domingo, 10 de abril de 2016

PARAÍSOS...FISCALES.






Panamá Papers.










"Mucho de ello es legal y ese es precisamente el problema". Así reaccionó el presidente de EE.UU., Barack Obama, al escándalo por la filtración de los llamados Panamá Papers.

Estos documentos de la empresa panameña Mossack Fonseca han puesto al descubierto las maniobras de ricos y poderosos de todo el mundo para ocultar dinero y evadir impuestos. También han obligado a reconsiderar la campaña de los países desarrollados para restringir las operaciones de los paraísos fiscales liderada por EE.UU. y Reino Unido.  Ambos gobiernos han prometido anunciar nuevas medidas durante una cumbre internacional sobre corrupción que tendrá lugar en Londres en mayo. 
 Pero el problema, advierten distintas organizaciones internacionales dedicadas al tema, es que los denominados centros financieros offshore no se encuentran únicamente en pequeñas islas con hermosas playas."Hay un doble rasero. Muchos de los países desarrollados alojan o apoyan jurisdicciones en las que el secreto o la falta de transparencia es grande",  dice  Alex Cobham, de Tax Justice, una red internacional para la justicia fiscal con sede en Londres.  Obama citó en una ocasión el caso de Ugland House, un edificio en las islas Caimán (emblema de los paraísos fiscales) en el que tienen domicilio 18.000 compañías que sirven de fachada para operaciones financieras dudosas. Sin embargo  el presidente de EE.UU. tiene en sus propias fronteras a Delaware, un pequeño estado en la costa este, muy cercano a Washington DC, que es sede de 945.000 firmas –casi una por habitante–, muchas de ellas denunciadas como empresas fantasma.  No sorprende entonces que, en el más reciente ranking de Tax Justice sobre los países con más secreto financiero en el mundo, EE.UU. tenga un puesto destacado.
Suiza y...
Para elaborar su clasificación, Tax Justice creó un sistema de puntaje de 0 a 100
Los países desarrollados con más secreto financiero.

(Puesto que ocupan en el ranking)*
1  Suiza
3 EE.UU.
6 Luxemburgo
8 Alemania
12 Japón

Este refleja la cantidad y calidad de las leyes o regulaciones que favorecen la reserva en las transacciones financieras por parte de individuos o compañías, además de la participación de cada nación en las exportaciones financieras a nivel global (dato obtenido de fuentes oficiales).
Es decir que el ranking mide grado de secreto, pero también la escala de las operaciones."Por eso países como Alemania figuran arriba en el ranking", apunta Cobham. "Si no, siempre hablaríamos de lugares pequeños como las Islas Vírgenes". Según Tax Justice, entre las diez primeras naciones de la lista figuran varios países desarrollados (algunos de ellos fervientes opositores a los paraísos fiscales).
Suiza (1), con 73 puntos, encabeza la clasificación con su tradicional y casi inviolable secreto bancario, si bien recientemente –bajo presión internacional– ha hecho algunas concesiones al identificar titulares de cuentas en medio de investigaciones internacionales sobre evasión fiscal.  El Reino Unido figura en el puesto 15, con 41 unidades, pero este país también podría estar en la pole position:   "Si se contaran todos los centros financieros offshore que dependen de la corona británica (como las islas Caimán y Vírgenes) y que hacen negocios permitidos con la City de Londres, Reino Unido probablemente tendría el mismo nivel de secreto financiero que Suiza", afirma Cobham.  "Pero como son territorios que se autogobiernan, es difícil decirlo".
Con 72 unidades, Hong Kong (2), ex colonia británica y hoy región administrativa especial de China, sigue de cerca a los suizos en la clasificación.   Según Tax Justice, Hong Kong es motivo de "gran preocupación". "El control que ejerce Pekín sobre esta jurisdicción la ha apartado de las iniciativas globales por una mayor transparencia", dice.  Hong Kong, por ejemplo, sigue permitiendo las llamadas acciones al portador, que facilitan el movimiento de fondos sin que se conozca quién es dueño del dinero.

Estados Unidos, bien arriba

EE.UU. (3) se ubica en podio del ranking, algo que puede sorprender a muchos pero no a algunos. "Nos inquieta este país y por varias razones":  "Estados como Delaware, Wyoming, Nevada y Arizona tienen regulaciones que favorecen el secreto financiero y, por el carácter federal de EE.UU., han logrado resistirse a las reformas impulsadas por el presidente Obama".  Estos distritos aseguran que no hacen nada ilegal, pero las dudas persisten. De hecho, hay quienes se preguntan si el hecho de que los Panamá Papers nombren a muy pocos estadounidenses no se debe a que los ricos y poderosos de EE.UU. no necesitan irse del país para esconder activos.  En la nómina de Tax Justice siguen Singapur (4), con 69 puntos, y uno de los sospechosos de siempre, Islas Caimán (5), con 65.  Tampoco extraña la inclusión de Luxemburgo (6), con 55 unidades, que compite con Suiza en cuanto al nivel de secreto bancario.  Líbano (7), con 79 puntos, representa a Medio Oriente en la lista, al igual que Barhéin (9), con 74.

Alemania, sin secreto pero...

Sin embargo, la incorporación de Alemania (8), con 56 puntos, sí llama la atención.  La mayor economía de Europa, que tiene en Fráncfort un inmenso centro financiero, no cuenta con secreto bancario.  "Sin embargo, hay elementos que no favorecen sino que conspiran contra la transparencia de las operaciones financieras", Cobham se refiere a determinadas estructuras corporativas como las empresas Treuhand (o de fideicomiso).  "Estas firmas hacen difícil saber quién es el propietario de dinero enviado al exterior", explica. Y este no es un detalle menor.  En su libro "Alemania, paraíso fiscal", el investigador de temas fiscales Markus Meinzer calculó que, tan sólo en 2013, los fondos que eludieron el pago de impuestos por medio de estructuras como las Treuhand alcanzaron los US$3,4 billones.

