jueves, 13 de noviembre de 2014

MILMILLONARIA



Elizabeth Holmes, milmillonaria a los 30 años


Rosa Jiménez Cano






Biotech, la intersección entre la tecnología y el ámbito de la biología, es una de las palabras que más se repiten en Silicon Valley. Ahora el sector acaba de crear su primer gran mito: Elizabeth Holmes, soltera de 30 años, la primera mujer que alcanza una fortuna superior a mil millones de dólares por sí misma, sin herencias ni divorcios de por medio, y la mujer más joven en entrar en la lista Forbes de las 400 personas más ricas de Estados Unidos (está en el puesto 110). Una cifra que ha superado con creces: la joven tiene una fortuna estimada en más de 4.500 millones de dólares (poco más de 3.500 millones de euros), la mitad del valor de la empresa que dirige y de la que posee el 50% de las acciones.
Aplicaciones, buscadores y algoritmos poco tienen que ver con su negocio. Lo suyo es la sangre. Su propuesta rompedora es una forma totalmente diferente de hacer los análisis. En Theranos, como se llama su empresa (una mezcla entre las palabras, en inglés, terapia y diagnóstico), han puesto punto final a las agujas y a los tubos con muestras de sangre. Su innovación consiste en tomar una muestra mínima, una mera gota, para luego analizar los datos deseados.
La joven empresaria, una de las entradas más novedosas de la última lista Forbes, cumple parte del patrón de los nuevos ricos de Silicon Valley. Hecha a sí misma, no tiene estudios universitarios. A los 19 años abandonó las aulas de la Universidad de Stanford, una universidad con acceso directo a los grandes fondos de inversión, para emprender su empresa. Pero su dinero no apareció de la noche al día. Han pasado 11 años desde que utilizó los primeros 3.000 dólares que ahorró para un experimento de clase y convenció a su profesor Channing Robertson para seguir explorando lo que hasta entonces solo era una intuición.
Después de más de 200 llamadas, por fin, consiguió un inversor, algo atípico para el sector al que se dirigía. Draper Fisher Jurvetson, firma especializada en capital riesgo, se salía con ella de su zona de confort. Tras impulsar éxitos como Hotmail o Skype, ambas en manos de Microsoft, daba fondos a Holmes para que sus laboratorios pasasen de tener una plantilla con ella como única empleada a 500 trabajadores.
Su elevator pitch fue infalible. Así es como se llama a la mínima presentación, equivalente al tiempo que dura un viaje en ascensor, en la que se aborda a un inversor potencial. La norma no escrita dice que una historia personal enlazada con un problema a resolver, un problema que afecte a muchos, es garantía de éxito. Ella lo tuvo claro. Se centró en la aversión que producen las agujas. Lo aderezó con una historia personal, la de su tío que murió de cáncer. Según su argumento, la enfermedad que comenzó en la piel y se le extendió al cerebro no tuvo el control suficiente, ni se detectó a tiempo.
La ambición de esta treintañera pasa por hacer del análisis de sangre un hecho habitual y cotidiano, de modo que el control de enfermedades sea mucho más sencillo. Desde septiembre su sencillo kit de prueba, muy parecido al de los diabéticos, está en una veintena de farmacias de la cadena Walgreens, todas en Ohio. Salvo una en su barrio, en Palo Alto. En una entrevista con el San Jose Mercury News no dudó en poner el dedo en la llaga de la polémica para promover lo que ella denomina ‘la mejor medicina preventiva’: “Aquí, en California, puedo ir, comprar una pistola y dispararme, pero no puedo hacerme un test de vitamina D sin permiso. No lo entiendo. Es algo que, estoy segura, vamos a cambiar con el tiempo”.
Si todo va bien, su producto se ampliará a los 8.200 centros de la cadena. La farmacia lo ve con buenos ojos, a largo plazo le generará un mayor número de ventas y un flujo más constante de clientes en el local físico, un buen antídoto contra las ventas online.

El consejo de la empresa que fundó reúne hoy personalidades de todo tipo. Senadores, generales, una leyenda como Henry A. Kissinger y Larry Ellison, el fundador y ya ex consejero delegado de Oracle, el primer mito del software para empresas y hoy un millonario de 70 años que no los aparenta. Este fanático de las regatas también está entre los grandes inversores de Theranos.
A pesar de su insistencia por mantener un perfil bajo, a Elizabeth Holmes se la compara con frecuencia con dos de los grandes ídolos de Palo Alto. Steve Jobs y Mark Zuckerberg. Con el primero, por su sobriedad en el vestir. A pesar de su belleza, de aire nórdico, insiste en lucir un uniforme muy similar al del genio de Apple: jersey negro de cuello vuelto y pantalones a juego. Con el fundador de Facebook se la compara por su ambición sin excusas, y por usar una antigua sede de la red social como cuartel general de su compañía. Los tres abandonaron las clases universitarias para hacer realidad su visión.











