jueves, 16 de febrero de 2017

ESTONIA



Estonia,  la meca tecnológica de Europa











Cuando, en 1991, Estonia se convirtió en un país independiente, sus líderes políticos visualizaron el futuro en algo tan abstracto como la codificación y los algoritmos. En ese momento, la estabilidad que buscaban -con una economía avanzada, un alto nivel de vida y una tecnología puntera en el mundo- se asemejaba más a un sueño que a un proyecto real. La diminuta república báltica se había liberado de la Unión Soviética en 1918, pero apenas tres décadas más tarde, en 1941, había sido invadida por la Wehrmacht, las fuerzas armadas de la Alemania nazi. Y tres años más tarde llegaría la reocupación soviética.
Pero con su independencia -y, especialmente, con su ingreso en la Unión Europea en 2004- y con la adopción de una serie de políticas tecnológicas revolucionarias cambiaría el panorama hasta tal punto que hoy día es conocido como el "Silicon Valley europeo".  De hecho, el país tiene más empresas emergentes por persona que el Silicon Valley californiano y su revolución digital ha sido tal que ya cuenta con unos 600 servicios online.
Estonia es uno de los pioneros tecnológicos de Europa y una de las sociedades digitales más avanzadas del mundo. Tanto es así que se ha convertido en un modelo de gobierno único que se hace llamar "e-Estonia" ("Estonia electrónica"). Pero, ¿cómo funciona?

e-Estonia: una sociedad digital

El país báltico fue el primero en permitir votaciones por Internet en unas elecciones generales, y también en ofrecer todas las clases escolares y gestionar los historiales médicos de sus ciudadanos a través de la web.  Los estonios pagan el estacionamiento por Internet, tienen wifi pública en todo el territorio nacional y cuentan con el ancho de banda más veloz del planeta.  Su Internet, a diferencia de su pasado histórico, es libre y abierta. Su acceso es amplio y sin restricciones ni limitaciones al contenido.
El cambio fomentado por el gobierno transformó la manera en que los ciudadanos interactúan entre sí y creó un entorno de apoyo a los emprendedores en un país que tiene poco más que un millón de habitantes y que fue el lugar en el que nació Skype, entre otras muchas empresas tecnológicas exitosas.  En su sitio web oficial, la nación báltica define a sí misma como "una sociedad digital" gracias a sus "sofisticadas soluciones electrónicas".
Esa gestión electrónica se aplica a todos los sectores, desde la seguridad vial, hasta la educación, la sanidad y los servicios financieros, privados y gubernamentales.  Registrar un negocio en Estonia -por supuesto, se hace a través de internet- cuesta sólo 18 minutos y hacer la declaración de impuesto apenas cinco. Todo ello, sin moverse del sofá, explica el gobierno.


Skype nació en Estonia.



Estos son algunos de los servicios electrónicos con los que cuenta e-Estonia:

Gestión de colas fronterizas: reduce los tiempos de espera.
Firma digital: permite la firma de documentos de forma segura.
Residencia electrónica: permite a todo el mundo hacer negocios digitales más fácilmente.
DreamApply: sirve para la admisión de estudiantes internacionales y optimización de procesos en instituciones educativas.
Registro electrónico de empresas: permite a los emprendedores registrar su negocio en minutos.
Gabinete gubernamental (e-Cabinet): para coordinar el proceso de toma de decisiones.
Tribunales y sistema legal (e-court y e-law): para presentación de demandas o publicación de proyectos de ley.
Sistema policial(e-Police): para mejorar la comunicación, coordinación y efectividad de la policía.
Sistema educativo (e-School): permite a estudiantes, profesores y padres colaborar en el proceso de aprendizaje.




"En lugar de desarrollar un sistema central único, Estonia creó un sistema abierto y descentralizado que conecta varios servicios y bases de datos entre sí", se lee en la web.  "La flexibilidad de este sistema abierto permitió que se desarrollen y se añadan nuevos componentes de la sociedad digital a lo largo de los años. Por eso Estonia se ha convertido en una de las historias de éxito empresarial de la última década en Europa". Otros, sin embargo, ven esa hegemonía de Internet como una amenaza a la privacidad personal. Pero el gobierno estonio dice que su sistema es seguro y exento de intrusismos.

Confianza digital

Los estonios tienen el control de sus datos personales y pueden ver en línea qué agentes consultaron su información. Además, va contra de la ley que alguien vea los datos de otra persona sin su consentimiento, y los actores privados y gubernamentales deben solicitar un acceso especial. Tal vez por eso las estadísticas indican que los estonios tienen un alto nivel de confianza digital.
"El uso de tecnologías de la información en el sector público nos ha impulsado al frente de la modernización [...] y ha convertido a Estonia en un país con uno de los gobiernos más limpios y transparentes del mundo", dijo Toomas Hendrik Ilves, presidente del país entre 2006 y 2016, en un video gubernamental.

