miércoles, 13 de diciembre de 2017

AUTORRETRATO




 Robert Mapplethorpe

 Fotógrafo







Robert Mapplethorpe, Autorretrato, 1988.















"Me dediqué a la fotografía por que se me antojó como el vehículo perfecto para ilustrar la locura del mundo actual "

"La belleza y el diablo son la misma cosa."

"Yo nunca hubiera hecho lo que había hecho si hubiera considerado a mi padre como a alguien a quien quería complacer."

















martes, 12 de diciembre de 2017

DIGITALIZADOS





Nuestro romance con lo digital ha terminado
 David Sax 














Hace una década compré mi primer teléfono inteligente: un pequeño y torpe BlackBerry 8830 que tenía una elegante funda de piel. Me encantaba ese celular. Adoraba la manera en que fácilmente entraba y salía de su funda, me encantaba la suave vibración que emitía cuando llegaba un correo electrónico, amaba el sonido silencioso de su rueda de desplazamiento mientras jugaba Brick Breaker en el metro y la sensación de sus pequeñas teclas bajo mis pulgares gordos. Era el mundo en mis manos y cuando lo apagaba me sentía solo y ansioso.

Como la mayoría de las relaciones en las que nos involucramos con el corazón agitado, nuestro romance con la tecnología digital nos prometía el mundo: ¡Más amigos, dinero y democracia! ¡La música gratuita, las noticias y el envío de toallas de papel el mismo día! Una risa por minuto y una fiesta constante en la punta de nuestros dedos.
Muchos de nosotros nos tragamos la fantasía de que lo digital mejoraba todo. Nos rendimos ante esta idea y confundimos nuestra dependencia con el romance, hasta que fue demasiado tarde.



Hoy, cuando mi celular está prendido, me siento ansioso y cuento las horas que faltan para que pueda apagarlo y relajarme de verdad. La aventura amorosa que alguna vez disfruté con la tecnología digital se acabó. Y sé que no soy el único.
Diez años después de que el iPhone nos sorprendiera por primera vez, es inevitable el aumento de la desconfianza en las computadoras, tanto en nuestras vidas personales como en la sociedad en general. Esta temporada de publicaciones está llena de libros que nos advierten sobre los efectos perjudiciales de la tecnología digital en nuestra vida: lo que los teléfonos inteligentes les están haciendo a nuestros niños; cómo Facebook y Twitter están erosionando nuestras instituciones democráticas; los efectos económicos de los monopolios de la tecnología.





Una encuesta reciente del Pew Research Center señaló que más del 70 por ciento de los estadounidenses estaban preocupados por el impacto de la automatización en los empleos, mientras que solo el 21 por ciento de quienes respondieron una encuesta de Quartz dijeron que le confían a Facebook su información personal. Casi la mitad de los milenials se preocupa por los efectos negativos de las redes sociales en su salud física y mental, de acuerdo con la Asociación Psiquiátrica Estadounidense.

¿Y ahora qué?

Por mucho que fantaseemos al respecto, quizá no borraremos nuestras cuentas de las redes sociales ni vamos a echar a la basura nuestros celulares. Lo que podemos hacer es recuperar un poco del sentido de equilibrio en nuestra relación con la tecnología digital, y la mejor manera de hacerlo es con lo analógico: el ying del yang digital.

Afortunadamente, el mundo análógico aún está aquí, y no solo está sobreviviendo, sino que en muchos casos está prosperando. Las ventas de los libros impresos tradicionales están aumentando por tercer año consecutivo, de acuerdo con la Association of American Publishers, mientras que las ventas de libros electrónicos han disminuido. Los discos de vinilo han tenido un auge de popularidad que ya lleva una década (más de 200.000 discos se venden cada semana en Estados Unidos), mientras que las ventas de cámaras de fotografías instantáneas, cuadernos de papel, juegos de mesa y boletos para espectáculos de Broadway están creciendo de nuevo.
Este sorprendente cambio de suerte para tecnologías analógicas aparentemente “obsoletas” a menudo se califica como una nostalgia por la época predigital. Pero los consumidores más jóvenes que jamás tuvieron una bandeja para escuchar discos de vinilo y tienen pocos recuerdos de la vida antes de internet son responsables de gran parte del interés actual en lo analógico, y a menudo este segmento abarca a quienes trabajan en las empresas más poderosas de Silicon Valley.