Actualización:
EE UU acusa de fraude a Elizabeth Holmes, la que fuera la gran promesa de Silicon Valley

https://elpais.com/economia/2018/03/14/actualidad/1521048502_998351.html















miércoles, 12 de noviembre de 2014

LOS BORGIA


Un mechón de Lucrecia Borgia




Retrato de Caballero (¿Cesar Borgia?)', de Altobello Melone, 1513.



La exposición podría haber empezado por el final, en una sala repleta de objetos e imágenes que nos informan sobre el fanatismo que la familia Borgia, marcada por la leyenda negra de sus crímenes, intrigas e incestos, sigue generando hoy en la cultura popular. En la estancia encontramos un objeto que lo explica todo, como un Rosebud de esta irracional fascinación: un mechón rubio de Lucrecia Borgia encapsulado en un relicario que un joyero italiano confeccionó en los años veinte. Un siglo antes, el mismo Lord Byron aseguró haber arrancado un cabello a ese tirabuzón, expuesto en la Pinacoteca Ambrosiana de Milán entre decenas de tesoros renacentistas.



Relicario que contiene los cabellos de Lucrècia Borja 

El mechón se encuentra en la última sala de Los Borgia y su tiempola muestra del Museo Maillol de París que, hasta el 15 de febrero, intenta dilucidar algunos de los misterios que rodean a esta familia, surgida de la nobleza feudal de Xàtiva y enriquecida durante la conquista aragonesa de Valencia, antes de convertirse en la encarnación pura del mal y del vicio en la Roma renacentista.

Lucrecia Borgia (detalle de un supuesto
retrato de Bartolomeo Véneto)
La muestra parte de dos objetivos. El primero es descubrir cuánta verdad encierra esa fama tan lóbrega, basada en hechos reales pero convenientemente deformada por la película de la historia, que sigue cercando hoy a sus tres miembros más insignes: Rodrigo (el papa Alejandro VI) y sus hijos César y Lucrecia. El segundo consiste en restituir la realidad histórica de la era en que les tocó vivir y retratar los cambios a los que asistieron, de la invención de la imprenta y el descubrimiento de América hasta la reforma luterana y la eclosión del humanismo.
Los Borgia y su tiempo se aprovecha deliberadamente de esa leyenda negra que atrae a cientos de visitantes a sus salas, curiosos por descubrir los misterios de cada personaje histórico. Si es que eso es posible, ya que su representación cambia en función de quién sostenga el pincel. Fiel a sus múltiples aristas, Lucrecia es rubia platino en un lienzo y castaña ceniza en el siguiente, mientras que el iris de sus ojos cambia de azul a marrón y a gris oscuro. César adopta rasgos crísticos y lacios en el supuesto retrato de juventud que le dedicó Altobello Melone, pero luego aparece convertido en decano de larga melena en el triple estudio que esbozó Leonardo da Vinci, su principal cerebro militar y que le asesoró en la construcción de armas, fortificaciones y presas hidráulicas.
En las salas se acumulan óleos, dibujos y esculturas de nombres como Rafael Sanzio, Mantegna, Tiziano, Bellini o incluso Miguel Ángel, de quien el Museo Maillol exhibe una maqueta en terracota de la Pietà expuesta por primera vez y una versión desnuda del Cristo de la Cruz.
Los Borgia fueron reputados mecenas que favorecieron el auge de Roma tras el declive de la Florencia de los Médici. La sede papal se convirtió en capital de las artes en un mapa marcado por decenas de ciudades-estado, donde los príncipes invertían en la pintura no por ostentación, sino casi por obligación. Erudito y humanista, Alejandro VI encargó los frescos de los apartamentos papales a Piermatteo d’Amelia y a Pinturicchio, a quien la leyenda designa como el único pintor autorizado a entrar en las camere segrete de los Borgia, a causa de una condición que le impedía descubrir sus intimidades: era sordo.
La muestra no dilucida lo que la historia nunca ha logrado esclarecer, pero las obras expuestas reducen a la familia a una imagen más terrenal que de costumbre. Con una única excepción, que responde al nombre de Lucrecia Borgia. Un discípulo de Bellini, Bartolomeo Veneto, la pintó con rasgos cándidos y rollizos en 1510, antes de corregir su retrato unos años más tarde, cuando Lucrecia rozaba los 40, para dotarla de una mirada letal y dejarle un seno al desnudo.


Pese a la falta de pruebas, será la versión romántica del personaje la que pasará a la historia. Lucrecia se convertirá en la femme fatale del Renacimiento, en la encarnación del estereotipo misógino de la mujer tentadora y en esa envenenadora irresistible que fascinó a Victor Hugo y Alexandre Dumas, antes de ser inmortalizada por el cine. De regreso a la última sala, múltiples representaciones del personaje se entremezclan para confirmarlo, de la suntuosa ópera de Donizetti a la reciente novela de Dario Fo, y del manga del japonés Fuyumi Soryo al cómic de Alejandro Jodorowsky, que la convirtió casi en estrella porno, influyendo en dos recientes series de televisión. Los primeros visitantes no dan crédito al descubrir que todo empezó con un simple mechón.