Y todas estas ventajas no son sólo para los estonios.

Desde 2014, los ciudadanos extranjeros también pueden convertirse en "residentes electrónicos" de este pequeño país, que ha conseguido liderar toda una revolución digital y protagonizar un cambio sin precedentes en el mundo.
La "e-residencia" no permite votar, ni elimina la necesidad de visa para quienes vivan fuera de la Unión Europea, pero los residentes electrónicos reciben una identificación digital que hace más fácil abrir cuentas de banco, registrar empresas o firmar digitalmente todo tipo de documentos. El proceso, por supuesto se hace a través de Internet.




La canciller alemana Angela Merkel y el primer ministro de Estonia Taavi Rõivas en una visita oficial en 2016.





La sociedad de "e-Estonia", sin embargo, no es perfecta.  Su actual primer ministro, Taavi Rõivas, tiene solamente 37 años y pertenece a esa nueva generación digital que no concibe el mundo actual sin la red. Sin embargo, solamente la mitad de los mayores de 65 años utilizan Internet en el país, lo cual indica que existe cierta exclusión digital.  Además, la tecnología puede ser costosa, limitando el acceso de quienes tienen menos ingresos.
Pero, en términos generales, el balance es más que positivo. Estonia es un ejemplo de una república del futuro que ya existe en el presente.









miércoles, 15 de febrero de 2017

ARTE ARGENTINO EN MADRID



El arte argentino contemporáneo en las calles de Madrid


Jorge Morla





                          ALIMENTANDO A LAS GALLINAS”. Técnica mixta sobre tela e intervención sobre la pared.






Partiendo de un cuadro verdoso y rectangular, la artista argentina Mariana Ferrari interviene el muro de Casa América sobre el que el lienzo descansa, prolongando su pintura más allá de los límites del óleo y transformando toda la pared en un mural. Es una buena metáfora de lo que el arte argentino pretende hacer en Madrid: "Desparramarse", en palabras de Mariano Mayer, uno de los comisarios de la exposición En el ejercicio de las cosas, que da el pistoletazo de salida a las actividades paralelas a Arco*, la feria del arte que arranca el 22 de febrero y de la que Argentina es el país invitado esta edición.

La de Casa América es una de las ocho sedes que acogerán la exposición colectiva, que engloba el trabajo de 50 artistas de distintas generaciones. Uno de los platos fuertes allí es la actuación lumínica que sobre el Ayuntamiento y la Plaza de Cibeles desplegará Karina Peisajovich al anochecer. Pero hasta que caiga la noche pueden verse cómo las fotografías de rinocerontes de Umberto Rivas (fotógrafo del Instituto Di Tela en los 60) dialogan con las instantáneas que capturan letreros entre plantas y esquinas de patios de Bruno Dubner, “que ejerce de fotógrafo del Buenos Aires de hoy”, explica Mayer. “El hilo conductor de la muestra en Casa América es el contacto de los jóvenes artistas con la tradición”, resume Sonia Becce, la otra comisaria de la exposición.



Karina Peisajovich


Cada una de las ocho sedes en las que se reparte En el ejercicio de las cosas gira en torno a una idea artística. Así, las obras expuestas en Tabacalera versan sobre el cuerpo, las del Retiro juegan con la idea del artista como arqueólogo de sus esencias, las del Museo Cerralbo reflexionan sobre lo decorativo. 
De Casa América a la vecina Biblioteca Nacional, donde “la literatura, y las fuentes literarias del arte, la relación con el papel y el objeto libro”,  son los ejes de la exposición. Allí pueden verse las fotografías de gran tamaño de Nicolás Mastracchio (trampantojos coloridos que más bien parecen óleos) enfrentadas al ladrillo devenido ficha de dominó de Claudia del Río, o las fotografías de esculturas y manos de Cecilia Szalkowicz.


Nicolás Mastracchio


“Una de las razones que me impulsaron a esta manifestación es la convicción de que la vida es una obra de arte, por lo que en vez de 'pintar' una comida, di una comida”. Cuando, en 1968, el sin par Federico Peralta Ramos ganó la beca Guggenheim, dilapidó el dinero en un banquete para sus amigos en el Hotel Alvear. Cuando las autoridades quisieron retirársela, el artista escribió una carta justificando sus actos. Fragmentos de esa carta, además de grabaciones del artista, pueden verse y escucharse en el tercer punto del recorrido, la casa museo de Lope de Vega. En la casa de Lope, una submuestra llamada Flotando, la obra de cuatro artistas se enfrenta a la del escritor del Siglo de Oro.
“La forma que tenía Lope de vivir la literatura, esa convulsión que le hacía ser tan prolífico y a la vez estar todo el día defendiendo sus obras es similar a la que tienen varios artistas argentinos”, explicaba Mayer. Tras él, un cuadro de rombos multicolor insertado en un marco de caña trenzada, obra de la artista (y también poeta) Fernanda Laguna. Y delante, ejemplares del libro 44 novelas que comienzan, del artista Gastón Pérsico.



