martes, 13 de enero de 2015

FACEBOOK


Eres lo que ‘te gusta’




 John Holcroft 

Una máquina te conoce mejor que tus amigos y familiares. Esa es la principal conclusión de un estudio con miles de usuarios de la red social Facebook. Analizando sus me gusta, una máquina puede conocer la personalidad de un sujeto mejor que sus amigos y familiares. Los autores de la investigación creen que esto ayudará a la relación entre máquinas y humanos pero alertan de los peligros que puede suponer para lo más íntimo del ser humano, su forma de ser, pensar o sentir. Investigadores del Psychometrics Centre de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) y del departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad de Stanford (Estados Unidos) consiguieron que casi 90.000 usuarios de Facebook realizaran un test de personalidad de 100 preguntas. También tuvieron acceso a sus me gusta en la red social. Partían de la idea de que el comportamiento en las redes da pistas fiables sobre cómo es una persona. Crearon entonces un programa que, como si fuera un psicólogo digital, pudo detectar los principales rasgos psicológicos con unas decenas de me gusta.



En realidad, lo que querían saber es si las máquinas podían juzgar mejor a los humanos que los propios humanos. Para ello, lograron también que compañeros de trabajo, amigos y familiares dibujaran un perfil psicológico de los usuarios de Facebook estudiados, mediante un cuestionario estándar en psicología. Con sólo 10 me gusta, el programa fue capaz de determinar la personalidad con mayor certeza que los juicios emitidos por un colega del trabajo. La máquina, además, afina su valoración a medida que tiene más información de lo que se hace en Facebook. Con sólo 70 me gusta, ya sabe más de uno que su compañero de piso y, con 150, más que una madre. Solo la pareja de cada participante rivalizó con la máquina. Pero, si disponía de 300 me gusta o más, el ordenador no tenía rival. Teniendo en cuenta que la media de me gusta de un usuario es de 227, en la mayoría de los casos los ordenadores juzgan mejor que los humanos.
"Los ordenadores pueden ganarnos en nuestro mejor juego", dice el investigador de la Universidad de Stanford y coautor del estudio,Michal Kosinski. "Predecir los rasgos psicológicos de los otros es una habilidad social básica, crucial para el éxito y, en el pasado, para la supervivencia, perfeccionada en millones de años de evolución. Y, ahora, un modelo informático relativamente simple basado en una gran base de datos nos supera con mucha facilidad", añade.Buscando validar sus primeros resultados, los investigadores obtuvieron una submuestra de más de 14.000 usuarios de Facebook que habían sido valorados no por un allegado si no al menos por dos. Pero aún con un perfil psicológico doble, la máquina volvió a superar a los humanos. En una tercera medición, los investigadores quisieron saber si el ordenador podía predecir determinadas conductas propias como el consumo de drogas, la tendencia a la depresión o la orientación política. Tal y como publican en la revista científica PNAS, en 12 de las 13 conductas estudiadas, la máquina acertó más que los allegados. Aquí, los resultados confirman un trabajo anterior de Kosinski y colegas de Cambridge que mostraba cómo 100 'me gusta' bastaban para saber el sexo, raza o ideología de un usuario de Facebook
Para Kosinski, los ordenadores tienen un par de ventajas sobre los humanos a la hora de analizar la personalidad de una persona: "Por encima de todo, las máquinas pueden conservar y recuperar grandes cantidades de información y, además, pueden analizar todos estos datos con algoritmos". Esto las hace menos vulnerables al fallo, el olvido y al pensamiento muchas veces irracional propio de la mente humana. Los investigadores creen muy cercano un escenario en el que existan sistemas automatizados, certeros y asequibles para determinar la personalidad, lo que podría mejorar la toma de decisiones, desde a quién contratar, a qué político votar o hasta de quién enamorarse. Sin embargo, también reconocen el riesgo de dejar que las máquinas jueguen a ser psicólogos o que empresas y gobiernos empiecen a usarlas como tales. En palabras de Kosinski: "predecir la personalidad es, como cualquier otra tecnología, moralmente neutral. Podemos usarla para mejorar nuestra vida o hacernos daño, igual que con los cuchillos. Ciertamente, tenemos que proceder con cautela, ya que la tecnología actual funciona bien y podría beneficiar (o dañar) a un gran número de personas".
Para los investigadores es necesario diseñar sistemas y políticas que minimicen los riesgos. "Dos principios deberían guiarnos: transparencia y control", sostiene Kosinski. Por un lado, "tenemos que ayudar a los usuarios a entender que sus datos están ahí fuera, cómo están siendo usado y cómo pueden ser usados", explica. Por el otro, "tenemos que conseguir que los usuarios tomen un control total de sus datos y decisión sobre para qué fines pueden ser usados", concluye.
El problema, como han demostrado ya otros es que los datos personales han escapado al control de sus dueños. "El factor social de la privacidad hace que el control de este tipo de predicciones esté fuera del individuo", recuerda el investigador español de Escuela Técnica Federal de Zúrich, David García, ajeno a esta investigación. Este experto en redes sociales demostró recientemente cómo una red social puede inferir detalles personales, como la orientación sexual, no sólo de sus usuarios si no también de los amigos que no están en la red.
"Los patrones que enlazan la amistad con los 'me gusta' podrían explotarse para predecir la personalidad de usuarios que no lo desean. Es decir, imaginemos que me gusta Snooki [personaje de un reality show estadounidense] pero no quiero que se usen mis datos. Si a la mayor parte de mis amigos también les gusta Snooki, quien tenga los datos de mis amigos puede deducir que soy una persona extrovertida sin tener mis me gusta", razona García.