 Cómic de Alejandro Jodorowsky









martes, 11 de noviembre de 2014

ÉBOLA



Ébola

LEILA GUERRIERO




La semana pasada tomé un taxi y el conductor me dijo que se sentía enfermo: fiebre, tos. Le pregunté si no le convenía quedarse en su casa y respondió: “Para estar enfermo hay que tener plata”. 

Cuando se anunció que una española era la primera persona infectada de ébola fuera de África, recordé que el 1 de agosto los diarios habían publicado esta noticia, que guardé: “El creciente temor a que el brote de ébola en África, que ya dejó 729 muertos, se propague a otros continentes llevó ayer a la Organización Mundial de la Salud a lanzar de urgencia un plan de 100 millones de dólares para combatir el virus”. Otra vez: “El creciente temor de que se propague a otros continentes”. A ver si nos entendemos: no fueron los 729 muertos que, hasta ese momento y en Guinea, Liberia y Sierra Leona había producido el virus; ni los 1.323 casos que se habían registrado desde 2013 (ahora son más de 4.800 muertos, más de 10.000 casos). Fue “el creciente temor de que se propague a otros continentes”. Me gustaría saber en qué pensó el Señor OMS cuando pensó “otros continentes”. Me gustaría saber si 729 muertos en Guinea, Liberia y Sierra Leona son más soportables que 729 muertos en —ejemplo— Alemania, España, Estados Unidos. Porque si los 729 hubieran estado muriendo desde hace meses en —ejemplo— esos países, quizás el Señor OMS se hubiera apurado un poquito. En verdad, los africanos deberían estar agradecidos de que el virus sea tan letal y contagioso: si el ébola no estuviera mordiendo ahora las gargantas más poderosas de Occidente, ellos seguirían muriendo —como siguen, de tantas otras cosas— solos, olvidados, hemorrágicos. 
Las pruebas sobran: todos saben quién es Teresa Romero. Intenten, ahora, recordar el nombre de un infectado africano. De uno solo

















Leila Guerriero (Junín, 1967) es periodista argentina, autora de Frutos Extraños(Alfaguara) y Plano Americano (Universidad Diego Portales)
Opinión: Diario El País. España







lunes, 10 de noviembre de 2014

POEMA






Este sabor de lágrimas

Julia Prilutzky Farny









Gris y más gris. No estás, y yo estoy triste
de una tristeza apenas explicable
con palabras, y de una imperturbable 
soledad, que por ti nace y existe. 

Siempre de gris, mi corazón se viste: 
polvo y humo, ceniza abominable, 
y la envolvente bruma irrenunciable 
que estaba ayer. Y hoy. Y que persiste. 

Gris a mí alrededor. Contra mi mano 
la nube espesa se va abriendo en vano 
porque el fuego que soy, no está encendido 

y hay niebla en lo que miro y lo que toco. 
Ah, yo no sé... Tal vez te odio un poco 
porque está gris, y llueve, y no has venido.



























viernes, 7 de noviembre de 2014

EL MURO: HISTORIAS ....







Diez historias berlinesas *







Reunificación agridulce

Peter Steglich y Mercedes Álvarez
Ex embajador de la RDA
El derrumbe de la RDA fue para Peter Steglich al mismo tiempo “una catástrofe” y “un golpe de suerte”. Una catástrofe porque desaparecía el Estado al que él representaba como embajador, y un golpe de suerte porque le ha permitido estar con su mujer actual, la española Mercedes Álvarez. La pareja se había conocido en una conferencia en Madrid en la que ella trabajaba como intérprete. Pero Álvarez, una niña de la guerra que había pasado la infancia en la Unión Soviética, no estaba dispuesta a trasladarse de nuevo al otro lado del telón de acero. “Les decía a mis amigas que si él fuera alemán occidental podríamos estar juntos sin problemas. Pero que siendo del Este era imposible”, recuerda en el salón de su apartamento. El Muro cayó y en 1990 ya estaban viviendo juntos en el Berlín sin fronteras. Las elecciones que se celebraron en marzo de ese año ya demostraron que el régimen para el que trabajaba Steglich estaba condenado a la disolución. Con la integración en la RFA, su puesto de diplomático desapareció de la noche a la mañana y pasó a la jubilación forzosa. “Para mí fue una pena, pero con el tiempo ha quedado claro que la gente quería otra cosa. No habría tenido sentido mantener ese país artificialmente”. ¿Añora la RDA? “No. Lo que existía no lo echo de menos. Y la que yo habría deseado no era posible”.