Lo análógico, aunque es más incómodo y costoso que sus equivalentes digitales, proporciona una riqueza sensorial que no tiene equivalente con nada de lo que se vive a través de una pantalla. La gente está comprando libros porque estimulan casi todos los sentidos, desde el olor del papel y el pegamento hasta la vista del diseño de la cubierta y el peso de las páginas leídas, el sonido que hacen al cambiarlas e incluso el sutil sabor de la tinta en la punta de tus dedos. Un libro puede comprarse y venderse, darse y recibirse, y también se puede mostrar en un estante para que todos lo vean. Puede detonar conversaciones y cultivar romances.
Los límites de lo análógico, que alguna vez se consideraron una desventaja, cada vez más se convierten en uno de los beneficios a los que la gente está recurriendo como un contrapeso para la fácil manipulación de lo digital. Aunque una página de papel tiene los límites de su tamaño y la permanencia de la tinta que lo marca, hay una eficiencia poderosa en esa simpleza. La persona que tenga una pluma mientras lee esa página tiene la libertad de escribir, hacer dibujitos o garabatear su idea como lo desee entre esas fronteras, sin las restricciones ni las distracciones que impone el software.
En un mundo de interminables cadenas de correos electrónicos, conversaciones grupales, mensajes emergentes o documentos e imágenes con miles de modificaciones, el jardín amurallado de lo analógico nos ahorra tiempo e inspira la creatividad. A los diseñadores web en Google se les ha pedido que utilicen papel y pluma como un primer paso cuando proponen ideas para nuevos proyectos durante los últimos años, porque eso da como resultado mejores ideas que las que comienzan en una pantalla.

En contraste con las “comunidades” virtuales que hemos construido en línea, lo analógico verdaderamente contribuye con los lugares reales donde vivimos. Lo analógico es perfecto sobre todo a la hora de animar la interacción humana, lo cual es crucial para nuestro bienestar físico y mental. La dinámica de un profesor que trabaja en un salón de clases lleno de estudiantes no solo ha comprobado ser resiliente, sino que una y otra vez se ha desempeñado mejor que los experimentos de aprendizaje digital. Lo digital podría ser extremadamente eficaz a la hora de transferir información pura, pero el aprendizaje ocurre de mejor manera cuando nos basamos en las relaciones entre estudiantes, profesores y compañeros.

No enfrentamos una simple decisión entre lo digital o lo analógico. Esa es la lógica falsa del código binario con el que las computadoras están programadas, la cual ignora la complejidad de la vida en el mundo real. En vez de eso, estamos ante una decisión de cómo lograr el equilibrio adecuado entre ambos. Si tenemos eso en mente, estamos dando el primer paso hacia una relación saludable con toda la tecnología y, lo más importante, entre nosotros.



David Sax es el autor de “The Revenge of Analog: Real Things and Why They Matter”.









lunes, 11 de diciembre de 2017

POEMA




La  Cesta
Kathleen Jamie

















El mundo comenzó con una mujer
envuelta en un chal, encorvada bajo la cesta,
cuyo paso lento reconoces
por sueños tormentosos. Te sientes

obligada a compartir su carga
desde la colina o la playa cubierta de algas,
pero pasa de largo sin ver
esclava de su íntima faena.

No lleva aves marinas, ni turba,
ni vellón, ni brillante arenque
sino su temor que de soltarla alguna vez
se apagaría el mundo.




