sábado, 26 de marzo de 2016

UNA HISTORIA





La muerte de Jesús: un hecho sobre el que no sabemos casi nada

Guillermo Altares







" Le Christ jaune " Paul Gauguin




La muerte de Jesús en la cruz, que se conmemora en Semana Santa, es uno de los acontecimientos más importantes de la historia. Sin embargo apenas sabemos nada sobre él. Casi ningún investigador niega que el fundador del cristianismo fuese un personaje histórico, crucificado por Roma en Jerusalén. El resto se mueve en un enorme espacio en el que confluyen la fe, la historia y el misterio. Cada nuevo hallazgo arqueológico relacionado con ese momento es analizado a fondo. El descubrimiento en una tumba de aquella época del cadáver de un reo crucificado, que recibió sepultura en vez de dejar que se pudriese a la vista de todos como solía ser habitual, hace plausible el entierro de Jesús. Una inscripción hallada en Caesarea Maritima confirma la existencia de Poncio Pilatos como gobernador romano en época de Tiberio. Pero el relato bíblico sigue muy alejado de cualquier confirmación histórica. Como escribió el periodista Juan Arias, uno de los grandes conocedores de la figura de Cristo, autor del libro Jesús. Ese gran desconocido, "aún no sabemos quiénes, ni por qué mataron a Jesús".
Una de las pocas certezas que comparten los historiadores es que la muerte de Jesús tuvo lugar durante la Pascua judía (Pésaj), en la que se conmemora la liberación de la esclavitud en Egipto y que es una de las fiestas más importantes del calendario hebreo. Como la Semana Santa cristiana, Pésaj depende de las fases lunares y el equinoccio de primavera. "Existe una conexión muy sólida entre la Pascua judía y la pasión", asegura Carl Savage, profesor de arqueología bíblica en la Universidad de Drew (Estados Unidos) y que ha trabajado en diferentes yacimientos como Bethsaida, en Galilea. "Es muy plausible que ocurriese durante ese periodo, aunque incluso los propios Evangelios aportan calendarios ligeramente diferentes sobre los acontecimientos de la última semana de vida de Jesús", prosigue.

¿Cuándo murió?

Preguntado sobre las certezas históricas que rodean la muerte de Jesús, Douglas Boin, investigador de la Universidad de Saint Louis (Estados Unidos), que acaba de publicar un estudio sobre los cristianos bajo el imperio romano, "Coming Out Christian in the Roman World: How the Followers of Jesus Made a Place in Caesar's Empire", responde: "No muchas. Jesús fue ejecutado en la provincia romana de Judea por el prefecto de la provincia, Poncio Pilatos. Eso es todo. Incluso la fecha, probablemente en torno al 28 después de Cristo, es una suposición informada". Muchos investigadores barajan la fecha del 14 de Nisán, esto es, el viernes 3 de abril. Pero ni siquiera los Evangelios se ponen de acuerdo: Marcos, Lucas y Mateo hablan de un día y Juan de otro. En su libro sobre Jesús, el papa Benedicto XVI apoya la tesis de Juan, lo que adelantaría un día la condena y la muerte.


Entrada de la iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén.


Son las fuentes no cristianas, sobre todo Tácito, las que permiten establecer un calendario más o menos preciso. El historiador romano habla de la muerte en la cruz de una persona a la que su gente llamaba Mesías bajo el reinado de Tiberio por el gobernador Poncio Pilatos. "Estas fechas son especialmente útiles para los historiadores", explica Savage. "El emperador Tiberio gobernó Roma entre el 14 y 37 después de Cristo, sabemos que Jesús nació entre el 7 y 4 antes de nuestra era al final del reinado de Herodes. Sabiendo que vivió unos 30 años, podemos fechar su muerte entre el 26 y el 28". Flavio Josefo también habla de la condena de Cristo a la cruz por Pilatos, pero la autenticidad del pasaje, conocido como testimonium Flavianum, ha sido puesta en duda por numerosos eruditos. Como explica la historiadora Mireille Hadas-Lebel en su biografía Flavio Josefo, algunos estudiosos creen que todo el pasaje es falso, mientras que otros opinan que "algún piadoso lector cristiano de principios del siglo IV" agregó algunas frases.
"Aquellos que hemos sido educados en la tradición católica imaginamos el recorrido a través de Jerusalén, el enfrentamiento con los líderes judíos, las palabras pronunciadas en la cruz", prosigue Boin. "Muchos de estos detalles provienen del relato de los autores de los Evangelios, que se guían por agendas teológicas. Como historiador los considero importantes, pero deben ser analizados con cautela". El huerto de Getsemaní, la traición de Judas, la última cena, la negación de Pedro, Poncio Pilatos dando a elegir entre Barrabás y Jesús o lavándose las manos: ninguno de estos episodios están confirmados y, en el caso de los dos últimos, son una clara manipulación a juicio de la mayoría de los investigadores.
"La respuesta corta es que no sabemos nada más allá de lo que cuentan los Evangelios y algunas otras referencias", explica Carl Savage. "Sin embargo, sí sabemos algunas cosas que hacen plausibles por lo menos algunas partes del relato bíblico. Por ejemplo, fue encontrado un hueso de talón con un clavo en una tumba del área de Jerusalén. Eso nos permite confirmar que la crucifixión era practicada como forma de ejecución en Judea en la época de Jesús. También que la forma de enterramiento descrita en los Evangelios coincide con evidencias históricas. Por lo tanto, estas evidencias nos permiten pensar en la muerte de Jesús como un evento real y no como una construcción teológica".