Factor de cambio
Astrid Landero

Ex-periodista y directora de un centro para mujeres
“Algo importante tiene que pasar este año”. Astrid Landero comenzó 1989 con miedo en el cuerpo. Veía que la situación era insostenible y anotó esta frase en su diario el 1 de enero. Esta periodista que entonces trabajaba para la radio de la RDA y ahora dirige un centro para mujeres confiaba en que las nuevas generaciones limpiarían el sistema. “No queríamos destruirlo, sino mejorarlo. Creíamos que la solución era una confederación entre las dos Alemanias y no una unión inmediata. No nos dábamos cuenta de que el sistema ya estaba muerto”.
Según como se mire, Landero podría considerarse como una de las perdedoras del cambio. Pasó de tener un trabajo fijo y poder viajar con relativa facilidad gracias a su condición de periodista a entrar de lleno en el capitalismo, con sus glorias y miserias. Desde entonces ha encadenado épocas de desempleo con trabajos improvisados de autónoma. Pero ella está contenta. “La idea de seguridad que nos vendieron en la RDA era una gran mentira. Además, la incertidumbre me hace sentir viva. A mis 60 años, acabo de hacer un curso para trabajar como guía turística. He descubierto talentos en mí que no pensaba que tuviera”, concluye.

Promesas del este
Dagmar Enkelmann
Presidenta de la Fundación Rosa Luxemburgo
En el cartel con el que se presentó a las elecciones de 1990, Dagmar Enkelmann aparecía con sus hijos pequeños. “Hoy no lo haría, pero eran los primeros comicios y no sabíamos qué debíamos hacer”, asegura esta mujer que militaba en el Partido Socialista Unificado –el que acaparó el poder durante 40 años en la RDA– y luego salió elegida diputada por su heredero, el Partido del Socialismo Democrático.
Pasaron casi dos meses desde la caída del Muro hasta que la hoy presidenta de la Fundación Rosa Luxemburgo se decidiera a cruzar al otro lado. “Me daba miedo de que cerraran las fronteras de repente y no me dejaran volver. Tenía claro que quería quedarme en el Este”, explica.
Enkelmann recuerda con emoción la multitud de discusiones y reuniones políticas en las que participó en los meses anteriores al derrumbamiento del régimen. “Sobre el papel de las mujeres, sobre la cultura… hablábamos de todo. Pero en ese momento nadie pensaba en la reunificación. No era tema de discusión. En diciembre de 1989 esto empezó a cambiar”, recuerda. Y 25 años más tarde, ¿qué opinan las nuevas generaciones? “Todo ha cambiado mucho. Cuando le hablo a mi hijo de estos temas, me dice que para él no tiene un significado especial ser del Este”.

Huida de la URSS
Wladimir Kaminer
Escritor de origen ruso
Wladimir Kaminer llegó a Berlín pocos meses después de la caída del Muro sin hablar una palabra del idioma local. Desde entonces, este ruso se ha convertido en un autor superventas en alemán. ¿Por qué no escribe en su lengua? “Porque quiero llegar a la gente. Y mi público no sabe ruso”.
El autor, que se hizo famoso con su primer libro de relatos, Disco rusa, acabó aquí por casualidad. En realidad quería huir de la Unión Soviética y reunirse con amigos en Dinamarca. Pero el hundimiento de la RDA le pilló de camino y decidió quedarse. Conoció un Berlín en eclosión, donde participaba en el movimiento okupa. “Venía gente con ganas de hacer cosas que no tenían cabida en el resto de Alemania, tan conservadora. En este barrio hay tres calles que se conocían como LSD. El nombre de cada una comenzaba con una de esas letras. Ahora voy a una de ellas para recoger a mis hijos del colegio”, dice entre risas. Más serio, Kaminer matiza que lo fundamental no eran las drogas, sino poner en marcha sus proyectos y desarrollar manifestaciones artísticas acordes con los nuevos tiempos. Desde entonces, ha asistido como espectador a los cambios en la sociedad alemana. “Aquí sí se ha creado un nuevo país. No como en Rusia, donde siguen con la idea delirante de forjar de nuevo un imperio”, reflexiona sentado en una terraza berlinesa.


Ficción y realidad
Susanne Schädlich
Escritora que volvió a Berlín en 1991
Susanne Schädlich se enteró del fin del muro que había condicionado su vida en el bar de Los Ángeles donde trabajaba de camarera. Tras un periplo que le había llevado a huir de la Alemania comunista a la occidental, y de ahí a la meca del capitalismo, no podía creer lo que estaba pasando. “Me llamó un amigo para avisarme, pero le colgué pensando que era una broma. Verlo por televisión rodeada de palmeras hacía todo más irreal aún. Necesité tiempo para darme cuenta de la magnitud de lo que había pasado”, rememora.
No volvió a vivir a Berlín hasta 1991. Y se encontró con una ciudad totalmente distinta.
“Surgían clubes por todas partes. Los alquileres eran muy baratos y había muchas ganas de agitar el ambiente cultural”. La caída del Muro no tenía solo efectos políticos: “Al principio estaba desorientada, la barrera que nos había dividido durante décadas también funcionaba como un elemento para orientarse en la ciudad. En cualquier caso, era bonito perderse porque por fin uno podía ir a donde quisiera”, ­asegura la escritora, que acaba de publicarEl señor Hübner y el ruiseñor siberiano. ¿Cuál es el marco en el que transcurre la novela? La RDA, por supuesto.



