujer.



Autorretrato de Louise Hollandine, c. 1650.
Fotografía: Heritage Image Partnership Ltd/Alamy


También narra algunas decisiones trascendentales y poco convencionales de mujeres. Louise Hollandine se convirtió al catolicismo e ingresó en un convento para preservar su libertad artística. Hija de la realeza exiliada, Hollandine disfrutó de una infancia privilegiada en La Haya, donde se convirtió en una talentosa retratista de amigos y familiares.
Pero en 1657, huyó de su cómoda vida de princesa para hacerse monja benedictina francesa, en lugar de casarse con su sobrino, como deseaba su familia. En el convento, se dedicó a pintar escenas religiosas, aunque muchas no sobrevivieron a la Revolución Francesa. La exposición muestra autorretratos de Hollandine de ambas etapas de su vida. En la primera, se muestra serena y elegante, resplandeciente con ricas sedas y un gran sombrero adornado con cintas; en una obra posterior, transmite una impresión austera, luciendo una cruz y vestida con un hábito de monja blanco y negro, pero aún brillante.

Van Dam espera que se realicen más investigaciones sobre artistas femeninas y que se hagan esfuerzos para que su obra sea más accesible. A través de esta exposición, dijo, "se puede apreciar lo valiosas que fueron para el florecimiento económico y artístico de la época".




“Unforgettable. Women Artists from Antwerp to Amsterdam, 1600–1750”
MUSEO DE BELLAS ARTES DE GANTE. MSK

Fernand Scribedreef 1, 9000
Gante, Bélgica

Del 7 de marzo al 31 de mayo de 2026






































domingo, 15 de marzo de 2026

SORPRESA ! TE LEEN LOS LABIOS ...


 Advertencia:  los videos de lectura de labios se han vuelto virales.

  Helena Horton












Los asesores recomiendan "asumir que las cámaras están grabando constantemente", ya que las conversaciones pueden descifrarse en segundos y publicarse en línea.


Los miembros de la realeza y las celebridades están siendo advertidos por sus representantes y asesores de que tengan cuidado con lo que dicen cuando están fuera de casa, o del palacio, ya que un fenómeno de lectura de labios permite que los videos se publiquen en línea y se traduzcan en segundos.

El príncipe Guillermo se vio envuelto recientemente en una polémica después de que un vídeo en el que hablaba con Andrew Mountbatten-Windsor fuera traducido por una experta en lectura de labios que trabajaba para un próximo documental de Channel 5, titulado "Lip-Reading the Royals" (Lectura de labios de la realeza).

Según quien interpretó el video, este muestra a Mountbatten-Windsor intentando disculparse con su sobrino, quien lo ignora. Se afirma que Mountbatten-Windsor dijo: "He aprendido de mis errores, pero antes de olvidarlos, y si puedo, me gustaría preguntarte si puedes perdonarme". El video solo obtuvo silencio.
El miembro de la realeza, caído en desgracia, renunció a sus títulos reales en octubre después de que saliera a la luz nueva información sobre sus vínculos con Jeffrey Epstein, el fallecido financiero y abusador sexual de menores.

El documental también muestra al rey Carlos aparentemente diciendo "que me jodan" mientras subía a su carruaje real, y a la princesa Ana supuestamente cotilleando sobre la duquesa de Sussex.



El documental de Channel 5 también muestra al rey Carlos aparentemente diciendo "joderme" mientras
 subía a su carruaje real. Fotografía: Shaun Botterill/Getty Images


El auge de la lectura de labios ha irritado profundamente a la familia real. Una fuente de la realeza declaró : "Al igual que muchas personalidades de alto perfil, los miembros de la familia real son conscientes de la desafortunada y creciente tendencia a utilizar lectores de labios, con distintos grados de imprecisión, para espiar conversaciones que cualquier persona tendría derecho a considerar privadas".

Dickie Arbiter, quien fue secretario de prensa de la reina Isabel II durante una década, dijo que se estaba advirtiendo a los miembros de la realeza sobre los peligros de hablar en momentos de descuido que podrían ser grabados por cámaras de televisión o por miembros del público con un teléfono móvil.
“Siempre se supo de ello, e incluso en mi época había expertos que afirmaban que podía leer los labios”.“A veces decían cosas escandalosas. A menudo, el miembro de la casa real en cuestión no recordaba si eso era lo que realmente habían dicho, ya que cuando salen a la calle hablan con muchísima gente.”



Guillermo y  Andrew Mountbatten-Windsor


El fenómeno generalizado de la lectura de labios era bastante reciente, según Paddy Harverson, exdirector de comunicaciones del duque de Cornualles, ahora rey Carlos. "Dejé el palacio hace 13 años, y en mi época, afortunadamente, la lectura de labios no era algo común", comentó.