"Dinero sucio"

Alemania, pues, figura entre los diez países con más secreto financiero en el mundo, según Tax Justice.  Pero Panamá, que está en el centro de la controversia por los millones de documentos filtrados de Mossack Fonseca, sólo ocupa el puesto 13.  El propio Ramón Fonseca, irritado por el hecho de que su empresa y el país centroamericano sean vistos con tanta sospecha, apuntó su dedo acusador a las naciones ricas.  "Les aseguro que hay más dinero sucio en Nueva York, Miami y Londres que en Panamá", dijo en una entrevista que le concedió al New York Times.   Con lo que atizó una controversia que no ha dejado al margen a casi ningún rincón del planeta y a la que ningún gobierno (sea de país desarrollado o no) parece inmune.



*Fuente: Tax Justice






"Las revelaciones del Panamá Papers confirman el fenómeno de WikiLeaks y constituyen el principio del fin del secretismo. En mayo el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación pondrá ante los ojos de la opinión pública mundial todos y cada uno de los documentos sobre 240.000 sociedades ya identificadas por sus vínculos políticos, por ser corporaciones bajo sospecha o por realizar actividades non sanctas." Levantan el cepo judicial y hay un tsunami político. (Fragmento) Jorge Fernández Díaz. La Nación, Buenos Aires.

http://www.lanacion.com.ar/1887924-levantan-el-cepo-judicial-y-hay-un-tsunami-politico




"Fue un hackeo"
Ramon Fonseca, uno de los fundadores de Mossack Fonseca, dijo que su bufete no sufrió filtración interna, sino que fue hackeado.  El abogado panameño le dijo a la agencia Reuters que se trató a un robo de documentos hecho por "hackers externos" y no a una filtración por parte de sus empleados.  Agregó que la firma ya presentó una denuncia ante la fiscalía local por el robo de documentos. "Tenemos una teoría", declaró. "Descartamos el trabajo interno, no es un leak (filtración). Es un ataque", dijo.
Para hacerse una idea de la magnitud de la filtración, si los documentos filtrados por WikiLeaks fueran la población de la ciudad estadounidense de San Francisco, los Panamá Papers equivaldrían a la población de India. Los documentos superan los 2.6 terabyes de información, en 11,5 millones de documentos del bufete Mossack Fonseca, y abarcan un período que va desde la década de 1970 a la primavera de 2016 e involucran a 214.000 entidades diferentes.
"La fuente no quería recompensa económica ni ninguna otra cosa a cambio, excepto algunas medidas de seguridad", explican en un artículo publicado en el Suddeusche Zeitung Obermaier y sus colegas. Pero para poder procesar la inmensa cantidad de información, el diario alemán compartió los documentos con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés), lo que permitió que un equipo de cerca de 400 periodistas de 107 medios de comunicación de 76 países, incluida la BBC, trabajaran con los archivos.
Una base de datos inmensa
Millones de correos electrónicos, contratos, transcripciones y documentos escaneados componían el grueso de la información suministrada. Los periodistas y la fuente compartieron los archivos a través de un programa de ciberseguridad, Nuix, para analizar la cuantiosa documentación. Para ello utilizaron un proceso tecnológico, conocido como reconocimiento óptico de caracteres (OCR, en inglés), que les permitió organizar los archivos encriptados, convirtiendo imágenes en textos digitales. De esta manera, lograron agilizar el proceso.  Los expertos del ICIJ*, por su parte, crearon un motor de búsqueda que contenía dos factores de autenticación, y compartieron la URL a través de emails encriptados con decenas de medios de comunicación en distintos países.  La tecnología permitía, además, mantener conversaciones en tiempo real, de manera que los periodistas pudieran intercambiar consejos e información en diferentes idiomas. Después de más de un año de trabajo, los primeros artículos empezaron a ser publicados el pasado domingo.
El resto ya es historia.


*https://www.icij.org/




sábado, 9 de abril de 2016

FILTRACIONES.




Filtraciones a través de la historia: desde Esparta hasta los Panamá Papers

Paul Moss 






La historia está llena de documentos secretos que fueron filtrados públicamente, desde el mensajero 
que se atrevió a abrir un sello real. 





Se puede decir lo que quiera acerca de la reciente oleada de filtraciones, pero no que ellas dieron lugar a que le aplasten los testículos a alguien.
Tampoco, hasta donde sabemos, nadie fue encerrado en un templo hasta que murió de hambre.  Edward Snowden y Julian Assange no son universalmente populares, pero incluso sus críticos más severos no han insinuado que sus acciones provocaran una revuelta militar o causado que políticos sean transportados desde su cámara de debates para ser estrangulados por la multitud.  Sin embargo, todos estos horrores sí sucedieron durante la larga y, a menudo, violenta historia de las filtraciones.

Esparta

Tomemos esa hambruna forzada en un templo, por ejemplo.
Esto sucedió en Esparta alrededor del año 470 antes de Cristo como consecuencia directa de una información que fue filtrada.  El general espartano Pausanias envió un mensaje para el rey persa a través de uno de sus esclavos.
Presintiendo que había algo sospechoso, el esclavo, Argilios abrió la carta y se encontró que Pausanias se ofrecía para apoyar a los persas si invadían Grecia.  Además, el general sugirió que los persas maten al "mensajero" para mantener el secreto.  Comprensiblemente agraviado por el carácter de su encargo, Argilios decidió filtrar la carta a las autoridades espartanas.
Persia era el "enemigo mortal" de Grecia, por lo que las acciones del general Pausanias no fueron vistas como algo menor a una traición.   Por eso terminó tapiado en el templo de Atenea sin ningún tipo de alimentos como forma de castigo.  Los registros indican que su propia madre se unió a los ciudadanos enojados que se aseguraron de que no pudiera escapar.

