viernes, 7 de noviembre de 2014

EL MURO: HISTORIAS ....







Diez historias berlinesas *







Reunificación agridulce

Peter Steglich y Mercedes Álvarez
Ex embajador de la RDA
El derrumbe de la RDA fue para Peter Steglich al mismo tiempo “una catástrofe” y “un golpe de suerte”. Una catástrofe porque desaparecía el Estado al que él representaba como embajador, y un golpe de suerte porque le ha permitido estar con su mujer actual, la española Mercedes Álvarez. La pareja se había conocido en una conferencia en Madrid en la que ella trabajaba como intérprete. Pero Álvarez, una niña de la guerra que había pasado la infancia en la Unión Soviética, no estaba dispuesta a trasladarse de nuevo al otro lado del telón de acero. “Les decía a mis amigas que si él fuera alemán occidental podríamos estar juntos sin problemas. Pero que siendo del Este era imposible”, recuerda en el salón de su apartamento. El Muro cayó y en 1990 ya estaban viviendo juntos en el Berlín sin fronteras. Las elecciones que se celebraron en marzo de ese año ya demostraron que el régimen para el que trabajaba Steglich estaba condenado a la disolución. Con la integración en la RFA, su puesto de diplomático desapareció de la noche a la mañana y pasó a la jubilación forzosa. “Para mí fue una pena, pero con el tiempo ha quedado claro que la gente quería otra cosa. No habría tenido sentido mantener ese país artificialmente”. ¿Añora la RDA? “No. Lo que existía no lo echo de menos. Y la que yo habría deseado no era posible”.



Factor de cambio
Astrid Landero

Ex-periodista y directora de un centro para mujeres
“Algo importante tiene que pasar este año”. Astrid Landero comenzó 1989 con miedo en el cuerpo. Veía que la situación era insostenible y anotó esta frase en su diario el 1 de enero. Esta periodista que entonces trabajaba para la radio de la RDA y ahora dirige un centro para mujeres confiaba en que las nuevas generaciones limpiarían el sistema. “No queríamos destruirlo, sino mejorarlo. Creíamos que la solución era una confederación entre las dos Alemanias y no una unión inmediata. No nos dábamos cuenta de que el sistema ya estaba muerto”.
Según como se mire, Landero podría considerarse como una de las perdedoras del cambio. Pasó de tener un trabajo fijo y poder viajar con relativa facilidad gracias a su condición de periodista a entrar de lleno en el capitalismo, con sus glorias y miserias. Desde entonces ha encadenado épocas de desempleo con trabajos improvisados de autónoma. Pero ella está contenta. “La idea de seguridad que nos vendieron en la RDA era una gran mentira. Además, la incertidumbre me hace sentir viva. A mis 60 años, acabo de hacer un curso para trabajar como guía turística. He descubierto talentos en mí que no pensaba que tuviera”, concluye.

Promesas del este
Dagmar Enkelmann
Presidenta de la Fundación Rosa Luxemburgo
En el cartel con el que se presentó a las elecciones de 1990, Dagmar Enkelmann aparecía con sus hijos pequeños. “Hoy no lo haría, pero eran los primeros comicios y no sabíamos qué debíamos hacer”, asegura esta mujer que militaba en el Partido Socialista Unificado –el que acaparó el poder durante 40 años en la RDA– y luego salió elegida diputada por su heredero, el Partido del Socialismo Democrático.
Pasaron casi dos meses desde la caída del Muro hasta que la hoy presidenta de la Fundación Rosa Luxemburgo se decidiera a cruzar al otro lado. “Me daba miedo de que cerraran las fronteras de repente y no me dejaran volver. Tenía claro que quería quedarme en el Este”, explica.
Enkelmann recuerda con emoción la multitud de discusiones y reuniones políticas en las que participó en los meses anteriores al derrumbamiento del régimen. “Sobre el papel de las mujeres, sobre la cultura… hablábamos de todo. Pero en ese momento nadie pensaba en la reunificación. No era tema de discusión. En diciembre de 1989 esto empezó a cambiar”, recuerda. Y 25 años más tarde, ¿qué opinan las nuevas generaciones? “Todo ha cambiado mucho. Cuando le hablo a mi hijo de estos temas, me dice que para él no tiene un significado especial ser del Este”.

Huida de la URSS
Wladimir Kaminer
Escritor de origen ruso
Wladimir Kaminer llegó a Berlín pocos meses después de la caída del Muro sin hablar una palabra del idioma local. Desde entonces, este ruso se ha convertido en un autor superventas en alemán. ¿Por qué no escribe en su lengua? “Porque quiero llegar a la gente. Y mi público no sabe ruso”.
El autor, que se hizo famoso con su primer libro de relatos, Disco rusa, acabó aquí por casualidad. En realidad quería huir de la Unión Soviética y reunirse con amigos en Dinamarca. Pero el hundimiento de la RDA le pilló de camino y decidió quedarse. Conoció un Berlín en eclosión, donde participaba en el movimiento okupa. “Venía gente con ganas de hacer cosas que no tenían cabida en el resto de Alemania, tan conservadora. En este barrio hay tres calles que se conocían como LSD. El nombre de cada una comenzaba con una de esas letras. Ahora voy a una de ellas para recoger a mis hijos del colegio”, dice entre risas. Más serio, Kaminer matiza que lo fundamental no eran las drogas, sino poner en marcha sus proyectos y desarrollar manifestaciones artísticas acordes con los nuevos tiempos. Desde entonces, ha asistido como espectador a los cambios en la sociedad alemana. “Aquí sí se ha creado un nuevo país. No como en Rusia, donde siguen con la idea delirante de forjar de nuevo un imperio”, reflexiona sentado en una terraza berlinesa.


