miércoles, 29 de abril de 2015

VIAJEMOS II



El misterio del Andean Explorer

   Daniel Flores 



En el despejado andén de la estación Wanchaq, de Cuzco, el dúo de guitarristas rasguea una lánguida tonada andina y el mozo ofrece té en vajilla de porcelana. La campana suena a las 8 en punto y la locomotora diésel comienza a despedirse. El sistema ferroviario público en Perú es un ejemplo para el mundo o el Andean Explorer, que está a punto de partir, es un caso aparte.
En las próximas diez horas se comprobará la segunda hipótesis: sin perjuicio del sistema de transporte peruano, este es uno de esos trenes especiales, clásicos, de colección, que pretenden recrear aquellos épicos viajes sobre rieles, al estilo Orient Express. Como el Rovos Rail, en Sudáfrica, o el Al Andalus, por distintas regiones de España.
Este viaje será desde Cuzco hasta Puno, ciudad a orillas del mitológico lago Titicaca, siempre en el sur peruano. Algo más de 300 kilómetros a un máximo de 45 km por hora, sobre una trocha ancha. Detrás de la locomotora se enganchan el vagón del staff y la cocina, dos coches-comedor de 33 lugares cada uno y, al final, el coche-bar, que termina en un sector de ventanas panorámicas para admirar los cambiantes paisajes.
Cada pasajero va sentado frente a una prolija mesita iluminada por una lámpara tipo velador, junto a una ventana con cortinas. Los vagones, de origen rumano, son viejos, pero fueron puntillosamente reciclados. Sus angostos pasillos de madera remiten tanto a los misterios de Agatha Christie que casi dan ganas de que ocurra algún crimen a bordo, que por lo menos alguien se robe un celular...



El único misterio es por qué la industria turística ofrece cada vez más confort y se desarrollan trenes cada vez más veloces, pero a muchos viajeros los atraen estas otras experiencias vintage, lentas (diez horas para Cuzco-Puno es un evidente exceso), elegantemente imprácticas. La respuesta a tal enigma debería aparecer al final del recorrido.
Por ahora suena un mensaje de seguridad que indica las salidas de emergencia y avisan que está prohibido fumar, incluso en el coche de observación, en castellano, inglés y francés. Pintado de azul, con vivos amarillos, el tren saluda a los vecinos de los suburbios de Cuzco con una aguda bocina, para encarar hacia el Sudeste, siguiendo el río Hutanay.
Además del staff de quince personas viajan unos cuarenta pasajeros que pagaron 289 dólares (curiosamente, el viaje contrario, Puno-Cuzco, se consigue por 100 dólares menos). La mayoría, norteamericanos, más algunos ingleses, el público internacional frecuente en lo que podría llamarse ferroturismo, esa afición que lleva a algunos a dar la vuelta al mundo para aterrizar en Esquel y subirse a La Trochita.*
En el Andean Explorer, ganador del concurso World Travel Awards 2012-2013 como Mejor Tren de Lujo de Sudamérica, los ferroaficionados son media docena de hombres de unos 60 años. Con muy buenas cámaras pasan la mayor parte del viaje en el vagón de observación, en guardia. Esperan sobre todo las curvas más pronunciadas para asomarse por un costado y lograr fotos del tren en su mayor extensión posible.
Recorrido de altura
El servicio del Andean Explorer, a cargo del concesionario privado PeruRail, corre todo el año. De abril a octubre, sale de Cuzco los lunes, miércoles, viernes y sábado. De noviembre a marzo, los lunes, miércoles y sábado. Es un viaje de altura: Cuzco, el punto de partida, queda a 3300 metros sobre el nivel del mar. La Raya, casi a mitad de camino, llega a los 4321, mientras que Puno baja a 3800. Antes del almuerzo, a un turista italiano apunado le traerán a su mesa tubo de oxígeno y máscara. Se recuperará pronto y no habrá más víctimas que lamentar.
Una hora después de la partida, el Andean Explorer avanza por sus vías exclusivas entre el cañón del Urubamba y el río Vilcanota. Todo es verde ahí afuera. Ahora no sólo los ferroamigos están emocionados: el espectacular paisaje moviliza a todos, mientras se sirve un desayuno a base de yogur, granola, miel y frutas.