¿Por qué? ¿Quién?

Sin embargo, la clave no está en cómo fue ejecutado, sino en el por qué y por quién. Los Evangelios acusan a los judíos, una afirmación que ha propiciado 2.000 años de antisemitismo, una de las más violentas, trágicas y perdurables lacras de la historia de la humanidad. Como recuerda Juan Arias, "fue el papa Juan XXIII quien en 1959 mandó quitar de la oración de Viernes Santo la expresión 'pérfidos judíos' y la de 'obcecación de aquel pueblo' que se negaba a reconocer la divinidad de Jesús".
Reza Aslan argumenta en El Zelote, una biografía de Jesús que se convirtió en 2014 en una éxito internacional, que los Evangelistas exculparon a los romanos porque "Roma se había convertido en el principal público del evangelismo cristiano". Paul Winter (1904-1969) escribe por su parte en su clásico "Sobre el proceso a Jesús" que "el tribunal judío tenía autoridad para dictar y aplicar penas capitales, pero que, a pesar de ello, a Jesús no le condenó a muerte el Sanedrín".
Para Douglas Boin, "los testimonios bíblicos que acusan a los judíos son una distracción que trata de lanzar a los historiadores por el camino equivocado". De nuevo existe un consenso entre los investigadores: si Jesús fue condenado a la cruz, tuvo que ser por los delitos que provocaban un método de ejecución tan extremo: sedición, desafío al poder de Roma, insurrección contra el Estado. Y un gobernante romano como Poncio Pilatos no dudaría un instante en aplicar ese castigo. El hecho de que, según alguno de los Evangelios, fuese ejecutado junto ladrones, "podemos hablar también de rebeldes" precisa Savage, no hace más que confirmar esta tesis. Simon Sebag Montefiore escribe en su monumental historia de la ciudad de las tres religiones, Jerusalén. Una biografía: "Los Evangelios, escritos o enmendados después de la destrucción del Templo en 70, acusan a los judíos y absuelven a los romanos, deseosos de mostrar su lealtad al imperio. Sin embargo, los cargos contra Jesús y el castigo en sí cuentan su propia historia: fue una operación romana".












viernes, 25 de marzo de 2016

CREENCIAS






¿Por qué la gente sigue creyendo en Dios?

Daniel Mediavilla











Hay una idea sobre la religión que puede incomodar tanto a ateos como a creyentes. Su universalidad hace pensar que está inscrita en el cerebro humano gracias a la selección natural, porque cumple alguna función que ayudó a los creyentes a sobrevivir. Los humanos habríamos evolucionado para crecer con el germen de la fe en algún tipo de dios o dioses, del mismo modo que, según planteó Noam Chomsky hace décadas, los niños vienen al mundo con estructuras neuronales que les permiten aprender el idioma de sus padres. Después, el entorno es el que determina el lenguaje o la religión particular que se aprende.

Los estudios con gemelos idénticos y mellizos separados al nacer llevados a cabo por el investigador Thomas Bouchard muestran que la carga genética está relacionada con lo religiosa que es una persona. Los gemelos nacidos de un mismo óvulo tenían una forma de pensar mucho más parecida entre sí que los mellizos que nacieron a la vez pero de distintos óvulos. Uno de los hallazgos más llamativos de este tipo de estudios es que si un gemelo era criado en una familia atea y otro en una católica practicante, ambos acabarían manifestando de un modo muy similar su fe o su falta de ella. Además, Bouchard vio que la relación entre la influencia genética se incrementa respecto a la del entorno con el paso de los años, cuando la influencia de los educadores se reduce.

Desde el punto de vista individual, la religión y las supersticiones tienen una utilidad como herramientas para hacer frente a la incertidumbre de la vida diaria. Algunos estudios sugieren que la existencia de un orden supremo y la posibilidad de influir en él a través de ritos sirve para reducir el estrés que genera no saber qué sucederá en el futuro. Esto puede ayudar a entender por qué algunos de los hombres más poderosos del mundo, como el presidente francés François Mitterrand o el estadounidense Ronald Reagan, líderes de países con un poderío científico e intelectual inmenso, pero también sometidos a tremendas incertidumbres, demandaron los servicios de astrólogos y videntes para sobrellevar las dudas propias de su oficio.

Un trabajo realizado por psicólogos de la Universidad de Queensland, en Australia, planteaba que creer en que el futuro es predecible incrementa la percepción de que ese futuro se puede controlar. Por lo tanto, explicaban, “la creencia en la precognición (la capacidad para predecir el futuro) debería ser particularmente fuerte cuando la gente más desea el control, es decir, cuando no lo tienen”. Sus experimentos comprobaron que las personas que sienten que no pueden manejar una situación creen más en los futurólogos que los que creen que tienen todo bajo control.
Esta relación entre atracción por poderes ocultos e incertidumbre, también se ha observado tras atentados como los de Bruselas. En EE UU, tras el 11-S, se multiplicaron las ventas de los libros del astrólogo del siglo XVI Nostradamus. En las semanas que siguieron a los ataques, el bestseller francés coló en la lista de los más vendidos de la tienda Amazon tres versiones de sus célebres y ambiguas predicciones, en las que algunos interpretan que adivinó la llegada de Hitler al poder o la epidemia del sida.