Ficción y realidad
Susanne Schädlich
Escritora que volvió a Berlín en 1991
Susanne Schädlich se enteró del fin del muro que había condicionado su vida en el bar de Los Ángeles donde trabajaba de camarera. Tras un periplo que le había llevado a huir de la Alemania comunista a la occidental, y de ahí a la meca del capitalismo, no podía creer lo que estaba pasando. “Me llamó un amigo para avisarme, pero le colgué pensando que era una broma. Verlo por televisión rodeada de palmeras hacía todo más irreal aún. Necesité tiempo para darme cuenta de la magnitud de lo que había pasado”, rememora.
No volvió a vivir a Berlín hasta 1991. Y se encontró con una ciudad totalmente distinta.
“Surgían clubes por todas partes. Los alquileres eran muy baratos y había muchas ganas de agitar el ambiente cultural”. La caída del Muro no tenía solo efectos políticos: “Al principio estaba desorientada, la barrera que nos había dividido durante décadas también funcionaba como un elemento para orientarse en la ciudad. En cualquier caso, era bonito perderse porque por fin uno podía ir a donde quisiera”, ­asegura la escritora, que acaba de publicarEl señor Hübner y el ruiseñor siberiano. ¿Cuál es el marco en el que transcurre la novela? La RDA, por supuesto.



El testigo
Roland Jahn

Comisionado del Gobierno para los papeles de la Stasi
“Triunfo”. Es la palabra que dice Roland Jahn cuando se le pregunta por lo que sintió el día que Berlín volvió a ser una sola ciudad. “El Muro me había obligado a irme de mi hogar. Vivía la libertad del Oeste. Pero a medias: mi familia estaba al otro lado”, asegura este hombre que luchó contra el régimen comunista, trabajó como periodista y desde 2011 ejerce como comisionado del Gobierno para los papeles de la Stasi.
La noche del 9 de noviembre, Jahn retransmitió desde el primer canal de la televisión pública alemana lo que tanto tiempo llevaba deseando. Nada más dejar los micrófonos, corrió al Este. “Cuando llegué a mi ciudad me pareció otra. No es que ella hubiera cambiado. Era yo, que ya no estaba acostumbrado a lo sucia, gris y desvencijada que estaba. Cuando oigo decir que las cosas eran mejor en la RDA, siempre pienso en esa grisura”. Jahn lidia hoy con uno de los peores legados del régimen comunista: los papeles que documentan cómo unos alemanes denunciaban a otros. ¿Cómo curar esas heridas? “Han pasado 25 años y hay que dar una segunda oportunidad a los que colaboraron con la Stasi. Pero siempre sobre una base: respeto a las víctimas, reconocimiento de la injusticia cometida y ayuda para esclarecer los hechos. La reconciliación no puede ser una obligación, necesita un proceso”.

Diferencias difusas
Ketharina Marggraf y Sven Tesanovic
Criados en el Berlín Occidental, hoy viven en el Este
Crecieron en el mismo barrio de Berlín Occidental, pero las reacciones a la caída del Muro en las casas de Katharina Marggraf y de Sven Tesanovic fueron muy distintas. Para la familia de ella suponía la posibilidad de acabar con las fronteras que dividían a los ciudadanos. El padre de él, que había salido de Yugoslavia en 1970, temía que el desmoronamiento de la RDA provocara un efecto dominó que acabara destruyendo su país de origen. Un diagnóstico que a los pocos años se confirmó. “Él no podía compartir la alegría que veía a su alrededor”, recuerda su hijo.
Al poco del 9 de noviembre, el cambio ya se notaba en las calles. “De repente empezamos a ver los pequeños Trabant [coche típico de la RDA] que hasta entonces solo circulaban al otro lado de la frontera”, añade su mujer, que entonces tenía solo ocho años. Un cuarto de siglo más tarde, Marggraf y Tesanovic han formado una familia en la parte de Berlín que no pudieron conocer de niños. La llegada de alemanes occidentales ha impulsado los precios del alquiler, expulsando a los antiguos habitantes de este barrio con menores rentas. Frente a la curiosidad inicial, las diferencias con los ossis (como en Alemania se llama coloquialmente a los del Este) son cada vez más difusas. “Antes esa palabra podía ser negativa, pero con el tiempo ha ido perdiendo ese matiz”, asegura Marggraf.


Entre moteros salvajes
Manfred Soreneit
Jubiado y motero que huyó de la RDA
Manfred Roseneit llega en bicicleta a la cita frente al edificio del Reich­stag. Pese al resfriado que arrastra y los kilómetros que le separan de su casa, no ha querido perder la oportunidad de contar la historia de su huida de la RDA el mismo 13 de agosto de 1961 en el que se levantó el Muro. “Fue mi hermana la que me avisó. ‘Despierta. Están cerrando la frontera’, me gritó. Fue como un shock.Creo que nunca en mi vida me levanté tan rápido de la cama”.
Tras 22 años de vida en Berlín Este, tuvo suerte y pudo pasar al otro lado de la frontera. “Al mismo tiempo estaba increíblemente contento y triste, porque no sabía cuándo podría volver a ver a mi familia y amigos”, asegura. Han pasado más de cincuenta años desde entonces, pero mantiene frescos los recuerdos. No se ha olvidado, por ejemplo, de los 2.000 marcos que en tiempos de la RDA costaba una televisión, una cifra fabulosa si se tiene en cuenta que un sueldo medio rondaba los 500.
Ya jubilado, Roseneit disfruta de la libertad que le da la moto. “De joven nunca pensé que un día podría viajar por los alrededores de Berlín con una BMW. Esa ha sido una de mis grandes alegrías”, concluye.



