lunes, 10 de diciembre de 2012

¿ ALIVIO ?






Cinco causas no mayas,

 por las cuales se podría acabar el mundo









Estas son las formas en que la ciencia cree que llegaría el final... en cientos o miles de años.
Lo han dicho y repetido científicos de todo el mundo, y la Administración Aeroespacial de Estados Unidos (Nasa) lanzó una ofensiva en redes sociales para gritarlo a los cuatro vientos: el mundo NO se acaba este 21 de diciembre, y hay quienes ponen en duda, incluso, que ese sea el sentido de las profecías mayas.
Lo que sí es cierto es que la humanidad -o incluso el planeta- no va a estar aquí para siempre y cuando el fin llegue, hay escenarios que resultan posibles aunque, por fortuna, también remotos e improbables.
Desde accidentes cósmicos como el impacto de un asteroide hasta eventos biológicos o geológicos, sin descartar algunos ocasionados por el hombre, estas son cinco maneras en que, según la ciencia, el mundo -como lo conocemos- podría llegar a su fin.

El impacto de un meteorito

Es el escenario más familiar, gracias a películas como 'Armageddon'. En el pasado ha habido 'encuentros cercanos': en septiembre de 2012, un asteroide pasó a 2,5 millones de km de la Tierra, unas siete veces la distancia a la Luna. En febrero de 2013, una roca de 45 metros de diámetro pasará tan cerca que podría impactar un satélite. Aún así, las probabilidades de que ocurra un choque fatal en el lapso de una vida humana son de una entre 700.000.

Una guerra nuclear

Pasada la Guerra fría, más que los enormes arsenales de Estados Unidos y Rusia -que comprenden un 90 por ciento de las armas nucleares en el mundo- el problema es la proliferación, es decir la entrada de nuevos países al 'vecindario nuclear'. Que los conflictos entre las Coreas, o entre India y Pakistán escalen hasta un enfrentamiento nuclear es hoy un escenario más probable, así como el de un ataque terrorista. Más allá de las víctimas iniciales, una guerra nuclear podría matar a una quinta parte de la población mundial en 10 años y generar un invierno nuclear.

La explosión de una supernova

Cuando una estrella gigante estalla en lo que se conoce como una supernova, puede liberar más energía que la que el Sol emitirá en toda su existencia. Semejante cantidad de radiación aniquilaría la vida de cualquier planeta en su camino.
Pero las explosiones de supernovas son raras y lejanas. La última observada en la Vía Láctea ocurrió en 1604. Pero incluso las ubicadas a miles de años luz pueden tener efecto en la Tierra. Se cree que hace 440 millones de años una supernova extinguió el 60 por ciento de la vida marina en el planeta.

Una pandemia global

En 1918, la gripe española cruzó el mundo y dejó una estela de destrucción entre 20 y 50 millones de muertos. Si hoy se presentara una pandemia similar, podría extenderse con mucha mayor rapidez y efectividad gracias a la red global de rutas aéreas. Sin embargo, también los medios para combatir epidemias han mejorado. Aunque un brote global de influenza o Sars es una posibilidad, y crearía una emergencia sin precedentes, no es probable que un virus pueda matar a absolutamente todos en el planeta.

La erupción de un supervolcán

Ni el Krakatoa ni el Vesubio merecieron ser llamados 'supervolcanes'. Este tipo de volcán -que no tiene forma cónica- puede abarcar kilómetros bajo tierra y sus explosiones no tienen rival. Por dar un ejemplo, el supervolcán ubicado bajo el parque Yellowstone, en EE. UU., tiene la capacidad para expulsar a la atmósfera 2.000 millones de toneladas de materiales tóxicos que causarían el equivalente a un invierno nuclear. Su última supererupción ocurrió hace 640.000 años.



El Tiempo.com. Colombia





CALENDARIO MAYA



    Los Mayas tuvieron, como nadie un conocimiento y medición del tiempo con una exactitud que nos sorprende; su medición de la distancia al sol y los planetas es solo igualada con los que hoy día  logra la NASA con su actual instrumental.
     Para ellos el tiempo era cíclico, pensaban que lo que ocurría hoy ya había sucedido en el pasado; el concepto “tiempo” no tenía un significado absoluto, tal como lo percibimos en nuestra cultura occidental; el tiempo era como un ciclo, una serie de etapas que se acoplaban unas con otras, con una duración infinita hacía el pasado y hacia el futuro, era percibido en una esfera espiritual y estaba vinculado con sus deidades sagradas y con los sucesos sobrenaturales.
    Tenían diferentes calendarios: el Tzolkín o calendario ritual de 260 días; el Haab o calendario civil de 365 días, el más parecido a nuestro calendario gregoriano y el calendario Era o Cuenta Larga donde registraban acontecimientos ocurrido a lo largo de grandes períodos.
    En el Haab el año comenzaba cuando el sol cruzaba el cenit el 16 de julio y tenía 365 días; 364 de ellos estaban agrupados en 28 semanas de 13 días cada una y el año nuevo comenzaba el día 365.
    Los 360 días se repartían en 18 meses de 20 días más otros 5 días suplementarios. Los días se representaban por un número y los 5 días suplementarios por la voz UAYEB.
    Cada Uinal o mes maya, estaba bajo la protección de un dios patrono, el cual influía con sus cualidades sobrenaturales en cada uno de los 20 días del mes, los UAYEB o días sobrantes se conocían con el nombre de “los durmientes del año” o “ los días sin nombre” los cuales se consideraban días nefastos con propiedades desfavorables. Los días UAYEB era ayuno y penitencia para los Mayas
    Hasta la fecha se desconoce si, para ajustar su calendario intercalaban algunos días para equiparar el año ordinario con el solar tropical, que es seis horas más largo. Se dice que los sacerdotes conocían esta diferencia de tiempo y que cada cuatro años intercalaban un día, tal como se hace con los años bisiestos en el calendario occidental.
    Pese a que el Tzolkin sagrado y el Haab profano eran calendarios independientes entre sí, los mayas los fusionaron en un ciclo superior conocido como la Rueda  Calendárica 4 Ahu 8 Cumkú.