Roma

En la antigua Grecia la política era un asunto relativamente abierto, pero la civilización romana, por el contrario, estuvo llena de complots e intrigas en sus últimos años.  Y una buena cantidad de filtraciones también, según el historiador Tom Holland.   "Había una forma muy intensa de batalla política, absolutamente en la escala de la nuestra hoy en día", señala el experto. "Se ven filtraciones siendo utilizadas por los aspirantes a políticos favoritos para destruir a sus rivales", añade.
 Quizás la filtración más famosa de la época romana fue la pila de documentos que aparecieron frente a la puerta de Cicerón, cónsul del Senado romano y un destacado filósofo y orador de su tiempo.  En el año 63 antes de Cristo, Cicerón estaba convencido de que el senador Catilina estaba planeando un golpe de Estado, pero no pudo demostrarlo.  Lo que encontró en su puerta era una colección de cartas de los aliados de Catilina, con todos los detalles de la trama.  Nadie nunca descubrió quién filtró esta evidencia crucial, pero con estas cartas en el recinto del Senado, Cicerón fue capaz de convencer a sus colegas que la República romana estaba bajo amenaza.  Tal vez como una recompensa por su detectivesca labor, Cicerón pudo supervisar personalmente la ejecución inmediata por estrangulamiento de todos los conspiradores.

Los otomanos

El Imperio Romano perduró durante siglos, su ala oriental sobrevivió como Bizancio hasta 1453, cuando cayó víctima de los otomanos. La suya era una civilización conocida por su tolerancia.  Un imperio multinacional y multiétnico con un alto grado de lo que podría ser llamado hoy como movilidad social donde incluso un esclavo o un eunuco podrían subir en la jerarquía.  Sin embargo, había un ámbito en el que los otomanos fueron famosamente severos y era el valor que le brindaban a los secretos.  Muchos sultanes empleaban sordomudos a su alrededor para evitar que se propague cualquier información sobre ellos y sus acciones.   El sultan Osman II (1604-1622) tenía más razones que la mayoría para temer filtraciones.   Había decidido acabar con la unidad militar de élite conocida como los jenízaros porque temía que se volviera demasiado poderosa.  De alguna manera, sin embargo, esta información se filtró y  su propio visir fue señalado como la fuente.  Cuando los jenízaros se enteraron, irrumpieron en el palacio de Topkapi, en Estambul, y Osman II fue a quien le tocó soportar que le aplastaran los testículos antes de morir.

Tiempos modernos

Mientras el imperio Otomano iba en declive, el advenimiento del periodo moderno en el siglo XIX le daba un nuevo aliento al arte de las filtraciones. Ahora existía la posibilidad de que la información filtrada pueda llegar a públicos más amplios en lugar de limitarse a las personas directamente afectadas.
John Nugent, del New York Herald, es reconocido por una de las primeras grandes primicias que procedieron de una filtración.   En 1848 recibió detalles secretos de un tratado para poner fin a la guerra entre los EE.UU. y México.
Su decisión de publicar los detalles del acuerdo lo llevó a recibir amenazas de encarcelamiento de senadores indignados, quienes lo tuvieron cautivo durante casi un mes.   Bien podría haber valido la pena, dado que Nugent fue posteriormente ascendido a dirección editorial del periódico.   Este caso sentó un precedente que persiste hasta el día de hoy, de acuerdo con Pablo Lashmar, profesor de periodismo en la Universidad de Sussex (Brighton, Reino Unido) y antiguo periodista de investigación.
Los reporteros que consiguen filtraciones tienden a ser recompensados, dice Lashmar, ya sea con la promoción, un aumento de sueldo o al menos con prestigio profesional adicionales incluso si a veces se enfrentan a amenazas de cárcel o algo peor a lo largo del camino.
"Pasábamos largas horas en los bares cultivando a las fuentes. Podía ser ser un oficial de policía, un funcionario público o alguien en el departamento de contabilidad de una empresa. Nos pasaban un sobre eso era genial", recuerda el veterano periodista.

Tecnología

El advenimiento de la tecnología de vigilancia hizo que este tipo de filtraciones sea cada vez más menos frecuente, según Lashmar.  Cualquier persona con un teléfono móvil puede tener sus movimientos rastreados o puede ser captado por cámaras de seguridad.  Lashmar señala que los funcionarios públicos se han vuelto mucho más recelosos de juntarse con periodistas para que no sean castigados por su indiscreción. Lo que sustituyó al sobre marrón de estilo antiguo es la filtración en masa.  El tipo de tesoro lleno de datos como en los Panamá Papers, con millones de documentos transmitidos de una sola vez y es la nueva tecnología la que hizo esto posible, por supuesto.

Los primeros grandes filtraciones como los documentos del Pentágono, que revelaron secretos sobre las operaciones de Estados Unidos en Vietnam, tuvieron que ser fotocopiado a mano, una página tras otra.
Ahora los registros enteros de un departamento de una empresa o el gobierno pueden ser cargados en una tarjeta de memoria con un solo clic en una computadora. La periodista y activista, Heather Brooke, manejó varias filtraciones en su tiempo y cree que este nuevo tipo de fugas digitales en masa llegó para quedarse.   "Es muy difícil defender la información digital y es muy fácil de atacar", cree ella.   Brooke argumenta que aquellos que almacenan información digital tienen que culparse a sí mismos si los datos terminan en el dominio público.   "Estamos en un momento en que todo el mundo quiere guardar todos los bloques de datos que pueda y guardarlo para siempre. Están creando un tarro de miel para los piratas informáticos, los empleados descontentos y para cualquier persona que quiera hacer filtraciones", indica Brooke.  Hemos recorrido un largo camino desde los días en los que un mensajero esclavo podía causar estragos en Esparta con sólo abrir una carta, sin embargo, la misma asimetría persiste y tal vez esté acentuada.