El testigo
Roland Jahn

Comisionado del Gobierno para los papeles de la Stasi
“Triunfo”. Es la palabra que dice Roland Jahn cuando se le pregunta por lo que sintió el día que Berlín volvió a ser una sola ciudad. “El Muro me había obligado a irme de mi hogar. Vivía la libertad del Oeste. Pero a medias: mi familia estaba al otro lado”, asegura este hombre que luchó contra el régimen comunista, trabajó como periodista y desde 2011 ejerce como comisionado del Gobierno para los papeles de la Stasi.
La noche del 9 de noviembre, Jahn retransmitió desde el primer canal de la televisión pública alemana lo que tanto tiempo llevaba deseando. Nada más dejar los micrófonos, corrió al Este. “Cuando llegué a mi ciudad me pareció otra. No es que ella hubiera cambiado. Era yo, que ya no estaba acostumbrado a lo sucia, gris y desvencijada que estaba. Cuando oigo decir que las cosas eran mejor en la RDA, siempre pienso en esa grisura”. Jahn lidia hoy con uno de los peores legados del régimen comunista: los papeles que documentan cómo unos alemanes denunciaban a otros. ¿Cómo curar esas heridas? “Han pasado 25 años y hay que dar una segunda oportunidad a los que colaboraron con la Stasi. Pero siempre sobre una base: respeto a las víctimas, reconocimiento de la injusticia cometida y ayuda para esclarecer los hechos. La reconciliación no puede ser una obligación, necesita un proceso”.

Diferencias difusas
Ketharina Marggraf y Sven Tesanovic
Criados en el Berlín Occidental, hoy viven en el Este
Crecieron en el mismo barrio de Berlín Occidental, pero las reacciones a la caída del Muro en las casas de Katharina Marggraf y de Sven Tesanovic fueron muy distintas. Para la familia de ella suponía la posibilidad de acabar con las fronteras que dividían a los ciudadanos. El padre de él, que había salido de Yugoslavia en 1970, temía que el desmoronamiento de la RDA provocara un efecto dominó que acabara destruyendo su país de origen. Un diagnóstico que a los pocos años se confirmó. “Él no podía compartir la alegría que veía a su alrededor”, recuerda su hijo.
Al poco del 9 de noviembre, el cambio ya se notaba en las calles. “De repente empezamos a ver los pequeños Trabant [coche típico de la RDA] que hasta entonces solo circulaban al otro lado de la frontera”, añade su mujer, que entonces tenía solo ocho años. Un cuarto de siglo más tarde, Marggraf y Tesanovic han formado una familia en la parte de Berlín que no pudieron conocer de niños. La llegada de alemanes occidentales ha impulsado los precios del alquiler, expulsando a los antiguos habitantes de este barrio con menores rentas. Frente a la curiosidad inicial, las diferencias con los ossis (como en Alemania se llama coloquialmente a los del Este) son cada vez más difusas. “Antes esa palabra podía ser negativa, pero con el tiempo ha ido perdiendo ese matiz”, asegura Marggraf.


Entre moteros salvajes
Manfred Soreneit
Jubiado y motero que huyó de la RDA
Manfred Roseneit llega en bicicleta a la cita frente al edificio del Reich­stag. Pese al resfriado que arrastra y los kilómetros que le separan de su casa, no ha querido perder la oportunidad de contar la historia de su huida de la RDA el mismo 13 de agosto de 1961 en el que se levantó el Muro. “Fue mi hermana la que me avisó. ‘Despierta. Están cerrando la frontera’, me gritó. Fue como un shock.Creo que nunca en mi vida me levanté tan rápido de la cama”.
Tras 22 años de vida en Berlín Este, tuvo suerte y pudo pasar al otro lado de la frontera. “Al mismo tiempo estaba increíblemente contento y triste, porque no sabía cuándo podría volver a ver a mi familia y amigos”, asegura. Han pasado más de cincuenta años desde entonces, pero mantiene frescos los recuerdos. No se ha olvidado, por ejemplo, de los 2.000 marcos que en tiempos de la RDA costaba una televisión, una cifra fabulosa si se tiene en cuenta que un sueldo medio rondaba los 500.
Ya jubilado, Roseneit disfruta de la libertad que le da la moto. “De joven nunca pensé que un día podría viajar por los alrededores de Berlín con una BMW. Esa ha sido una de mis grandes alegrías”, concluye.