 Según los Mayas, el 21 de diciembre de 2012 es el fin de esta civilización humana. Ellos no mencionaron las causas, pero una cosa es clara: el último día no significará el arribo de ninguna calamidad, en cambio, implica una nueva conciencia cósmica y una transición espiritual hacía la nueva civilización.
















viernes, 7 de diciembre de 2012

ALIVIO...




El mundo no se acaba el 21 de diciembre, según el blog del Gobierno de EE UU

La NASA reconoce que cada semana recibe alguna carta de un joven que se plantea suicidarse antes de la extinción de la Tierra










El mundo no se acabará el 21 de diciembre ni ningún día de 2012, según ha aclarado el Gobierno de los Estados Unidos en su blog oficial.Su compromiso no va más allá de final de año.
En el blog, publicado el pasado lunes, el Gobierno de los Estados Unidos recuerda que los "falsos rumores sobre el final del mundo a finales de 2012 han sido algo común durante algún tiempo. Algunos de estos rumores se refieren al fin del mundo previsto por el calendario maya (lo que no ocurrirá), o debido a un choque catastrófico de un cometa (que tampoco) o a un planeta oculto que también chocaría con nosotros (tampoco ocurrirá)".
"El mundo no acabará el 21 de diciembre", señala el Gobierno, "ni ningún otro día de 2012".
"Desgraciadamente estos rumores han atemorizado a mucha gente, especialmente a niños. La NASA ha recibido miles de cartas sobre este tema. David Morrison, astrónomo de la NASA, ha declarado que al menos una vez a la semana recibe una carta de algún joven —frecuentemente menor de 11 años— señalando que está pensando suicidarse antes de que llegue el final del mundo".
Según la NASA, el rumor de la colisión interplanetaria nació en 2003, pero cuando se rebasó el año, la fecha se movió a 2012. La Nasa ha distribuido en YouTube vídeos sobre el tema, como The Science of Doomsday 2012 o 12-21-2012: Just Another Day.

De El País. España

miércoles, 5 de diciembre de 2012

GUSTOS Y PLACERES




Escritores y sabores

Gabriella Campbell  








Se habla del gusto de los escritores por el alcohol, el café y las drogas de todo tipo. No obstante, algunos de ellos tienen también una gran debilidad: la buena comida.
Según un estudio realizado en el 2011 por la organización Oxfam, la comida favorita de gran parte del planeta es la pasta. Y no iba a ser menos el escritor estadounidense Jonathan Franzen, autor de obras como Libertad o Las correcciones, que ofreció en una compilación de recetas reciente su versión particular de Pasta con col rizada, una combinación, en sus propias palabras, hermosa, erótica, privada y virtuosa.
Para Jack Kerouac, sin embargo, no había nada como un buen pastel de manzana con helado. Este plato aparece mencionado en su libro En la carretera, pero también en las cartas que le escribió a su madre durante sus viajes, donde admite que ha probado este postre en innumerables establecimientos (era, además, uno de los platos más económicos de los tradicionales diners estadounidenses).
En las cartas que Jean Paul Sartre le escribió a Simone de Beauvoir, aparece más de una vez su apreciado halva, un postre con miel y nueces que le era indispensable, sobre todo una vez tuvo que entrar en el ejército durante la Segunda Guerra Mundial y dependía de otros para conseguirlo. Los paquetes que contenían halva, en forma de barritas individuales cubiertas de almendra, eran tan importantes como los de libros.
Otra gran aficionada a la cocina fue la escritora Sylvia Plath, que complementaba su afición literaria con una ajetreada actividad culinaria. Plath se especializaba en los postres, sobre todo en las tartas y pasteles. Uno de sus platos de más éxito era su extraña pero deliciosa tarta de sopa de tomate, un manjar salado y dulce a la vez. Hasta su suicidio estuvo relacionado, tristemente, con la cocina: encontraron a la autora sin vida con la cabeza dentro de un horno.
Walt Whitman disfrutaba de curiosos desayunos de carne y ostras, pero su perdición era la tarta de café, potente, densa y especiada, con la que satisfacía su apetito a cualquier hora del día o de la noche. Se conservan textos de este gran poeta en los que se lamenta de haber abusado de este tipo de dulce justo antes de acostarse.
Tal vez la fruta más popular entre los grandes autores sea la humilde manzana, de la que hablaban maravillas tanto Charles Dickens como Scott Fitzgerald. Para el primero, debían comerse asadas, y eran estupendas para el  estómago, para el segundo eran la base de su dieta cuando se encerraba para escribir.
Otros, como Kafka, llevaron sus intereses alimenticios hasta extremos peligrosos. El autor nacido en Praga insistía en la importancia de beber grandes cantidades de leche sin pasteurizar, que parece ser que a la larga le acarreó la tuberculosis bovina que le costó la vida. Obviamente, no todos los gustos son igual de sanos.