Fernanda Laguna


La carta de Peralta, por cierto, consiguió convencer a las autoridades de la Fundación Guggenheim de que le conservaran la beca. Es más, desde entonces los estatutos fueron modificados y los artistas a los que se les concede no tienen que justificar de ningún modo en qué gastan el dinero. Para cambiar instituciones y remover conciencias está el arte, y el argentino, más allá de que termine Arco, conquista las calles de Madrid hasta el 16 de abril.





“El arte argentino está al nivel de la música o la literatura”


Pablo Avelluto, ministro de Cultura argentino, presenta en Madrid la programación de su país en ARCO, donde ejerce de país invitado






"¿Es Argentina un país contemporáneo?". La pregunta asalta a Pablo Avelluto (Buenos Aires, 1966) por el doble flanco de la política y el arte. El ministro de Cultura argentino ejerció ayer de embajador del arte de su país en Casa América, donde presentó el programa para ARCO, la feria de arte de la que Argentina será el país invitado esta edición. Avelluto, que reniega de la idea de desembarco (“nosotros aquí nos sentimos como en casa”), aboga por olvidar las nostalgias de su país: “Fuimos vistos por lo que fuimos, y por lo que pudimos ser y no fuimos. Hoy, tenemos que mirar a nuestro presente”. Sin embargo, como no podía ser de otro modo, Borges se le cuela en su discurso con frecuencia.

Pregunta. ¿Qué significa para Argentina ser el país invitado de Arco?

Respuesta. Es una oportunidad que nos tomamos muy en serio. Desde que Carlos Urroz (Director de la feria) nos lo propuso, lo vimos literalmente como una plataforma, un sitio al que subirse para ganar visibilidad, para que toda Europa vea nuestro arte.

P. ¿Cómo ve la situación del arte contemporáneo argentino?

R. Es una escena intensa, diversa, y mucho mayor de lo que a veces se percibe desde fuera. Uno ve, sobre todo desde aquí desde Europa, a veces un emergente al que de pronto lo toma una galería, o llega a alguna sala o museo, pero poco más. Cuando uno va acercando el zoom y ve más en detalle, empieza a ver que hay mucha más diversidad, muchos más nombres que aparecen. Una historia a veces de olvidos que merecen ser rescatados, una historia que es revisitada en algunos casos por primera vez. Dar cuenta de eso fue el desafío al encarar ARCO. La Argentina es una escena intensa, con sus propias particularidades.
Por otro lado, hay una idea que nosotros quisimos provocar, y que tiene que ver con, de algún modo, desvelar un secreto. Un secreto guardado al otro lado del mar. Algunos aquí en España están iniciados en ese secreto, pero queremos transmitir a todos esa idea de espiar por la mirilla, fomentar la curiosidad, una forma de decir “ven a ver más, ven a ver todo lo que queda allí”.

P. Al contrario que otras manifestaciones artísticas como pueden ser la literatura o la música argentinas, reconocidas a nivel mundial, no pasa lo mismo con el arte. ¿Lo ve injusto? ¿Qué pueden hacer para que el arte argentino esté al nivel, o por lo menos tenga la visibilidad de, por ejemplo, el mexicano o el brasileño?

R. Ese era uno de los desafíos de la invitación. No puedo determinar si es justo o no precisamente porque ha tenido mucha menos visibilidad. En años pasados, en muestras que se vienen realizando aquí en España, ese llamado de atención estuvo. Tal vez no con la visibilidad que merece, pero lo cierto es que nuestro arte está a la altura de otras manifestaciones de nuestro presente estético o cultural como la música, la literatura, el cine… Lo pendiente, como ha sucedido en México o Colombia, era mostrarlo. Otros se encargarán de valorarlo, pero mi pensamiento es que sin duda está a esa altura. Además, con unas características y especificidades que lo hacen único.

P. ¿Cuáles son esas cualidades específicas que tiene el arte argentino?

R. La presencia de lo irreverente, del desafío, de cierta vocación de llamar la atención. Rigor por un lado, pero visión irreverente siempre. Otro punto sería una diversidad suprema. También, la constancia en relación con la presencia de los cuerpos, a veces relacionada con la sexualidad, otras con la política. Otro rasgo es la intensidad, el arte de mi país siempre busca sacudir, conmover. Y se me ocurre que el concepto difuso de frontera está también muy presente. Digo difuso porque, como dijo Borges, ser argentino es ser universal.

P. A nivel institucional, ¿esta presencia mejora las relaciones entre Argentina y España? El presidente Macri vendrá a acompañar al Rey en la inauguración el próximo día 22.