Traducción de Charlotte Broad






The Creel

The world began with a woman,
shawl-happed, stooped under a creel,
whose slow step you recognize
from troubled dreams. You feel

obliged to help bear her burden
from hill or kelp-strewn shore,
but she passes by unseeing
thirled to her private chore.

It’s not sea birds or peat she’s carrying,
nor fleece, nor the herring bright
but her fear that if ever she put it down
the world would go out like a light.






Kathleen Jamie FRSL (Royal Society of Literature)
 ( 1962)  poeta y ensayista escocesa.











viernes, 8 de diciembre de 2017

ESPÍAS DIGITALES




Las páginas digitales vigilan todos nuestros movimientos

Yijun Yu*












Según los resultados de un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Princeton, centenares de las principales páginas digitales del mundo hacen por sistema un seguimiento de cada pulsación de tecla, cada movimiento de ratón y cada dato introducido por el usuario, incluso antes de que lo envíe o si luego sale del formulario.





Y hay un desagradable efecto secundario: los usuarios podrían revelar datos personales identificables, como información médica, contraseñas, detalles de tarjetas de pago, cuando navegan por la red sin saber que las empresas están controlando su comportamiento de navegación. Es una situación que debería alarmar a cualquiera preocupado por su privacidad.
Los investigadores de Princeton descubrieron que era difícil eliminar información personalmente identificable de los registros de conducta de navegación, incluso, en algunos casos, cuando los usuarios han activado características de privacidad como Do Not Track (no rastrear).
La investigación concluyó que centenares de empresas emplean servicios de rastreo proporcionados por terceras empresas para controlar cómo navegan los usuarios por sus páginas de Internet. Dicho rastreo se va complicando, porque cada vez más empresas aumentan la seguridad y cambian sus sitios a páginas HTTPS codificadas.



Para sortear esa complicación, se despliegan guiones de reproducción de sesión que monitorizan la conducta de interfaz del usuario en las páginas en forma de secuencia de eventos con marca temporal como los movimientos del teclado y del ratón. Cada uno de estos eventos registra parámetros adicionales –que indican pulsaciones (en el caso de los eventos de teclado) y coordenadas de pantalla (en el caso de los movimientos del ratón)– en el momento de la interacción. Cuando se asocian con el contenido de una página digital y una dirección digital, esta secuencia de eventos registrada puede ser reproducida con exactitud por otro navegador que desencadena las funciones definidas por la página digital.
Lo que esto significa es que, por ejemplo, una persona puede ver si un usuario introduce una contraseña en un formulario digital, lo cual es un claro incumplimiento de las normas sobre privacidad. Las páginas digitales que emplean terceras empresas analíticas para registrar y reproducir dicha conducta sostienen que lo hacen para “mejorar la experiencia del usuario”. Cuanto más sepan qué buscan sus usuarios, más fácil les será proporcionarles información específica.
El que las empresas controlen nuestra conducta mientras navegamos por Internet no tiene nada de nuevo, pero el hecho de que se estén desplegando discretamente guiones que registran de este modo nuestras sesiones de navegación individuales ha preocupado al coautor del estudio, Steven Englehardt, estudiante de doctorado en Princeton.
“La recopilación de contenido de la página digital por guiones de reproducción de empresas ajenas a dicha página puede hacer que información sensible, como afecciones médicas, detalles de tarjetas de pago y otra información personal mostrada en ella, se filtre a la otra empresa como parte de la grabación”, escribía. “Esto puede exponer a los usuarios a usurpación de identidad, estafas por Internet u otra conducta no deseada. Lo mismo puede decirse de la recopilación de datos aportados por el usuario durante los procesos de compra y registro de usuario”.















Que las páginas electrónicas anotan las pulsaciones de teclas es una cuestión conocida desde hace tiempo por los expertos en ciberseguridad. Y el estudio empírico de Princeton hace temer que los usuarios tengan poco o ningún control sobre este tipo de grabación de su conducta de navegación.
Es importante, en consecuencia, ayudar a los usuarios a controlar cómo comparten su información en Internet. Pero cada vez hay más señales de que la facilidad de uso se salta las medidas de seguridad diseñadas para mantener nuestros datos seguros en Internet.