 De Lecturalia.


Sobre nuestros escritores 

Dice Jorge Luis Borges:

'Mis comidas favoritas son los copos de maíz, el arroz con manteca y queso, los dulces criollos, el jamón con huevos. Mi mayor “calaverada” es un plato de ravioles con manteca de queso, pero sin salsa. Y el café, sobre todo el colombiano, que es suave.  En mi juventud probé la mescalina y la cocaína pero enseguida me pasé a las pastillas de menta que me parecieron más estimulantes. Si las drogas producen el mismo efecto que el alcohol, no me interesan. 

A mi me gustan las uvas, las bananas también, sólo que la banana no me parece una fruta. Otra fruta que no me parece una fruta es la manzana; no entiendo por qué tiene tanto prestigio. 
Mi alimento preferido es el arroz. Cierta vez, aquí en España, me preguntaron si me gustaba la paella que me habían servido. “Sí -dije- es buena, porque cada arroz ha mantenido su individualidad”. Algunos rieron pero gastronómicamente debe ser así, ¿no? '

Miss Musa.



Salvando las distancias....

Dice Alejandro Schleh:

A Borges, la manzana no le da la impresión de ser una fruta. Me permito estar impresionado de manera diferente por este "fruto" vegetal. Además, supongo debe ser una fruta. ¿Que otra cosa podría ser sinó? Una fruta para ser regalada a las maestras y una fruta para hacer compotas que tanto bien hacen al aparato digestivo. Entiendo el porqué del prestigio de la manzana aunque al escritor famoso se le pase por alto los porqués. Se puede comer con o sin cascara, crudas o al horno...coloradas o verdes. Puden ser compradas en la calle cubiertas de azúcar quemada a quienes se encargan de vender pochoclo en el zoológico. Y sobre todo, la manzana, nos permite comer el típico pastel que se vende en todas partes en los Estados Unidos...en un bar cualquiera, por la calle, en un supermercado. Siempre rico con canela. Es muy rico !!! 
A.Schleh


Agrego:


A Alejandro Schleh le gusta el apple pie.


Miss Musa


Agrego:


Miss Musa: Me gusta el "apple pie" más "mojado" que seco, baveuse, sin escatimar la canela. La tortilla española, beveuse también, eso sí, nada de canela en este caso.


Alejandro Schleh




Dice Marcelo Raúl  Eckhardt:


Borges es tan terriblemente imaginativo en sus combinaciones que provoca risa y admiración!.... cambiar la droga por pastillas de menta es sim ple men te genial! 
Me gusta todo! salvo unas croquetas de seso que hacia mi abuela antes de que los zombies comieran los sesos a los vivos! las preferencias tienen que ver con reminiscencias: mango y papaya! cayote en almíbar con crema, leche condensada...



Miss Musa








martes, 4 de diciembre de 2012

ENIGMA


Albert Einstein: la extraña morfología cerebral de un genio




      Einstein con pantuflas felpudas afuera de su casa en Princetown (Foto: Gillet Griffin)






Una investigación publicada esta semana en la revista científica Brain: a journal of Neurology concluye que los lóbulos parietales (zona encargada de recibir ciertas sensaciones) del ganador del Nobel de Física, Albert Einstein, tienen un patrón insólito de surcos y crestas que está relacionado con su capacidad extraordinaria para resolver y conceptualizar inventos y problemas.
Tras su muerte en 1955, a los 76 años, de un aneurisma de aorta, el cerebro de Albert Einstein fue sustraído y fotografiado desde distintos ángulos; se dividió en 240 bloques y miles de secciones histológicas —rodaja fina de un tejido— se prepararon a modo de muestra para su estudio. La corteza cerebral es una capa delgada de materia gris que cubre la superficie de los hemisferios cerebrales e incluye la corteza motora, sensorial y partes vinculadas con la visión, el habla y la audición.
"En esta investigación particularmente se describe la neuroanatomía externa de esta parte del cerebro de Einstein a partir de 14 fotografías descubiertas recientemente y tomadas desde distintos ángulos, ángulos poco convencionales", asegura vía correo electrónico Dean Falk, antropóloga de la Universidad de Florida y autora del estudio. Estas imágenes han revelado la formación prematura del afamado científico e inventor como violinista; su habilidad para imaginar acontecimientos y ser capaz de prever sus consecuencias, así como su capacidad para el procesamiento visoespacial, según concluye el informe. "Encontrar estas características es difícil, ya que no son obvias. Se deducen por la existencia de pliegues adicionales, bultos poco comunes u otras peculiaridades de la corteza cerebral", prosigue el documento.