Libertad de procedencia
Eric Pawlitzky


Asesor fiscal y dueño de un estudio de fotografía
A finales de los ochenta, la idea de la reunificación alemana le parecía “tan absurda” que no valía la pena pensar en ella. Este licenciado en Derecho se interesaba por cómo reformar un sistema con defectos, pero que, según pensaba entonces, merecía la pena conservar. “Me había influido mucho la lectura de Pablo Neruda y toda la literatura antifascista. No veía el capitalismo como una alternativa válida”. De defender un socialismo reformado, Eric Pawlitzky ha pasado a poseer una asesoría fiscal bastante lucrativa en la ciudad de Jena y un estudio de fotografía en Berlín. Miembro del partido que controló la RDA hasta su disolución, se ha preguntado años más tarde en repetidas ocasiones si opuso la suficiente resistencia al régimen. “Trataba de impulsar reformas. Cuando vi que era imposible, decidí dejar el partido”.
Pawlitzky recuerda de los primeros años de la unificación la arrogancia con la que llegaron los occidentales a hacerse con las empresas privatizadas del Este. Ahora ve aún huellas de las diferencias entreossis y wessis (como los alemanes llaman a orientales y occidentales), pero cree que son cada vez más pequeñas. “Cuando mis hijos eran adolescentes se identificaban como ossis pese a que solo conocieron la RDA siendo bebés. Ahora nadie tiene en cuenta de qué parte procedes”.


Aromas de la RDA
Thomas Hacker
Panadero en Berlín Oriental
Al entrar en la panadería de Thomas Hacker, muchos berlineses dicen que el olor les devuelve a su infancia en la RDA. En un barrio como el de Prenzlauer Berg, ahora lleno de cafeterías donde se bebe latte macchiato y los domingos se hacen brunchs, Hacker resiste con un modelo de negocio que no ha variado demasiado desde que comenzó a funcionar en 1986.
“Antes las cosas eran distintas. Berlín Oriental era como un pueblo en el que todos nos conocíamos. De pequeño jugaba al fútbol contra el Muro, que para mí era parte de la ciudad y daba por hecho que siempre estaría ahí”, asegura este hombre desde el horno donde lleva 10 horas trabajando. Su mujer despacha en el mostrador. Son las once de la mañana y la jornada laboral está a punto de terminar.
Hacker no tiene grandes historias que contar de la noche que cayó el Muro. Como siempre, a esas horas estaba en la cama. Sí recuerda, en cambio, su aportación al encierro de críticos con el régimen que tuvo lugar en la cercana iglesia de Getsemaní en octubre de 1989. “Protestaban más de mil personas, con mujeres y niños, y la policía no les dejaba salir. Preparé una caja de panecillos y se la llevé. Era gente normal. No podía permitir que no tuvieran nada que comer”.




*Berlineses de ayer y hoy

Doce ciudadanos cuentan cómo cambió su vida con la caída del Muro, cuyo 25º aniversario se celebra el próximo 9 de noviembre






jueves, 6 de noviembre de 2014

CREATIVIDAD



El dinero no estimula la creatividad

  


Suponte que eres pintor y trabajas en dos cuadros: uno por encargo y otro sin ningún tipo de retribución, simplemente porque quieres. ¿Cuál tendría mejor calidad pictórica? Esta pregunta se la formuló Teresa Amabile, profesora de la Universidad de Harvard y una gran experta en creatividad. Junto con dos colegas, seleccionaron obras de 23 pintores profesionales: algunas habían sido por encargo, otras por voluntad propia. Posteriormente, fueron a críticos de arte y a directores de museos y galerías para que valoraran dichas obras. Y, sorprendentemente, aquellas que habían sido por encargo fueron consideradas mucho menos creativas que las que se habían pintado por voluntad propia. ¿Por qué? Las personas tenemos dos tipos de motivación: motivación extrínseca (dinero, prestigio, reconocimiento) y motivación intrínseca (aprendizaje, reto, diversión). Cuando se pretende que la creatividad se alcance por factores externos, esta no es plena. Y el motivo es sencillo: lo que nos hace dar lo mejor de nosotros mismos proviene de la pasión y, por tanto, de la motivación intrínseca. Así lo explica Daniel Pink, en uno de los libros más interesantes sobre el comportamiento humano de los últimos años, “La sorprendente verdad sobre qué nos motiva”. Veamos otro estudio.
En la escuela del Art Institute of Chicago en la década de los sesenta clasificaron a los alumnos de último curso conforme a si les movía su motivación extrínseca o intrínseca. Veinte años más tarde, analizaron sus carreras profesionales y aquellos pintores y escultores motivados por dinero o prestigio tuvieron menos éxito, que aquellos motivados intrínsecamente, lo que no deja de resultar paradójico: en el mundo de la creatividad el hecho de que no te motive el dinero te puede ayudar a alcanzarlo pasado el tiempo. 



Cuatro líneas, un Picasso...