Libertad de procedencia
Eric Pawlitzky


Asesor fiscal y dueño de un estudio de fotografía
A finales de los ochenta, la idea de la reunificación alemana le parecía “tan absurda” que no valía la pena pensar en ella. Este licenciado en Derecho se interesaba por cómo reformar un sistema con defectos, pero que, según pensaba entonces, merecía la pena conservar. “Me había influido mucho la lectura de Pablo Neruda y toda la literatura antifascista. No veía el capitalismo como una alternativa válida”. De defender un socialismo reformado, Eric Pawlitzky ha pasado a poseer una asesoría fiscal bastante lucrativa en la ciudad de Jena y un estudio de fotografía en Berlín. Miembro del partido que controló la RDA hasta su disolución, se ha preguntado años más tarde en repetidas ocasiones si opuso la suficiente resistencia al régimen. “Trataba de impulsar reformas. Cuando vi que era imposible, decidí dejar el partido”.
Pawlitzky recuerda de los primeros años de la unificación la arrogancia con la que llegaron los occidentales a hacerse con las empresas privatizadas del Este. Ahora ve aún huellas de las diferencias entreossis y wessis (como los alemanes llaman a orientales y occidentales), pero cree que son cada vez más pequeñas. “Cuando mis hijos eran adolescentes se identificaban como ossis pese a que solo conocieron la RDA siendo bebés. Ahora nadie tiene en cuenta de qué parte procedes”.


Aromas de la RDA
Thomas Hacker
Panadero en Berlín Oriental
Al entrar en la panadería de Thomas Hacker, muchos berlineses dicen que el olor les devuelve a su infancia en la RDA. En un barrio como el de Prenzlauer Berg, ahora lleno de cafeterías donde se bebe latte macchiato y los domingos se hacen brunchs, Hacker resiste con un modelo de negocio que no ha variado demasiado desde que comenzó a funcionar en 1986.
“Antes las cosas eran distintas. Berlín Oriental era como un pueblo en el que todos nos conocíamos. De pequeño jugaba al fútbol contra el Muro, que para mí era parte de la ciudad y daba por hecho que siempre estaría ahí”, asegura este hombre desde el horno donde lleva 10 horas trabajando. Su mujer despacha en el mostrador. Son las once de la mañana y la jornada laboral está a punto de terminar.
Hacker no tiene grandes historias que contar de la noche que cayó el Muro. Como siempre, a esas horas estaba en la cama. Sí recuerda, en cambio, su aportación al encierro de críticos con el régimen que tuvo lugar en la cercana iglesia de Getsemaní en octubre de 1989. “Protestaban más de mil personas, con mujeres y niños, y la policía no les dejaba salir. Preparé una caja de panecillos y se la llevé. Era gente normal. No podía permitir que no tuvieran nada que comer”.




*Berlineses de ayer y hoy

Doce ciudadanos cuentan cómo cambió su vida con la caída del Muro, cuyo 25º aniversario se celebra el próximo 9 de noviembre






jueves, 6 de noviembre de 2014

CREATIVIDAD



El dinero no estimula la creatividad

  


Suponte que eres pintor y trabajas en dos cuadros: uno por encargo y otro sin ningún tipo de retribución, simplemente porque quieres. ¿Cuál tendría mejor calidad pictórica? Esta pregunta se la formuló Teresa Amabile, profesora de la Universidad de Harvard y una gran experta en creatividad. Junto con dos colegas, seleccionaron obras de 23 pintores profesionales: algunas habían sido por encargo, otras por voluntad propia. Posteriormente, fueron a críticos de arte y a directores de museos y galerías para que valoraran dichas obras. Y, sorprendentemente, aquellas que habían sido por encargo fueron consideradas mucho menos creativas que las que se habían pintado por voluntad propia. ¿Por qué? Las personas tenemos dos tipos de motivación: motivación extrínseca (dinero, prestigio, reconocimiento) y motivación intrínseca (aprendizaje, reto, diversión). Cuando se pretende que la creatividad se alcance por factores externos, esta no es plena. Y el motivo es sencillo: lo que nos hace dar lo mejor de nosotros mismos proviene de la pasión y, por tanto, de la motivación intrínseca. Así lo explica Daniel Pink, en uno de los libros más interesantes sobre el comportamiento humano de los últimos años, “La sorprendente verdad sobre qué nos motiva”. Veamos otro estudio.
En la escuela del Art Institute of Chicago en la década de los sesenta clasificaron a los alumnos de último curso conforme a si les movía su motivación extrínseca o intrínseca. Veinte años más tarde, analizaron sus carreras profesionales y aquellos pintores y escultores motivados por dinero o prestigio tuvieron menos éxito, que aquellos motivados intrínsecamente, lo que no deja de resultar paradójico: en el mundo de la creatividad el hecho de que no te motive el dinero te puede ayudar a alcanzarlo pasado el tiempo. 