Fuente: El País. España









lunes, 12 de enero de 2015

POEMA




Los hombres

Maya Angelou










Cuando era joven, solía mirar
Detrás de las cortinas
A los hombres que iban y venían por la calle. Hombres viejos, borrachos.
Hombres jóvenes, más ácidos que la mostaza.
Los veía. Los hombres siempre
Están yendo a alguna parte.
Ellos sabían que estaba ahí. Con quince
Años, y famélica.
Se paraban bajo mi ventana
Con los hombros en alto como los
Pechos de una adolescente,
Y la cola del traje palmeándoles
Las nalgas,
Los hombres.

Un día te toman con delicadeza 
entre sus manos, como si
Fueras el último huevo crudo de la tierra. Después
Aprietan. Un poquito no más. El
Primer estrujón es agradable. Un abrazo rápido.
Suaves hasta tu indefensión. Un poquito
Más. Y empieza a doler.  Te arrancan una
Sonrisa que patina en el miedo. Cuando
Se acaba el aire,
El cerebro te explota, estalla breve y ferozmente
Como la cabeza de un fósforo. Hecho trizas.
Es tu jugo
El que baja por sus piernas. Manchándoles los zapatos.
Mientras la tierra vuelve a enderezarse,
Y el gusto trata de retornar a la lengua,
Tu cuerpo ya se cerró. Para siempre.

No existen llaves.
Después la ventana se cierra toda sobre
Tu mente. Ahí, detrás
Del oscilar de las cortinas, caminan los hombres.
Sabiendo algo.
Yendo a alguna parte.
Pero esta vez, nada más voy a
Pararme y mirar.
A lo mejor.













jueves, 8 de enero de 2015

CENSURA


La censura a la libertad de expresión consigue justo lo contrario




Tres hombres han entrado durante la mañana del miércoles en el semanario satírico francés Charlie Hebdo armados con Kalashnikov y han asesinado a 12 personas, dejando malheridas a otras cuatro. El semanario había sido objeto de amenazas y ataques, después publicar en 2006 caricaturas de Mahoma. De hecho, fue atacado con cócteles molotov en 2011, tras una portada en la que el profeta aparecía como redactor jefe de un número bautizado como Sharia HebdoSi estos asesinatos pretendían que las caricaturas dejaran de circular, han fracasado: a los pocos minutos estos dibujos inundaban Twitter y aparecían galerías en muchos medios de comunicación. En redes, muchos recogían además una propuesta: que las portadas de los diarios del día siguiente al atentado llevaran las caricaturas de Charlie Hebdo.



Salvando las distancias, es un ejemplo (trágico) del efecto Streisand: cuando alguien intenta censurar algo en internet, se divulga aún más. Este efecto debe su nombre a la denuncia de la actriz y cantante para exigir que se retirara de una web una foto aérea de su casa. La denuncia sólo consiguió que la imagen se difundiera hasta el punto de que aparece hasta en Wikipedia. El efecto contraproducente de la censura se potencia con internet, pero no es exclusivo de la red, como podemos ver en estos trece ejemplos que muestran que más tarde o más temprano, la libertad de expresión tiene todas las de ganar.