El cerebro de Einstein no tenía un tamaño excepcional y su peso era convencional. "Pero queríamos investigar algo que evidenciará el genio que había dentro", continúa la investigadora en las conclusiones del estudio. "A diferencia de lo que habían concluido investigaciones anteriores, estas fotografías han revelado que el cerebro de Einstein no tenía forma esférica. El lóbulo parietal inferior izquierdo es más grande que el derecho, mientras que el lóbulo parietal superior aparece más marcado en el hemisferio derecho de su cerebro. Además, sugieren que tanto la corteza somatosensorial primaria como la motora encargada de la cara y la lengua están más desarrolladas en el hemisferio izquierdo", continúa el equipo de investigadores.
Este estudio puede permitir a otros investigadores comparar los resultados con los de otros afamados científicos y así conseguir trazar la anatomía cerebral de los genios"

Por el contrario, los hallazgos sí concuerdan con los resultados de un estudio de Witelson en 1999: los lóbulos parietales del cerebro de Einstein le dieron al científico unas habilidades extraordinarias. Algo que no sorprendió a Falk y a su equipo. “En esta área es donde se fundamentan los procesos de razonamiento y juicio. Los pliegues en esta parte de la corteza cerebral de Einstein son muy densos, lo que es una evidencia del talento único del científico para cerrar los ojos y visualizar objetos y resolver problemas", agregan los autores en las conclusiones

















"El haber tenido la posibilidad de estudiar el cerebro de Einstein de una forma más profunda y detallada puede permitir a otros investigadores comparar los resultados con los de otros afamados científicos y así conseguir trazar la anatomía cerebral de los genios", concluye el estudio. Algunos de estos cerebros están preservados desde hace décadas, como el de Carl Friedrich Gauss, físico alemán considerado por muchos "el príncipe de las matemáticas", y el del fisiólogo ruso Ivan Pavlov, padre de la psicología conductista.

La investigación sobre el cerebro de Einstein comenzó en 1955, poco después de su fallecimiento en Princeton, Nueva Jersey. Fue entonces cuando los herederos de Einstein, entre ellos su hijo, Hans Albert, aprobaron el estudio de su cerebro. El patólogo Thomas Harvey fotografió y seccionó el cerebro del científico. Preparó después 2.000 muestras que distribuyó entre, al menos, 18 investigadores. Tras la muerte de estos, muchas de ellas se perdieron.

Unas 160 de aquellas muestras están en la Universidad de Princeton, y una cantidad adicional de 560 diapositivas se guardan bajo llave en el Museo Nacional de Salud y Medicina en Maryland. Aunque el paradero de otras muchas imágenes del cerebro del genio es desconocido, se han encontrado algunas en Ontario (Canadá), California, Alabama, Hawai, Filadelfia, Japón y Argentina, según informa el diario Los Angeles Times.


















lunes, 3 de diciembre de 2012

ENEMIGOS...



La madre de todas las batallitas

  











Nos aprestamos a la batalla decisiva: el 7D. En pocos días culmina la justa que decidirá los destinos de la Patria. Culminar es muy lindo, emotivo, y yo no quepo en mí de ansiedad y zozobra: todo pende de un hilo o un piolín. Temo que no resista. Creo –a veces creo– que cuando nos liberemos de Magnetto vamos a ser tan libres que vamos a volarnos.