La información es poder y, en esta primera parte del siglo 21, la información también es omnipresente.  Desde el soldado raso del Ejército de Estados Unidos, Bradley Manning, al experto contratista en inteligencia, Edward Snowden, hemos visto a figuras de rango relativamente bajo tener en sus manos información y luego revelarla dejando a los de arriba profundamente comprometidos.
Ahora, más que nunca, al parecer, la filtración es más poderosa que la espada.





BBC. La versión original de esta nota (en inglés) aquí.





viernes, 8 de abril de 2016

GIORDANO BRUNO.



El filósofo de la astronomía

David Barrado Navascués





Estatua erigida en memoria de Giordano Bruno, en Roma.






Ser consistente ha sido siempre complejo y en medio de la vorágine del acelerado mundo actual, parece casi imposible. Sin embargo, hay grandes ejemplos históricos de consistencia que han permitido consolidar nuevos paradigmas científicos.
En el Valhalla de los héroes de la ciencia se encuentra en un lugar especial Giordano Bruno. A quien podemos llamar "mártir", ya que pagó con su vida la osadía con la que interpretó la realidad, oponiéndose a una ortodoxia coercitiva y, finalmente, violenta. Entre sus frases más célebres se encuentran las siguiente afirmaciones, sobre la posibilidad de mundos fuera del Sistema Solar, dentro de la obra “De L’Infinito Universo E Mondi” de 1584:

"Y semejante espacio lo llamamos infinito, porque no hay razón, capacidad, posibilidad, sentido o naturaleza que deba limitarlo. En él existen infinitos mundos semejantes a éste y no diferentes de éste en su género, porque no hay razón ni defecto de capacidad natural (me refiero tanto a la potencia pasiva como a la activa) por la cual, así como en este espacio que nos rodea existen, no existan igualmente en todo el otro espacio que por su naturaleza no es diferente ni diverso de éste". Giordano Bruno, (diálogo quinto)

"Existen, pues, innumerables soles; existen infinitas tierras que giran igualmente en torno a dichos soles, del mismo modo que vemos a estos siete (planetas) girar en torno a este sol que está cerca de nosotros.", Giordano Bruno (tercer diálogo).

Desde el descubrimiento de los primeros planetas fuera del Sistema Solar que orbitan alrededor de estrellas de tipo solar (Mayor y Queloz 1995) ha habido una verdadera eclosión de descubrimientos que han cambiado totalmente el paradigma existente, de reminiscencias antropocentristas. La ecología exoplanetaria se ha ido diversificando y se han encontrado muy diversos nichos: desde planetas gigantes gaseosos hasta otros de tamaño similar a la Luna, en órbitas muy próximas a las estrellas u orbitando alrededor de estrellas binarias. La búsqueda y caracterización, incluyendo las propiedades de sus atmósferas y evolución, continúa actualmente. En todos estos descubrimientos la voz de Giordano Bruno sigue resonando.


Quién fue Giordano Bruno


Bruno vivió durante la segunda parte del sigo XVI, de 1548 hasta 1600. Nació pues cinco años después de la publicación de “De revolutionibus”, obra en la que Nicolás Copérnico exponía su teoría heliocéntrica, y en la que por primera vez después de casi 2000 años se desplazaba a la Tierra de su posición central. Se conoce una experiencia que habría marcado a Bruno con una corta edad: una excursión al Vesubio, el imponente volcán que domina la bahía de Nápoles. Al ver cambiar el horizonte según ascendía, se percató de que los sentidos nos pueden engañar, tal vez facilitando que posteriormente adoptase posiciones neoplatónicas como marco filosófico para interpretar la realidad.  En cualquier caso, por sus tratados y las problemáticas a las que se enfrentó, se le ha llamado el filósofo de la astronomía.
Perteneciente a la orden religiosa de los dominicos, sus referencias intelectuales fueron Raimundo Lulio o Ramon Llull y Tomás de Aquino, quien vivió en el mismo monasterio donde Bruno pasó su noviciado. En el convento probablemente nunca se sintiera cómodo, debido a la rutina y a la disciplina, y es incluso posible que se acercase o que se convirtiera al protestantismo en algún momento de su vida.
Al contrario que Copérnico, que retrasó la publicación de su teoría casi 40 años, tal vez temiendo la reacción de la intelectualidad o de la Inquisición, Giordano Bruno llegó con su imaginación donde el polaco nunca soñó alcanzar. Nunca cómodo, se convirtió en un peregrino que vagaría por numerosos países europeos divulgando sus ideas.
Así, abandonó su Nápoles natal para pasar a Roma, aunque no permanecería mucho tiempo allí. En los países protestantes se percató de que podía ser un personaje incómodo, reconociendo así que la intolerancia era la señal de los tiempos (Ginebra, dominada por Calvino, por donde pasó, fue un claro ejemplo). Intolerancia presente incluso en las tierras en las que la reforma religiosa había facilitado, hasta cierto punto, la especulación y la extensión de la educación a capas más amplias más allá de la élite. Tras pasar por Francia,  Bruno llevaría a Inglaterra el heliocentrismo copernicano, llegando a realizar una célebre justa verbal en la universidad de Oxford en 1584, donde no consiguió ningún converso hacia sus posiciones teológicas o intelectuales.
Giordano Bruno volvió a la península italiana después de fracasar en su búsqueda de una posición permanente en los estados germánicos y la protección de alguno de sus príncipes. Y lo que iba a ser una estancia temporal para imprimir sus obras, terminaría con nueve años de cárcel, un juicio y la hoguera.
Heterodoxo siempre, terminaría entrando en conflicto con la Signoria veneciana, a la que sería denunciado por un seguidor celoso, Giovanni Mocenigo. A pesar de sus interpretaciones de las escrituras cristianas, en la acusación apenas hubo cabida para la teología y entre las numerosas acusaciones destaca su teoría de universo ilimitado y la infinitud de mundos.
Bruno, como Galileo Galilei, abjuró ante la presión del proceso. Sin embargo, volvería a defender sus posiciones iniciales incluso ante la posibilidad de tortura. Como en el caso de Galileo en 1616, detrás del juicio y como examinador de sus creencias, se encontraba Roberto Belarmino. Este cardenal jesuita sería el responsable de que se condenase la teoría de la movilidad de la Tierra alrededor del Sol y se prohibiese a Galileo difundirla, salvo como hipótesis matemática.
Trasladado a Roma, sería condenado y "relajado" a la autoridad civil (esto es, cedida su custodia para proceder a su ejecución). Ardió en la pira el 17 de febrero del último año del siglo XV.


