viernes, 10 de enero de 2014

MUROS


Contra la pared

Por:  


















Es probable que la noticia no llame mucho la atención: vecinos de una calle de Temperley, en el sur del Gran Buenos Aires, juntaron 18.000 pesos –unos 1.600 dólares reales– para construir un muro que cierre uno de sus extremos. La calle se llama Lavalle y, pasando la avenida Meeks, termina en las vías del tren: los vecinos dicen que esa vía de escape hacia el ferrocarril facilitaba demasiado el trabajo ladrón, y la zona se había vuelto un festival de robos. Así que decidieron cortarla. El muro tiene casi tres metros de alto y una corona de alambre de púas; por el momento, dicen los vecinos, no dio tanto resultado.
La pared es una tendencia global: el mundo se llena, tantos creen en ellas. Es, también, una antigüedad: durante milenios, las ciudades se rodeaban de murallas para imaginar que no las tomarían sus enemigos. Las murallas servían a veces: muchas ciudades caían de todos modos. Pero con el desarrollo de la artillería –hace tres siglos– esa mampostería se hizo del todo inútil y las ciudades dejaron de ser amurallladas. Fue un cambio radical: la coerción se hizo invisible, el poder no necesitaba mostrarse en el espacio porque ocupaba las conciencias de sus ciudadanos.
Así que los muros parecían un recuerdo de otros tiempos -que solo reaparecían en situaciones demasiado turbias, Varsovia, Auschwitz, Berlín. Hasta que, últimamente, el estado de guerra larvada que se vive en tantos sitios hizo que muchos estados supusieran otra vez que un muro podía conjurar las amenazas. Ya no eran ejércitos enemigos o campesinos peligrosos; es, en general, el otro por excelencia de estos tiempos, el inmigrante. Contra ellos, muros y más muros, coronados por esos alambres que ahora los definen.
Un trabajo excelente de The Guardian* recensa algunos de los más notorios:
–los 550 kilómetros de concreto y acero y lentes americanos que cierran el paso mexicano a los Estados Unidos, desde el Pacífico hasta después de Ciudad Juárez.
–los 2.700 kilómetros de arena, alambre y minas antipersonales marroquíes que intentan contener los movimientos de los pobladores saharuis en medio del desierto.
–los 4.000 kilómetros –todavía incompletos– de concreto y alambre indios que recorren la frontera entre India y Bangladesh para complicar la migración y el contrabando.
–los 500 kilómetros imponentes de cemento, hierro y alambre israelíes que impiden que los palestinos entren en su país.
–los 10 kilómetros de alambre griego que la aíslan de Turquía cerca del río Evros, la “frontera más permeable de Europa” para africanos y asiáticos.
–los 11 kilómetros de alambradas y sensores de movimientos españoles que impiden el paso desde Marruecos a la colonia hispanoafricana de Melilla.
Son ejemplos: hay muchos más. Lo que los une es esa tentativa desesperada de dejar afuera a otros, los temidos. Y la comprobación de un fracaso: el mito de la libre circulación de las personas –uno de los derechos humanos sancionados en 1948– derrumbándose ante las desigualdades. Pero también los une su carácter de emprendimientos estatales: países que deciden “defenderse”.
En la Argentina, en cambio, las paredes son iniciativas privadas. Hasta ahora, la mayoría era producto de la desilusión de ciertos ricos: creyeron que vivir en “barrios cerrados” –por muros– los inmunizaría contra los peligros de la sociedad que produjeron. Creyeron que podrían armarse ghettos invertidos, espacios donde supuestamente protegidos y solos, entre iguales. La modesta construcción de Temperley, en cambio, es una de las primeras con que ciudadanos más o menos pobres intentan cerrarle el camino a otros ciudadanos más pobres todavía. Son intentos tristes de un grupito que busca suplir con los instrumentos a su alcance las garantías que el Estado debería ofrecerle.Iniciativa privada: es lo que más abunda en estos días. Decíamos ayer: los generadores individuales para suplir la electricidad que los servicios públicos no generan. Pero también cada vez más escuelas privadas, hospitales privados, autopistas privadas, vigilantes privados para todos los que pueden pagarlo. Marcas del fracaso del Estado: más y más ciudadanos emprendiendo lo que deberían recibir –a cambio de sus impuestos crecientes, directos e indirectos– pero no.


