sábado, 13 de marzo de 2021

OTRA CRISIS GLOBAL...

 

¿Estamos frente a una crisis demográfica global sin precedente?

 Sergio Berensztein











“Viejo es todo aquel que tiene la edad de uno, o menos”, intentó tranquilizarme hace tres décadas George Rabinovich, un genial profesor de estadística que tuve en la Universidad de Carolina del Norte. Por entonces, los demógrafos comenzaban a debatir la problemática del envejecimiento poblacional, con las innumerables consecuencias que produciría en múltiples dimensiones: problemas con los sistemas jubilatorios (habría un número creciente de trabajadores pasivos por sobre los activos que hacen aportes), mayor demanda de servicios de salud, nuevos hábitos de consumo (incluso de bienes culturales) o potencial transformación de las ciudades (las poblaciones de mayor edad no tendrían necesidad de vivir cerca de sus antiguos lugares de trabajo y podrían relocalizarse en sitios más tranquilos y baratos). Esto tendría también un efecto significativo en términos políticos. Hipótesis: las demandas y los intereses de una población más avejentada serían muy distintos.

Leímos varios trabajos en ese sentido. Me impactaron dos conceptos que, viniendo de un país que había vivido una ola espantosa de violencia política y que salía de la hiperinflación, me generaron especial interés. El primero, que los países con poblaciones más jóvenes suelen ser los más conflictivos, en especial cuando se combina con altos niveles de pobreza: guerras civiles, terrorismo, aumento de la criminalidad… El segundo, que los países que arrastraban desequilibrios fiscales agudos eran más vulnerables al envejecimiento de la población. Al respecto, Rabinovich sentenció: “Mi sugerencia es sencilla pero difícil de lograr: tanto los países como las personas deben tratar de ahorrar mucho, idealmente hacerse ricos, antes de volverse viejos”. Debería haberle prestado más atención. En nuestro medio, Sebastián Campanario publicó recientemente un libro imprescindible: La revolución senior (Sudamericana).

Un par de décadas antes, las principales preocupaciones sobre la dinámica demográfica global giraban en torno a una potencial escasez de recursos fundamentales, incluidos alimentos, para satisfacer una demanda que parecía no tener techo. Ese fue el caso del famoso reporte del Club de Roma a comienzos de los 70, que tuvo millones de reproducciones y fue determinante en el debate de ideas y en la política pública. China instauró el programa de “un niño por familia” precisamente para evitar un crecimiento geométrico de su población, con las tensiones y los conflictos que eso hubiera potencialmente generado.

Por el contrario, la evidencia empírica respecto del envejecimiento poblacional fue claramente confirmada con otro dato preocupante: no solo vivimos muchos más años, sino que están naciendo muchísimos menos niños. Aumenta la esperanza de vida, disminuyen los niveles de natalidad. A este ritmo, calculan los expertos, podríamos estar a las puertas de una crisis sin precedente: el riesgo de extinción no se limitaría a especies extrañas o a simpáticos osos koala, sino a nosotros mismos. En 2020, el número de habitantes mayores de 65 años alcanzó los 727 millones, de acuerdo con los datos de la División de Población del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas. Y la tendencia no parece detenerse: la ONU proyecta que esa cifra más que se duplique al cabo de las próximas tres décadas. En términos proporcionales, el incremento será significativo: de un 9,3% de mayores de 65 en el año que acaba de terminar a 16% cuando estemos promediando el siglo.

Este cambio demográfico se produce en paralelo con otras modificaciones sociales y económicas más amplias y profundas: desarrollo económico en el mundo emergente, continua migración del campo a la ciudad, cambios en las pautas de matrimonio, cohabitación y divorcio y aumento de los niveles de educación femenina entre las generaciones más jóvenes. El fenómeno tiene, además, una arista de género: como las mujeres viven en promedio más que los hombres, su representatividad en el grupo de personas de más de 65 años es mayoritaria.

Los riesgos asociados a esta inédita situación se manifiestan de diferentes maneras en distintas geografías y magnifican vulnerabilidades preexistentes en cada una de ellas. En el caso de Japón, que ya posee la población más anciana del mundo y la mayor tasa de personas que cumplieron más de 100 años, se espera que el número de habitantes entre en franca reducción para llegar a menos de la mitad del máximo alcanzado en 2017: los 128 millones de entonces disminuirían a 53 millones para el final de esta centuria. Pero, además, se estima que en 2040 las personas mayores representarán más del 35% del total, lo que generará una enorme presión sobre las finanzas públicas de ese país y forzará a repensar los sistemas de seguridad social.

Algo similar ocurrirá en China: el máximo de 1400 millones que se espera para dentro de cuatro años se replegará hasta los 732 millones en 2100. Los primeros síntomas de preocupación por esta situación fueron expresados por el gobierno chino en 2015, cuando se decidió poner fin a la política de hijo único y permitir a las parejas tener un segundo descendiente. Se provocó un breve aumento en la tasa de natalidad, pero no logró revertir la tendencia de largo plazo. ¿Qué impacto podría tener en la economía mundial que su locomotora fuese una “bomba de tiempo demográfica”, con una población en edad de trabajar cada vez más pequeña con la obligación de mantener a un conjunto de habitantes jubilados cada vez más grande? De hecho, se calcula que para el final del siglo XXI China habrá dejado el primer puesto como el país más poblado del mundo: ese lugar será ocupado por la India.