Facilidad de uso frente a seguridad

Millones de personas utilizan gestores de contraseñas que les ayudan a mantener un registro de diferentes contraseñas para diferentes sitios. El usuario de dicho servicio solo tiene que memorizar una contraseña clave.
Recientemente, un grupo de investigadores de la Universidad de Derby y de Open University descubrieron que los clientes sin conexión de servicios de gestión de contraseñas corrían el riesgo de mostrar su contraseña clave principal cuando esta se almacena como texto normal en memoria que podría ser detectada o volcada en casos de ciberataques.
La experiencia de usuario no es una excusa para tolerar fallos de seguridad.



*Yijun Yu  es profesor asociado del Departamento de Informática y Comunicaciones, Open University
Este artículo fue publicado originalmente en inglés en la web The Conversation.

































miércoles, 6 de diciembre de 2017

ARTE ROBADO



De quién es el arte ?

Miguel Ángel García Vega











Visitantes del Museo de Pérgamo en Berlín.



La historia del arte es, en gran medida, la historia de un robo. Los vikingos, los conquistadores, Napoleón, las potencias coloniales, Hitler… todos practicaron el saqueo a escala monumental. Los ejércitos del conquistador francés transportaron toneladas de obras egipcias a Europa. Casi al mismo tiempo, los británicos embarcaban los mármoles del Partenón. Más tarde, en 1897, una turba de militares británicos despojaba los marfiles de los palacios de lo que hoy es Benín. Las colecciones del Louvre (París), el British Museum (Londres) o el Neues Museum, de Berlín, están nutridas con ese expolio.

Sin embargo, los rescoldos de esos días aún humean. Infinidad de países (territorios invadidos y antiguas colonias) exigen la devolución de sus tesoros y con ellos su identidad. Turquía, por ejemplo, reclama desde 1934 dos esfinges de Hattusa (capital del imperio Hitita) que cobija el Museo de Pérgamo (Berlín). Harto de que no regresen las obras, el Gobierno turco ha creado una comisión para rastrear su patrimonio saqueado.


Esta puerta era una de las “ocho” por las que había que cruzar para llegar a la mítica ciudad de Babilonia y data de la época de Nabucodonosor II (siglo 6 a C) Museo de Pérgamo



Todo este drama se destila en el enfrentamiento entre el Gobierno de Aragón y el de Cataluña por los tesoros de Sijena (Huesca). Aunque España también se enfrenta a reclamaciones internacionales, como la del Tesoro de los Quimbaya por parte de Colombia (122 piezas de oro que el presidente Carlos Holguín regaló al país en 1893). Vivimos en una sociedad que ha acuñado el concepto de “capitalismo artístico”. Un tiempo en el que los grandes museos occidentales blindan su patrimonio. Y pocas veces atienden a restituciones. La excusa es que ellos custodian mejor las piezas. “Cuando las obras se pueden visitar y además son accesibles al público esto ayuda a neutralizar los argumentos sobre la titularidad, porque lo importante es que tengan la mayor difusión posible”, sostiene Gabriele Finaldi, director de la National Gallery de Londres. Ese pensamiento responde a la idea de que el arte debe mostrarse allí donde lo disfruten más personas. Al otro lado de la conversación, el diálogo suena distinto. “La circulación ética y legal de los bienes culturales beneficia a los países de origen de las obras”, argumenta el arqueólogo San Hardy. “La retención de antigüedades que se extrajeron mediante expediciones de castigo es una perpetuación intolerable de la violencia colonialista”. El equilibrio entre ambos discursos parece del todo imposible.