Es curioso: el kirchnerismo se presentaba como el régimen que recuperaría la fuerza del Estado destruida por el levantamiento neoliberal de los noventas, y el resultado es el contrario. El proceso empezó a ser visible cuando decidieron entregar el monopolio de las estadísticas: cuando el Estado argentino resignó una de sus prerrogativas básicas –la de definir los datos que regulan la mayoría de sus actividades económicas– porque prefirió falsearlas y, entonces, esas actividades empezaron a regirse por datos privados. Mentir el país fue achicar el Estado.Desde entonces, la tendencia creció, encontró nuevos cauces, se confirmó en una imagen de manual: el Estado como una sociedad nónima de la que se beneficia un grupo de amigos, el Estado como un curro -que no consigue hacer con eficiencia nada de lo que debería, salvo mantener a millones de pobres lo suficientemente pobres como para precisar su tutela clientelista. Nos preguntamos más de una vez cuál sería; tarde descubrimos que la marca de la década, su síntesis habrá sido la destrucción decidida -no la crítica, la destrucción- del Estado argentino.
Los Kirchner lo hicieron. Y es un resultado que va más allá de su final en el poder: el Estado perdió tal legitimidad en estos años, su imagen está tan dañada, sus funciones tan cuestionadas que los vecinos andan levantando paredes: se va a hacer difícil defenderlo. Nada mejor podía esperar la derecha privatizadora: es otro servicio peronista que van a agradecer -y a pagar- durante mucho tiempo.




   *  http://www.theguardian.com/world/ng-interactive/2013/nov/walls#sahara




        Del blog Pampinas. Diario El País. España

































jueves, 9 de enero de 2014

EVOLUCIÓN



El color de un mundo perdido

JAVIER SAMPEDRO 

Reptiles fósiles contienen melanina, el pigmento que distingue a los humanos por su piel




Spielberg hizo un encomiable esfuerzo de documentación para caracterizar con cierta verosimilitud a los dinosaurios de Parque Jurásico y sus secuelas. Pero hubo un elemento esencial que no tuvo más remedio que inventarse: el color de aquellas bestias prehistóricas. ¿Tenían el color de un sapo, las irisaciones policromáticas de un lagarto, o incluso un arcoíris exuberante que pudiera competir con el de las actuales aves? Los pájaros, al fin y al cabo, evolucionaron a partir de los dinosaurios de aquel mundo perdido. ¿Por qué nos gusta imaginar a aquellos reptiles gigantes con ese color entre gris plomo y verde fango que estropea los escaparates de las jugueterías?
La cuestión ha dejado de ser un experimento mental con el trabajo que Johan Lindgren y sus colegas de la Universidad de Lund, en Suecia, presentan este jueves en Nature. Estos paleontólogos han descubierto los primeros fósiles de la era de los dinosaurios —datados entre 55 y 196 millones de años atrás— con una preservación tan buena que ha respetado incluso los pigmentos de la piel. Una tortuga, un mosasaurio y un ictiosaurio de aquel periodo tienen todavía en ciertas trazas oscuras de lo que fue su piel los inconfundibles restos de la melanina, el pigmento que todavía hoy genera la compleja variedad de colores de piel y de pelo que exhibe la especie humana. En cierto modo, una de las causas directas del racismo.
El hallazgo de la melanina en criaturas marinas fósiles tan lejanas en el tiempo y en la genealogía parece implicar —al menos así lo interpretan los autores de Lund— que las tortugas y los ictiosaurios no heredaron ese pigmento de un remoto ancestro común. Consideran más probable que la melanina evolucionara de forma independiente en cada uno de esos linajes. Sería un caso notorio de evolución convergente, como las alas de pájaros y murciélagos, que son similares pese a tener orígenes distintos.
La melanina, de hecho, es más que un pigmento. Cumple a menudo otra función como hormona, y en muchas especies actuales es el regulador esencial de la temperatura corporal. Esta es la clave, según Lindgren y sus colegas, de su evolución convergente: que sus variantes permitieron o facilitaron la adaptación de muy distintas criaturas a las latitudes más frías, o en los periodos más gélidos por los que ha pasado el planeta.
En biología, la belleza es rara vez un mero adorno.