R. En el arte, esas relaciones siempre se han mantenido. Pero es cierto que en el ámbito político, de las relaciones institucionales, habíamos estado un poco más aislados. Por eso vimos en esta invitación una oportunidad para recomponer los vínculos. Tanto con el programa de ARCO, como sus actividades paralelas, o los programas de residencia de artistas argentinos en Madrid que impulsamos, buscan fortalecer ese lazo. En el mundo del arte hemos sentido una sensación de bienvenida increíble, un “os estábamos esperando”. Era una pena que los Estados no estuvieran encontrando más puentes para cooperar, cuando el beneficio es para los artistas argentinos, para los madrileños, y los espectadores a ambos lados del atlántico

P. Hablando de relaciones internacionales, ¿Cree que las políticas antiinmigratorias de Donald Trump pueden hacer menos atractiva la ciudad de Nueva York como escaparate para artistas latinoamericanos, y potenciar así otros núcleos artísticos en el continente?

R. Bueno, está claro que Nueva York es una metrópoli, que es, como decía John Lennon, la Roma de nuestro tiempo, y que sigue siendo, y seguirá siendo, una de las mecas de consagración para muchos artistas. Dicho esto, por otro lado creo que claramente América Latina tiene una oportunidad de generar sus propios centros de atracción. La última vez que América Latina estuvo de moda tuvo que ver con los procesos políticos de la década de los 60. Ha llovido desde entonces. Aquello tenía que ver con las utopías de transformación política, las revoluciones… hoy las condiciones son completamente distintas, pero sumamente propicias para desviar la mirada de la producción norteamericana, huir de ese cierto academicismo. Eso es un gran reclamo como manifestación contemporánea. O sea, podemos seguir con la nostalgia de los 60 otros 50 años, y podemos seguir esperando que resuciten García Márquez y Cortázar, pero no va a suceder. Por eso importa enamorarnos de la producción contemporánea, de lo que está sucediendo aquí y ahora.

P. Hay que olvidar los efervescentes 60.


R. Yo es algo que por momentos, de verdad, he vivido como opresivo. No es que no fuera un gran momento, lo fue en todo el mundo y en Argentina también: el (Instituto) Di Tela, las vanguardias… pero podemos caer atrapados en esa nostalgia. Hoy Argentina es un país donde los lugares comunes se están empezando a ponerse en cuestión. Y creo que tenemos el derecho, mejor, la obligación, de promover el presente. De estar enamorados de él.




*ARCO: FERIA INTERNACIONAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO








Texto Cultura: El País. España.















martes, 14 de febrero de 2017

ARTE





 El arte es mucho más rentable que la Bolsa

Guillermo de la Dehesa








Jean Michel Basquiat: Autorretrato



El semanario The Economist empezó a publicarse en 1843, es decir, lleva ya más de 173 años seguidos publicándose, alcanzando un total de casi 9.000 números, lo que supone un récord mundial entre semanarios de casi 100 páginas. Para celebrarlo, ha decidido aventurarse con una nueva revista bimensual de 120 páginas de ideas, cultura y estilo de vida, titulada 1843. En su primer número, de agosto-septiembre 2016, en una página titulada ¿Que es lo que dicen los números?, James Tozer muestra un gráfico de enorme interés, titulado Art Markets Research Developments, que mide: en ordenadas (y) en porcentaje, el aumento del valor del número de obras de arte vendidas (en miles) en subastas y en ventas privadas que se hayan hecho públicas y en abscisas (x) el porcentaje de aumento del índice de Bolsa S&P 500, creado en 1923, que mide el índice de las 500 mayores compañías cotizadas en el NYSE o en el Nasdaq
El resultado final es sorprendente, ya que el índice S&P 500 de EEUU ha aumentado, en 10 años, un 33% y casi todas las obras de arte vendidas, ajustadas por inflación, han superado, muy sobradamente, el aumento del valor de dicho índice. Dado que dicho gráfico no da nombres de los grandes artistas, me he atrevido a dar algunos nombres que podrían ser los más obvios. El récord lo obtienen las más de 2.000 obras del arte belga del siglo XX, cuyo valor ha aumentado un 1.146%, probablemente de René Magritte, Paul Delvaux, James Ensor y Pierre Alechinsky, entre otros.
Les siguen las más de 6.800 obras de arte español del siglo XX, cuyo valor aumenta en cerca de un 475%, probablemente de Picasso, Dalí, Miró, Gris y Tapies, además de Sorolla, Solana, Casas y Zuloaga, entre otros, estando estos últimos a caballo entre los siglos XIX y el XX. Después figuran otras 26.931 obras de arte, sin especificar, posteriores a la II Guerra Mundial, que aumentan en un 440%.