Cuatro líneas, un Picasso...

“El problema de convertir una gratificación externa en el único destino importante es que hay gente que elegirá el camino más corto para alcanzarla, aunque eso signifique el camino menos noble”
Daniel Pink, escritor
Y no solo nos lleva al camino más corto, sino que si solo nos motivamos por dinero, cuando desaparece la tarea deja de interesarnos. Así lo demostró Deci, un gran psicólogo e impulsor del estudio de la motivación intrínseca. Dividió a un grupo de estudiantes en dos equipos: A y B. Ambos equipos tenían que montar unas piezas con una cierta dificultad. En medio de la sesión, Deci se ausentaba con un pretexto, les daba un descanso y analizaba durante esos ocho minutos si los grupos seguían entrenando para mejorar o por si el contrario, se entretenían con otras cosas. Las pruebas las hicieron en tres ocasiones. El grupo A no recibió ninguna recompensa en ninguna de las tres sesiones. El grupo B no recibió tampoco ninguna compensación económica en la primera ocasión. Sin embargo, en la segunda sesión les motivaron con el equivalente a seis dólares por persona si eran capaces de realizar la prueba. En dicha ocasión, cuando el psicólogo se ausentó, en el tiempo de descanso el grupo B se esmeró en practicar para ganar el dinero. Sin embargo, lo apasionante ocurrió en la tercera sesión. El grupo A seguía sin tener ninguna recompensa económica; sin embargo, el grupo B que había sido anteriormente retribuido, se le dijo que ya no había más dinero y que, por lo tanto, tendrían que hacer la prueba por “amor al arte”. ¿Y qué ocurrió durante el descanso? Pues que el grupo A le dedicó incluso más tiempo (podrían estar aficionándose al juego), pero el grupo B dejó de entrenar como lo había hecho la segunda vez e incluso ¡menos que la primera, cuando se habían encontrado por primera vez con el juego! Sorprendente el resultado, ¿verdad?
“Cuando se emplea el dinero como recompensa externa a alguna actividad, el sujeto pierde interés intrínseco por la actividad”
Edward Deci, Universidad de Rochester
La magia de la motivación intrínseca no siempre se ha tenido en cuenta en la educación o en el mundo de la empresa. Hemos pretendido que las personas desarrollen su talento a través de reconocimientos externos (ranking en las escuelas, incentivos económicos en las empresas), pero la ciencia está demostrado que de cara a la creatividad y a aquello que sale de los estándares, resulta mucho más eficaz fomentar la pasión a través de los retos o los espacios de trabajo motivante. 


Del blog El Laboratorio de la Felicidad, El País. España.





miércoles, 5 de noviembre de 2014

EL AUTORRETRATO DE LEONARDO




El retrato de Da Vinci que le ocultaron a Hitler.






Este es uno de los autorretratos más famosos del mundo, está en Turín, Italia, y rara vez es expuesto al público. Aunque poco
 se sabe sobre este borroso y frágil dibujo en tiza roja de Leonardo da Vinci de hace 500 años, algunos creen 
que tiene poderes místicos.



La leyenda dice que la mirada de Leonardo da Vinci en este autorretrato es tan intensa que quienes lo observan son imbuidos con una fuerza extraordinaria.Se dice que fue debido a ese poder mágico, no al valor cultural o monetario del dibujo, que fue trasladado de Turín a Roma durante la Segunda Guerra Mundial. Nadie quería que cayera en manos de Adolfo Hitler y le diera más poder.
Fue la única pieza de toda la colección de dibujos y manuscritos preciosos que fue sacada de la Biblioteca Real de Turín en esa época.

A salvo de Hitler pero no del tiempo

El actual director de la biblioteca, Giovanni Saccani, dice que nadie sabe ni siquiera dónde estuvo escondida. "Para evitar que los nazis se la llevaran se llevó a cabo una operación de inteligencia que la transportó en la absoluta anonimidad a Roma". 
En circunstancias tan difíciles no se tuvo en cuenta la preservación de manera apropiada, "ni tampoco contaban en esa época con los conocimientos y las técnicas necesarias", le cuenta Saccani a la BBC." Naturalmente, eso no le hizo ningún bien al dibujo". El autorretrato es tan preciado que se mantiene en una bóveda.


                    La Biblioteca Real alberga otras joyas de Da Vinci, como escritos y bocetos.                     


Adentro de la Biblioteca Real, bajamos unas escaleras cubiertas con un tapete rojo inmaculado hasta llegar a una bóveda subterránea con puertas reforzadas.
Es donde se mantienen guardados desde 1998 el autorretrato de Da Vinci y miles de otros invaluables dibujos y manuscritos.
El contraste entre tratamiento que se le da hoy en día al dibujo y el que se le dio en el siglo XX es marcado.
La luz es exclusivamente de fibra óptica -a la habitación no le puede entrar nada de luz natural-, la temperatura se mantiene constante -20º Celsius- así como la humedad -55%-.Las vitrinas son hechas de un tipo de vidrio que Saccani describe como "antitodo" y el lugar está repleto de alarmas y cámaras de seguridad.La Biblioteca Real alberga otras joyas de Da Vinci, como escritos y bocetos.
Usando una linterna especial, Saccani ilumina la superficie del dibujo para mostrar el daño, que se manifiesta en manchas de un color marrón rojizo o en marcas que aparecen en el antiguo papel."Este caso es particularmente malo", suspira. Hace 200 años era menos obvio, cuenta."En la parte inferior a la izquierda solía estar una inscripción escrita con tiza roja en latín que decía Leonardus Vincius, que ya desapareció completamente".
El daño es tan extenso y el papel tan frágil que, tras prolongadas discusiones, expertos de todo el mundo decidieron "mantener el statu quo".Desde que el dibujo está en este lugar, su condición dejó de deteriorarse.
"Eso nos reconforta. No hay que olvidar que tiene 500 años. Es un dibujo en papel ordinario, así que es extraordinario que todavía podamos ver esta obra maestra".