Diario El País. España.








miércoles, 8 de enero de 2014

ESE VIAJE





Escocia, esa maravilla








Escocia, como el resto del Reino Unido, es un territorio caro, por el transporte, el alojamiento, los restaurantes y las entradas a museos, castillos y catedrales. Pero, a la vez, Escocia es una maravilla, un espacio infinito de naturaleza salvaje, dramática historia y tradiciones entrañables. Para conocer Escocia, sin vaciarse los bolsillos existen unas cuantas alternativas a las actividades turísticas tradicionales.

 Edimburgo





Recorrer la Milla de Oro desde el imponente castillo que domina la ciudad hasta el elegante palacio de Holyrood es gratuito. En los días soleados es una buena idea encaramarse a lo alto del llamado Arthur Seat, una colina que se asoma a la ciudad. Otra opción que también incluye vistas es el popular parque de Calton Hill, un remanso de paz desde el que se han tomado algunas de las fotografías más conocidas de Edimburgo. Destaca el National Monument, una ambiciosa copia del Partenón griego en homenaje a los caídos en las guerras napoleónicas que se quedó sin terminar por falta de fondos, por lo que solo tiene doce columnas. No perderse el edificio del Parlamento, obra maestra de Enric Miralles.









National Monument





Cámara del Parlamento, obra maestra de Enric Miralles. 


 Castillo de Dunnotar


Es una de las fortalezas medievales más espectaculares de Escocia, tanto por su estructura como por su ubicación, en un área rocosa casi rodeada por el agua en la costa este del país. Lo fácil es llegar en coche hasta la misma puerta, pagar la entrada —seis libras— y verlo por dentro. Lo inteligente es apearse en el pueblo marinero de Stonehaven y realizar a pie los tres kilómetros que separan ambos puntos. La excursión nos llevará por un sendero pegado a abruptos acantilados desde el que solo veremos colinas verdes y el azul del cielo, y solo escucharemos el bramido del mar y el graznido de las gaviotas. A medio camino descansa un templete de estilo griego en ruinas, en honor a los caídos en las guerras mundiales, que da un aire onírico al paisaje. El premio, según nos acercamos a la meta, es descubrir poco a poco el imponente castillo en ruinas azotado por las olas del mar del Norte. Las vistas de este fortín desde sus alrededores son tan extraordinarias que resulta mucho mejor plan hacer un pic-nic en el prado frente a él.


  
Dunnotar Castle


                                             Monumento a los caídos en las dos guerras mundiales cerca de Stonehaven

Eilean Donan

  
Es, quizá, el castillo más romántico de las tierras altas, y también el más conocido desde que fue escenario de la película Los inmortales. Eilean Donan está en una pequeña península en el lago Duich, al noroeste de Escocia. Acceder cuesta 6,5 libras, pero, otra vez, lo que enamora es el conjunto que forma con el paisaje. Los atardeceres de otoño sobre el lago, cuando la luz tiñe con ocres y anaranjados sus muros y su puente de piedra, son especialmente evocadores.








Old Man of Storr

En la isla de Skye, la más grande del archipiélago de las Hébridas interiores, descansa este portento de la naturaleza. Es un monolito puntiagudo de 50 metros de altura que se yergue majestuoso en la costa noreste de la isla. Es accesible desde Portree, la capital, en un autobús que cuesta 4 libras y tarda 15 minutos. En la base de la roca basáltica, el aire puro, las vistas de lagos —algunos de ellos pequeños y secretos, solo visibles a cierta altitud— y del Mar del Norte, con las islas de Rasay y Rona al frente, compensan el cansancio tras el ascenso de una hora y media.