Mientras, Grecia sigue esperando el retorno a Atenas de sus mármoles. Para albergarlos ha construido un museo e incluso se ha ganado a la opinión pública inglesa. Da igual. El British Museum cierra la puerta. “Hasta que no cambie el consejo del museo, que procede del establishment, parece difícil ver una posición distinta”, lamenta Tom Flynn, miembro del Comité Británico para la Reunificación de los Mármoles del Partenón.



 British Museum


 British Museum


Pese a todo, queda esperanza. El presidente francés Emmanuel Macron ha provocado esta semana una brecha inimaginable en el debate de la posesión del arte. En un plazo de cinco años creará las condiciones necesarias para restituir de forma “temporal o permanente” el patrimonio africano afincado en Francia. Solo el museo del Quai Branly-Jacques Chirac en París alberga 70.000 objetos del África Subsahariana. Algunos auguran un efecto llamada. “Se envía una señal peligrosa a todos los países (antiguas colonias, pero también Grecia o Egipto) que poseen bienes que, en su opinión, han sido obtenidos ilegalmente. Ahora pueden reclamarlos”, alerta Yves-Bernard Debie, un abogado experto en propiedad cultural. Aunque antes Macron deberá cambiar la ley, porque las colecciones públicas francesas son inalienables. Igual que las españolas. “Tenemos bastante suerte”, concede Andrés Úbeda, director adjunto de Conservación e Investigación del Museo del Prado, “porque no estamos afectados por las dos grandes polémicas: el expolio colonial y el nazi”. Este último ha originado un destrozo en las colecciones de pintura estadounidenses.

Cada vez más celosos

De momento, los países se enrocan en su legado. Quizá por el resurgir de los nacionalismos, por los altos precios de las obras o porque siempre fue una expresión de poder que separaba a quienes las tienen de quienes no. Exacerbado el sentido de posesión, se desvanece lo esencial. “El arte es una manifestación de lo común. Ni público ni privado. Como el agua o los bosques”, reflexiona Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía. Y añade: “Hay que cambiar el concepto de propietario por el de custodio”.
Pero el mundo rota en sentido contrario y cada vez es más celoso de sus tesoros. Italia exige permiso de exportación a las obras de más de 50 años, Sicilia cobra por prestar sus caravaggios y Alemania pide una licencia especial para sacar fuera de la UE pinturas cuya valoración supere los 150.000 euros. El proteccionismo se ha instalado en el arte y el planeta ensaya nuevas formas de poseerlo. Museos móviles, redes globales de préstamos, copias en alta resolución. Todo sirve para derrotar los tópicos. “Las obras maestras del mundo antiguo pertenecen a todos. Pero en una cultura basada en la propiedad este lugar común no resuelve las interminables disputas sobre su pertenencia", observa Jason Felch, experto en tráfico de antigüedades. Tal vez una solución sea quitarle el polvo a la memoria. El 90% de las obras de los grandes museos viven arrinconadas en los almacenes. “Encontrar otros relatos en nuestras colecciones, ofreciendo visibilidad a lo olvidado y oculto es una manera distinta de posesión, menos materialista y más poética”, defiende Miguel Zugaza, director de Museo de Bellas Artes de Bilbao. Esas palabras suenan hoy como un verso suelto.





Arte para respaldar microcréditos


El arte es un universo donde conviven dos fuerzas. Una centrífuga, que expulsa las obras de sus lugares de origen, y otra centrípeta, que pugna por su permanencia. El Culture Bank (fundado en Mali en 1995 por el activista Todd Crosby) encaja en esta resistencia. Quiere evitar la fuga del patrimonio de las regiones más débiles a través de la creación de museos locales. Los lugareños son invitados a aportar objetos que pertenezcan a sus familias. Con estas piezas respaldan pequeños créditos. Un singular coleccionismo que ha viajado por Benín (Koutammakou), Togo (Taneka) y Guinea (Telimeli). Porque si algo aporta el arte a la vida es imaginación. El arqueólogo iraquí Abdulamir al-Hamdani propone crear un grupo, similar a la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), "formado por naciones que albergan obras de culturas antiguas". Juntas se protegerían en tiempos de tumultos y guerras. Un refugio contra la fragilidad de las piedras.