Durante el día habrá más entretenimiento apto para todo público. El barman dictará una clase para preparar pisco sour; "la bebida peruana", proclamará, sin chilenos a la vista que se ofendan o lo contradigan. También habrá un breve desfile de moda y una banda de folklore peruano que terminará tocando La bamba mientras algunos hacen trencito (paradójico, arriba de un tren). "Tenemos que programar con cuidado las actividades para evitar esos momentos en los que el tren se mueve más y todo se complica", aclara César Sotomayor Tejada, atento supervisor de servicios a bordo.
En la estación La Raya, el tren para unos diez minutos, suficientes para visitar la minicapilla y los puestos de tejidos artesanales, atendidos por mujeres que tanto deben depender de estos viajes. El Andean Explorer retoma el traqueteo justo a tiempo para el almuerzo. La comida, incluida en la tarifa, es a la carta, con entrada (ensalada o sopa), principal (pollo, pasta o trucha), postre y copa de vino chileno. Ofrecen también opciones vegetarianas y libres de gluten, pero se deben solicitar antes del viaje.

Para la sobremesa ya no se ve verde por las ventanillas. El paisaje cambió radicalmente: ahora es árido y las casas, de adobe; sin habitantes visibles, nunca, pero sí alpacas. Y en una cancha de voley juegan dos equipos de cholitas. Con cada salto, las largas y coloridas polleras generan un efecto bastante curioso.



La geografía peruana provoca que también el clima varíe bastante. Si la salida fue bajo un cielo nublado y a mitad del trayecto comenzó a llover, a poco tiempo de llegar a Puno, ya en el Altiplano, el sol empieza a castigar. Entonces, la anteúltima estación es Juliaca, la Ciudad de los Vientos, capital de la provincia de San Román, con una población de 230 mil habitantes.
En plena meseta del Collao, es una ciudad de intensa actividad comercial. Eso queda en evidencia desde el momento que el Andean Explorer se asoma por ahí: de pronto sus vías están literalmente cubiertas por un interminable mercado donde se venden desde juguetes chinos hasta chasis de camiones. El tren se detiene y los puesteros abren paso. Luego vuelve a avanzar ante la mirada curiosa de comerciantes y clientes. Pero cuando la formación apenas acaba de pasar, todos retoman inmediatamente sus anteriores posiciones y vuelven a colocar las mantas con mercadería sobre las vías, aún calientes. El paso por Juliaca, atravesando esta delirante feria, es lo más raro del recorrido. Que nunca este tren llegue ahí fuera de su horario habitual ni encuentre a nadie distraído...
Con el atardecer de un día no tan agitado, el Andean Explorer se aproxima a Puno. Después de Juliaca, el entorno es semiurbano, hay muchas construcciones a medio terminar y paradas de mototaxis. Ya se ve el lago Titicaca y las luces de esta ciudad devota de la Virgen de la Candelaria.Después de ver pasar por la ventana silenciosos pueblos, valles y colinas fértiles, drásticas formaciones rocosas, desfiladeros y ríos, el misterio del Andean Explorer está resuelto. Sí, a veces vale la pena tardar un poco más.











Fuente La Nación.

Datos útiles
Andean Explorer: pasaje Cuzco-Puno (diez horas de viaje), con desayuno, almuerzo, merienda y aperitivos, 289 dólares (para salidas en mayo). www.perurail.comes/
Más información
www.peru.travel; también, la línea de atención las 24 horas de PromPerú, 5748000.
Oficinas de turismo Iperú
En Cuzco: en la Plaza de Armas, Portal de Harinas 177; Traveler Point del BCP, atención lunes a domingo, de 8 a 20. (084) 25-2974; iperucusco@promperu.gob.pe
En Puno, esquina Jr. Deustua con Jr. Lima. Atención de lunes a sábado, de 9 a 18, y domingo, de 9 a 13; (051) 36-5088; iperupuno@promperu.gob.pe


*Sobre La Trochita y  otros  maravillosos trenes semejantes en la Argentina: La Musa encantada/ 7 de mayo de 2014: 
 TRENES. Bienvenidos al tren:  http://lamusaencantada.blogspot.com.ar/2014/05/trenes.html






1 comentario:

  1. Vale hasta el último centavo que se paga. Gracias Miss por difundir maravillas como estas.

    ResponderEliminar