                          Estudiantes en una excursión al cerro rocoso de Old Man of Storr, que se ve al fondo, en la isla de Skye 



Fort Wiliam
Es el epicentro del senderismo y la escalada por su cercanía al Ben Nevis, la montaña más alta de Escocia, y al legendario Valle de Glencoe, donde se produjo una de las peores matanzas entre clanes de la historia, pero también es uno de los puntos que más lluvias recibe a lo largo del año. En días desapacibles, el completísimo y gratuito West Highland Museum es el lugar perfecto para dejar pasar las horas. Fundado en 1922, repasa en ocho salas la historia de las tierras altas: tradiciones, arqueología y antropología, fauna y flora o indumentaria. Hay curiosos tesoros, muchos de la época de los levantamientos jacobitas en el siglo XVIII, o restos de un galeón español de la Armada Invencible que naufragó, gaitas antiquísimas y objetos de los reyes y jefes de clanes del pasado.



El Ben Nevis


Stirling


A una hora de Edimburgo, esta pintoresca localidad medieval presenta como principal reclamo su castillo, donde, en 1297, el héroe nacional William Wallace (el de Braveheart) venció a los ingleses. A coste cero se puede conocer la iglesia de Holy Rude, una bellísima reliquia de los tiempos en que Escocia se intentaba forjar como nación, y famosa por ser la única aún en pie que acogió una coronación, la del rey Jaime VI. Los menos miedosos pueden visitar el cementerio adyacente, tan antiguo que algunas de sus lápidas, semicubiertas por la hierba, ya no lucen ningún nombre. Otras están a punto de derrumbarse; en otras solo se distinguen una calavera y dos tibias cruzadas, y las más revelan fechas de los siglos XVIII y XIX coronadas por cruces y entramados celtas.




                                          Interior de la iglesia de Holy Rude, en Stirling donde fue coronado rey Jaime VI













martes, 7 de enero de 2014

PEDALEANDO



Los carriles bici aéreos de Norman Foster *

  


            SkyCycle, un proyecto de Norman Foster para la movilidad ciclista en Londres. Recreación de Space Syntax


Pedalear con la ciudad a tus pies. Literalmente. Mirar el horizonte y tener la sensación de sobrevolar la urbe. Parece que esta es la idea de fondo de SkyCycle, una red de carriles bici aéreos que Norman Foster plantea como solución a los problemas de movilidad ciclista en Londres. El proyecto, presentado por el estudio arquitectónico Foster + Partners, junto con los paisajistas de Exterior Architecture y la consultora urbanística Space Syntax, consistiría en la construcción de 220 kilómetros de infraestructura ciclista que discurrirían sobre las líneas de tren de cercanías y que conectarían la ciudad del Támesis. “Se trata de una aproximación lateral a los problemas de espacio en una ciudad congestionada”, describía Norman Foster el proyecto durante su presentación.
"Cualquier idea es buena para que Londres siga siendo la mejor ciudad del mundo”. Con esta declaración de intenciones, Boris Johnson, alcalde bicifriendly de la capital inglesa, se mostraba abierto a recibir ideas de cualquier tipo para mejorar la vida de la urbe. Norman Foster le ha tomado la palabra y, esta semana, ha presentado SkyCycle. Una red ciclista aérea, que seguiría el trazado de las líneas de ferrocarril de Cercanías y que conectaría el centro con las conurbaciones. Ese itinerario, ideado para los trenes de vapor, evita las pendientes y comunica a más de seis millones de personas. “Se trata de aprovechar este legado histórico”, aclaran, en un comunicado, los ideólogos.
Las diez rutas aéreas propuestas tendrían 15 metros de ancho y ofrecerían un recorrido seguro para más de 12.000 ciclistas por hora. Se accedería a ellas a través de 200 puntos distribuidos por la urbe y disminuirían el tiempo medio ciclista invertido en cruzar la ciudad en unos 29 minutos, según los diseñadores. “Los grandes proyectos han transformado la historia de la capital”, afirma Anna Rose, directora de Space Syntax en el texto de presentación de SkyCycle. “El sistema de alcantarillado de Bazalgette ayudó a eliminar la amenaza del cólera y mantuvo a Londres en la vanguardia de la revolución industrial; el metro hizo accesible el centro a mucha gente que vivía en las afueras y aporto un nicho laboral. SkyCycle se concibe en esta tradición como una red estratégica, que conecta las afueras con el centro a pedales, generando una red segura y necesaria para los cientos de millones de desplazamientos ciclistas que se realizan cada año”, añade.
El costo de SkyCycle parece no ser un problema, mucho más bajo que la construcción de nuevas carreteras y túneles, según cálculos de los defensores. Además de la inversión pública, los defensores de SkyCycle defienden la explotación comercial de algunos de los puntos así como la posible regeneración de determinadas zonas gracias a las vías ciclistas.
El ciclismo urbano es una tendencia de movilidad en Londres. El sistema de bicicleta pública, llamadas Boris Bikes en honor al alcalde torie y pro-bici, ha consolidado las dos ruedas y ha multiplicado su uso. A pesar de ello, solo un 2% de los trayectos diarios se realizan a pedales. El año pasado, seis accidentes ciclistas ocurridos en dos semanas, provocaron multitud de protestas entres los usuarios de los pedales, que reclamaban mayor seguridad.  A pesar de ese brote, el número de fallecidos sobre dos ruedas en la capital en 2013, 14 personas, no aumentó con respecto al año anterior. 
"Usando los corredores de Cercanías podemos crear una red global, segura y sin coches perfecta para los ciclistas", añade Foster. 