Junto a las necesidades particulares que puede satisfacer la religión, varias hipótesis han tratado de explicar la tendencia humana a creer en dioses a través de sus efectos sobre los grupos. En las sociedades del paleolítico, probablemente igualitarias y sin sistemas para imponer el orden por la fuerza a la manera de los Estados modernos, la religión habría servido para fortalecer los vínculos entre los individuos de la tribu y controlar los impulsos egoístas por miedo al castigo divino. Experimentos como los realizados por Jesse Bering, psicólogo de la Universidad Queens de Belfast, muestran que los niños son menos proclives a engañar cuando piensan que les vigila un ente invisible. En su opinión, este tipo de resultados sugiere que creer en que los dioses o los ancestros muertos nos vigilan sirvió para fortalecer la cooperación en los grupos de cazadores recolectores.

Aunque existen dudas sobre la posibilidad de que la selección natural actúe sobre grupos en lugar de sobre individuos, hay biólogos como Eduard O. Wilson que creen que en las sociedades humanas primitivas se dieron las circunstancias para hacerlo posible. Por un lado, el igualitarismo habría facilitado que los individuos altruistas transmitiesen sus genes a la siguiente generación, y por otro, las continuas guerras con otras tribus acabarían por beneficiar a los miembros de grupos más cohesionados.
Más adelante, según proponía un estudio publicado recientemente en la revista Nature, la creencia en un dios moralista, omnisciente y capaz de castigar a quien no siguiese sus mandamientos, se convirtió en un pilar sobre el que se construyeron las sociedades complejas. A diferencia de los humanos que vivieron en los pequeños grupos de cazadores recolectores antes de la aparición de la ganadería y la agricultura, los habitantes de los Estados civilizados no conocían personalmente a todos los miembros de su sociedad. La presencia del dios vigilante habría servido para fomentar la cooperación entre desconocidos que compartían religión.

La religiosidad, que fue útil en algunos momentos de la evolución humana, no está exenta de efectos negativos. La capacidad de cooperar evolucionó en un entorno en el reforzar los lazos con los miembros de nuestro grupo cultural era clave para la supervivencia, en buena medida porque era necesario para enfrentarse con éxito a otros grupos. Antropólogos como Michael Tomasello afirman que “las diferencias de trato a los miembros del grupo y a los que no lo son” son uno de los “hallazgos más sólidos de la psicología”. Por su parte, el sociólogo Robb Willer, de la Universidad de Stanford (EE UU), ha observado que las personas no creyentes se veían más motivadas por la compasión a la hora de ser generosas. Para quienes tenían fe, las emociones eran menos importantes en su decisión de ayudar al prójimo que, por ejemplo, la identidad de grupo. El instinto de desconfiar de las personas que no consideramos de nuestro grupo se ha azuzado durante milenios para enfrentar a unos humanos contra otros con los más diversos intereses y en esa tarea, la religión, tan eficaz para unir, también lo ha sido para separar.







Ver también FICCIONES CONVENIENTES: http://lamusaencantada.blogspot.com.ar/2014/10/ficciones-convenientes.html


































jueves, 24 de marzo de 2016

¿ LLOVERÁ CAFÉ ?






"Cada vez que un italiano tome café en Starbucks*, una cafetera se suicidará"


Dany Mitzman





La cafetera moka o italiana hace espressos al ponerla en la estufa, valiéndose del vapor
 para obtener más aceite del café.





Siempre me ha sorprendido y divertido la cantidad de variaciones que puede tener un simple café. Un café en Italia es siempre un espresso. Un capuchino es visto como algo totalmente diferente: una bebida para el desayuno que ninguna persona normal querría después de 11 de la mañana. 
Uno se lo puede tomar macchiato -manchado con leche-; corretto -con un poco de grappa (aguardiente de orujo)-; lungo -con un poco más de líquido en la taza-; o ristretto –superconcentrado. 
Cuando salgo a comer con amigos aquí, siempre pienso que la orden del café debe sacar de quicio al camarero. Un macchiato descafeinado con leche fría, un espresso regular con leche espumada, un café muy corto... Todo extraído de la misma máquina y servido en la misma pequeña taza, pero en infinitas variedades


                El capuchino nunca se toma después de las 11:00 de la mañana!                 

Los italianos no "beben" café, se lo "toman" -como una dosis de la medicina- tal vez por lo pequeño, y se los toman más a menudo parados al lado de la barra en lugar de sentarse en una mesa (en las que puede costar dos o tres veces más).  Si el vino es la bebida nacional, el café es la puntuación del día: la coma, a media mañana; el punto, al final de una comida. 
 "Somos snobs de café", acepta el psicólogo Paolo Vergnani, quien se toma 10 espressos al día. "Cuando las gente regresa de un viaje al extranjero, la pregunta es: '¿Qué tal era el café?' y por lo general la respuesta es, por supuesto, 'horrible'".  Para Paolo, el café que se sirve en los bares italianos y las bebidas calientes para llevar de medio litro en un vaso de cartón con tapa de plástico no tienen ni un lejano parecido.


Una visita a Milán insipiró a Howard Schultz a fundar Starbucks, hace 33 años.