1. Stalin quiso corregir la historia borrando de algunas fotografías a amigos y colaboradores caídos en desgracia, como Leon Trotsky y Nikolai Yezhov, jefe de la policía secreta soviética. Hoy en día, estas fotografías manipuladas han tenido tanta difusión que son un ejemplo de lo ridículo del totalitarismo y de lo paranoico que llegó a ser Stalin.
2. La revista satírica El Jueves publicó en 2007 una portada en la que mostraba una caricatura de los actuales reyes Felipe VI y Letizia en la cama. El juez Juan del Olmo secuestró la publicación, con lo que consiguió que la portada se difundiera por todo internet, convirtiéndola en una de las imágenes icónicas del semanario. En 2014, la publicación pasó por una experiencia parecida, aunque en este caso la censura vino por parte de los editores.
3. La quema de libros en Alemania que tuvo lugar en Berlín el 10 de mayo de 1933 fue una acción del partido nazi que tenía como objetivo condenar esos títulos y a sus autores al ostracismo por antialemanes. Ardieron unos 25.000 libros de 94 escritores, entre ellos Walter Benjamin, Bertolt Brecht, Alfred Döblin, Albert Einstein, Sigmund Freud, Heinrich Heine, Franz Kafka, Erich Maria Remarque y Stefan Zweig, además de Ernest Hemingway, Jack London y Máximo Gorki. Como se puede ver, los nazis no tuvieron mucho éxito.
Quema de libros en la plaza de la Ópera de Berlín. Das Bundesarchiv
4. Hitler y los nazis no tenían problemas sólo con los escritores. En 1937 organizaron dos exposiciones en Munich: una de arte alemán, con “desnudos de rubias esculturales junto con soldados y paisajes idealizados”, tal y como recuerda este artículo de la BBC, y otra de arte “degenerado”, es decir, de artistas abstractos y expresionistas, entre otros. La de arte degenerado atrajo tres veces más visitantes. Incluía nombres como Paul Klee, Max Beckmann, Wassily Kandinsky y Oskar Kokoschka, entre otros artistas que forman parte del canon del arte del siglo XX.
5. Otro ejemplo de textos censurados: el índice de libros prohibidos por la iglesia católica, que estuvo vigente en diversas ediciones entre 1564 y 1966, y que incluyó a autores como Erasmo de Rotterdam, François Rabelais, Honoré de Balzac y Jean-Paul Sartre, además de libros como el Lazarillo de Tormes.
6. Incluso un libro para niños en apariencia inocente, como es la saga de Harry Potter, ha sido prohibido y atacado. Es el que más problemas ha tenido en las bibliotecas de Estados Unidos entre 2000 y 2009, según la American Library Association, por centrarse en la magia, contraria al cristianismo. Está prohibido en los Emiratos Árabes Unidos también por cuestiones religiosas. Y en 2007 en Karachi (Pakistán) hubo un intento de atentado en un centro comercial en el que se iba a presentar la última novela de la serie. Nada de esto ha evitado que J. K. Rowling lleve vendidas 450 millones de copias de estos libros que se han traducido a 73 idiomas. Además, las ocho películas han recaudado más de 7.700 millones de dólares.
7. Otro libro que tuvo dificultades para entrar en algunas bibliotecas estadounidenses fue Las aventuras de Huckelberry Finn, que fue prohibido en Massachussets nada más salir publicado en 1885 por su "lenguaje vulgar".
8. No podemos hablar de libros sin mencionar Los versos satánicos. En 1989, la publicación de esta novela provocó su prohibición y disturbios en países musulmanes, además de una fatwa proclamada por el ayatolá Jomeini que obligó a Rushdie a llevar protección oficial del gobierno británico y que aún sigue vigente. El libro apenas había vendido unos centenares de copias en las primeras semanas, pero después de la polémica y en unos cinco meses ya alcanzó la cifra de 750.000 ejemplares.
El escritor británico Salman Rushdie
9. Roberto Saviano publicó Gomorra en 2006, un libro sobre la camorra de la Campania y de la periferia napolitana que llevó a que la mafia le amenazara de muerte y se viera visto obligado a ser escoltado por cuatro carabinieri. El libro se ha publicado en 52 países y ha vendidas más de 12 millones de copias.