La confirmación final: Galileo y James Bradley

Aunque no fue un científico propiamente dicho, su visión fue realmente inspiradora y su fama tuvo un reconocimiento pan-europeo. A pesar de la ejecución pública de Giordano Bruno, Galileo, que nunca fue un héroe y dudó al comienzo de su carrera de exponerse públicamente (y así se lo comunicaría a Johannes Kepler en una de las escasas misivas que le envió), terminó por impulsar la teoría heliocéntrica después de realizar descubrimientos extraordinarios al usar por primera vez el telescopio para fines astronómicos a partir de 1609. Afortunadamente para él, aunque sería condenado por sus posiciones intelectuales y por la reinterpretación teológica basada en la ciencia en un juicio plagado de fraudes, esquivó la pena máxima y quedó confinado bajo arresto domiciliario en 1633. En cualquier caso, la caja de Pandora ya estaba abierta: la revolución científica se había iniciado.
El movimiento de la Tierra sería demostrado por James Bradley en 1729, mediante un fenómeno conocido como aberración de la luz, debido a la combinación de la velocidad de la Tierra con la velocidad finita de la luz.
De hecho, no sería Giordano Bruno el primero en especular sobre esta posibilidad. Desde Anaximandro de Mileto, un erudito pre-socrático que vivió aproximadamente entre los años 610 y 547 antes de la era común, han sido bastantes intelectuales los que han sabido escaparse del la convención aceptada, del antropocentrismo explícito en la interpretación del cosmos y de nuestra posición en él.

Sea como sea, Giordano Bruno ha quedado en la memoria colectiva como un intelectual que fue capaz de defender sus creencias incluso pagando la pena máxima por ellas. Sin ser necesario llegar hasta ese punto, no deja de ser un ejemplo de consistencia. Y, como en tantos ámbitos, prueba palpable de que los descubrimientos actuales son herederos directos de la ciencia humanista característica de los siglos XV y XVI, una actitud ante la realidad que debería ser recuperada.











jueves, 7 de abril de 2016

TENGO UN SUEÑO






Tengo un sueño

Rosa Montero












Sueño que un día no muy lejano, los humanos aceptemos la total continuidad orgánica que nos une con el resto de los animales y seamos capaces de actuar en consecuencia. Que respetemos sus derechos; que no los torturemos, esclavicemos y maltratemos atrozmente con ciego desdén a su dolor. Que comprendamos de una maldita vez que son seres sintientes y no objetos.

Dentro de unas décadas, nuestros hijos mirarán hacia atrás y se horrorizarán al ver cómo tratamos hoy a los animales, del mismo modo que hoy nos espantamos al recordar los desmanes de la esclavitud y de la segregación racial. Por eso he pedido prestadas las famosas palabras de Martin Luther King en aquella multitudinaria marcha de 1963. Seguro que ya hay lectores torciendo el gesto por mi osadía al unir la cuestión racial y el maltrato animal. Y sin embargo son problemas muy parecidos. En ambos casos son pura barbarie, ignorancia y rancios prejuicios. Los racistas que creen que un negro es inferior a ellos son como los energúmenos que piensan que un animal es una cosa con la que se puede cometer cualquier salvajada. O sea, seres profundamente incultos e incapaces de empatía. Por cierto, se ha demostrado que los maltratadores de animales lo son también de personas; según un importante estudio hecho en Escocia con psiquiatras, médicos de familia, asistentes sociales y policías, en el 86% de las mujeres maltratadas que tenían animales de compañía, la mascota también había sufrido daños; y de un 30% a un 88% de los tipos condenados por exhibicionismo, acoso, violación, abuso familiar y asesinato tenían antecedentes de maltrato animal. Y estamos hablando de antecedentes policiales, o sea, que debieron de ser especialmente brutales. A saber cuántos más quedaron en el anonimato. Deberíamos castigar con mucha más contundencia el abuso animal aunque sólo fuera para defendernos nosotros mismos de los violentos.

Pero es que no se trata sólo de autodefensa; es sobre todo una cuestión de ética, pura justicia elemental y desarrollo cívico. El progreso social pasó por la Declaración de los Derechos del Hombre del siglo XVIII; después, por la inclusión de la mujer en esos derechos; y ahora tendrá que pasar por el reconocimiento de los derechos de los demás seres vivos. Sólo así podremos crecer y progresar.

El mundo se está moviendo en esa dirección, impulsado sobre todo por los avances científicos, que echan por tierra nuestro etnocentrismo. En 2012, trece eminentes neurocientíficos de las más importantes instituciones del mundo firmaron en la Universidad de Cambridge, junto a Stephen Hawking, el llamado Manifiesto de Cambridge, en el que declaran que las investigaciones demuestran que los animales tienen conciencia. Y, hace un mes, una juez argentina ha reconocido el estatuto de persona no humana a una orangutana. En América hay varios procesos más parecidos en marcha, y también peticiones de habeas corpus. En España, como somos especialmente bárbaros y unos analfabetos, nos hemos puesto a hacer chistecitos con lo de persona no humana. Sin embargo, no nos parece nada raro que una empresa sea persona jurídica. La decisión de la juez argentina tan sólo indica que considera que la orangutana tiene derechos (que es lo mismo que sucede con las empresas).