“El problema de convertir una gratificación externa en el único destino importante es que hay gente que elegirá el camino más corto para alcanzarla, aunque eso signifique el camino menos noble”
Daniel Pink, escritor
Y no solo nos lleva al camino más corto, sino que si solo nos motivamos por dinero, cuando desaparece la tarea deja de interesarnos. Así lo demostró Deci, un gran psicólogo e impulsor del estudio de la motivación intrínseca. Dividió a un grupo de estudiantes en dos equipos: A y B. Ambos equipos tenían que montar unas piezas con una cierta dificultad. En medio de la sesión, Deci se ausentaba con un pretexto, les daba un descanso y analizaba durante esos ocho minutos si los grupos seguían entrenando para mejorar o por si el contrario, se entretenían con otras cosas. Las pruebas las hicieron en tres ocasiones. El grupo A no recibió ninguna recompensa en ninguna de las tres sesiones. El grupo B no recibió tampoco ninguna compensación económica en la primera ocasión. Sin embargo, en la segunda sesión les motivaron con el equivalente a seis dólares por persona si eran capaces de realizar la prueba. En dicha ocasión, cuando el psicólogo se ausentó, en el tiempo de descanso el grupo B se esmeró en practicar para ganar el dinero. Sin embargo, lo apasionante ocurrió en la tercera sesión. El grupo A seguía sin tener ninguna recompensa económica; sin embargo, el grupo B que había sido anteriormente retribuido, se le dijo que ya no había más dinero y que, por lo tanto, tendrían que hacer la prueba por “amor al arte”. ¿Y qué ocurrió durante el descanso? Pues que el grupo A le dedicó incluso más tiempo (podrían estar aficionándose al juego), pero el grupo B dejó de entrenar como lo había hecho la segunda vez e incluso ¡menos que la primera, cuando se habían encontrado por primera vez con el juego! Sorprendente el resultado, ¿verdad?
“Cuando se emplea el dinero como recompensa externa a alguna actividad, el sujeto pierde interés intrínseco por la actividad”
Edward Deci, Universidad de Rochester
La magia de la motivación intrínseca no siempre se ha tenido en cuenta en la educación o en el mundo de la empresa. Hemos pretendido que las personas desarrollen su talento a través de reconocimientos externos (ranking en las escuelas, incentivos económicos en las empresas), pero la ciencia está demostrado que de cara a la creatividad y a aquello que sale de los estándares, resulta mucho más eficaz fomentar la pasión a través de los retos o los espacios de trabajo motivante. 


Del blog El Laboratorio de la Felicidad, El País. España.





miércoles, 5 de noviembre de 2014

EL AUTORRETRATO DE LEONARDO




El retrato de Da Vinci que le ocultaron a Hitler.






Este es uno de los autorretratos más famosos del mundo, está en Turín, Italia, y rara vez es expuesto al público. Aunque poco
 se sabe sobre este borroso y frágil dibujo en tiza roja de Leonardo da Vinci de hace 500 años, algunos creen 
que tiene poderes místicos.



La leyenda dice que la mirada de Leonardo da Vinci en este autorretrato es tan intensa que quienes lo observan son imbuidos con una fuerza extraordinaria.Se dice que fue debido a ese poder mágico, no al valor cultural o monetario del dibujo, que fue trasladado de Turín a Roma durante la Segunda Guerra Mundial. Nadie quería que cayera en manos de Adolfo Hitler y le diera más poder.
Fue la única pieza de toda la colección de dibujos y manuscritos preciosos que fue sacada de la Biblioteca Real de Turín en esa época.

A salvo de Hitler pero no del tiempo

El actual director de la biblioteca, Giovanni Saccani, dice que nadie sabe ni siquiera dónde estuvo escondida. "Para evitar que los nazis se la llevaran se llevó a cabo una operación de inteligencia que la transportó en la absoluta anonimidad a Roma". 
En circunstancias tan difíciles no se tuvo en cuenta la preservación de manera apropiada, "ni tampoco contaban en esa época con los conocimientos y las técnicas necesarias", le cuenta Saccani a la BBC." Naturalmente, eso no le hizo ningún bien al dibujo". El autorretrato es tan preciado que se mantiene en una bóveda.


                    La Biblioteca Real alberga otras joyas de Da Vinci, como escritos y bocetos.                     