El hombre del tanque.
10. Muchos chinos no conocen aún esta foto de Jeff Widener, El hombre del tanque, que se ha convertido en la imagen icónica de las revueltas de Tiananmén.  Y de hecho, ni siquiera se sabe aún qué pasó con este hombre. Pero los ciudadanos chinos la han usado para burlarse de la censura (y burlarla) llegando el año pasado a reemplazar los tanques por patos de baño para poder compartirla, al menos unas horas, en sus redes sociales. Widener contaba a Verne que siempre que habla con alguien de China menciona la foto e incluso recordaba un selfie que se hizo en Atlanta con representantes de Xinhua, la agencia de prensa gubernamental de este país.
11. En noviembre de 2007, el presidente de Túnez, Zine el-Abidine Ben Ali,bloqueó el acceso a Youtube y a DailyMotion, por contener material sobre presos políticos del país. Los activistas tunecinos organizaron una “sentada digital”, enlazando docenas de vídeos sobre derechos y libertades en la imagen del palacio presidencial en Google Earth.
12. En 2008 se filtró a internet y se colgó en Youtube un vídeo de Tom Cruise hablando sobre la Iglesia de la Cienciología. Esta organización exigió que el vídeo se descolgara, alegando que se habían infringido sus derechos de copyright. La respuesta de Anonymous fue Project Chanology, una iniciativa que se tradujo en ataques DDOS contra las webs de la organización y bromas telefónicas, además de protestas frente a sus sedes de la organización. El vídeo de Cruise no está en Youtube, pero no resulta difícil encontrarlo. En Gawker, por ejemplo.
13. Más reciente es el caso Sonyleaks: unos hackers filtraron información confidencial de Sony Pictures supuestamente en nombre de Corea del Norte. Además, amenazaron con atentados en caso de que la película The Interview, que narra un complot para asesinar al Kim Jong-un, llegara a estrenarse. Aunque en un primer momento la productora cedió a la presión, la película se acabó proyectando en algunos cines y, sobre todo, en vídeo bajo demanda, recaudando 36 millones de dólares antes de su recién anunciado estreno en el Reino Unido y a pesar de las malas críticas. Por supuesto, todo el mundo ha oído hablar de la película.



Verne: El País. España




martes, 6 de enero de 2015

HOY...Y MAÑANA ...




Los riesgos del consumo ilimitado

 Fernando Diez 




Imagen : Vladimir Volegov - 




 En el largo plazo, estaremos todos muertos. Esa verdad de Perogrullo había sido pronunciada como una llamada a atender la urgencia del corto plazo. Otros tiempos. Ahora, el cambio climático nos plantea una relación con el largo plazo que se ha vuelto urgente. La amenaza no se cierne tanto sobre nosotros como sobre nuestros descendientes. No se trata de lo que podemos hacer por nosotros, sino por nuestros nietos. En verdad, es al revés, no es que no hacemos nada, sino que lo que estamos haciendo les está dejando una herencia catastrófica, una condena como ninguna otra generación ha recibido jamás.
Nuestro modo de vida moderno, entregado a un consumo sin medida, es la causa de nuestra dependencia brutal de los combustibles fósiles. Padecemos el equivalente a una adicción. Sabemos que nos destruirá, pero no sólo no sabemos cómo evitar esa dependencia, sino que no deseamos saberlo. Preferimos mantener viva la ilusión de abundancia y progreso ilimitado con que nos llenó la cabeza el siglo XX.
El descarte sistemático, la obsolescencia programada y la renovación sistemática, la fascinación con el poder de la máquina y la negación del residuo constituyen algunos de los agentes eficientes que nos llevan a producir una cantidad de gases de efecto invernadero tan descomunal que se acumularon en la atmósfera hasta superar los niveles críticos de CO2 que ya se sabía que no debíamos superar. Esa invisible cortina está calentando el planeta de una forma que será catastrófica, más para nuestros hijos que para nosotros. Y más para nuestros nietos que para nuestros hijos. Los expertos en cambio climático ya no creen posible evitar que la temperatura media del planeta suba más allá de lo deseable.
Aunque se hayan conseguido acordar medidas en la reciente reunión de expertos en Lima. Aunque EE.UU. y China cumplieran con la recientemente prometida reducción de emisiones. Aunque en la cumbre mundial de 2015 se consiguieran formalizar los acuerdos para realizar drásticas reducciones de emisiones. Aunque efectivamente esas reducciones fueran acatadas a escala planetaria, aun así el calentamiento global se calcula que ya no será inferior a 2 grados. Eso significa nuevos huracanes, inundaciones y sequías catastróficas, nuevas enfermedades y sensible reducción de nuestra capacidad de producir alimentos. Todo, a un costo hoy imposible de cuantificar.
Pero, si eso no se consiguiera, el calentamiento global podría ser superior. No sabemos cuánto, pero algunas hipótesis lo sitúan en 8 grados para el año 2100. Las consecuencias serían más que dantescas. Temperaturas extremas, derretimiento de los polos, aumento medido en metros del nivel del mar, colapso biológico de nuestras cadenas alimentarias, nuevas enfermedades, menos agua dulce.
La inercia del aparato industrial es tan brutal que nadie tiene el poder ni la valentía de ponerle freno. El ahorro y la disminución del consumo son tabúes para economistas, políticos y organizaciones sindicales. Los gobernantes son funcionales a un corto plazo que mira las próximas elecciones sabiendo que, a mayor consumo, más votos, y a menor consumo, menos votos. Estamos atrapados entre la soberbia industrial del siglo XX, la inercia del sistema y la reflectividad de encuestas que sólo alientan el corto plazo.
En la última década, sólo los países de Europa han conseguido implementar medidas orgánicas comunes para reducir sus emisiones significativamente. La Argentina siguió políticas casi opuestas, fomentando el consumo, subvencionando los combustibles (con 90.000 millones de dólares en 10 años) y la energía eléctrica en forma indiscriminada (para los ricos, que consumieron la mayor parte, y para los pobres, que consumieron la menor parte).
Cuando ya están descubiertas las reservas de petróleo suficientes para producir todas las emisiones de CO2 que a duras penas el planeta puede tolerar en el siglo XXI, gobiernos y compañías petroleras buscan las inversiones necesarias para encontrar más. La Argentina las busca desesperadamente para aplicarlas a la extracción de los hidrocarburos de Vaca Muerta. La reciente baja del precio del petróleo es vista con alarma por quienes todavía piensan como si el planeta pudiera soportar las emisiones de esos nuevos yacimientos que esperan abrirse. Ninguno de los posibles candidatos presidenciales para las próximas elecciones ha dado indicios de tener una agenda sobre cambio climático.
Pareciera que todos esperamos salvarnos vendiendo un petróleo cuya combustión destruirá la atmósfera que heredarán nuestros nietos. Nosotros estaremos todos muertos. Ellos, no.