Arbiter, quien aparece en el documental, afirmó que el auge de las redes sociales ha exacerbado el problema. "Las cosas se editan y se difunden, sean ciertas o no". "Las redes sociales son un pozo negro, pero todos las usamos, ¿no?".
Añadió que había advertido a los miembros de la realeza con los que trabajaba que mantuvieran una conversación apropiada durante los paseos públicos, cuando se mezclan con el público. "Les dije: no digan nada tonto durante un paseo público que pueda publicarse". "Y leer los labios es una habilidad que mucha gente domina. De hecho, lo hice una vez, durante la boda del príncipe Guillermo y Catalina: cuando se marcharon en un carruaje, ella se giró claramente hacia él y le preguntó: "¿Estás contento?"


Las conversaciones en las mesas de los Globos de Oro y otros eventos con celebridades suelen ser bastante privadas; aunque se graban, las estrellas no llevan micrófonos. Pero los vídeos resultantes han sido perfectos para que los lectores de labios los traduzcan y los publiquen en plataformas de redes sociales, como TikTok .
Algunas de las conversaciones son banales; un vídeo reciente con un millón de visualizaciones en TikTok muestra a la estrella de telerrealidad Kylie Jenner quejándose aparentemente a la actriz Jennifer Lawrence en la última entrega de los Globos de Oro de que alguien tosía cerca de ella y tenía fiebre, lo que podría haberla enfermado.



Jennifer Lawrence y Kylie Jenner en los Globos de Oro. Al parecer, Jenner se quejó de que alguien tosía cerca. Fotografía: Archivo fotográfico de CBS/CBS/Getty Images


Otros casos son más problemáticos. Un video de los Globos de Oro de 2024 aparentemente mostraba a la cantante Selena Gomez quejándose de que le pidió a Timothée Chalamet que se tomara una foto con ella, y que su pareja, Jenner, supuestamente se negó. También se han captado momentos privados y espontáneos que, al parecer, han sido descifrados por expertos en lectura de labios.

Un vídeo de TikTok con más de 5 millones de visualizaciones afirma mostrar a la cantante Olivia Rodrigo con la actriz Iris Apatow en un partido de Los Angeles Lakers, hablando de un hombre con el que había estado intercambiando mensajes de texto. Los actores Ben Affleck y Jennifer Lopez, que se divorciaron en 2025, han sido grabados protagonizando lo que parecen ser discusiones en eventos ostentosos.

Los agentes de famosos han estado advirtiendo a sus clientes que asuman que cualquier cosa que digan en público podría ser grabada y analizada mediante lectura de labios.
Andy May, director de la agencia de medios JHM, declaró: “Sí, estamos hablando con nuestros clientes sobre este tema desde hace tiempo. Simplemente, el tipo de asesoramiento que les brindamos ha evolucionado con el paso del tiempo”.
Dijo que, si bien antes las celebridades podían disfrutar de momentos sin vigilancia lejos de los micrófonos, ahora en público tienen que tener cuidado con lo que dicen.

May dijo: “Hace veinte años, la regla de oro era sencilla: tener cuidado con los micrófonos y las cámaras de televisión. Eso cubría la mayor parte del riesgo. Hoy, el consejo es categóricamente diferente: asumir que las cámaras siempre están grabando. Cada teléfono en cada estadio deportivo y cada pasillo después de un partido es una transmisión potencial. Lo mismo ocurre en la vida cotidiana, incluso cuando estamos fuera de servicio. Ahora todos somos creadores de contenido, y todas las grabaciones invariablemente encuentran una audiencia”.


“En un mundo ideal, un agente de talentos nunca tendría que enseñarle a un cliente a ser una buena persona. Pero, como es lógico, todos tenemos un mal día, y la diferencia ahora es que un mal día puede dar la vuelta al mundo en cuestión de minutos.”





































sábado, 14 de marzo de 2026

ADICCIONES ?

 

Meta y Google: ¿el desplazamiento infinito y la reproducción automática están creando adictos?


Robert Booth







Esta semana, el director ejecutivo de Instagram, Adam Mosseri, insistió en que las redes sociales no son "clínicamente adictivas". Fotografía: Dado Ruvić/Reuters







Las funcionalidades integradas en la estructura de las plataformas han sido fundamentales en un caso histórico sobre daños causados ​​por las redes sociales en Estados Unidos. ¿Cómo funcionan?