O quizá no. Creo –muchas otras veces creo– que me da vergüenza que nos tomen por tan tontos. Parece como si el país fuera rehén de la pelea de dos gallitos ciegos –o tuertos o trompeteros o trasnochados o traviesos. Y me parece increíble que sigan tratando de convencer a la sociedad argentina de que cosas realmente importantes van a cambiar según sea el resultado de la pelea en el barro entre un grupo político de arribistas ávidos y un grupo empresario de arribistas ávidos. Que son tal para cual –y por eso pudieron estar aliados tanto tiempo.
Que por eso, también, ahora pueden ser dignos enemigos.
                                               *            *            *
Ya sabemos que el peronismo dizque K no puede funcionar sin enemigos. El grupo que manejó la Argentina la última década es un rejunte de personajes muy variados y su política es errática. Siempre tomó sus mejores medidas contradiciendo sus posturas anteriores: la ley de Medios, el matrimonio homosexual, la Asignación Universal por Hijo –entre otros– pasaron de ser proyectos de la oposición que el gobierno ignoraba o combatía a Estandartes del Modelo.
Semejante confusión necesita alguna claridad: el hecho de tener enemigos precisos puede, de una froma ilusoria, ofrecerla. ¿Quiénes somos nosotros, que podemos ser tantos? ¿Nos hemos extraviado? No, bó, no te confundas: nosotros somos los que Peleamos Contra el Monopolio. Y si no estás de acuerdo con esto o con lo otro –si acunar a Monsanto te importuna, si hacer leyes con Macri contra los trabajadores te incomoda, si matar whichis o collas te chirría–, dejalo para después, ya lo veremos: ahora lo que importa es enfrentar al Enemigo.
El Enemigo es decisivo: por eso hay que elegirlo con cuidado. Cuando quisieron pelearse con el campo les pararon el país; la tentativa contra Repsol se está cargando YPF; con las grandes mineras ni lo intentan; un grupo mediático con mala reputación y buen poder de difusión es un buen candidato. Sobre todo si uno está tan intoxicado de palabras que se cree que todo se juega en el Campo del Relato.
                                              *            *            *
La maniobra parecía astuta: así fue como empezó esta batalla de roedores en la que unos atacan esgrimiendo una democratización de la información que no practican ni ebrios ni dormidos y otros se defienden invocando una libertad de prensa que siempre intentaron sofocar con sus medios y sus prácticas empresarias.
Están, como dicen en mi barrio, hechos el uno para el otro: hasta que se pelearon por algún negocio, se llevaban tan bien. Ya se ha dicho infinito: se ayudaban, se pasaban negocios y primicias, se convidaban a cenas y whiscachos, se querían con ese amor que solo los que se necesitan pueden simular. Hubo grandes momentos: se ha hablado mucho del otro 7D –2007–, cuando el grupo Clarín recibió como último servicio del presidente saliente Néstor Kirchner la autorización para fusionar Cablevisión y Multicanal y quedarse con el 80 por ciento del mercado; se ha hablado menos de la ley 25.750 –llamada Ley Clarín– de junio de 2003, sobre “Preservación de Bienes y Patrimonios Culturales”, que los salvó de caer en manos de sus acreedores extranjeros: que les salvó la vida.
Y casi no se ha hablado de aquel momento en que la coincidencia Clarín-kirchnerismo alcanzó su mayor grado de puaj: cuando mataron a Maxi Kosteki y Darío Santillán. Aquel día en que Clarín famosamente tituló “La crisis se cobró dos nuevas muertes”, el gobernador de Santa Cruz tampoco quiso molestar a su jefe, el doctor Duhalde, y se calló, una vez más, la boca: no dijo una palabra sobre aquellos asesinatos –que no deben haber violado ningún derecho o ningún humano. (Por eso es una suerte que ahora, diez años más tarde, su viuda -que también calló- los llore y enarbole. Hay gente que metaboliza despacito.)
Tampoco se recuerda mucho que, cuando el señor y la señora Kirchner decidieron oficializar la candidatura de ella a la presidencia de esta Nación, un sábado de julio 2007, llamaron para ofrecer la exclusiva a su diario de confianza. Aquel anuncio electoral en la tapa de Clarín fue todo un curso sobre el funcionamiento de la prensa vernácula: alguien con poder –un presidente, por ejemplo– decide que su modo de comunicar algo a los ciudadanos consistirá en decírselo a un solo redactor de un solo medio para que lo mande como –¿noticia?– “exclusiva”. Ese redactor no averiguó nada, no pensó nada, no entendió nada; fue el conducto elegido por el poderoso –su altavoz– en un pacto de conveniencia mutua. A esas cosas llamamos periodismo, últimamente.
Y después llegó la pelea nacional por aquel porcentaje del negocio de la soja, y la pelea entre ellos por aquel negocio de telefonía, y se enojaron: se hicieron enemigos. Para el gobierno, la maniobra parecía astuta, pura ganancia. Y traía un beneficio secundario: si el Enemigo son los medios, todo lo que digan quedará en duda por esa condición. Entonces ya no habrá que discutir hechos sino narradores; no es necesario decir no, Boudou nunca tocó un centavo ajeno, sino Clarín Miente; no, no te creas que la inflación no es la del Indec, es que están tratando de engañarte para defender sus oscuros intereses. Ya no es preciso pensar en los asuntos; solo hay que preguntar quién los relata.
                                                 *            *            *
Así fue: la Guerra contra el Enemigo se pasó años ocupando un espacio que pudimos dedicar a mejores menesteres, pero ya llega la batalla final: la emoción, la ansiedad, los argumentos leguleyos, las patoteadas, los grititos. Quizás sea cierto, al fin y al cabo, que todo –todo, todo, las huelgas de gendarmes, las marchas millonarias, los paros y reparos, los apagones repetidos, la captura de la Libertad, los buitres y sus fondos, todo, todo, el gobierno kirchnerista en su conjunto– es una conspiración de Magnetto: de ningún otro modo habría podido convertirse en una especie de adalid de alguna libertad. De ningún otro modo habría podido conseguir que cantidad de personas que siempre criticaron sus manejos ahora se abstengan –para no hacerle el juego a las maniobras brutas del gobierno. Es una tentación; yo trato de no caer en ella.
Triste sería que por condenar los esfuerzos del gobierno de cargarse a un grupo de prensa que ahora lo incomoda hubiera que ceder a la lógica del mal menor o el viejo truco del enemigo principal y las alianzas tácticas, y olvidar lo que ese grupo es.
Clarín puede mentir o no mentir: no es lo peor que hace. Llevo décadas publicando mi opinión –bastante explícita– sobre sus efectos: “Opino que los medios del grupo Clarín le han hecho mucho daño a la cultura argentina media, la han rebajado, la han reblandecido, la han limado, la van empujando poco a poco hacia el punto en que imaginaron que estaba: la mente de un chico incapaz de leer, de pensar, de cuestionar. Y opino que los canales de televisión privada han seguido con gran éxito ese mismo camino –y nos toman por idiotas redomados, sólo capaces de consumir idioteces redomadas para idiotas redomados” –escribí por ejemplo hace unos años.
Pero es cierto que a Clarín la pelea le hizo bien. Durante décadas se cuidaron mucho de hacer su trabajo. O, mejor: lo regulaban según un mecanismo recurrente. Clarín solía hacer buen periodismo –serio, tenaz, crítico del poder– cada tanto. Como tenían tantos intereses que preservar, solo se dedicaban a la noble tarea de buscar pelos en la sopa oficial -pelucas en el caldo claro- cuando sus dueños necesitaban que el gobierno de turno les diera algún canal de cable, alguna concesión de redes en provincias. Para conseguirlo hacían periodismo durante unos días; cuando el gobierno de marras, harto, les hacía saber que se rendía y entregaba, volvían a cerrar el boliche y se dedicaban a seguir haciendo el diario habitual, velocidad crucero: mucho fulbo, espectáculos entendido como televisión, la política como unos chismes de políticos, la economía chivos de las empresas, el mundo reducido a veinte líneas, un crimen en la tapa.
En cambio ahora están desatados, y ofrecen mucho material interesante, que no para de desgastar el Relato: su política de comunicación funciona. La del gobierno mucho menos.
Porque al gobierno le falta práctica y le sobra torpeza. Un botón: la semana pasada, cuando el paro, su principal portavoz el Borbotón Fernández se lanzó a atacar a los huelguistas y no se le ocurrió nada mejor que insultar a su ex íntimo Hugo Moyano llamándolo Vandor. Seguramente no pensó que el aliado gremial que le queda, cada vez más débil, un tal Caló, también es el líder de la agrupación metalúrgica Augusto Timoteo Vandor. Seguramente no pensó que se estaba peleando con uno de sus últimos amigos sindicales. Seguramente no pensó. Eso es lo que les pasa cada vez más: piensan poco, piensan después, no piensan. Al principio acertaron con las grandes líneas del relato progre, pero parece como si hubieran agotado sus posibilidades –y ahora no saben cómo seguir, se equivocan cada vez más. Y los medios que intentaron para sostener ese relato son un fracaso sólido, compacto: ninguno de los diarios revistas radios televisiones que pagan con la plata de todos a precio de oro tiene un décimo de la circulación o audiencia que sí mantienen los que se les oponen.
(Aunque ahora, para compensar un poco las cosas, el grupo Clarín decidió retomar el modelo K de patotear periodistas -en la calle o en los medios o en la justicia, donde se pueda-: le sirvió para perder la muy leve superioridad moral que le daba en este tema el hecho de que su enemigo lo hiciera y, al final, tuvo que retirar lo dicho. El campeonato de torpezas nunca para.)
                                                 *            *            *
Pero nada de eso me salva de la perplejidad cuando veo que el gobierno de la Nación Argentina ha tomado su batalla contra Clarín como la madre o abuela o chozna de todas las batallas. En un país donde la renta financiera no paga impuestos, donde la economía se concentra y extranjeriza cada vez más, donde las mineras se la llevan con pala mecánica, donde uno de cada cinco chicos pobres sigue malnutrido, donde las diferencias aumentan, donde todos los que pueden pagarlo huyen hacia la educación la salud la educación privadas –por no hablar del transporte, la energía, esos detalles–, el progresismo consiste en creer que lo más urgente, lo más decisivo es sacarle un par de empresas a Clarín. Es, de verdad, sorprendente. Sorprendente que unos pocos lo digan y lo hagan; sorprendente que haya muchos que lo crean.
Entonces vuelvo a la solución más fácil y me pregunto si no será una conspiración: una que sirve para establecer en la sociedad argentina esa lógica binaria que es pura ganancia para todos ellos: o estás con la máquina de poder peronista –representada por el gobierno– o estás con la máquina de poder de la derecha clásica –representada por Clarín o La Nación.
Digo: que te convenzan de que estás eligiendo porque optás entre dos máquinas de poder, entre dos aparatos del sistema -como si no existieran más opciones. En síntesis: si yo fuera paranoico creería que todo esto es un montaje, otra de esas falsas batallas que nos ofrecen para que no miremos las que importan. Pero:
a) no soy paranoico,
b) no creo que sean tan inteligentes,
c) no parece que sea necesario.
Así que me consuelo pensando que es pura estupidez: banalidad y negocios. 
O sea: me consuelo muy poco.