Me atrevo a preguntarle qué piensa del modelo estadounidense de Starbucks.   "¡Creo que es sólo una manera de mantener las manos calientes!", contesta.  A pesar de esto, Paolo dice que hay lugar para ese modelo en Italia.  "Hay muchos sitios tratando de hacer algo como Starbucks. El estilo es absolutamente el mismo: wi-fi, hasta la arquitectura es más o menos la mismo. Yo pienso que los jóvenes italianos les puede gustar". Se piensa que la razón es que hace que se sientan más cosmopolitas y conectados con el mundo, especialmente aquellos que han viajado. "Es una manera de recordar 'cuando estuve en Nueva York'".

Esto es algo que he notado también.

Aquí, en Bolonia, el café que abrió más recientemente en la estación central tiene un mostrador lleno de brownies y una variedad de panecillos.  En la mayoría de las ciudades grandes ahora se puede encontrar un par de lugares de café al estilo estadounidense, ofreciendo cafés con jarabes de sabores y salsas para agregar, crema o leche batida libre de grasa, todos adornados con el chocolate o frutos secos, pequeños merengues y hasta malvaviscos. Es la antítesis de los bares de espressos.  Pero, si bien algunos italianos arrugan sus narices ante la cultura estadounidense, otros se sienten atraídos a ella, desde las palomitas de maíz en el cine, Halloween o el pastel de queso.
Max, un mozo de café de 36 años de edad, está de acuerdo en que Starbucks será de interés para los jóvenes italianos como un lugar para pasar el rato, algo así como McDonald's. "En una ciudad internacional como Milán, creo que puede funcionar. Probablemente se llenará de gente joven, modelos y extranjeros que trabajan en la ciudad", dice. Y él, ¿iría?"¿A un Starbucks en el extranjero?, sí. Pero ¿a uno en Italia? Definitivamente no".



Quizás Starbucks se beneficie de los agradables recuerdos 
               que dejan las vacaciones.                  


A mediados del siglo pasado

Sorprendentemente, tomar café es una tradición relativamente nueva en Italia. Antes de la Segunda Guerra Mundial, era una importación de lujo para la élite rica, y la mayoría de los italianos tomaba bebidas calientes a base de cebada o achicoria tostada.


Moka, la clásica cafetera, forma parte de la exposición del 
Museo de Diseño de Milán.


Sin embargo, la producción masiva de máquinas de café espresso hizo que estuviera al alcance de la gente común, y rápidamente los bares de café se extendieron por todo el país, uno nunca está a más de 20 pasos de una cafetería en ninguna ciudad italiana.Yo tengo uno al otro lado de la calle y otro en la esquina. 
El de la esquina tiene cómodas sillas y una lámpara veneciana, pero el de el frente, al igual que muchos bares italianos, es un poco viejo, está en mal estado, pero es familiar, y considero que es mi "local".  El mozo Mimmo me saluda por mi nombre y con indulgencia me hace capuchino, a pesar de que son las 4 de la tarde.  Sus clientes han visto a su niño crecer, y le envían postales cuando se van de vacaciones. Él sabe cuáles son las bebidas preferidas de cada uno, incluso de detalles como si les gusta que les sirva agua con gas o sin gas con el café.
 Esta clase de atención personalizada también se remonta a los años de la posguerra, cuando un gran número de gente se fue del campo a la ciudad, según cuenta el galardonado especialista en café Manuel Terzi. "Los italianos tuvieron que dejar la tradición de desayunar en casa y empezar una nueva fuera de ella", dice. "Así que el barista italiano es ahora el sustituto de la madre del cliente italiano. Debemos ser una mamma". 



"El barista italiano es ahora el sustituto de la madre del cliente italiano", dice Manuel Terzi, 
especialista en café.



En ese sentido, Starbucks tendrá dificultades para competir, dice. "Bueno, sería difícil, ya que Starbucks es una fábrica,  no un hogar. A los italianos les gusta entrar en las cafeterías y escuchar al barista  llamarlos por su nombre. Starbucks tiene una continua rotación de las personas por lo que será imposible. Detrás del mostrador un día encuentras cinco chicos y otro día, cinco diferentes. A los italianos les gusta que los mimen".

Arrogancia italiana

Pero Manuel Terzi no está horrorizado ante la idea de Starbucks en Italia. Más bien, le entusiasma. Admira cómo los estadounidenses luchan por dominar la tradición del café italiano, y le impresiona su interés en los tostados y las mezclas complejas y aromáticas.


Se ve sencillo, pero no es tan fácil lograr la perfección.

 Además, le disgusta la arrogancia de algunos baristas italianos que, me dice, a menudo hacen mal café. "Los baristas italianos deberían darse cuenta de que ser italiano no te hace automáticamente un maestro del café. Es necesario el estudio, el sacrificio y la práctica", asegura.  Además de que Starbucks no podrá competir con la familiaridad de las cafeterías italianas, también tendrá problemas con los precios.  
Un café espresso cuesta, en promedio, US$0,87, sin cargo adicional para un macchiato. Un capuchino vale alrededor de US$1,40.  Pero es posible que a los italianos les atraiga la "experiencia Starbucks", optando por "exóticos" Frappuccinos en lugar de un café o capuchino, pasteles y galletas de estilo estadounidense y la garantía de una conexión wi-fi gratuita y un cómodo sillón.


¿Qué piensa la gente en Milán?


Opiniones encontradas, pasión compartida.