Joan Miró. Bailarina


Les siguen, unas 400 obras de fotógrafos norteamericanos del siglo XIX, con un aumento del 350%, probablemente de Timothy O´Sullivan, Mathew Brady y de varios fotógrafos indios y otras 300 obras de fotógrafos franceses del Siglo XIX, con un aumento del 340%, como Gustave Le Gray, entre otros. Tras ellos se sitúan 4.750 obras de arte de los pintores del Pop Art Norteamericano, con un aumento del 290%, posiblemente de David Hockney, Jasper Jones, Robert Rauschenberg, Roy Lichtenstein, Andy Warhol, Jean Michel Basquiat y Keith Haring, entre otros.
Les siguen 5.500 obras de los expresionistas alemanes, con un aumento del 250%, seguramente de Paul Klee, Vasily Kandinsky, Max Beckman, Lovis Corinth, Ludwig Kirchner, Oskar Kokotschka, Egon Schiele, Franz Marc, Emil Nolde, Otto Dix y George Grosz, entre otros. A continuación, se sitúan 2.150 obras de escultores norteamericanos del siglo XX, con un aumento del 220%, probablemente de David Smith, Barnett Newman, Robert Rauschenberg, Donald Judd, Sol Lewit, Carl André, Richard Serra y Toni Smith, entre otros.



Tony Smith. Duck.


Les siguen 2.300 obras de artistas irlandeses, sin especificar, con un aumento del 170%, probablemente, de Sean Scully, Tony O’Malley, Anne Donnely, Jack Butler Yeats y Paul Henry, entre otros. A continuación, aparecen 2.050 obras de los impresionistas franceses, con aumentos del 140%, posiblemente de Claude Monet, Pierre Auguste Renoir, Eduard Manet, Gustave Caillebotte, Berthe Morisot, Alfred Sisley y Mary Cassat, entre otros. Luego están 2.100 obras de los antiguos maestros flamencos, con un aumento del 120%, probablemente de H. Bosch, Brueghel, Memling, Rubens, van Dick, van Eyck y van der Weiden, entre otros.


Berthe Morisot


Les siguen 3.500 obras de arte contemporáneo chino con una apreciación del 110%, seguramente, de Ai Weiwei, Zhang Daqian, Yue Minjun, Zhang Xiaogang, Liu Wei, Xu Bing, Zhang Huan, entre otros. A continuación, se encuentran 4.250 obras de arte contemporáneo Británico con una apreciación del 70%, tal vez de David Hockney, Frank Auerbach, Damien Hirst, Antony Gormley, y Bridget Riley, entre otros. Les siguen 5.500 obras de artistas de Australia, con una apreciación del 55%, tales como Arthur Boyd, Sidney Nolan, Albert Tucker, Joy Jester y otros muchos pintores aborígenes, conocidos posteriormente. Los impresionistas americanos consiguen una apreciación de su valor del 36%, tres puntos por encima del S&P 500, probablemente de Childe Hassam, William Merrit Chase, Alden Weir, Theodore Robinson, William Metcalf y Edward Willis Redfield.




David Hockney



Zhang Daqian


Por último, quedan otros artistas con una apreciación inferior al 33% del S&P 500. Por un lado e incomprensiblemente, los antiguos maestros Italianos con una apreciación de sólo el 18%: como Fra Angelico, Uccello, Filippo Lippi, Antonello da Messina, Leonardo da Vinci, Tiziano, Raphael y Caravaggio, pero la razón puede estar en que no ha habido ventas o subastas de dichos maestros, ya que todos sus cuadros están ya en los mejores museos del mundo o bien se trata de subastas de otros maestros menores o poco conocidos. Lo mismo sucede con los pintores británicos del siglo XVII a XIX, como Hogarth, Gainsborough, Constable y Turner, que tienen una apreciación de sólo el 10%.

También se incluye un cuadro con los precios finales de aquellas ventas y/o subastas acumuladas de la última década, que han alcanzado mayores ingresos: Pablo Picasso: 3.430 millones de dólares; Andy Warhol: 3.380 millones; Zhang Daqian: 2.030 millones; Qi Baishi: 1.910 millones; Francis Bacon: 1.500 millones; Claude Monet: 1.430 millones; Gerhard Richter: 1.390 millones; Alberto Giacometti: 1.170 millones; Mark Rothko: 1.110 millones y Jean Michel Basquiat: 1.090 millones.


Andy Warhol



Por último, se estiman los “precios medios” de las ventas de sus propias obras, para descontar su volatilidad: Mark Rothko: 11,1 millones de dólares; Claude Monet: 4,56 millones; Vincent van Gogh: 4,29 millones; Jacson Pollock: 2,45 millones; Amedeo Modigliani: 2.01 millones; Francis Bacon: 1,58 millones; Jean-Michel Basquiat: 1,43 millones; Paul Cézanne: $0,85 millones; Alberto Giacometti: 0,84 millones y Willem de Kooning: 0,83 millones.