 Del blog 'Pamplinas'
 Diario El País 








jueves, 29 de noviembre de 2012

IMAGINANDO




Livings a cielo abierto en Nueva York

 Horacio de Dios  






Cambios en New York: Cuando Broadway se hizo peatonal 

El living es algo más que un estar adentro. Es una manera de vivir afuera, que en Nueva York está multiplicando sus escenarios, por lo menos mientras el buen tiempo y los huracanes lo permitan. Sus esquinas principales, por ejemplo Times Square en la Vía Láctea de Broadway, dejaron de ser un lugar de paso o la base de cafés o restaurantes. Ahora son espacios para compartir mesas en la vereda, un patio de comidas en un centro comercial, donde se puede comer un sándwich o tomar una gaseosa al mismo tiempo que se usa una laptop o un teléfono inteligente.
Es el living abierto de una gran ciudad. La colorida marea humana que siempre ha tenido la Gran Manzana dejó de correr y toma asiento. Igual que en los viejos lugares donde los parroquianos paraban. No ponen la ñata contra el vidrio porque no hay ventanas ni paredes. Es un Facebook de persona a persona a cielo abierto.  La idea no es nueva, pero sí lo es actualmente en las principales ciudades de Estados Unidos donde se desea dejar el auto, para convertirse en peatones.  Parecía un estilo privativo de Europa donde la plaza, place, piazza, platz o square es el punto de encuentro y no simplemente de movimiento. Citas con el placer del dolce far niente . Por eso se habla de Sol en Madrid, las ramblas en Barcelona, Navona en Roma, Coven Garden en Londres, la Plaza Roja en Moscú o la diminuta placita Marlene Dietrich en la reconstruida Berlín. El intendente Michael Bloomberg, un millonario que sabe que las cosas que hacen la diferencia no tienen precio, creó una isla peatonal en Broadway entre las calles 42 a 47. Menos autos y más gente, sin manteros como suele suceder en la calle Florida, o Avellaneda en Caballito. Igual que en el living privado donde nadie vende nada, salvo los avisos de TV que en Nueva York tienen las gigantografías más espectaculares del mundo excepto las que iluminan la noche de Tokyo.  La idea, resistida al principio con la excusa no va a andar , prendió tan fuerte que se contagió en todo Manhattan. Cortaron el tránsito en Union Square junto a la feria (Greenmarket) que funciona cuatro veces por semana, considerada la cita para gourmets más exquisitos. En sus camiones abiertos al costado, como en los antiguos carritos de la Costanera, los productores venden frutas y verduras para un público multitudinario. Y luego queda todo limpio.