*Del blog ' I Love Bicis'. Diario El País. España









lunes, 6 de enero de 2014

POEMA




Rotundamente negra 
          Shirley Campbell Barr









Me Niego Rotundamente

Me niego rotundamente a negar
Mi voz, mi sangre y mi piel.
Y me niego rotundamente
A dejar de ser yo,
A dejar de sentirme bien
Cuando miro mi rostro en el espejo
Con mi boca rotundamente grande,
Y mi nariz rotundamente hermosa
Y mis dientes
Rotundamente blancos,
Y mi piel
Valientemente negra.
Y me niego categóricamente
A dejar de hablar
Mi lengua, mi acento
Y mi historia.
Y me niego absolutamente
A ser parte de los que callan,
De los que temen,
De los que lloran.
Porque me acepto
Rotundamente libre
Rotundamente negra,
Rotundamente hermosa.











viernes, 3 de enero de 2014

2014






El fin del mundo (no) llegará en 2014


NUEVAS TEORÍAS SOBRE EL APOCALIPSIS









Cada fin de año, los agoreros de siempre salen a hacer sus predicciones acerca del fin de los tiempos. Es algo que ocurre desde que el mundo es mundo, pero finalmente nada sucede. La Tierra sigue girando y el ser humano persiste en sobrevivir a pesar de todo. No obstante, los apocalípticos de siempre seguirán adelante con sus insostenibles y absurdas teorías, las cuales —lamentablemente— logran llegar a ciertas almas crédulas.¿Cómo es posible que haya quien aún crea en hipótesis sobre un eventual fin del mundo siendo que hasta ahora siempre han pifiado todos los pronósticos? La psicología ha dado sobradas explicaciones al respecto —o al menos lo intentó—, pero también lo hizo la ciencia a través de un estudio del estadounidense Baylor College of Medicine (BCM).
Allí, se afirma que una parte de la corteza cerebral —la media-prefrontal—hospeda el instinto a la credulidad. Read Montague, docente del BCM y uno de los responsables del estudio, expresó que los humanos son "muy crédulos por naturaleza".Lo mismo asegura Erik Asp, investigador de la Universidad de Chicago, quien junto a otros investigadores ha sugerido que el centro de la credulidad se halla en un lugar muy concreto de nuestro cerebro: el área ventromedial de la corteza prefrontal del cerebro, situada justo encima de los ojos. Según el científico, ello explicaría por qué los niños y los ancianos son los grupos etarios más crédulos.
Como sea, en los últimos meses comenzó a cobrar fuerza una nueva hipótesis referida al fin del mundo, en este caso impulsada por el jefe del sector de investigaciones espaciales del Observatorio de Pulkovo de la Academia de Ciencias de Rusia, el doctor honorario Jabibulá Abdusamátov. Según el investigador, quien estudia la periodicidad del cambio de la actividad solar, la Tierra ha acumulado una gran cantidad de calor y ya ha comenzado a enfriarse. Ergo, según el experto, ya se pueden sacar conclusiones sobre los futuros calentamientos globales y los descensos de temperatura. "Disponemos de datos que indican que la temperatura comenzará a bajar radicalmente a partir de 2014", asegura Abdusamátov. Y fue aún más allá: "El descenso de temperatura llevará a que las zonas de cultivo queden considerablemente reducidas. Además de los problemas con los alimentos, será mucho más difícil la extracción de petróleo y gas en latitudes septentrionales". No hace falta mencionar que el presagio del supuesto investigador es absurdo y hasta descabellado. Por lo pronto, carece de datos de rigor que sostengan su hipótesis, la cual —dicho sea de paso— va a contramano de lo que dice la ciencia tradicional. Hay quienes podrían pensar que, por tratarse de una persona que ostenta un título profesional, su vaticinio tiene algún grado de verosimilitud. Sin embargo, esto no es así: el absurdo es absurdo por más que lo diga un premio Nóbel. Es lo que se denomina como “principio de autoridad”: se le da relevancia a los hechos según quién los mencione, no la evidencia que haya detrás.