Fuente La Nación. Buenos Aires





lunes, 5 de enero de 2015

POEMA





Cómo decir de pronto...

Julia Prilutzky Farny 

















Cómo decir de pronto: 
tómame entre las manos, 
No me dejes caer. Te necesito:

acepta este milagro,
tenemos que aprender a no asombrarnos 
de habernos encontrado, 
de que la vida pueda estar de pronto 
en el silencio o la mirada. 
Tenemos que aprender a ser felices, 
a no extrañarnos 
de tener algo nuestro. 
Tenemos que aprender a no temernos 
y a no asustarnos 
y a estar seguros. 
y a no causarnos daño.






















martes, 30 de diciembre de 2014

HOY Y SIEMPRE






El instante

Jorge Luis  Borges















Dónde estarán los siglos, dónde el sueño
de espadas que los tártaros soñaron,
dónde los fuertes muros que allanaron,
dónde el Árbol de Adán y el otro Leño?

El presente está solo. La memoria
erige el tiempo. Sucesión y engaño
es la rutina del reloj. El año
no es menos vano que la vana historia.

Entre el alba y la noche hay un abismo
de agonías, de luces, de cuidados;
el rostro que se mira en los gastados

espejos de la noche no es el mismo.
El hoy fugaz es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno




















lunes, 29 de diciembre de 2014

CREAR UN KENNEDY




La construcción de Kennedy

Francisco G. Basterra



25 de abril de 1960. Subido a una silla, John Fitzgerald Kennedy se dirige a una improvisada concurrencia en el condado de Logan, en Virginia Occidental. Sorprenden las escasas medidas de seguridad en torno al ascendente político.




El 35º presidente de Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy, tendría hoy 97 años; es, por tanto, un personaje que bastante más de la mitad de los lectores conocen solo por los libros de historia, y sobre todo por las fotografías. Somos minoría los que aún recordamos dónde estábamos cuando, a última hora de la tarde del 22 de noviembre de 1963, llegó la noticia de su asesinato en Dallas. Su corta presidencia, solo mil días, una tarea inacabada, no explica por qué hoy, 51 años después de su desaparición, un periodo más que suficiente para sepultar la memoria de cualquier personaje, este político de origen irlandés todavía suscita interés, provoca nuevas obras sobre su persona y su tiempo en la Casa Blanca, y proyecta su imagen privada y pública sobre un mundo globalizado muy diferente. Incluso se quiso ver un paralelismo con la llegada de Barack Obama, el primer presidente negro, a la Casa Blanca en 2008, por el entusiasmo y las expectativas despertadas en todo el mundo. De las que solo quedan rescoldos.