El tesoro del rey


Otro tesoro del rey: el "Retrato de una chica" de Leonardo da Vinci.                     

El autorretrato es parte de una vasta colección que el rey Carlo Alberto de Savoya compró en 1839. El rey era un coleccionista apasionado al que el comerciante de arte Giovanni Volpato le pidió la suma de 70.000 liras piemontesas por la colección."En esa época, un doctor ganaba 1.000 liras al año así que la suma era astronómica", explica Saccani.
"El rey logró que redujera el precio a 50.000 liras, pero aun así le tomó ocho años terminar de pagarle".Saccani agrega que aunque Volpato suena como un comerciante despiadado, no lo era."El objetivo de Volpato no era simplemente financiero pues, a cambio del descuento que le dio al rey, solicitó que le permitieran ser el curador de la colección de dibujos de la Biblioteca Real y nunca cobró por hacerlo".
Desde entonces, Turín ha sido el hogar del autorretrato en tiza roja.

¿De verdad es un autorretrato?

A pesar de que la mayoría de los expertos concuerdan en que la obra data de 1515, algunos creen que se corresponde más con el estilo de Da Vinci de la década de 1490. Y esa no es la única polémica.Hay expertos que dudan de que el dibujo sea efectivamente un autorretrato. "A él no le entusiasmaba mucho la idea de los autorretratos", dice James Hall, autor de "El autorretrato: una historia cultural", quien duda que el retrato haya sido dibujado por Da Vinci.
"No le gustaba mucho la idea de que una obra de arte fuera un retrato del artista. Quería que las obras de arte representaran un ideal". Para Hall, este dibujo se volvió famoso al menos en parte porque no hay autorretratos de Da Vinci.
 "La gente se aferra a este como si fuera la piedra filosofal". Pero otros son menos escépticos."Yo creo que es un autorretrato, pero cada quien puede decidir cuándo lo ve en persona", dice Liz Rideal, autora de dos libros sobre autorretratos y catedrática de la National Portrait Gallery de Londres. Señala que la mayoría de la gente cree que es un Da Vinci genuino "porque él tiene un estatus de superhombre... yo creo que reverenciamos la genialidad y por ello, si este es el autorretrato de un genio, queremos ver cómo se veía".

La leyenda de la genialidad contagiosa

Como director de la Biblioteca Real, Giovanni Saccani no tiene ninguna duda: "Es un autorretrato... cualquier persona que se para frente a este dibujo se queda sin habla".
"Lo primero que dicen es: 'me estremece'. El poder expresivo de su rostro está absolutamente conectado a una emoción y una habilidad que sólo Leonardo podía poseer".El autorretrato de Leonardo da Vinci es considerado tan valioso que hay un decreto de Estado de inmovilidad. Para moverlo del lugar en el que está hay que tener permiso ministerial. En 2011, el autorretrato fue expuesto cerca de Turín en la Reggia di Venaria Reale para celebrar el 150 aniversario de la unificación de Italia.



En 2011, el autorretrato fue expuesto cerca de Turín en la Reggia di Venaria Reale para celebrar
 el 150 aniversario de la unificación de Italia.                      

En las próximas semanas, 50 personas tendrán permiso de visitar la cava de la Biblioteca Real cada hora, desde las 09:00 hasta las 18:00 para ver el autorretrato.A pesar de que hay más de 80 obras maestras expuestas en la muestra "Los tesoros del rey" -entre ellas otras obras de Da Vinci, Rafael, Rembrandt, Perugino y Van Dyck, para la mayoría de los visitantes, el momento culminante será la oportunidad poco común de ver la cara del gran erudito del Renacimiento. Y al hacerlo, quizás tengan en mente otro mito: se dice que antes de hacer un examen, los estudiantes revisan sus lecciones en el lugar que está directamente sobre la bóveda en la Biblioteca Real.

La leyenda dice que si uno estudia cerca de la genialidad de Leonardo da Vinci se contagia.