Más profecías para 2014



Desde hace un tiempo, comenzaron a hacerse carne dos nuevas profecías apocalípticas relacionadas al entrante 2014. La primera de ellas es el “Ragnarök” o la batalla del fin del mundo, a ocurrir el próximo 22 de febrero. Quien la sostiene es un supuesto experto llamado Vadim Scherbakóv, quien basa su hipótesis en el “Fimbulvetr” —más grande invierno—, que aparece descripto en poemas escritos en nórdico antiguo. Según los agoreros del Apocalipsis, se trata de un hecho que precederá al fin del mundo y que impulsará tres inviernos sucesivos, sin ninguna intervención del verano. “Durante este tiempo, habrá innumerables guerras y los lazos de sangre ya no será respetada: los familiares se encuentran juntos y hermanos se matan hermanos”, dice la mitología. Los verdaderos expertos echan por tierra esa pretensión y aseguran que, a lo sumo, la mitología podría estar relacionada con los fenómenos meteorológicos extremos de 535-536 que se tradujeron en un descenso notable de la temperatura en el norte de Europa.





La segunda amenaza habla de la evaporación de la humanidad a través de la aparición de una nube ácida, el 1 de junio de 2014.Investigadores del observatorio estadounidense Chandra auguran la llegada de este “apocalipsis” y juran que ya existe esa nube, con una superficie de dieciséis millones de kilómetros cuadrados, fruto de un agujero negro que se estaría acercando a la Tierra a una velocidad inverosímil desde el centro de nuestra galaxia. Según estos, el fin alcanzará nuestro planeta el próximo 1º de junio y destruirá toda la civilización; lo hará a la velocidad la luz, por lo cual no tendremos tiempo ni para darnos cuenta de nada, ni siquiera asustarnos. Sin embargo, los científicos rusos no se dejan llevar por el pánico. El astrofísico Mijaíl Odintsov cuenta a La Voz de Rusia: “Para ser exactos, deberíamos explicar que el observatorio Chandra hizo su descubrimiento en 2005. Anunciaron el escape de una gigantesca nube del mayor agujero negro registrado. Pero ahí es donde se acaban los hechos. El escape se produjo en el clúster de galaxias MS 0735+7421 que se encuentra a 2500 millones de años luz de la Tierra. Es muy poco probable, por otra parte, que desarrolle una velocidad tan alta, a causa de diferentes factores. Aún así, nos alcanzará dentro de un plazo muy largo, porque un año luz equivale a 10 000 000 000 000 de kilómetros. Si lo multiplicamos por 2500 millones de años luz, sabremos en qué momento la nube alcanzará la Tierra”.