Uno de los momentos de relax más naturales de la pareja Jackie-Jack en la pre-campaña de finales de 1959. La imagen está tomada en un diner de Pendleton (Oregón), cuando el matrimonio aún podía viajar disfrutando de cierto anonimato

Tampoco el hecho de su asesinato a manos, oficialmente, de un tirador solitario, Lee Harvey Oswald, de tres disparos de un rifle italiano de cerrojo marca Carcano, uno de los cuales le reventó el cerebro, cuando solo tenía 46 años y viajaba en un coche descubierto, basta para entender que todavía se siga escribiendo sobre Kennedy: más de 500 libros, y que se sigan vendiendo. 
Aparece ahora Norman Mailer. JFK. Superman Comes to the Supermarket (Taschen), centrado en 1960, las elecciones primarias, la convención demócrata, los debates en televisión con Nixon, la campaña y el ajustado triunfo en noviembre por solo 118.574 votos de 68,8 millones de sufragios emitidos, menos del 1% del voto popular.
La base literaria del libro es un largo ensayo del rebelde escritor Norman Mailer, precursor del Nuevo Periodismo, que se enamoró del personaje tras seguirle durante todo el año, titulado Superman va al supermercado. Fue publicado en los sesenta por la revista Esquire. Pero el interés de este libro reside sobre todo en su parte gráfica: el más completo reportaje fotográfico sobre la campaña presidencial de 1960 y de sus grandes protagonistas: JFK y los votantes. Repasando las imágenes, mayoritariamente en blanco y negro (el color, aún primitivo y caro, lo reservaban las grandes revistas como Life para las portadas), se comprende el entusiasmo que despertó el todavía senador, sobre todo entre los jóvenes y las mujeres, en un país adormecido en el bienestar y el aburrimiento tras ocho años de calma paternal del presidente general Eisenhower.
Escena en octubre de 1960 tomada en el distrito neoyorquino de Harlem, donde Kennedy cosechó apoyo ciudadano 
tras incorporar a su candidatura presidencial a Lyndon B. Johnson.

Una visita de la campaña de primarias de John y Robert Kennedy a un grupo de mineros

Mailer relata que había un río subterráneo de deseos románticos, solitarios, sin descubrir, en el alma americana que Kennedy, un héroe de guerra con el glamur de una estrella de Hollywood, parecía dispuesto a ocupar. El príncipe de la luz contra la apoteosis del liderazgo oportunista, encarnado por Nixon. El autor entendía que la elección suponía una obra dramática de moralidad más que un reajuste de las preferencias del votante basadas en la demografía y las promesas partidistas. Estados Unidos aceleraba. 1960 era la frontera. Con un presidente tan joven y atractivo, 43 años, y la elegante y cultivada Jackie, la política pasaba a ser excitante y, en opinión de Mailer, hacía que fuera divertido vivir en EE UU. No eran detalles accidentales, insignificantes o frívolos, sino nuevos e importantes hechos políticos. Kennedy significaba un acontecimiento existencial.

Jackie Kennedy, a la sombra de JFK, recibe en septiembre de 1960 la atención del alcalde de Nueva York, Robert Wagner Jr., durante una cena de recaudación de fondos en Washington.

Estados Unidos iniciaba la década de los sesenta que tanto juego dio: la revolución sexual, los derechos civiles para los negros, la llegada a la Luna, la contracultura, Mayo del 68. Y el país buscaba un héroe y coincidió con la llegada de Kennedy a la Casa Blanca. La nación se había vuelto perezosa y encontró a su despertador en el hijo de una familia privilegiada de Boston, adonde llegaron sus abuelos huyendo de la hambruna de la patata en Irlanda. Su padre, Joseph, amasó su fortuna vendiendo ilegalmente alcohol en los años de la prohibición; se integró en la burguesía de la Costa Este, logrando ser aceptado por los patricios yanquis de Boston, una ciudad en la que “los Lowell’s hablan solo con los Cabot, y los Cabot únicamente hablan con Dios”. Joseph logró finalmente colocar a su hijo en la Casa Blanca; años antes, Jack había derrotado humillantemente a un Cabot en su primer intento para conseguir un escaño en el Senado de Washington.
Mailer, abducido por JFK, acertó al escribir que la política de América sería también ahora la película favorita de América, el best seller de América. En su ensayo sobre la forma arrolladora de Kennedy de vencer en las primarias frente a Humphrey y Stevenson, en su discurso de aceptación en la convención de Los Ángeles, en su fría decisión de escoger como vicepresidente a Lyndon John­son, al que aborrecía, pero que le daría los Estados del Sur en la elección, están los primeros mimbres para construir la leyenda. El 8 de noviembre, como esperaba Mailer, la nación fue suficientemente valiente para alistarse al sueño romántico de sí misma y votar por la imagen en el espejo de su subconsciente, suficiente para esperar una aceleración del tiempo.
Tras derrotarlo en la convención demócrata, Kennedy propuso a Lyndon Johnson que le acompañara en su carrera
 hacia la Casa Blanca.  