Los otros animales poseen menos inteligencia que los humanos, obvio (del mismo modo que una medusa no es igual que un perro), pero, en sus diversos grados, tienen conciencia, sufren y son inteligentes, algunos inteligentísimos, como los grandes simios, con quienes nos separa tan sólo un 1% del genoma. Somos tan semejantes a los simios que incluso podemos intercambiar transfusiones con los chimpancés y los bonobos. Y la gorila Koko, que aprendió el lenguaje de signos y entiende y usa varios miles de palabras, puntúa entre 70 y 95 en nuestros exámenes de inteligencia, lo que quiere decir que, si fuera una persona, se la consideraría de aprendizaje lento, pero no retrasada. Pero no nos limitemos a los primates; los elefantes tienen ritos de muerte, los cuervos fabrican herramientas, una collie ha demostrado que los perros entienden mil palabras… Y sin embargo, ¿qué estamos haciendo con todas esas criaturas tan complejas con capacidad para amar y sentir y sufrir? Brutalidades.

Aun así, las cosas están cambiando. Tengo un sueño, el sueño de la hermandad animal. No viviré para verlo, pero sé que está cerca. 













martes, 5 de abril de 2016

¿ APRENDIENDO ?



El pobre rendimiento académico de América Latina que revela un informe de la OCDE *




Los expertos llevan años advirtiendo que la educación en América Latina tiene serias deficiencias y esa realidad se verifica año tras año en los informes que se realizan sobre el tema. Esta vez es un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), publicado este miércoles, el que señala que la región está por debajo de los estándares globales de rendimiento escolar.De hecho, de los 64 países que aparecen en el informe, Perú, Colombia, Brasil y Argentina se encuentran entre los diez cuyos estudiantes tienen un nivel más bajo en áreas como las matemáticas, la ciencia y la lectura.  Las cuatro naciones sudamericanas -junto a Indonesia, Qatar, Jordania, Túnez, Albania y Kazajistán- son los que presentan mayor cantidad de alumnos de 15 años por debajo del promedio de rendimiento en matemáticas, lectura y ciencia.
El informe de la OCDE, titulado "Estudiantes de bajo rendimiento: por qué se quedan atrás y cómo se les puede ayudar", está basado en datos del Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés). "El bajo rendimiento en la escuela tiene consecuencias a largo plazo tanto para los individuos como los países. Los alumnos con un rendimiento bajo a los 15 años tienen más riesgo de abandonar completamente sus estudios; y cuando una gran proporción de la población carece de habilidades básicas el crecimiento económico de un país a largo plazo se ve amenazado", señala el estudio.





Los resultados

Perú es el país con el mayor porcentaje de estudiantes de 15 años que no superan el promedio establecido por la OCDE tanto en lectura (60%) como en ciencia (68,5%). Además es el segundo peor situado en matemáticas (74,6%), solo por detrás de Indonesia.

Países de América Latina con menor cantidad de estudiantes que superan el promedio OCDE de rendimiento académico*
27,4% Argentina
26,5% Brasil
22,9% Colombia
19,7% Perú
Colombia en lectura alcanza el 51% y en ciencia el 56%. En matemáticas, el 73,8% de los estudiantes se encuentra debajo del promedio de rendimiento. Mientras, en Brasil en lectura el 50,8% de los estudiantes no superan el promedio; en ciencia el 55% y en matemáticas el 68,3%.
En Argentina, en lectura no alcanzan el mínimo establecido el 53,6%; en ciencia el 50,9% y en matemáticas el 66,5%. Todos los países latinoamericanos que son parte de este nuevo estudio están muy por debajo de la media de la OCDE en rendimiento escolar. Por ejemplo, Chile, Costa Rica y México son las naciones de la región que tienen menos alumnos con bajo rendimiento escolar, pero están entre las veinte con más estudiantes que no alcanzan el nivel mínimo que la OCDE considera exigible a cualquier adolescente de 15 años en este siglo.
La ciudad china de Shanghái, Singapur, Hong Kong, Corea del Sur y Estonia ostentan los mejores resultados en las tres áreas estudiadas, con al menos un 85% de su alumnado por encima del promedio establecido.

Condición socioeconómica

Perú, Chile y Estados Unidos están entre los once países en los que la situación socioeconómica del alumno tiene más impacto en su rendimiento escolar, según el informe de la OCDE.
En Perú, tercero en este índice de desigualdad, un estudiante de 15 años con bajos recursos tiene siete veces más probabilidades de mostrar bajo rendimiento escolar que otros alumnos en mejores condiciones.
De los países latinoamericanos que participaron en el informe, solo México y Argentina superan el promedio en la relación entre situación socioeconómica y rendimiento escolar.
En México, en el puesto 56 de este indicador, los alumnos con recursos más limitados tienen cerca de tres veces menos probabilidades de alcanzar el nivel mínimo establecido por la OCDE que otros de condición socioeconómica más favorable.
El estudio presentado por la OCDE sugiere políticas públicas para mejorar los promedios, como la creación de entornos de aprendizaje exigentes, la participación de padres y comunidades locales, alentar a los alumnos a que aprovechen al máximo las oportunidades educativas y ofrecer un apoyo focalizado para los alumnos



* Informe "Alumnos de bajo rendimiento: por qué se quedan atrás y cómo se les puede ayudar". OCDE. 2016.










lunes, 4 de abril de 2016

MENOS ES MÁS




Menos es más

Fernando Trias de Bes














Marzo de 1967. Casa de Paul McCartney. Los Beatles pasan por su peor crisis, que acabará desembocando en su disolución. Sin embargo, ese mes completan una de sus mejores canciones: With a Little Help from My Friends. 
Muchos desconocen su origen. Está pensada para Ringo Starr, quien cantaba mal porque su registro era de cinco notas y, al llegar a la sexta, perdía el tono. Lennon y McCartney decidieron escribir una canción donde Ringo fuera el solista. Así que emplearon únicamente cinco notas. Fijémonos en la letra: What would you think if I sang out of tune? Would you stand up and walk out on me? (¿qué pensarías si cantara fuera de tono? ¿Te levantarías y me dejarías solo?). Lend me your ears and I’ll sing you a song and I’ll try not to sing out of key (presta atención y te cantaré una canción e intentaré no desafinar).
Luego, en el estribillo, los pillos de McCartney y Lennon pusieron notas altas para que Ringo necesitara… ¡la ayuda de sus amigos! Do you need anybody? (¿necesitas a alguien?). Y de ahí el título de la canción: “Con un poco de ayuda de mis amigos”. 