Resaltan también los precios elevados de los artistas chinos del siglo XX como, probablemente, Zang Daqian y Qi Baishi desconocidos fuera de China, que pueden responder al número creciente de multimillonarios chinos y quizá de algún europeo pero, por ser tan caros, en 2015, han caído un 23%. También destacan los precios alcanzados en las categorías nicho, como la fotografía americana del siglo XIX y la pintura belga del siglo XX, dominada por René Magritte, ya que el Surrealismo sigue aumentando su apreciación cada año por parte de muchos compradores, como también ocurre con la obra de Salvador Dalí.
Extraña la diferencia de precios entre Mark Rothko y Jackson Pollock que es de más del doble a favor del primero. Asimismo, Dalí y Miró y la pintura española contemporánea, en general, están todavía muy por debajo del precio de los grandes maestros contemporáneos de otros países, pero su rentabilidad está creciendo con rapidez.



Mark Rothko


Ahora bien, conviene advertir que es lógico que los precios de los grandes maestros de la pintura y de la escultura superen claramente los grandes índices bursátiles de las mejores compañías cotizadas, pero podría ocurrir lo contrario con obras que no sean de dichos grandes maestros, que podrían ser superadas por algunos índices bursátiles. Asimismo, conviene tener en cuenta que muy pocos inversores pueden adquirir obras de un gran maestro, pero pueden invertir en acciones cotizadas ya que a dichas rentabilidades elevadas sólo se accede a partir de costes fijos muy altos. Sólo algunas inversiones inmobiliarias en grandes ciudades como Londres, Nueva York o Paris han llegado a producir rentabilidades superiores.



Ballon Dog ( Orange ) de Jeff Koons


Finalmente, Jeff  Koons, un gran innovador, vendió, en Noviembre de 2013, un Balloon Dog Orange, cuasi fabricado en serie, por 58,4 millones de dólares. Parece increíble que una obra de serie, en diferentes colores, pueda valer más que obras únicas de grandes maestros que han dedicado meses o años a terminarlas. Walter Benjamin, en 1936, en The work of art in the age of mechanical reproduction, citando a Paul Valery, en su conquete de l´ambiguité, fue el primero que planteó este problema y John Berger, en 1972, volvió a analizarlo en una serie excelente de televisión Ways of Seeing. ¿Podremos llegar a un arte manufacturado por robots?







Texto: El País. España















lunes, 13 de febrero de 2017

POEMA




Palabras lejanas

Orietta Lozano







                                                                   





Soy la antigua amiga de la correspondencia lejana
de cartas delirantes enredadas en los sueños.
Apenas te acordarás de las secretas frases
entre sedas incorpóreas que vestía la curva de mi vientre.
y hoy cuando el sol ha bajado hasta los árboles
y los pájaros circundan la autopista
te imagino tan duro y tan flexible
entre los fragmentos dejados por mis dedos.
Yo, la que te enviaba las estrellas entrega inmediata
y con fugitivo aire de poeta
merodeaba el correo y al librero de cabellos blancos.
Yo, a quien después de tanto conoces poco,
he dejado mi vocación de errante,
mis secretas corrientes de aire
por donde escapaba mi soledad.
Te conozco allí donde pareces más lejano
en la transparencia de tu sonido.
Pobre poeta malhumorado de breves barbas,
¿vendrán tus palabras a dispersar mi angustia?
Yo, la que intentaba en tediosas noches
dejar mi rostro en fugaces cuerpos
para quedarme sola con el agua y los espejos,
me miro ahora en la palabra de tu carta más amada,
y esta vez no habrá intento alguno
a cambio de tu fruta indescifrable.
Sólo destellos de silencio.
















viernes, 10 de febrero de 2017

ARTE LATINOAMERICANO




El arte latinoamericano se suma a la batalla contra Trump en Zona Maco

Marién Kadner





Rirkrit Tiravanija







Zona Maco, la principal feria de arte contemporáneo en México, dio este miércoles el pistoletazo de salida de su decimocuarta edición en la capital del país. Del 8 al 12 febrero, los organizadores del evento, dirigido por la mexicana Zélika García esperan superar la cifra de visitantes del año pasado, que rondó las 48.000 personas, y llegar a las 50.000. La exposición cuenta con stands de más de 120 galerías internacionales y las obras de más de 1.500 artistas.