Fuente BBC. Noviembre 1914

















martes, 4 de noviembre de 2014

WOODY ALLEN



Woody Allen: “De no ser tímido, habría tenido una vida mejor”

Joseba  Elola











Los chistes, la angustia existencial, el autoanálisis, la lucidez. Los pensamientos sombríos, los requiebros, la falta de esperanza, el buen humor. El cine de Woody Allen contiene todos estos ­elementos, Woody Allen se compone de todos ellos, y todos ellos aparecen a lo largo de esta entrevista que se celebra en un lujoso hotel de París. A punto de cumplir los 80 años, el viejo Allan Stewart Königsberg, mago de la palabra cinematográfica, reverenciado director y agudo comediante, autor de películas deslumbrantes como ManhattanAnnie HallZelig o Delitos y faltas, entre muchas otras, acude fiel a su cita anual con las pantallas, un compromiso del que no se ha apeado más que dos veces desde el año 1966. Una película al año. Su compulsión en la elaboración de largometrajes no tiene parangón. Y ya van 46 películas detrás de la cámara.
'Magia a la luz de la luna', su nueva entrega, la historia de un mago interpretado por Colin Firth que intenta desenmascarar a una médium (Emma Stone) en la Francia de los años veinte  llega después de una de las más aclamadas películas de su filmografía, Blue Jasmine. Allen se muestra en buena forma durante la entrevista. Cualquiera diría que va a cumplir 80. Sólo se incomoda cuando es preguntado por la acusación de su hija adoptiva Dylan Farrow, que afirma haber sido víctima de abusos sexuales cuando tenía siete años. A pesar de que el caso fue desestimado en 1993 por falta de pruebas, Dylan Farrow escribió el pasado mes de febrero una carta en The New York Times en la que volvía a acusarle. Sólo en lo relativo a esta cuestión Allen se revuelve en el sillón, sobrepone su argumentario sobre el enunciado de la pregunta y hace todo lo posible por evitar la cuestión.
El hombre que sueña con arañas, según confiesa, y cuya película favorita es Ladrón de bicicletas, del maestro De Sica, responde ligeramente repantingado en una butaca de la habitación 205 del hotel Le Bristol en el que botones con bonete acarrean paquetes por recepción como si siguiéramos en ese París de los años veinte que a Allen tanto le fascina. Habla con cierta lentitud, lúcido y pesimista. De vez en cuando, detrás de sus palabras, emerge su sonrisa de niño pillo.


Conversando con los actores en "Blue Jasmine" - un "tranvía llamado deseo" moderno

A través del mago Stanley Crawford, el protagonista de su nueva película, usted describe a un hombre que quiere escapar de la realidad para abrazar la magia. ¿Hace usted lo mismo? 

Sí, pero no podemos. A los dos nos gustaría que hubiera algo mágico en el universo, en la vida, pero, desafortunadamente, parece que lo que ves es lo que hay.

O sea, que es usted tan racional como el personaje.Totalmente.

¿Y qué supone esto en su vida? 

Significa que la mayor parte del tiempo estás deprimido, en vez de estar feliz. Es triste la condición del ser humano, tener que pasar por esto…
¿A qué se refiere? 

Vivimos en un mundo que no tiene sentido, ni propósito. Somos mortales, y todas las preguntas importantes… Para mí lo importante no ha sido nunca quién es el presidente de Estados Unidos, esas cuestiones van y vienen. Las preguntas importantes se quedan con nosotros y no tienen respuesta. ¿Por qué estamos aquí? ¿Qué estamos haciendo aquí? ¿De qué va esto? ¿Por qué es importante que envejezcamos, por qué morimos? ¿Qué significa la vida? Y si no significa nada, ¿de qué sirve? Esas son las grandes cuestiones que nos vuelven locos, no tienen respuesta, y uno tiene que seguir adelante y olvidarse de ellas.

Usted ha abordado todas estas cuestiones a lo largo de su filmografía. A medida que pasa el tiempo, ¿las afronta uno de un modo distinto? 

Alguna gente sí; alguna gente cambia. Yo no he cambiado lo suficiente; ojalá hubiera podido cambiar más. Hay gente cuyos puntos de vista se modifican según pasan las décadas. Empiezan creyendo en Dios y cuando son más mayores ya no creen porque la vida les ha desilusionado. A otros les pasa lo contrario, se hacen mayores y empiezan a creer en Dios porque su experiencia les lleva a la conclusión de que hay un poder superior, que hay algo más…

No es su caso.

 No, yo no creo. Tengo una visión pesimista y realista de las cosas. Como Colin Firth en esta película, creo que lo que ves es lo que hay.

En un momento dado de la película, el personaje interpretado por Emma Stone dice algo como: “Todos necesitamos mentiras para poder vivir”. ¿Necesitamos mentiras para vivir?

 Sí; Nietzsche lo dijo; Freud lo dijo; Eugene O’Neill lo dijo en una de sus obras. Necesitamos espejismos, la vida es demasiado terrible de afrontar y no podemos afrontar la verdad de lo que es la vida porque es demasiado horrible. Cada ser humano posee un mecanismo de negación para sobrevivir. La única manera de sobrevivir es negar, ¿negar el qué?: negar la realidad. La vida es una situación tan trágica que solo negando la realidad sobrevives.

¿Siempre le pareció tan trágica la vida?

 Sí, desde que fui capaz de pensar, desde que tenía cinco años, siempre me pareció tremendamente trágica.

¿Por qué?

 Porque pude ver lo que era desde una edad temprana. Pude ver que naces, que no sabes por qué naces, que vives un número de años, impredeciblemente, puedes morir en cualquier momento, puedes morir a los 5 años o a los 15 o a los 50, nunca vas a sentirte seguro y relajado, siempre tienes que estar alerta; e incluso con esto, finalmente, vas a morir; estás condenado a muerte desde el nacimiento; consigues una pena de muerte en el instante en que naces, así que ¡muchas gracias! ¿Y todo para qué?