MariaGrazia Moncada recogió para la BBC un puñado de opiniones en las calles milanesas.  "¡La emoción de un café no se puede diluir!", dijo el agente de ventas Fabio Mastinu, de 38 años de edad. Ainur Pshimova,   de 35 años de edad, originario de Kazajstán, no concuerda: "¡No me aguanto las ganas de que Starbucks abra en Milán! Me gusta mucho el café con leche de Starbucks y no he sido capaz de encontrar uno de la misma calidad en Italia".  Danilo Mariotti, de 68 años de edad, expresó su opinión maravillosamente: "Cada vez que un italiano tome un café en Starbucks, una cafetera se va a suicidar".  Lo que contrasta con lo que piensa la estudiante Giulia Salteri, de 22 años de edad: "Si tienen acceso a internet wi-fi en Starbucks, ¿por qué no voy a ir?
"Pero no es cuestión de edad. Malvina Berti, una artista de 26 años de edad, contestó: "¡Los italianos lo hacen mejor!"






*Starbucks tiene 23.768 locales en el mundo; 2.705 en Europa... y ninguno en Italia, a pesar de que fue precisamente ese país el que inspiró a su fundador a crearla. Pero ahora, la cadena de cafeterías más grande de todas se va a atrever a pisar suelo italiano, o más bien milanés, inaugurando una sucursal a principios de 2017. ¿Tendrá éxito?









miércoles, 23 de marzo de 2016

MATEMÁTICA, AHÍ ESTÁS.




Las matemáticas escondidas en las obras de arte

 









La danza responde a un patrón como el de la música en lo que se refiere a su relación con la matemática.
 En la foto, Nadja Saidakova y Vladislav Marinov bailando en 2011




Para muchos, arte y matemáticas parecen ser sinónimo de agua y aceite. El primero es el dominio de la expresión emocional, la pasión y la estética. El segundo, un mundo de lógica férrea, precisión y verdad. Sin embargo, si arañamos la superficie de estos estereotipos uno descubre que los dos mundos tienen mucho más en común de lo que cabría esperar.
La música es probablemente la disciplina artística que tradicionalmente ha resonado más estrechamente en el mundo de las matemáticas. Como dijo el filósofo alemán Gottfried Wilhelm Leibniz una vez: "La música es el placer que experimenta la mente humana de contar sin ser consciente de que está contando".  Sin embargo, esa conexión es mucho más profunda.  Las mismas notas a las que respondemos como armónicas tienen un fundamento matemático, como descubrió  Pitágoras y las estructuras matemáticas también influyen en la arquitectura de la composición.

Secuencias matemáticas en la música

Tomemos el "Cuarteto para el fin de los tiempos", del compositor del siglo XX Olivier Messiaen. En esta pieza, Messiaen crea una extraordinaria sensación de tensión mediante el empleo de una de las secuencias más importantes de números en los libros de matemáticas: los números primos.
 En el movimiento de apertura, Messiaen utiliza los números indivisibles 17 y 29 para crear una sensación de tiempo sin fin. Si nos fijamos en la parte de piano, encontraremos una secuencia rítmica de 17 notas repetidas una y otra vez -pero la secuencia de acordes en la parte superior de este ritmo consta de 29. De modo que cuando el ritmo de las 17 notas comienza por segunda vez, los acordes llegan hasta cerca de dos tercios de la pieza durante esa secuencia. El efecto de la decisión de usar los números primos 17 y 29 es que las secuencias rítmicas y los acordes no se repetirán hasta 17 veces y 29 notas a través de la pieza, y para entonces el movimiento ha terminado. Lo interesante para mí es que la atracción del músico y del matemático por los números primos para mantener crear falta de sincronización se puede encontrar en el mundo natural.
Hay una especie de cigarra que vive en los bosques de América del Norte y que tiene un ciclo de vida muy curioso: se ocultan bajo tierra sin hacer nada durante 17 años y emergen en el bosque por un período de fiesta vital de seis semanas.  Al final de las seis semanas todas mueren y hay que esperar otros 17 años antes de que surja la próxima generación. Se cree que este ciclo de vida basado en los números primos está conectado con la capacidad para mantener la especie fuera de sincronización –o sea, que no coincida- con un depredador que también aparece periódicamente en el bosque.

Entre líneas

La cualidad abstracta de la música la convierte en compañera natural de las matemáticas, pero las otras artes también proporcionan ejemplos fascinantes de cómo las ideas matemáticas bullen bajo la producción del artista.  Las artes visuales tienen una clara relación con esta ciencia, teniendo en cuenta que cada vez que se pinta una línea en un lienzo o se talla la superficie de una escultura, emerge la geometría.
La arquitectura tiene una conexión también evidente con las matemáticas, que es lo que garantiza que el edificio pasará de la mesa de dibujo al paisaje de la ciudad.  Sin embargo, las formas que ahora pueblan el horizonte están tan impregnadas de la estética de las matemáticas como de su poder para asegurar que el edificio no se derrumbe.



Zaha Hadid. El Gallery Soho,  una obra de la arquitecta en China.