 Explico esta historia porque está considerada una de las mejores canciones de la historia del pop. Y fue compuesta con solo ¡cinco notas! Desde luego, para los Beatles menos es más. Menos es más es toda una filosofía de vida, un estilo en arquitectura, cuyo exponente fue Mies van der Rohe y que derivó en el llamado minimalismo, presente en muchas disciplinas.
Hablemos de minimalismo en la conducta. El psicólogo y profesor Barry Schwartz publicó en el año 2004 un libro titulado The Paradox of Choice (la paradoja de la elección), donde demostró que no siempre más opciones suponen más bienestar. Es verdad que, si partimos de una situación pobre, un aumento de alternativas incrementa la felicidad, pero, a partir de cierto umbral, no solo no añade nada, sino que incluso resta y produce efectos nocivos. Para demostrarlo, Barry Schwartz realizó varios experimentos. Uno de ellos consistió en ofrecer en un supermercado una degustación de cierta marca de mermelada. Se realizaron dos mediciones: con muchos sabores a degustar y con pocos. En ambos casos se registró cuántas personas se acercaban a probar y cuántos realmente compraban.

Los resultados fueron reveladores. Si había más sabores, el número de personas que decidía degustar era mayor, pero muy pocos acababan comprando. ¿Por qué? Porque, ante tantas posibilidades, no eran capaces de decidirse. En cambio, cuando el número de opciones era menor, si bien menos gente se acercaba a probar, casi todos ellos acababan comprando. La conclusión fue que si la marca ofrecía pocos sabores, aumentarían sus ventas. Menos era más. Esta estrategia es la que utilizan los restaurantes griegos de Nueva York. La carta es deliberadamente extensa. Indecisos, los clientes la dejan a un lado y optan por preguntar al maître: “¿Qué nos recomienda?”. Y este, automáticamente, señala los platos donde ganan más dinero.
Otro experimento de Schwartz: un profesor dio la oportunidad a sus alumnos de subir nota. En una clase, ofreció realizar un trabajo voluntario dando a escoger entre 15 temas posibles; en la otra, solo entre 5. En este caso, un número mayor de alumnos hizo el trabajo voluntario. ¿Por qué? De nuevo, porque decantarse por un tema era más sencillo.
Menos opciones nos hacen más felices. Quienes conocen bien África explican que la infelicidad empezó a experimentarse en cuanto descubrieron a través de la televisión las innumerables opciones materiales a las que no tenían acceso. ¿Se es más feliz ignorando las posibilidades que tenemos? ¿O es preferible saber lo que podemos llegar a lograr y así prosperar y marcarnos mayores metas?
En Occidente vivimos una era de excesos. De excesivas marcas, excesivas variedades, excesivas apps, excesivos canales de televisión, excesivos amigos en redes sociales… La crisis trajo una reducción de posibilidades. Es cierto. Y supuso un retroceso para muchos, especialmente para los más jóvenes. De hecho, existe una correlación entre la riqueza medida en términos de PIB y las tasas de suicidios, infertilidad o depresión. Pero también entre PIB y esperanza de vida o supervivencia infantil. El “más” trae “más”, pero también tiene consecuencias. En fin, que estamos ante un fenómeno ambivalente. Es una contradicción más de la condición humana que tan lejos nos ha llevado como especie y que, sin embargo, tanto nos hace sufrir. 
¿La conclusión? El menos es más es una opción personal. Y de este modo, amante como soy de los trabalenguas, permítanme concluir diciendo que: por más que menos sea más, menos puede ser más y, cuando así es, entonces “más o menos” es “lo mismo”.








Fernando Trias de Bes
Economista y escritor español nacido en Barcelona en 1967. Cursó Ciencias Empresariales y MBA en Esade y la Universidad de Michigan, pero desde hace varios años dedica la mayor parte de su tiempo a escribir tanto ensayos como ficción. 