La novedad es que en la plaza aparecieron tablas para mesas que cualquiera puede utilizar, sillas, bancos y varios negocios de Delicatessen ( delis ) que venden para afuera los gigantescos sándwiches calientes de pastrami con pepinos que hicieron famoso a Katz's, donde Harry conoció a Sally. Más los singulares Food Trucks, camiones de comida callejera que avisan por Twitter dónde se van a estacionar. Como el éxito es contagioso habilitan otros lugares, aunque pequeños. Como el Miles (Made in the Lower East Side), que prosperan en callejones deshabitados, baldíos, estacionamientos en feriados. Son espacios autorizados para dar clases o ensayar bailes, o comedores para los vecinos que se hartan de quedarse en sus departamentos cada vez mas chicos y caros. Es su living callejero, un punto de encuentro para vivir. Lo más notable de esta tendencia es la transformación del High Line, un tren elevado desactivado junto al río Hudson, al lado del Meat Packing, que parecía un set para Sex and the City . En sólo tres años es un paraíso verde con bancos, jardines, un teatro al aire libre y, por supuesto, una constelación de restaurantes y bares de moda.

Esta avanzada de ideas, muchas de las cuales no son nuevas como el Jardin des Plantes en París, que se anticipó en el uso de vías abandonadas cerca de la Bastilla, pasan a un plano de ciencia ficción.

Es el caso del proyecto Imagining the Lowline para convertir un depósito abandonado del Lower East Side en el primer parque subterráneo en el mundo. Es difícil imaginarlo, pero la revista New Yorker le dedicó una gran nota que le sugiero leer.  El futuro es hoy. Lo dijo Walt Disney antes de convertir un naranjal en Disney World: "Si lo puedes imaginar, lo puedes hacer".

Y eso puede ser tan viable en Orlando, Nueva York o Buenos Aires





 
La Nación. Buenos Aires







martes, 27 de noviembre de 2012

MARCA DE AGUA II






El amor ahí.*

Alejandro Schleh














Y la noche del día que nos dimos el primer y sostenido abrazo, ella parada en la vereda y yo un poco mas arriba en el umbral de mi casa, también me costó conciliar el sueño; una y otra vez lo repetí en mi mente como si estuviese sucediendo.
Así  me vuelve hoy el silencio del espacio en la altura, nítido, la avioneta con el motor apagado y su hélice girando lentamente, el balanceo alternado hacia arriba y hacia abajo, a un costado y al otro cuando estábamos a merced del viento. Así aquel abrazo, una y otra vez, la noche de aquel día. Las siguientes. Aun hoy me vuelve. Su cabeza apoyada sobre mi pecho. Su pelo entre los dedos de mis manos. Las caricias. Su cuello, sus espaldas, su cintura.
Sólo le había preguntado tímidamente la única cosa que me salió en el momento dejando que se yo cuales en el camino: “¿Puedo decir que somos amigos?” Ella respondió con un “¡Marco!”, mientras recorría el metro y medio que nos separaba y me sorprendía con un abrazo largo y nunca esperado.

Nos aferramos el uno al otro durante un momento. Nos separamos, la tomé por la cabeza, nos miramos en silencio un instante, nos despedimos finalmente con un beso tímido y corto, nuestros labios apenas se tocaron; otro beso por el estilo, el último. Dio media vuelta y se alejó caminando con la cabeza gacha, como mirando el suelo; el pelo que caía perpendicular al piso le cubría la cara. Pocos metros más allá, tres, menos tal vez, volteó unos segundos; vi su cara nuevamente, sonrojada, haciendo el gesto como para comunicar alguna cosa pero nada dijo. Me descubrió inmóvil contemplándola, nos saludamos agitando lentamente nuestras manos. Ella lo hizo sin parar de caminar, sin mirar hacia adelante. Tropezó con alguien. Le pidió perdón, cómplices sonreímos por el pequeño incidente, prosiguió su camino. Yo plantado en el mismo lugar la miré alejarse. Acababa de penetrar a un mundo de ensueño y subiendo luego las escaleras, de a dos en dos los escalones y cantando, comenzaba a revivir aquel momento. Me las arreglé para seguir el hilo de la conversación durante el almuerzo con mi pequeña familia de dos hijos y mujer. Yo,  el creador de fantasías y de cuentos, el fabulador al servicio de la magia de los floripondios alucinógenos, no podía con mi propio personaje y mi cabeza volaba por cualquier parte.


*de ' La marca' Cuento.