Galaxy Soho, el deslumbrante edificio de Zaha Hadid en Pekín


El movimiento arquitectónico conocido como parametricismo de la británico-iraquí Zaha Hadid* está sembrando nuestro entorno urbano de formas que son tanto matemáticas como naturales en esencia.  Para mí, una de las revelaciones más interesantes ha sido que incluso el arte de la palabra escrita contiene matemáticas ocultas en su interior. Poetas, dramaturgos y novelistas han jugado con formas, patrones y estructuras que contienen formas matemáticas.  Jorge Luis Borges se esforzó por encontrar una explicación a la forma de nuestro universo finito al escribir "La Biblioteca de Babel".
Los artistas del Renacimiento ayudaron a los matemáticos de la época redescubrir formas halladas por el matemático griego Arquímedes; sus descripciones se habían perdido con el tiempo, pero fueron redescubiertas a través de la evolución del dibujo.

Matemáticas ocultas




Salvador Dalí, Crucifixión (Corpus Hypercubus)


Veo un objeto hiperdimensional en una de las obras más famosas de Salvador Dalí, Crucifixión (Corpus Hypercubus), y descubro cómo Jackson Pollock (1912-1956) estaba explorando inconscientemente estructuras geométricas llamadas fractales, formas que los matemáticos sólo descubrieron en el siglo XX.  El artista estadounidense era un matemático en secreto por su volatilidad y su gusto por el alcohol, y el uso de lo que los matemáticos llaman un "péndulo caótico" cuando se tambaleaba para crear sus cuadros salpicando pintura.  El escultor indio-británico Anish Kapoor originalmente quería ser ingeniero, pero renunció a ello porque encontró las matemáticas demasiado difíciles.   Sin embargo, sus obras revelan una extraordinaria sensibilidad por las estructuras matemáticas, formas que son universales y que consisten una referencia cultural obligada.   Su torre de 2009 de bolas esféricas, llamada "El árbol alto y el ojo", crea reflejos que son de naturaleza fractal, mientras que sus espejos hiperbólicos distorsionan nuestro medio ambiente para crear una nueva perspectiva extraña en el mundo.  Los espejos curvos de Kapoor proporcionan un lente para ver el universo como lo que realmente es: curvo, doblado, donde la luz se deforma en su camino a través del espacio y nuestra intuición se vira al revés.


Anish Kapoor “Cloud Gate” Chicago







*Marcus du Sautoy es profesor de la Comprensión Pública de la Ciencia y de Matemáticas en la Universidad de Oxford. Es autor de The Number Mysteries (HarperPerennial).



























martes, 22 de marzo de 2016

ABEJITAS.





Piloto Automático.














Las abejas están dotadas de una especie de piloto automático biológico que les permite aterrizar sin problemas, según un estudio divulgado en Australia en el que se analiza esta habilidad en los insectos de cara a desarrollar nuevos sistemas de aterrizaje para robots aéreos.

El neurocientífico australiano Mandyam Srinivasan de la Universidad de Queensland y varios de sus compañeros analizaron la habilidad para aterrizar con precisión de este insecto, que tiene un cerebro del tamaño de una semilla de sésamo y carece de una visión binocular.
Para la investigación, los científicos utilizaron cámaras de alta velocidad para grabar los aterrizajes de las abejas en sus panales y posteriormente calcular las diferentes velocidades utilizadas en distintos puntos de la trayectoria aérea.
Srinivasan explicó que cuando una persona se acerca hacia un objeto, éste parece más grande y si el movimiento se da a un índice constante, aumenta de tamaño con mayor velocidad y a un índice exponencial.
No obstante, las abejas gradúan la velocidad reduciéndola a medida que se aproximan al objetivo y logran hacerla proporcional a la distancia del punto de aterrizaje. "Y si la distancia se duplica, las abejas aumentan su velocidad de acercamiento al doble", agregó el científico al enfatizar que este mecanismo de regulación es como un "hermoso autopiloto automático".
Asimismo, los científicos utilizaron una pista de aterrizaje con el diseño de una espiral giratoria para alterar la impresión del tamaño objetivo según el ángulo de aterrizaje y en algunos casos provocó que las abejas frenaran o aceleraran hasta estrellarse en la superficie.


Actualmente, Srinivasan y sus colegas intentan aplicar estos conocimientos para desarrollar sistemas de aterrizajes para aparatos voladores autónomos que no dependan de radares o sonares.

