domingo, 3 de abril de 2016

VARGAS LLOSA A LOS 80





Un alto en el camino
Mario Vargas Llosa




Imagen : FERNANDO VICENTE


Cumplir ochenta años no tiene mérito alguno, en nuestros días cualquiera que no haya maltratado excesivamente su organismo con alcohol, tabaco y drogas lo consigue. Pero tal vez sea una buena ocasión para hacer un alto en el camino y, antes de reanudar la cabalgata, mirar atrás.
Lo que yo veo son historias, muchísimas, las que me contaron, las que viví, leí, inventé y escribí. Las más antiguas, sin duda, son aquellas que me contaban en Cochabamba la abuelita Carmen y la Mamaé para que fuera tomando la sopa y no me volviera tuberculoso. La tisis era el gran cuco de la época, como lo sería décadas después el sida, al que, ahora, la medicina también ha conseguido domesticar. Pero de cuando en cuando se desatan todavía las pestes medievales que asolan el África, como para recordarnos de vez en cuando que es imposible enterrar del todo el pasado: lo llevamos a cuestas, nos guste o no.
He conocido en mi larga vida muchas personas interesantes, pero, la verdad, ninguna está tan viva en mi memoria como ciertos personajes literarios a los que el tiempo, en vez de borrar, revitaliza. Por ejemplo, de mi infancia cochabambina recuerdo con más nitidez a Guillermo y a su abuelito, a los tres mosqueteros que eran cuatro —D’Artagnan, Athos, Portos y Aramís—, a Nostradamus y a su hijo y a Lagardère que a mis compañeros del Colegio de la Salle donde, en la clase del hermano Justiniano, aprendí a leer (maravilla de las maravillas).
Algo parecido me pasa cuando recuerdo mis años adolescentes de Piura y de Lima, donde no hay ser viviente que esté tan vivo en mi memoria como el Jean Valjean de Los miserables cuya trágica peripecia —largos años de cárcel por haber robado un pan— me estremecía de indignación, así como la generosidad de Gisors, el activista de La condición humana que regala su arsénico a dos jóvenes muertos de pavor de que los echen vivos a una caldera y acepta esta muerte atroz, me sigue conmoviendo como la primera vez que leí esa extraordinaria novela.
Es difícil decir la inmensa felicidad y riqueza de sentimientos y de fantasía que me han dado —que me siguen dando— los buenos libros que he leído. Nada me apacigua más cuando estoy en ascuas o me levanta el espíritu si me siento deprimido que una buena lectura (o relectura). Todavía recuerdo la fascinación maravillada con que leí las novelas de Faulkner, los cuentos de Borges y de Cortázar, el universo chisporroteante de Tolstói, las aventuras y desventuras del Quijote, los ensayos de Sartre y de Camus, y los de Edmund Wilson, sobre todo esa obra maestra que es To the Finland Station que he leído de principio a fin por lo menos tres veces. Lo mismo podría decir de las sagas de Balzac, de Dickens, de Zola, de Dostoiesvki, y el difícil desafío intelectual que fue poder llegar a gozar con Proust y con Joyce (aunque nunca conseguí leer el indescifrable Finnegans Wake).
Quiero dedicar un párrafo aparte a Flaubert, el más querido de los autores. Nunca olvidaré aquel día, recién llegado a París en el verano de 1959, en que compré en La Joie de Lire, de la rue Saint-Séverin, aquel ejemplar de Madame Bovary, que me tuvo hechizado toda una noche, leyendo sin parar. A Flaubert le debo no sólo el placer que me depararon sus novelas y cuentos, y su formidable correspondencia. Le debo, sobre todo, haberme enseñado el escritor que quería ser, el género de literatura que correspondía a mi sensibilidad, a mis traumas y a mis sueños. Es decir, una literatura que, siendo realista, sería también obsesivamente cuidadosa de la forma, de la escritura y la estructura, de la organización de la trama, de los puntos de vista, de la invención del narrador y del tiempo narrativo. Y haberme mostrado con su ejemplo que si uno no nacía con el talento de los genios, podía fabricarse al menos un sucedáneo a base de terquedad, perseverancia y esfuerzo.
Había mucho de locura en querer ser escritor en el Perú de los años cincuenta, en que yo crecí y descubrí mi vocación. Hubiera sido imposible que lo consiguiera sin la ayuda de algunas personas generosas, como el tío Lucho y el abuelo Pedro. Y más tarde, en España, sin el aliento de Carlos Barral, que movió cielo y tierra para poder publicar La ciudad y los perros, salvando el escollo de la severa censura de entonces. Y de Carmen Balcells, que hizo esfuerzos denodados para que mis libros se tradujeran y vendieran a fin de que yo pudiera —algo que siempre creí imposible— vivir de mi trabajo de escritor. Lo conseguí y todavía me asombra saber que puedo ganarme la vida haciendo lo que más me gusta, lo que pagaría por hacer: escribir y leer.
Ya se ha dicho todo sobre esa misteriosa operación que consiste en inventar historias y fraguarlas de tal manera valiéndose de las palabras para que parezcan verdaderas y lleguen a los lectores y los hagan llorar y reír, sufrir gozando y gozar sufriendo, es decir —resumiendo— vivir más y mejor gracias a la literatura.
Escribí mis primeros cuentos cuando tenía quince años, hace por lo menos sesenta y cinco. Y sigue pareciéndome un proceso enigmático, incontrolable, fantástico, de raíces que se hunden en lo más profundo del inconsciente. ¿Por qué hay ciertas experiencias —oídas, vividas o leídas— que de pronto me sugieren una historia, algo que poco a poco se va volviendo obsesivo, urgente, perentorio? Nunca sé por qué hay algunas vivencias que se vuelven exigencias para fantasear una historia, que me provocan un desasosiego y ansiedad que sólo se aplacan cuando aquella va surgiendo, siempre con sorpresas y derivas imprevisibles, como si uno fuera apenas un intermediario, un correveidile, el transmisor de una fantasía que viene de alguna ignota región del espíritu y luego se emancipa de su supuesto autor y se va a vivir su propia vida. Escribir ficciones es una operación extraña pero apasionante e impagable en la que uno aprende mucho sobre sí mismo y a veces se asusta descubriendo los fantasmas y aparecidos que emergen de las catacumbas de su personalidad para convertirse en personajes.
“Escribir es una manera de vivir”, dijo Flaubert, con muchísima razón. No se escribe para vivir, aunque uno se gane la vida escribiendo. Se vive para escribir, más bien, porque el escritor de vocación seguirá escribiendo aunque tenga muy pocos lectores o sea víctima de injusticias tan monstruosas como las que experimentó Lampedusa, cuya obra maestra absoluta, El Gatopardo, la mejor novela italiana del siglo XX y una de las más sutiles y elegantes que se hayan escrito, fuera rechazada por siete editores y él se muriera creyendo que había fracasado como escribidor. La historia de la literatura está llena de estas injusticias, como que el primer premio Nobel de literatura se lo dieron los académicos suecos al olvidado y olvidable Sully Prudhomme en vez de Tolstói, que era el otro finalista.
Quizás sea un poco optimista hablar del futuro cuando se cumplen ochenta años. Me atrevo sin embargo a hacer un pronóstico sobre mí mismo; no sé qué cosas me puedan ocurrir, pero de una sí estoy seguro: a menos de volverme totalmente idiota, en lo que me quede de vida seguiré empecinadamente leyendo y escribiendo hasta el final.






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