Pero hay que recurrir a parámetros procedentes de la antigüedad griega para comprender por qué JFK, los Kennedy y su corte de Camelot, que alistó a los mejores y los más brillantes, se han convertido en un mito al que no puede aplicarse la prueba del algodón de la realidad. El mito es siempre un relato que cuenta las historias extraordinarias de héroes y dioses centrado en un protagonista mítico. Carlos García Gual explica cómo el mito habita en el ámbito seductor de lo imaginario, lo fabuloso y lo memorable.
La muerte, en 2009, de Ted Kennedy, el tercer hermano de la saga que intentó también la presidencia, y su entierro en el cementerio nacional de Arlington, junto a sus hermanos asesinados John y Robert, parecía presagiar que la dinastía se desvanecía. Como afirmó el general Douglas MacArthur de los viejos soldados, “que nunca mueren, simplemente se desvanecen”. Las dos generaciones Kennedy siguientes, entre los 25 y los 65 años, saben que no pueden, no quieren o no se atreven a portar la antorcha política de JFK. Son solo iconos de un sueño. La única hija viva de Jack, Caroline, la princesa heredera, de 57 años, es la embajadora de Estados Unidos en Japón. Joe Kennedy III, nieto de Robert Kennedy, es congresista en Washington por un distrito de Massachusetts. Son ya un epílogo. Los aristócratas de América, lo más parecido a una familia real en un país que nació de una rebelión contra el monarca británico.


La imagen lo es todo en política. Bien lo sabía Kennedy, Entre sus estrategias: mostrarse cercano en cada ocasión, 
dejando que los fotógrafos se acercaran a él, como en esta incursión en una tienda de comestibles
 en Virginia Occidental en abril de 1960.

Pero el mito perdura, aunque no se explique objetivamente, sea exagerado e incluso falso. Estamos ante un interesante caso de instalación de una realidad virtual que no se compadece con los escasos logros, sobre todo en política doméstica, de la presidencia Kennedy. Este imaginario es inmune a los fallos de su personalidad, sus engaños sobre su salud o sus comportamientos inmorales que, aunque relativos a la esfera privada, le llevaron a asumir grandes riesgos que pudieron afectar a la seguridad nacional, al compartir cama con una mujer, Judith Campbell, que también lo hacía con el capo mafioso Sam Giancana. Mujeriego compulsivo hasta límites patológicos, engañando permanentemente a su mujer, introduciendo a sus amantes en la Casa Blanca, mientras su entorno proyectaba la imagen de la feliz familia presidencial símbolo del sueño americano.
Kennedy aparece sentado a la izquierda, junto a Eisenhower. Es el 20 de enero de 1961 y JFK está a punto de inaugurar mandato.

La prensa de entonces no controlaba como ahora a los presidentes. Los pecados privados no eran investigados, no se conocía su intensidad ni los detalles que ahora sabemos. JFK exudaba energía, pero era en realidad un enfermo crónico que necesitaba 10 medicinas diarias: sufría una enfermedad congénita de la columna vertebral que le obligaba de vez en cuando a usar muletas; padecía la enfermedad de Addison, una atrofia de las glándulas adrenales; tomaba corticoides, y sufría de colitis y asma alérgica. Todo ello fue ocultado al público, antes de su elección y durante su presidencia. Su hermano Robert, fiscal general, llegó a destruir el informe de su autopsia. La sociedad de la época no le concedía importancia a estas cosas. Hoy no hubiera podido ser presidente, y de haberlo sido, sus mentiras continuadas hubieran acabado con él.