MATERNIDAD





Tan completa o tan incompleta
Rosa Montero








Hace nueve años publiqué un artículo titulado Ni coja ni madre en el que criticaba la mirada conmiserativa que caía sobre mí cada vez que la gente se enteraba de que no tengo hijos. Como si carecer de descendencia fuera una mutilación existencial. Ahora advierto que, con mi optimismo congénito, esperaba que la cosa fuera mejorando con el tiempo. A fin de cuentas, es verdad que ha mejorado el nivel de sexismo en las últimas décadas y se es menos machista que en mi juventud. Pero la obligatoriedad social de la maternidad parece seguir siendo inexpugnable. Es más, yo diría que el mandato se ha recrudecido y es aún peor, porque ahora casi todas las chicas vuelven a tener hijos.
Hubo una generación de mujeres que, consciente o inconscientemente, dejamos la maternidad a un lado. Para muchas de nosotras no fue nunca una opción: creo que ni siquiera escogimos no ser madres, es que no lo teníamos como prioridad y los años se nos fueron pasando. Hablo de la época en la que tanto España como Italia estábamos a la cabeza de los países con menor natalidad del mundo. Y seguro que no fue casual que lideráramos la lista dos sociedades que habíamos sido especialmente machistas hasta hacía muy poco, y que habíamos evolucionado en este aspecto muy deprisa. Mi teoría es que hubo una generación de madres atrapadas en el estereotipo de una educación tradicional que vieron cómo el mundo cambiaba ante sus ojos, aunque demasiado tarde para que ellas lo pudieran aprovechar. Creo que la falta de interés reproductor que tantas mujeres de mi edad hemos mostrado fue el resultado del poderoso susurro de esas madres: no te encadenes, no tengas hijos, haz todo lo que yo no pude hacer.
Las chicas nacidas en la democracia, en cambio, no tienen que soportar ese mandato materno sobre sus hombros y, en consecuencia, volver a tener hijos es lo habitual. Me parece muy bien, porque son mucho más libres para escoger, pero lo que no me parece bien es que regrese intacta la idea de la maternidad como culminación de la mujer y que las no madres seamos vistas cada vez más como una anomalía. Cuando lo que es claramente anómalo es que a los hombres nunca o casi nunca se les pregunte si tienen hijos, mientras que a las mujeres se nos interrogue una y otra vez sobre lo mismo.
¡Y qué efectos tan devastadores produce la pregunta en la concurrencia! Pongamos que hay un grupo de personas que se conocen poco, gorjeando con liviandad sobre temas pequeños, y de pronto alguien te dice alegremente: "¿Tienes hijos?". La respuesta a eso es un simple no, pero claro, yo ya soy mayor, tengo una edad irreversible, es un no lapidario que borra de un brochazo todos mis potenciales vástagos e incluso, a estas alturas, mis potenciales nietos. O sea, una multitud potencial que se desvanece. Así que ese monosílabo cae como una bomba de neutrones y la gente se congela en torno a ti como esperando que sigas explicándote. Que les digas, "no pude tener hijos", o bien, "padezco una enfermedad genética que no quise transmitir", o incluso algo definitivo como "soy un transexual" o "soy virgen"… No sé, todo el mundo parece aguardar una justificación razonable de tan aberrante realidad.

No estoy exagerando lo más mínimo. Me ha vuelto a suceder hace nada en Francia, en un entorno intelectual, joven y progresista. Llega la pregunta y tú contestas no, qué respuesta más simple y más sencilla. Pero siempre, absolutamente siempre, la conversación se detiene durante unos microsegundos incomodísimos y, por más que intento aferrarme tozudamente al monosílabo y a la ligereza y no añadir ni una palabra más, a menudo todos terminamos soltando tres o cuatro lugares comunes sobre la maternidad. Lo que más me desconsuela, pobrecitas, son esas mujeres que se sienten obligadas a decir: "Ah, claro, por supuesto, no importa, da igual tener hijos o no", una obviedad tan evidente que su sola formulación resulta chirriante, como si quisieran aliviar la pena tremenda de tu triste situación; o como si te vieran como un monstruo, pongamos como un cíclope, y dijeran, ah, pero no te preocupes, no pasa nada, tener un único ojo en mitad de la frente está bien y además solo necesitas una lentilla. Tanto apresuramiento en celebrarte te convence justamente de lo contrario, de que sí pasa mucho, de que los profundos estereotipos de género siguen pesando como bolas de plomo en nuestro cerebro y de que, muy al fondo, se sigue creyendo que la mujer que no es madre no es del todo mujer. Y a estas alturas de la vida yo ya no sé cómo explicar que, aunque tener hijos debe de ser una experiencia formidable, yo me siento tan completa o tan incompleta como cualquier persona.











lunes, 21 de marzo de 2016

LEOPOLDO LÓPEZ





Preso pero libre

Mario Vargas LLosa.









Que este libro de Leopoldo López,Preso pero libre. Notas desde la cárcel del líder venezolano (Península, 2016), que lleva un excelente prólogo de Felipe González, haya podido ser escrito es una especie de milagro. Encarcelado en la prisión militar de Ramo Verde desde febrero de 2014 y condenado a 13 años y 9 meses de prisión en una caricatura de juicio que ha sido el hazmerreír del mundo entero, su autor es el preso político más conocido internacionalmente, un símbolo de los atropellos e injusticias que cometen las dictaduras contra quienes osan desafiarlas. 