Usted viene haciendo una película al año desde 1966, con dos excepciones. ¿Cómo lo hace? 

No se debe confundir la cantidad con la calidad. He estado sano, gracias a Dios, y sigo trabajando, es agradable. Pero esto no dice nada de la calidad de las películas. Si me dijera que he estado haciendo grandes filmes, uno tras otro, desde 1966, eso sería un logro.

Bueno, de hecho es algo por lo que se le critica: por hacer muchas películas y, tal vez, no tan buenas como las que rodaba en los años setenta. ¿Qué opina sobre esto?



No pienso nada, no significa nada para mí. Hay gente que me dice que Match PointMidnight in ParisVicky, Cristina, Barcelona y Blue Jasmine son las mejores películas que he hecho en mi vida. ¿Qué más da lo que piense la gente? Da igual.

Y usted ¿qué piensa? He leído que es tan perfeccionista que cada vez que ve una de sus películas, no le gusta. ¿Está especialmente orgulloso de alguna de ellas? 

Oh, sí; creo que he hecho algunas películas buenas; no, grandes películas, pero sí películas buenas.

¿Cuáles serían esas para usted? 

La rosa púrpura del Cairo es una buena película; Zelig, también; Balas sobre Broadway
¿Qué hace que una cinta sea buena? 
Para mí una buena película es cuando estoy en casa, tengo una idea, la escribo, la filmo, la monto, le pongo la música y digo: “¡Salió como yo quería, es exactamente lo que quería!”












Tengo entendido que cuando usted rodó Manhattan, no le gustó nada e incluso ofreció a United Artists rodar una de forma gratuita si no la exhibían. 

Sí, no estaba contento cuando acabé Manhattan porque no conseguí lo que quería. A la gente le gustó, fenomenal, pero no es lo que yo quería. Lo mismo me pasó conHannah y sus hermanas, que tuvo mucho éxito, pero no para mí.

Más de una vez ha dicho usted que rodar es una manera de escapar de sus ansiedades.

Sí, me permite no pensar en cuestiones sombrías. Pienso en si podré contratar a Emma Stone para la película, o a Colin Firth; si deberé rodarla en el sur de Francia o en Boston. Esos problemas triviales se pueden solucionar, y si no se solucionan, nadie me mata; si todo sale mal, mal, mal, el resultado es, simplemente, que tengo una mala ­película. Los otros problemas, los que no puedo resolver, sí que me matan.

Entre esos problemas estará, supongo, lo ocurrido este año con su hija adoptiva Dylan Farrow, que le habrá afectado…

No, yo compartimento muy bien las cosas.

¿No le afecta? 

Yo sólo trabajo, no leo lo que dicen sobre mí en la prensa, nunca leo las críticas de mis películas, ni veo mis películas. No he vuelto a ver Toma el dinero y corre desde 1967, cuando la rodé… Yo solo trabajo; es lo único importante para mí; ni los premios, ni las críticas, ni las cuestiones financieras… No leo lo que se publica de mí en la prensa; sea bueno o malo, críticas…
Sí, pero esta vez tuvo la necesidad de escribir en The New York Times su versión de los hechos… 

Sí, tuve que corregir algo.

Se trata de una acusación de abusos sexuales… 

Tuve que corregir algo y lo hice. Lo escribí rápido,no me llevó más de una hora. Y eso fue todo.

En Woody Allen: un documental, realizado en 2011, gente que trabajó con usted le describía como una persona tímida, un poco adolescente, hipocondriaco, lleno de fobias. ¿Es así?

 Hasta cierto punto. No estoy lleno de fobias, tengo algunas. No voy por túneles, soy claustrofóbico. No soy un hipocondriaco; más bien un alarmista: no imagino que estoy enfermo, pero si veo una cosa pequeñita aquí, una picadura de mosquito, pienso que es un tumor cerebral. Tengo ­peculiaridades, pero no son peligrosas… Tímido… Sí, siempre luché contra esto. Ojalá no hubiera sido tan tímido, hubiera tenido una vida mejor si no llego a serlo.

Ha rodado la mayor parte de sus últimos largometrajes en Europa. ¿Lo ha hecho para poder mantener su independencia?

No. Fue por cuestiones de financiación, al principio. Siempre he sido independiente, siempre he tenido el corte final, nunca, nunca, nunca han tocado mis películas, desde la primera que rodé.

¿Siempre ha sido libre?

 Completamente, libre al 100%.

¿Tuvo esto algún coste para usted? 

Mientras mis películas no salgan muy caras, les da igual lo que haga. Tuve problemas para conseguir dinero y me propusieron que si hacía Match Point en Londres, me la financiaban, así que fui y me gustó. Luego llamaron de España para que hiciera una película en Barcelona.



¿Qué recuerda de aquellos días en Barcelona?

Me encantó, tuve una gran experiencia. Me encanta España en general. Mi mujer y yo lo pasamos muy bien allí. Vivimos en Barcelona una temporada, toqué mucho jazz. Me encantó Madrid cuando fui, San Sebastián… Y Oviedo me volvió loco: si alguna vez tuviera que jubilarme, Oviedo sería el sitio.

¡Vaya! 

Es precioso, me encanta el tiempo, las comidas, la gente… Y en Barcelona estuve varios meses; con Scarlett Johansson, con Javier Bardem, con Penélope Cruz, lo pasé muy bien.