Adentro de la Biblioteca Real, bajamos unas escaleras cubiertas con un tapete rojo inmaculado hasta llegar a una bóveda subterránea con puertas reforzadas.
Es donde se mantienen guardados desde 1998 el autorretrato de Da Vinci y miles de otros invaluables dibujos y manuscritos.
El contraste entre tratamiento que se le da hoy en día al dibujo y el que se le dio en el siglo XX es marcado.
La luz es exclusivamente de fibra óptica -a la habitación no le puede entrar nada de luz natural-, la temperatura se mantiene constante -20º Celsius- así como la humedad -55%-.Las vitrinas son hechas de un tipo de vidrio que Saccani describe como "antitodo" y el lugar está repleto de alarmas y cámaras de seguridad.La Biblioteca Real alberga otras joyas de Da Vinci, como escritos y bocetos.
Usando una linterna especial, Saccani ilumina la superficie del dibujo para mostrar el daño, que se manifiesta en manchas de un color marrón rojizo o en marcas que aparecen en el antiguo papel."Este caso es particularmente malo", suspira. Hace 200 años era menos obvio, cuenta."En la parte inferior a la izquierda solía estar una inscripción escrita con tiza roja en latín que decía Leonardus Vincius, que ya desapareció completamente".
El daño es tan extenso y el papel tan frágil que, tras prolongadas discusiones, expertos de todo el mundo decidieron "mantener el statu quo".Desde que el dibujo está en este lugar, su condición dejó de deteriorarse.
"Eso nos reconforta. No hay que olvidar que tiene 500 años. Es un dibujo en papel ordinario, así que es extraordinario que todavía podamos ver esta obra maestra".


El tesoro del rey


Otro tesoro del rey: el "Retrato de una chica" de Leonardo da Vinci.                     

El autorretrato es parte de una vasta colección que el rey Carlo Alberto de Savoya compró en 1839. El rey era un coleccionista apasionado al que el comerciante de arte Giovanni Volpato le pidió la suma de 70.000 liras piemontesas por la colección."En esa época, un doctor ganaba 1.000 liras al año así que la suma era astronómica", explica Saccani.
"El rey logró que redujera el precio a 50.000 liras, pero aun así le tomó ocho años terminar de pagarle".Saccani agrega que aunque Volpato suena como un comerciante despiadado, no lo era."El objetivo de Volpato no era simplemente financiero pues, a cambio del descuento que le dio al rey, solicitó que le permitieran ser el curador de la colección de dibujos de la Biblioteca Real y nunca cobró por hacerlo".
Desde entonces, Turín ha sido el hogar del autorretrato en tiza roja.

¿De verdad es un autorretrato?

A pesar de que la mayoría de los expertos concuerdan en que la obra data de 1515, algunos creen que se corresponde más con el estilo de Da Vinci de la década de 1490. Y esa no es la única polémica.Hay expertos que dudan de que el dibujo sea efectivamente un autorretrato. "A él no le entusiasmaba mucho la idea de los autorretratos", dice James Hall, autor de "El autorretrato: una historia cultural", quien duda que el retrato haya sido dibujado por Da Vinci.
"No le gustaba mucho la idea de que una obra de arte fuera un retrato del artista. Quería que las obras de arte representaran un ideal". Para Hall, este dibujo se volvió famoso al menos en parte porque no hay autorretratos de Da Vinci.
 "La gente se aferra a este como si fuera la piedra filosofal". Pero otros son menos escépticos."Yo creo que es un autorretrato, pero cada quien puede decidir cuándo lo ve en persona", dice Liz Rideal, autora de dos libros sobre autorretratos y catedrática de la National Portrait Gallery de Londres. Señala que la mayoría de la gente cree que es un Da Vinci genuino "porque él tiene un estatus de superhombre... yo creo que reverenciamos la genialidad y por ello, si este es el autorretrato de un genio, queremos ver cómo se veía".

La leyenda de la genialidad contagiosa

Como director de la Biblioteca Real, Giovanni Saccani no tiene ninguna duda: "Es un autorretrato... cualquier persona que se para frente a este dibujo se queda sin habla".
"Lo primero que dicen es: 'me estremece'. El poder expresivo de su rostro está absolutamente conectado a una emoción y una habilidad que sólo Leonardo podía poseer".El autorretrato de Leonardo da Vinci es considerado tan valioso que hay un decreto de Estado de inmovilidad. Para moverlo del lugar en el que está hay que tener permiso ministerial. En 2011, el autorretrato fue expuesto cerca de Turín en la Reggia di Venaria Reale para celebrar el 150 aniversario de la unificación de Italia.



En 2011, el autorretrato fue expuesto cerca de Turín en la Reggia di Venaria Reale para celebrar
 el 150 aniversario de la unificación de Italia.                      

En las próximas semanas, 50 personas tendrán permiso de visitar la cava de la Biblioteca Real cada hora, desde las 09:00 hasta las 18:00 para ver el autorretrato.A pesar de que hay más de 80 obras maestras expuestas en la muestra "Los tesoros del rey" -entre ellas otras obras de Da Vinci, Rafael, Rembrandt, Perugino y Van Dyck, para la mayoría de los visitantes, el momento culminante será la oportunidad poco común de ver la cara del gran erudito del Renacimiento. Y al hacerlo, quizás tengan en mente otro mito: se dice que antes de hacer un examen, los estudiantes revisan sus lecciones en el lugar que está directamente sobre la bóveda en la Biblioteca Real.

La leyenda dice que si uno estudia cerca de la genialidad de Leonardo da Vinci se contagia.








Fuente BBC. Noviembre 1914