En una vitrina, se ve un cráneo con orejas de Mickey Mouse, titulado Cráneo de norteamericano contemporáneo, de la artista Bene Bergado. Los stands se suceden y se ven móviles colgantes, cuerdas flotantes, cuadros de collages, dos enormes estructuras hechas con bicicletas (de dos galerías distintas), y dos motivos muy recurrentes, que recuerdan el lugar en el que se encuentra la feria: las calaveras y las mazorcas de maíz (representadas con y sin el hongo huitlacoche). En la feria se habla inglés y español. Los expositores provienen, en su mayoría, de México, Estados Unidos y Europa, también hay algunas galerías de países de América del Sur, como Colombia, pero son los menos representados.
Enseguida se aprecian también piezas con un motivo político. En primer lugar, la galería Kurimanzutto, la más potente de Ciudad de México, expone la obra del artista argentino Rirkrit Tiravanija, donde se puede leer: "Menos petróleo, más valor", sobre un fondo negro. Al lado, sobre varios cuadros con portadas muy actuales de periódicos nacionales, como una dedicada a la llegada de Trump a la Casa Blanca y otra a la extradición del Chapo, un texto dice: "El miedo devora el alma". Pero no es la única alusión a la política del nuevo presidente de Estado Unidos. El galerista Henrique Faria, con sede en Nueva York, propone la obra de Humberto Márquez quien en un gran cártel escribe: "América para los latinoamericanos". En las paredes del stand hay cuadros con sellos "de los productos que exporta México", explica entre risas el director: hojas de marihuana, flores de amapolas, cerebros, órganos...

Gabriela Magaña, de la galería House of Gaga, que abrió su primera sede en Ciudad de México en 2008 y acaba de instalarse en Los Ángeles, cuenta que a pesar de que la situación para los mexicanos es "muy preocupante" tras el triunfo de Trump, "el mercado del arte es internacional y nuestro negocio allí no se va a ver afectado", asegura. Fernando Cordero de la Lastra, de la galería madrileña La Caja Negra, ha acudida a todas las ediciones de Zona Maco y confiesa, francamente, que ha conseguido hacer el mismo volumen de ventas aquí y en Arco, la gran feria de arte contemporáneo en España, "depende del año, pero ahora la economía está mejor aquí".













jueves, 9 de febrero de 2017

TZVETAN TODOROV





 "Cada uno de nosotros es un extranjero en potencia"

Tzvetan Todorov*




Discurso durante la entrega del Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2008 





Antes de la época contemporánea, el mundo jamás había sido escenario de una circulación tan intensa de los pueblos que lo habitan, ni de tantos encuentros entre ciudadanos de países diferentes. Las razones de tales movimientos de pueblos e individuos son múltiples. La celeridad de las comunicaciones incrementa el prestigio de los artistas y de los sabios, de los deportistas y de los militantes por la paz y la justicia, poniéndolos al alcance de los hombres de todos los continentes. La actual rapidez y facilidad de los viajes invita hoy a los habitantes de los países ricos a practicar un turismo de masas. La globalización de la economía, por su parte, obliga a sus elites a estar presentes en todos los rincones del planeta y a los obreros a desplazarse allá donde puedan encontrar trabajo. La población de los países pobres intenta por todos los medios acceder a lo que considera el paraíso de los países industrializados, en busca de unas condiciones de vida dignas. Otros huyen de la violencia que asola sus países: guerras, dictaduras, persecuciones, actos terroristas. A todas esas razones que motivan los desplazamientos de las poblaciones se han sumado, desde hace algunos años, los efectos del calentamiento climático, de las sequías y de los ciclones que este conlleva. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados, por cada centímetro de elevación del nivel de los océanos, habrá un millón de desplazados en el mundo. El siglo XXI se presenta como aquel en el que numerosos hombres y mujeres deberán abandonar su país de origen y adoptar, provisional o permanentemente, el estatus de extranjero.
Todos los países establecen diferencias entre sus ciudadanos y aquellos que no lo son, es decir, justamente, los extranjeros. No gozan de los mismos derechos, ni tienen los mismos deberes. Los extranjeros tienen el deber de someterse a las leyes del país en el que viven, aunque no participen en la gestión del mismo. Las leyes, por otra parte, no lo dicen todo: en el marco que definen, caben los miles de actos y gestos cotidianos que determinan el sabor que va a tener la existencia. Los habitantes de un país siempre tratarán a sus allegados con más atención y amor que a los desconocidos. Sin embargo, estos no dejan de ser hombres y mujeres como los demás. Les alientan las mismas ambiciones y padecen las mismas carencias; sólo que, en mayor medida que los primeros, son presa del desamparo y nos lanzan llamadas de auxilio. Esto nos atañe a todos, porque el extranjero no sólo es el otro, nosotros mismos lo fuimos o lo seremos, ayer o mañana, al albur de un destino incierto: cada uno de nosotros es un extranjero en potencia.
Por cómo percibimos y acogemos a los otros, a los diferentes, se puede medir nuestro grado de barbarie o de civilización. Los bárbaros son los que consideran que los otros, porque no se parecen a ellos, pertenecen a una humanidad inferior y merecen ser tratados con desprecio o condescendencia. Ser civilizado no significa haber cursado estudios superiores o haber leído muchos libros, o poseer una gran sabiduría: todos sabemos que ciertos individuos de esas características fueron capaces de cometer actos de absoluta perfecta barbarie. Ser civilizado significa ser capaz de reconocer plenamente la humanidad de los otros, aunque tengan rostros y hábitos distintos a los nuestros; saber ponerse en su lugar y mirarnos a nosotros mismos como desde fuera. Nadie es definitivamente bárbaro o civilizado y cada cual es responsable de sus actos. Pero nosotros, que hoy recibimos este gran honor, tenemos la responsabilidad de dar un paso hacia un poco más de civilización.