Suele usted decir que en Europa le consideramos un intelectual porque lleva gafas de pasta, pero que en realidad no lo es… 

Sí, eso es lo que la gente piensa de mí.

O sea, que usted no es un intelectual.
No soy un intelectual, pero la gente piensa que lo soy porque tengo el aspecto que se atribuye a los intelectuales. Pero estos no tienen un aspecto especial; tienen el mismo que los levantadores de pesas o que los jugadores de béisbol… Hace años, si leías mucho, se te estropeaba la vista, y si llevabas gafas era porque leías mucho, porque eras una persona de libros. Pero yo no soy un intelectual.

Acostumbra usted a contar que lo que le gusta es beberse una cerveza viendo un partido de béisbol…

 Sí, no soy un intelectual. Me gusta tocar jazz; me gusta ver baloncesto, béisbol, fútbol americano, tenis, me gustan los deportes… No son actividades de intelectual.

Después de venir tanto a Europa para sus películas, ¿no echa de menos Nueva York, como ciudad, para rodar?

No, no demasiado. De vez en cuando me gustaría hacer una película en Nueva York, porque estoy loco por la ciudad de Nueva York, pero no es que me vaya a Sudán o a Libia a rodar; voy a hacer películas a Barcelona, Londres,París, Roma…

Sí, y se dice que sus películas son muy turísticas…

Ah, sí, para mí las ciudades son personajes vivos, como Nueva York. El lugar en el que estoy es muy importante para mí, soy muy de ciudad y me gusta que el público sienta la ciudad como yo la siento. Con Nueva York me solían decir lo mismo, que no era tal y como yo la retrataba

Eso le dijeron cuando hizo Manhattan… 

Sí, y dije que me daba igual. Soy un artista, no soy un periodista; te muestro cómo siento Nueva York, mis impresiones de la ciudad, lo mismo con Barcelona y con Roma… Yo voy a esas ciudades como turista, soy un turista en Roma, soy un turista en Barcelona, y las veo desde los ojos del turista que se enamora de ellas. Como turista, no me enamoro de todas las ciudades a las que voy, he viajado por toda Europa. Pero he tenido un sentimiento muy apasionado en las ciudades en las que he rodado.

Sigue usted sin acudir a la entrega de los Oscar. ¿Por qué? 

No soy una persona de premios. Se puede decir cuál es la película favorita de uno, pero no cuál es la mejor película. ¿Quién puede decir eso? Son valoraciones personales, no significan nada. Para los Oscar, la gente hace campaña y gasta millones de dólares para comprar esos premios.

En otro orden de cosas, señor Allen, ¿a usted qué le preocupa del mundo en el que vivimos, del rumbo que ha tomado nuestra civilización? 

Soy muy pesimista porque el problema del mundo es que depende de la gente. Si miras la historia, ves que la gente no ha hecho un buen trabajo administrándolo, cuidándolo, viviendo en él. No tengo muy claro que el mundo vaya a sobrevivir; no hay muchas razones para el optimismo en estos momentos, tal vez en unos años haya mejores perspectivas.

¿No encuentra usted ningún motivo para la esperanza?

Bueno, hay una porción de la gente que es agradable. Pero o no hay suficiente, o son demasiado pasivos, o la tarea es abrumadora; o los malos tienen más ambición y energía. Pero es difícil hallar un punto luminoso en la historia de la humanidad.

¿La gente, en general, no es buena?

La gente, en general, está asustada. Y cuando están asustados, actúan equivocadamente, se comportan mal. Es la condición humana, la trágica condición de la existencia, la gente está ansiosa y asustada, no tiene nada en lo que creer, ni tiene esperanza, y la vida es muy complicada, y se comportan mal. Si mañana quedara claro que la vida tiene sentido, o que hay un dios en el universo, seguro que la gente actuaría mejor, y la situación cambiaría para mejor radicalmente. No es que la gente sea inherentemente mala, es que tiene miedo y por eso se comporta mal.

¿Lo tiene usted? 

Yo estoy tan asustado como los demás, más que la mayoría; y soy una de las personas que se comportan decentemente a pesar de todo. Hay gente así, pero no demasiada.

Al ritmo que sigue rodando, no parece que tenga usted pensado retirarse del cine. 

No tengo planes de retirarme en estos momentos. Pero puedo volver a mi habitación y me puede dar un infarto y quedar mal, y entonces me retiraría. Si la salud aguanta, si estoy sano y la gente quiere poner dinero para mis películas, no me retiraré. Si enfermo o la edad me ralentiza de un modo que me avergüence, o no consigo dinero para mis películas, pues me retiraré.
Y a estas alturas de la vida, usted ¿qué quiere?

 No lo sé. Dos camareras de cócteles de 20 años.

¿Nada más?

 ¡No necesito nada más!

¿Nada más?

No, ¡estoy en forma!









lunes, 3 de noviembre de 2014

POEMA







Envíame una carta

Blanca Sarasua










Envíame una carta, aunque se pierda.
Envíame unas velas encendidas, no sé,
un monte, por ejemplo, que me mire desde arriba.

Envíame sonatas, pergaminos,

capiteles corintios que apuntalen
esta luz de la tarde que resbala.
Algo de Brahms, el mar y su epicentro.
Banderas sin mancharse de colores,
que se puedan pintar como se quiera.
Y sobre todo aire, sin cauces, aire suelto.
De momento, la carta, aunque se pierda.