lunes, 14 de agosto de 2017

POEMA




XXVII

Esther Garboni













Las seis y cuarto una vez más.
Pone el café y la radio,
enciende la plancha,
conecta el móvil,
se mira en el espejo de reojo
y se ata el pelo en una trenza.
Las seis y veinticinco.
No hay lugar para el bostezo.
Se sube a los tacones
y abre las ventanas.
Nadie en la calle.
Nadie en su vida.
Nadie que la acompañe al dentista,
que le haga una tila a su insomnio,
que le respire en la nuca...
y, entonces, de repente,
mientras sorbe el primer trago del día,
quema la despistada blusa con la plancha
y se deja caer, decepcionada en el sofá.
Ahora lo sabe.
Quizá siempre lo supo.
No sirven los discursos.
El amor no se dice.
Te quiero sólo significa quiéreme.











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