*
El intelectual búlgaro,nacionalizado francés, uno de los más reconocidos del mundo y Premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales, falleció este martes en un hospital de París











miércoles, 8 de febrero de 2017

LAS LECCIONES DE ROMA




El repliegue de Occidente y las lecciones de Roma

Andrea Rizzi











Occidente se adentra en una fase de repliegue. Los puentes levadizos se retraen, las fuerzas que abogan por sellar fronteras –en forma de proteccionismo comercial y rechazo a la inmigración- dominan la escena política. La fortaleza intenta cerrarse. El traspaso de poderes en la Casa Blanca es el símbolo más potente de este cambio de marea. Barack Obama llegó al poder envuelto en el mantra de la esperanza (defendiendo inclusión, multilateralismo y libre comercio); Donald Trump lo hace más bien sobre las alas de un sentimiento de miedo y rabia (y con una plataforma política en las antípodas). Hay importantes segmentos de las sociedades occidentales que temen hundirse en la precariedad ante un vertiginoso cambio tecnológico que beneficia a algunos y perjudica a otros; y temen ver erosionadas sus culturas y posiciones por la llegada de otros.
Al otro lado del océano, se produjo otro simbólico síntoma de ese cambio de marea: una reunión en Coblenza de una suerte de internacional de los nacionalistas europeos. Marine Le Pen, Geert Wilders, Matteo Salvini y Frauke Petry.
A ellos y a Trump no les faltan argumentos y hay razones reales que les permiten cosechar votos. Puede comprenderse su éxito. Lo que no puede comprenderse, por el otro lado, la cuasi ausencia de líderes dispuestos a defender las sociedades abiertas de popperiana memoria. Falta narrativa; falta bandera; falta abanderado. Merkel es quien mejor resiste, pero muy lejos de dar un decidido paso al frente.
Y sin embargo habría argumentos para perorar la causa de las sociedades abiertas. Muchas de las civilizaciones más exitosas de la historia lo han sido gracias a innovadores rasgos de apertura. Diga lo que diga Trump, los EEUU que han dominado la escena mundial a lo largo del último siglo son una sociedad fundada sobre la acogida de inmigrantes y apoyada sobre mucho libre comercio.
Pero se puede mirar más atrás. Precisamente Coblenza, en la que se reunieron los nacionalistas europeos, apunta a otra historia. Es una urbe con origen romano. La Roma antigua que deslumbró el mundo durante un milenio también debe en gran medida su excepcionalidad a una cultura política con rasgos de apertura extraordinarios para los estándares del mundo de entonces. Como señala la historiadora Mary Beard, ninguna ciudad griega fue ni remotamente tan integradora. Los ciudadanos de los territorios ocupados, como los de Coblenza, recibieron gradualmente la protección del derecho de Roma. El proceso culminó con la concesión de la ciudadanía a todos los habitantes libres del imperio en el 212 dc. La élite de las provincias se incorporó a la cúpula política. Roma tuvo emperadores procedentes de la península ibérica y África. Fue un proceso integrador revolucionario que abarcó las etapas monárquica, republicana e imperial y que es quizá la mayor clave del éxito de Roma durante un milenio y de sus extraordinarias aportaciones al desarrollo de la humanidad.
Pero Roma atesora otras lecciones. Una es la de 1957, como sede de la firma del tratado de la que hoy es la Unión Europea. Se recuerda a menudo que la experiencia comunitaria ha sido clave en garantizar el mayor lapso de paz en el continente que se recuerde. Pero hay más. Un dato: en el año 1989, los ciudadanos de Polonia y Bielorrusia tenía la misma esperanza de vida, 71 años, según datos ONU. En 2014, en Polonia la cifra había llegado a 77; Bielorrusia, 73. Pertenecer a una sociedad abierta –la UE es un paradigma- aporta beneficios reales.
Una última lección de Roma podría recordarse. La marcha sobre ella de 1922. Una vez más la ciudad se convertía en vanguardia mundial de un proyecto político. Esta vez el fascismo, imbuido de conceptos nacionalistas, proteccionistas y autárquicos. Resuenan mucho hoy; todos saben cómo terminó entonces.

Argumentos hay. Faltan líderes inspiradores que quieran y sepan levantar el estandarte.