López fue acusado por la dictadura chavista de “incitación al crimen” por los muertos que causaron las grandes movilizaciones estudiantiles de hace dos años en distintas ciudades de Venezuela. Yo estuve en Caracas por esos días y vi con mis propios ojos la naturaleza pacífica de aquellas protestas y la brutalidad con que Nicolás Maduro las hizo reprimir por la policía política y las bandas de rufianes armados que utiliza para intimidar, golpear y a veces asesinar a sus opositores. Leopoldo López se entregó voluntariamente a la justicia, sabiendo que esta dejó de existir en su desdichado país desde que el comandante Chávez y compañía acabaron con la democracia e instauraron en su reemplazo “el socialismo del siglo XXI”, que ha convertido a Venezuela en el país de más alta inflación y criminalidad en el mundo. O, como dice Felipe González, en un "Estado fallido".
La vida que desde entonces lleva en la prisión y que está bien documentada en este libro es de abusos y agravios sistemáticos, encerrado en un calabozo solitario, que tiene 10 rejas con candado y cuatro cámaras de televisión que vigilan sus movimientos las 24 horas del día y aparatos de grabación múltiples que quieren también registrar todo lo que dice o murmura. A esto se añaden constantes requisas, de día o de noche, para despojarlo de papeles, libros, o robarle las prendas personales. Uno de los directores de la prisión de Ramo Verde, el coronel Miranda, un sádico, hacía, además, que sus esbirros le vaciaran encima de improviso bolsas llenas de excremento. Y es sabido, que entre otras indecibles vejaciones que debían soportar los contados familiares que pueden visitarlo una vez por semana —entre ellas su madre y su esposa— figuraba la de tener que desnudarse ante los carceleros.
Pese a todo ello, como muestra de la audacia inventiva del espíritu humano capaz de sobrevivir a todas las pruebas, López ha podido escribir y sacar de la cárcel este testimonio conmovedor. En su libro no hay una pizca de rencor ni de odio contra sus verdugos y quienes están destruyendo a Venezuela cegados por el fanatismo colectivista y estatista. Por el contrario, un optimismo sereno recorre sus páginas, la convicción de que pese al empobrecimiento atroz al que han llevado al país las políticas antehistóricas de nacionalizaciones, expropiaciones y agigantamiento enloquecido del aparato estatal así como la asfixiante paralización de una administración controlada por comisarios políticos, hay en Venezuela suficientes recursos naturales y humanos para levantar cabeza y prosperar, una vez que la democracia sustituya a la dictadura y retorne la libertad conculcada.
Leopoldo López es un idealista y un pacifista convencido. Sus modelos son Gandhi, Mandela, Martin Luther King, Vaclav Havel, la madre Teresa de Calcuta y, como convencido creyente que es, Cristo. En su libro hace un gran elogio de Rómulo Betancourt, el líder de Acción Democrática que se enfrentó primero al generalísimo Trujillo (quien intentó hacerlo matar) y a todos los tiranuelos militares de América Latina y luego a Fidel Castro, sin complejo alguno, en nombre de una democracia liberal que trajo a su país 40 años de legalidad y de paz. Yo recuerdo el odio que teníamos a Betancourt los jóvenes de mi generación cuando creíamos que la verdadera libertad estaba en Marx, Mao y en la punta del fusil. Vaya insensatos y ciegos que fuimos. El que veía claro, en esos años difíciles, fue Rómulo Betancourt y es muy justo que Leopoldo López le rinda el homenaje que se merece aquel lúcido demócrata que salió de la presidencia de Venezuela más pobre de lo que entró (lástima que no fuera el caso de todos los mandatarios en esas cuatro décadas de libertad).
No hay que confundir el patriotismo con el patrioterismo, que está hecho de palabrería un tanto ridícula y de gestos y desplantes algo payasos a los que de costumbre no acompañan la convicción ni la conducta. López es un patriota de verdad: quiere a su país y, entre barrotes, recuerda con nostalgia su geografía, las montañas que le gustaba escalar en solitario para meditar y respirar puro, a los pájaros y a los árboles de sus bosques, y a las pequeñas aldeas entrañables que recorrió en sus giras políticas. Sabe la extraordinaria labor que lleva a cabo Lilian Tintori, su mujer, un ama de casa y madre de familia a quien Chávez y Maduro han convertido en una fogosa lideresa política, como a tantas madres, esposas y hermanas de los 87 presos políticos que hay en Venezuela y que luchan de manera gallarda porque se les devuelva la libertad.

Leopoldo López sabe que el pueblo venezolano no se ha dejado sobornar por la demagogia del poder chavista y que cada día que pasa, la corrupción de los hombres que gobiernan, vinculados a las mafias del narcotráfico y a las pandillas de delincuentes a los que venden armas, y los anaqueles vacíos de los almacenes, el racionamiento, los cortes de luz, los atracos, secuestros y crímenes, van empujando a las filas de la oposición, esa que en las últimas elecciones, a pesar de los fraudes, ganó el 70% de los escaños de la Asamblea Nacional. Pero, pese a ello, sabe también que la liberación de Venezuela no será fácil, pues aquella argolla de malandros encaramados en el poder no lo soltarán fácilmente, entre otras cosas, porque temen que el pueblo venezolano les pida cuentas por haber convertido al país potencialmente más rico de América Latina en el más pobre en apenas un puñado de años.
Una fiera herida es más peligrosa que una sana y suele vender cara su vida. El Gobierno de Nicolás Maduro está cada día más débil y sabe que tiene los días, o los meses, pero seguramente ya no los años, contados. Y no es imposible que decida, si ve llegada su hora, vengarse por adelantado de quienes tienen por delante la ímproba tarea de resucitar al país que han dejado en ruinas. Si es así, las víctimas más a su alcance son esos 87 presos políticos que, como Leopoldo López, están a su merced en las mazmorras chavistas. Por eso es indispensable que la movilización que ha convertido a Leopoldo López en una figura internacional no cese y, más bien, se extienda, a fin de proteger a todas las demás víctimas de la dictadura venezolana, empezando por Antonio Ledezma, el alcalde de Caracas, muy delicado de salud, y los civiles, militares, estudiantes, obreros y profesionales que están presos por haberse enfrentado al régimen. Ahora que están cerca de la libertad, su vida peligra más que nunca. Es deber de todos quienes queremos que Venezuela vuelva a ser libre, mantener la presión para mantenerlos vivos y salvos.




EL PAÍS. España.