El fin del mundo que no fue

No es la primera vez que se pregona el fin del mundo, ocurrió en infinidad de ocasiones y jamás se concretó. Bastan recordar dos de los más —tristemente— célebres: el primero a fines de 1999, cuando el cambio de siglo preveía la llegada del Apocalipsis. Miles de personas en todo el mundo se quitaron la vida a efectos de evitar un doloroso final que jamás ocurrió. Algo similar sucedió en vísperas del 21 de diciembre del 2012, cuando se preveía la finalización del mundo predicho por los mayas. Tampoco ocurrió nada.En esta oportunidad, tampoco llegará el fin de los tiempos, aún cuando suene tan atractivo para los amantes de la literatura fantástica.
Debería ser toda una lección a esta altura. ¿Cuántos pifies más habrá que superar antes de que la humanidad se dé cuenta de que los únicos beneficiados por estas descabelladas teorías son los mismos que la pregonan?
“La inteligencia es limitada, pero la idiotez no tiene límites”. Dicen que esa frase alguna vez la pronunció Albert Einstein. Si no lo hizo, merecería haberlo hecho. Especialmente en vísperas de tantos Apocalipsis que jamás ocurrirán.


Christian Sanz
Tribuna de Periodistas











jueves, 2 de enero de 2014

HACE UN SIGLO: 1914, LA GRAN GUERRA.




La guerra que cambió el destino de Europa 

Julián Casanova *



"La primavera y el verano de 1914 estuvieron marcados en Europa por una tranquilidad excepcional", recordaba años después Winston Churchill, alimentando esa idea nostálgica de la estabilidad europea en tiempos de la Alemania imperial de Guillermo II o la Inglaterra de Eduardo VII, de contraste entre los “good times” y el período de grandes convulsiones políticas y sociales inaugurado por el estallido de la Primera Guerra Mundial en agosto de 1914.
Cuando comenzó esa guerra, Europa estaba dominada por vastos imperios, gobernados —excepto Francia, donde había surgido una república de la derrota en la guerra con Prusia en 1870— por monarquías hereditarias. La nobleza ejercía todavía un notable poder económico y político. En Gran Bretaña, Francia o Alemania, por citar a las naciones más poderosas, una oligarquía de ricos y poderosos, de buenas familias, de nobles y burgueses conectados a través de matrimonios y consejos de administración de empresas y bancos, mantenía su poder social a través del acceso a la educación y a las instituciones culturales
Muchos ciudadanos europeos tenían restringida la libertad para hablar su idioma o practicar su religión y sufrían notables discriminaciones por el género, la raza o la clase a la que pertenecían. Las mujeres no votaban, con excepciones como la de Finlandia que les había concedido el voto en 1906, y en raras ocasiones se les permitía poseer propiedades o llevar sus propios negocios. Antes de 1914, la democracia y la presencia de una cultura popular cívica, de respeto por la ley y de defensa de los derechos civiles, eran bienes escasos, presentes en algunos países como Francia y Gran Bretaña y ausentes en la mayor parte del resto de Europa.


Fue ese orden el que comenzó a desmoronarse cuando Austria declaró la guerra a Serbia el 28 de julio de 1914, un mes después del asesinato en Sarajevo del heredero al trono austriaco, el archiduque Francisco Fernando. A partir de ahí, las tensiones y rivalidades entre los diferentes Estados la convirtieron en una guerra general, primero europea y, tras la entrada de Estados Unidos el 6 de octubre de 1917, mundial. Y aunque los gobiernos de los principales poderes, desde Rusia a Gran Bretaña, pasando por Alemania y Austria-Hungría, contribuyeron a poner en riesgo la paz con sus movilizaciones militares, ninguno de ellos había hecho planes militares o económicos para un prolongado combate.





Esperaban que la guerra fuera corta porque sabían que si entraban en guerra todos la vez, algo que posibilitaba el sistema de alianzas pactado unos años antes, el dinero y las energías gastadas podrían conducir a la bancarrota de la industria y del crédito en Europa.La guerra, sin embargo, duró cuatro años y tres meses y el entusiasmo que exhibieron a favor de ella la mayor parte de las poblaciones de los países beligerantes, incluidas las clases trabajadoras, se evaporó relativamente pronto, especialmente en Europa central y del este. 

La escasez de comida y de materias primas y los numerosos conflictos que se derivaron de las duras condiciones en que se desarrolló la guerra formaron el telón de fondo de las revoluciones de 1917 en Rusia que sucesivamente derribaron al régimen zarista y llevaron a los bolcheviques al poder, el cambio revolucionario más súbito y amenazante que conoció la historia del siglo XX. En 1919, solo quedaban los imperios británico y francés. Todos los demás habían desaparecido y con ellos, un amplio ejército de oficiales, soldados, burócratas y terratenientes que los habían sostenido.