Texto: Cultura. El País







martes, 5 de diciembre de 2017

ILUSTRADO



Ilustrado

Pablo Bernasconi









Diario La Nación, Buenos Aires. Argentina.
10 de septiembre de 2017









lunes, 4 de diciembre de 2017

POEMA



El peso

Olga Elena Mattei













No es por el milagro diminuto
que sostiene en la gota
su corazón de mundo
que palpita,
no es por su forma
esférica que rueda
si un artífice gnomo
la funde y la destila,
ni por la norma
geométrica que afirma
sus tensiones internas,
por lo que la lágrima
resbala en la mejilla:
es por la resina dolorida
que rezuma en su entraña;
es por que la hace más espesa
esa carga de vida
que se concentra en ella.
No por la sal que amarga
su sabor,
ni por su clara y cristalina huella
que confirma su belleza…

Es
por el amor,
es por el dolor…
por lo que pesa.











 Olga Elena Mattei, una de las máximas exponentes de la lírica colombiana








viernes, 1 de diciembre de 2017

REDES SOCIALES




SUB

David Trueba



Para lo que no estábamos preparados como sociedad era para descubrir que tanta subconsciencia es criminal y repugnante















Con las redes sociales nos pasa que andamos preguntándonos si mejoran la convivencia, si son útiles, si engrandecen o disminuyen la capacidad de raciocinio de las personas. No nos cabe duda de que han agilizado el comercio, la inmediatez y los latigazos de la opinión pública. Al transportar el móvil encima nosotros somos receptores perpetuos, emisores constantes, ofrecemos un volcado de intereses para quien quiera especular con ellos. 

En los últimos tiempos hemos descubierto incluso que el móvil sirve para que exhibamos nuestro subconsciente. Hasta ahora el subconsciente era una cosa que uno guardaba para sí, incluso ni uno mismo era capaz de acceder a él y en ocasiones tenía que recurrir a la hipnosis, al alcohol o a la psiquiatría. Sacar a la luz el subconsciente era una tarea de desinhibición que llevaba un esfuerzo a ratos dramático, como si uno se tuviera que intervenir con bisturí en sus propias vísceras. Pero gracias al teléfono móvil el subconsciente está ahora en las redes, en los chats, en el mensajeo más cotidiano.


Sorprende incluso la facilidad con la que demasiadas personas se retratan en público o en esa privacidad fingida de las redes. No les da reparo sacar su preconsciencia a pasear en exhibición grotesca. Ni siquiera hace falta que un juez ordene la intervención de las llamadas y asistamos a esas conversaciones que forman parte de la nueva era del destape. Si se han fijado, al desnudo robado en una playa le han sucedido los desnudos conversacionales filtrados desde sumarios e investigaciones. Es el nuevo porno, asomarse a la intimidad de dirigentes, corruptos, conseguidores y gañanes. Pero existe ese otro destape voluntario que es el de ver el subconsciente de muchos sacado a pasear.

Todos esos celebrantes de la muerte de alguien, todos esos justicieros de las redes, todos esos enfermos de protagonismo lo que nos muestran es su subconsciente hasta detrás del chiste más peregrino, del comentario más inane, del insulto más chabacano. 

Toma mi subconsciente, nos dicen. Los policías madrileños que se declaraban nazis y asesinos con orgullo mostraban un subconsciente que no fue capaz de detectar ni el más experto responsable de hacerles el test psicotécnico que los habilitó para ser servidores públicos armados. Lo mostraron sin represión en su chat. He ahí mi subconsciente. Los violadores, los que superan los límites de tráfico, los que matan animales indefensos, cualquier transgresión si no se vuelca en la red carece de potencia. Para lo que no estábamos preparados como sociedad era para descubrir que tanta subconsciencia es criminal y repugnante. Es bueno verla, aunque el asco sea notable.






Opinión. El País. España