Sus prometidas reformas sociales: lucha contra la pobreza, el Medicare (seguro de salud para las personas mayores de 65 años), no llegaron a convertirse en leyes. Fue excesivamente calculador y políticamente tímido, y no se atrevió a conceder los derechos civiles a la población negra y acabar con una infamia histórica. Tuvo que esperar a la llegada de su sucesor, Johnson, que consiguió que el Congreso aprobara las leyes de derechos civiles y la legislación social que no logró Kennedy. Católico, rompió las barreras religiosas en política, respetó la absoluta separación entre Iglesia y Estado y repetía que no era el candidato católico a la presidencia: “No hablo por la Iglesia en temas de política pública y nadie en la Iglesia habla por mí”.
Fue más estimable su labor en política exterior, marcada por su afirmación: “Soy un idealista sin ilusiones”. Avances en la relación con la URSS, sobre Berlín y Cuba, tras la fallida invasión que le legó Eisenhower, y que se negó a solucionar utilizando la fuerza militar aplastante, evitó una guerra nuclear con los soviéticos en la crisis de los misiles atómicos instalados por Jruschov en la isla caribeña. En Vietnam, a pesar del asesinato del presidente Diem, que Kennedy autorizó, no agravó el conflicto, aumentó de unos centenares a unos miles el número de asesores militares, pero negó el envío de 100.000 tropas de combate. Nos hemos quedado sin saber si en un segundo mandato hubiera contenido militarmente la guerra de Vietnam, evitando la escalada de una contienda que envenenó al país.
No fue una presidencia transformadora, duró menos de tres años, y sin embargo Jack Kennedy y su magnetismo movilizaron a los jóvenes de la época, y no solo en EE UU, volcándolos en la ayuda a otros países a través del Cuerpo de Paz, como no lo ha hecho nunca ningún otro mandatario. El primer presidente estadounidense nacido en el siglo XX jugó fuerte la baza de la renovación generacional al afirmar: “Los jóvenes están mejor preparados para dirigir la historia que los viejos, y estoy listo para ser presidente”. Ante la misma pregunta sobre su disposición, Nixon respondió: “Las capacidades que pueda tener para la presidencia las recibí de mi madre y de mi padre, de mi escuela y de mi iglesia”. En 1988, 75 historiadores y periodistas describieron la presidencia de Kennedy como la más sobrevalorada de la historia de EE UU. Una valoración de los presidentes realizada por historiadores y académicos sitúa a JFK en el puesto 18º, ligeramente por encima de la media.

La televisión se convirtió en la principal herramienta de campaña para las elecciones presidenciales 
de Estados Unidos en 1960. 


Fue el primer gobernante televisivo del siglo XX. Le querían las cámaras, como quedó demostrado en el primer debate televisado de una elección presidencial, a finales de septiembre de 1960, en el que se comió a Nixon. Una audiencia de 70 millones comenzó a enamorarse de JFK, que pareció mejor, dio mejor, quizá no fue necesariamente por lo que dijo. Enfrente tuvo a un Nixon que acababa de salir de una enfermedad infecciosa. Aparecía cansado, con sudor y su barba oscura empastada por un deficiente maquillaje. La audiencia que escuchó el debate por radio pensó que Nixon había ganado. Hubo dos debates más, pero ya no importaron: el público se había quedado con la frescura de JFK. Aquella televisión incipiente, todavía en blanco y negro, que hoy nos parecería cutre, sería decisiva para impulsar el mito de Kennedy.
Entendió que acababa una época y el país estaba al borde de una nueva frontera, y le pidió que optara entre el interés público o la esfera privada, entre la grandeza nacional o el declive. JFK transmitió una corriente eléctrica de optimismo, esperanza, y de la necesidad de perseguir los sueños. Sedujo a los ciudadanos como ningún líder político lo había hecho. Proyectó idealismo y simbolizó el sueño americano; a Kennedy le gustaba repetir las palabras del escritor irlandés George Bernard Shaw: “Sueño cosas que nunca fueron y digo: ¿por qué no?”. Permanece hoy en el espacio fabuloso de la memoria colectiva, que retiene la enorme ilusión que provocó su efímera presidencia; del sueño dramáticamente interrumpido. Este es el mito que aún perdura. En poco más de dos años probablemente Estados Unidos afrontará la posibilidad de dar otro salto importante hacia el futuro eligiendo a su primera mujer presidenta. Hillary Clinton, sin embargo, no huele a coche nuevo. Jack Kennedy fue en 1960 un coche nuevo.


Jackie Kennedy saluda a los periodistas en la casa familiar de Hyannis Port, cuando su esposo resultó ganador en las primarias presidenciales del Partido Demócrata y daba comienzo el viaje de los Kennedy hacia la Casa Blanca.