En el siglo que transcurrió entre el Congreso de Viena en 1815, que puso fin a la era de Napoleón, y el estallido de la Primera Guerra Mundial, Europa fue el escenario de dos grandes guerras que destacaron sobre otros conflictos más localizados: la guerra de Crimea, de 1854-56, dejó unos 400.000 muertos; la que enfrentó a Francia y a Prusia, en 1870-71, causó 184.000 víctimas. 
Más de ocho millones de personas murieron en la Gran Guerra de 1914-1918, una cifra a la que habría que añadir las víctimas de la pandemia de gripe de 1918-19, que golpeó con severidad a una población debilitada por los efectos de la contienda.

Antes de 1914, los civiles muertos en las guerras eran pocos comparados con quienes las combatían. En la Primera Guerra Mundial, las víctimas civiles mortales ya representaron un tercio del total; en la Segunda, superaron los dos tercios. El “embrutecimiento” causado por la primera de esas guerras, con terribles consecuencias, dio paso a que las poblaciones civiles se convirtieran en objeto de acoso y destrucción.
Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, el destino de Europa comenzó a decidirse por la fuerza de las armas. Fue un conflicto de una escala sin precedentes, con dos frentes principales, uno occidental y otro oriental, con la aparición, por primera vez en la historia, de los bombardeos aéreos, después de que las batallas por tierra y por mar hubieran sido durante mucho tiempo las principales manifestaciones de la guerra. Ya a comienzos de 1915 hubo ataques con bombas desde el aire, ejecutados por británicos y alemanes. Y las atrocidades cometidas sobre la población civil demuestran que esa guerra inauguró una nueva época en la violencia entre Estados, que alcanzó su cénit en la Segunda Guerra Mundial.


Según la investigación de John Horme y Alan Kramer, 6.427 civiles belgas y franceses fueron asesinados por las tropas alemanas invasoras en agosto de 1914, apenas comenzada la guerra, y la persecución y muerte de civiles fue también habitual en el frente este, protagonizada por soldados alemanes, austriacos y rusos. Cientos de miles de lituanos, letones, polacos y judíos fueron deportados al interior de Rusia. Aunque el ejemplo más claro de ese “embrutecimiento” alimentado por la Gran Guerra, un claro precedente del genocidio nazi, fue el asesinato a sangre fría de al menos 800.000 armenios, entre 1915 y 1916, por las fuerzas armadas otomanas, una acción deliberadamente planeada y llevada a cabo por las élites del Estado otomano.





La Primera Guerra Mundial, que decidió el destino de Europa por la fuerza, tras décadas de primacía de la política y de la diplomacia, ha sido considerada por muchos autores la auténtica línea divisoria de la historia europea del siglo XX, la ruptura traumática con las políticas entonces dominantes. Marcó el comienzo de la escalada de la violencia en esa era que se extendió hasta 1945, porque borró la línea entre el enemigo interno y externo, la frontera entre población civil y militar, fue el escenario de los primeros ejemplos de exterminio masivo de la historia y de ella salieron el comunismo y el fascismo, los movimientos paramilitares y la militarización de la política.
La mayoría de los dirigentes de los grandes poderes en el momento del estallido de la Primera Guerra Mundial pertenecían a ese mundo exclusivo y elitista, estrechamente vinculado a la cultura aristocrática del Antiguo Régimen, con escasos conocimientos sobre la sociedad industrial y los cambios sociales que estaba provocando. Tras ella, ya nada fue igual. A los intelectuales y artistas les resultó casi imposible quedarse al margen de los grandes debates públicos. El comunismo y el fascismo se convirtieron en alternativas a la democracia liberal, vehículos para la política de masas, viveros de nuevos líderes que, subiendo de la nada, arrancando desde fuera del establishment y del viejo orden monárquico e imperial, propusieron rupturas radicales con el pasado. Como declaró Sir Edward Grey, ministro de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña, las luces se estaban apagando en Europa.


*Julián Casanova es autor de Europa contra Europa, 1914-1945 (Editorial Crítica).