( Fragmento)


















sábado, 24 de noviembre de 2012

LATINOAMÉRICA ESCRIBE II




Criaturas eternas de la ficción  

Winston Manrique Sabogal

                                                 La Maga, de 'Rayuela'; Zavalita, de 'Conversación de La Catedral';
                                                        y el coronel Aureliano Buendía, de 'Cien años de soledad'. 
                                                                       Dibujo:  AGUSTIN SCIAMMARELLA 

En la vitrina de una librería española en París, de la calle Monsieur-le-Prince, surgió uno de los destellos esenciales del boom latinoamericano. Allí, hace casi cuarenta años, Luis Harss vió Rayuela, de Julio Cortázar. Cuando empezó a leer la novela descubrió su propio retrato en el protagonista, “en Oliveira y sus vaivenes entre dos mundos”. Poco después, en 1966, el crítico chileno con 30 años se convertiría en el lector y promotor de honor de un grupo de escritores con la publicación del mítico libro Los nuestros,con entrevistas a diez autores prestigiosos y otros en los que él supo ver su futuro renombre.
Cinco décadas después, los lectores de EL PAÍS, a través de su blog Papeles perdidos han contestado a tres preguntas. 
Del grupo de escritores del boom (los que empezaron a forjar su nombre en los sesenta), destacan seis: Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti y Carlos Fuentes. Sin embargo, los lectores han incluido como parte de ese boom a cuatro que ya eran maestros y convivieron con ellos: Jorge Luis Borges, Juan Rulfo, Alejo Carpentier y Miguel Ángel Asturias. Pero en medio de todo hay una presencia indestronable: García Márquez.


1. ¿Cuál es el personaje literario favorito de los libros de los autores del boom?


“Vio los payasos haciendo maromas en la cola del desfile, y le vio otra vez la cara a su soledad miserable cuando todo acabó de pasar, y no quedó sino el luminoso espacio en la calle, y el aire lleno de hormigas voladoras, y unos cuantos curiosos asomados al precipicio de la incertidumbre. Entonces fue al castaño, pensando en el circo, y mientras orinaba trató de seguir pensando en el circo, pero ya no encontró el recuerdo. Metió la cabeza entre los hombros, como un pollito, y se quedó inmóvil con la frente apoyada en el tronco del castaño. La familia no se enteró hasta el día siguiente, a las once de la mañana, cuando Santa Sofía de la Piedad fue a tirar la basura en el traspatio y le llamó la atención que estuvieran bajando los gallinazos”.
Así fueron las últimas horas del coronel Aureliano Buendía en Macondo, después de luchar en 32 guerras civiles y perderlas todas y de tener 17 hijos de igual número de mujeres. Él es el personaje literario favorito de los lectores. Él es ese personaje de Cien años de soledad, con el cual García Márquez creó uno de los arranques memorables de la literatura: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento…”. Pero el coronel no está solo en las preferencias de los lectores. La estirpe Buendía e Iguarán son citadas muchas veces a través de su mujer, Úrsula, o de Remedios la Bella y Melquiades.
Tras los personajes de Macondo, los lectores prefieren a la Maga, esa inolvidable mujer creada por Julio Cortázar en Rayuela que se ve obligada a viajar a París. Luego está Horacio Oliveira, que, contrario a ella, conoce y sabe de un montón cosas; que busca, que espera. Su voz es lo primero que escuchamos en la obra: “¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts...” 
Los otros personajes elegidos son Zavalita, de Conversación en La Catedral, creado por Vargas Llosa; Larsen, de Juantacadáveres, de Onetti; José Cemí, de Paradiso, de José Lezama Lima; Pedro Páramo,de Rulfo; y la recreación de Pier Francesco, duque de Orsini, enBomarzo, que hace Manuel Mujica Láinez.


2. ¿Qué obra de ese fenómeno literario de los años sesenta te parece que no ha tenido el reconocimiento que merece?


Juan Rulfo revive en esta pregunta con fuerza. Los lectores consideran que Pedro Páramo y El llano en llamas, sus dos únicos libros, no gozan del brillo que debería tener. Opinión parecida tienen de El siglo de las luces, de Carpentier; y de Paradiso, de Lezama Lima. Dos clásicos publicados en los años sesenta. También se han citado títulos como La tregua, de Mario Benedetti; El obsceno pájaro de la noche, de José Donoso; y Tres tristes tigres, de Guillermo Cabrera Infante.
Al margen de títulos propios, la gente ha querido reivindicar la obra del uruguayo Juan Carlos Onetti y del peruano Julio Ramón Ribeyro. El pozo, La vida breve, El astillero o Juntacadáveres, de Onetti, son leídos y analizados cada vez más como obras que inauguraron o ampliaron rutas literarias. Igual sucede con Ribeyro, cuyos cuentos no paran de crecer.


3. ¿Cuáles son los dos escritores del boom que han aportado más a la literatura universal?


No hay duda sobre estos dos nombres. El primero con diferencia, según la encuesta, es García Márquez, y después Cortázar. Les siguen Borges y Vargas Llosa. Para Harss, en cambio, el tándem es Borges y García Márquez.
La gloria de ese grupo excepcional y su aportación, según Harss, reside en “la universalidad de la literatura a través del babel de lenguas”. “El concepto borgiano de que un autor es todos los autores. Y una cierta ampliación en la gama de la realidad. Ahora incluye el mito y el milagro. Ya no son metáforas o fantasías sino cosas de todos los días”.
Una trascendencia literaria que resumen las palabras de quien en el blog firma como Fernando: “Yo nací el mismo año que el boom. Mi segundo nacimiento (cuando empecé a leer literatura) fue también con el boom: primero los libros de la biblioteca del colegio, después los libros de la biblioteca pública, y por último los que me iba comprando con mi propina de los domingos”.







El País. España