Fue tan fácil como el abecedario, afirmó el abogado que lleva el caso histórico contra Meta y Google por los daños causados ​​por las redes sociales, cuyos alegatos finales se escucharon esta semana. Los acusados ​​eran culpables, dijo Mark Lanier, de "crear adicción en los cerebros de los niños". No es cierto, replicaron las empresas tecnológicas. Meta insistió en que brindar a los jóvenes una experiencia más segura y saludable siempre ha sido fundamental para su trabajo.

Funciones como la reproducción automática de vídeos, el desplazamiento infinito y las alertas sonoras constantes, integradas en la estructura de las plataformas en línea, fueron clave en el juicio de seis semanas celebrado en Los Ángeles, que se ha comparado con los casos contra las tabacaleras en la década de 1990. Pero, ¿cómo funcionan estas funciones y cuáles son sus consecuencias? ¿Crean adictos en lugar de usuarios o simplemente les dan a los consumidores más de lo que desean?



Desplazamiento infinito


Hubo un tiempo en que las redes sociales tenían un final. Ahora el desplazamiento nunca termina.
“Siempre hay algo más que te proporciona otra dosis de dopamina a la que reaccionas, y de eso hay un suministro infinito”, dijo Arturo Béjar, un denunciante que trabajó en seguridad infantil en línea en Meta hasta 2021. “La promesa de estas cosas es que siempre habrá algo interesante y gratificante, y el suministro es inagotable. Esa es la mecánica del desplazamiento infinito”.

Documentos internos que salieron a la luz durante el juicio mostraron que otros empleados de Meta estaban preocupados por las señales de una creciente "tolerancia a las recompensas" entre los usuarios. En una conversación por correo electrónico de 2020, una persona se refería a Instagram diciendo: "¡Dios mío, Instagram es una droga!". Un colega respondió: "Jaja, quiero decir, todas las redes sociales. Básicamente somos traficantes".
Béjar declaró: “Estás constantemente persiguiendo algo, e incluso cuando encuentras lo que buscas… existe la promesa de algo más que capta tu atención inmediatamente después, sin límites en esa parte del mecanismo”.

Sonia Livingstone, profesora de psicología social en la London School of Economics, comentó: “Cuando observas a los jóvenes desplazarse por sus redes sociales, ves que lo hacen rapidísimo. Toman decisiones en fracciones de segundo: deslizar, deslizar, deslizar, deslizar, mirar, deslizar, deslizar, mirar. Siempre tienen la sensación de que lo siguiente podría ser bueno y que solo tardará uno o dos segundos más”.



Reproducción automática


Los vídeos de reproducción automática están ahora por todas partes, desde la pantalla de inicio de Netflix hasta YouTube e Instagram. Pero según Béjar, que trabajaba en Facebook cuando se convirtió en algo habitual, a los consumidores "les disgustaba".
“Les pareció perjudicial”, dijo. “El resultado fue que más gente vio más vídeos y los anunciantes estaban contentos, pero los usuarios no”.
Según explicó, la reproducción automática "desencadena esa reacción que todos tenemos como humanos de mirar lo suficiente para entender lo que está pasando".
Lanier comparó el desplazamiento infinito y la reproducción automática con recibir nachos gratis en un restaurante y no poder parar de comerlos.



Miedo a perderse algo


Las notificaciones y los "me gusta" son otros elementos de las redes sociales que mantienen enganchadas a las personas, especialmente a los niños. Mark Griffith, profesor emérito de adicciones conductuales en la Universidad de Nottingham Trent, afirmó que ganar la competencia por los "me gusta" es "algo gratificante que te da una pequeña dosis de placer".

“Cuando disfrutas de algo, tu cuerpo produce dopamina y adrenalina”, explicó. “Generas muchas sustancias químicas que te producen placer. Y sabes que, en cierto modo, te estás volviendo adicto a las endorfinas de tu propio cuerpo”. Sin embargo, aclaró que no es lo mismo que la adicción a la nicotina o la cocaína.
"Para algunas personas es realmente adictivo. Pero según mis criterios de adicción, muy pocas personas cumplirían con eso". En cambio, habló del "efecto adictivo" de las redes sociales.

El consumo de redes sociales se divide principalmente en dos categorías: "uso habitual", que puede afectar la productividad y las relaciones sin necesariamente arruinar la vida, y "uso problemático", que tiene implicaciones más graves.
Esta semana, el director ejecutivo de Instagram, Adam Mosseri, declaró que las redes sociales no son "clínicamente adictivas". Afirmó que la gente puede volverse adicta a las redes sociales del mismo modo que puede volverse adicta a un buen programa de televisión, pero que no es lo mismo.

El jurado en el caso contra Meta y Google en Los Ángeles comenzó sus deliberaciones el viernes. Su veredicto será seguido de cerca, ya que podría redefinir las responsabilidades de las empresas tecnológicas en el diseño de sus plataformas.