No se trata de un fenómeno meramente asiático. En Europa, Italia también cuenta con una población altamente envejecida: datos del Banco Mundial informan que en 2019 un 23% de los italianos tenía más de 65 años. Esto explica en parte que durante 2020 el Covid-19 se cobrara más de dos millones de vidas. Nuestro principal socio estratégico y comercial, Brasil, experimentó una caída drástica en las tasas de fertilidad durante los últimos 40 años. De aproximadamente 6,3 nacimientos por mujer en 1960 a 1,7 en las estimaciones más recientes, lo que determina una proyección en descenso, de 211 millones (2017) a menos de 164 millones (2100).

La tasa mundial de fertilidad, es decir, el número de nacimientos por mujer, cayó de 5,06 en 1964 a 2,4 en 2018. Aproximadamente la mitad de los países del mundo, incluido EE.UU., están hoy por debajo del nivel de reemplazo de la población, que se sitúa en 2,1 nacimientos. Shanna Swan, epidemióloga de la Escuela de Medicina del Hospital Mount Sinai, señala que el recuento total de espermatozoides en el mundo occidental tuvo una disminución de un 59% entre 1973 y 2011. Junto con la baja de los niveles de testosterona y las tasas crecientes de cáncer testicular y disfunción eréctil, eso se tradujo en un aumento del 1% por año de cambios reproductivos adversos para los hombres. Swan asegura que la curva en el recuento de espermatozoides proyectada al futuro muestra un riesgoso descenso a cero en 2045. Dicho en otras palabras: para dentro de apenas treinta y cinco años, el hombre medio no tendría espermatozoides viables. Probablemente la ciencia contribuya a mitigar ese problema. Pero la tendencia es sumamente preocupante.




Este artículo fue publicado el 12 de marzo de 2021 en el diario La Nacion. República Argentina



























viernes, 12 de marzo de 2021

BLANQUEANDO HEROÍNAS


Como Tiziano blanqueó a esta dama en apuros




Estándares de belleza blanca ... Perseo y Andrómeda de Tiziano, probablemente 1554-56, H 173 x W 186,8 cm.




Aquellos que conocen la mitología griega pueden reconocer a la damisela en apuros que se muestra en esta pintura al óleo del artista renacentista veneciano Tiziano. Es Andrómeda, la bella princesa de la leyenda clásica, que fue ofrecida en sacrificio humano para apaciguar a los dioses enojados por la vanidad de su madre. Su difícil situación ya ha desencadenado la batalla épica entre el héroe Perseo y el feroz monstruo marino enviado para devorarla. Su lucha se desata sobre el agua, mientras que el cuerpo vulnerable de la princesa inmovilizada atraviesa la composición, un recordatorio conmovedor de la frágil vida humana en juego. El amor gana: Perseo rescata a Andrómeda y se la lleva a Grecia para reinar como su reina.

Pero, ¿deberíamos realmente asociar la figura de Andrómeda con el cuerpo pálido que Tiziano le dio? Después de todo, ella era hija de gobernantes etíopes. En sus Heroides, el mitógrafo romano Ovidio evocaba específicamente a la “oscura Andrómeda”, una descripción más acorde con su ascendencia. Como han demostrado estudiosos como Elizabeth McGrath, el fenómeno del “blanqueo” –haciendo blancas las figuras femeninas negras– es demasiado común a lo largo de la historia del arte y la literatura occidentales. Heroínas como la reina de Saba, Cleopatra y, por supuesto, Andrómeda se han alterado fundamentalmente, se han negado sus lazos culturales y su linaje en un esfuerzo por adherirse a los estándares que combinan la blancura y la belleza. En el Antiguo Testamento, la Reina de Saba, en el hebreo original, declara orgullosa: “Soy negra y hermosa".


Perseo y Andrómeda de 1723 de François Lemoyne

Si este mismo borrado de identidad es visible en Perseo y Andrómeda de 1723 de François Lemoyne, también en la Colección Wallace, los espectadores pueden al menos encontrar la verdadera "Andrómeda oscura" de la tradición ovidiana en el grabado de Bernard Picart de 1731, ubicado en el Rijksmuseum de Ámsterdam.  




"Andrómeda oscura"  grabado de Bernard Picart 1731

















Con su color de piel en contraste con la blancura de la roca y las gaviotas a su alrededor, esta Andrómeda es claramente una mujer negra. Con su cabello suelto y pose sensual, también es sin lugar a dudas la bella princesa de la leyenda.

 Este texto es una versión revisada y ampliada de una publicación en las redes sociales que apareció en las plataformas de la Colección Wallace el 30 de octubre de 2020 como parte de #Wallace Connections, una nueva iniciativa que tiene como objetivo explorar las narrativas a menudo ocultas que conectan los fondos del museo con redes sociales y problemas culturales.














jueves, 11 de marzo de 2021

PIAZZOLLA


Ástor Piazzolla

 11 de marzo de 1921 – 4 de julio de 1992 
















Su música cruzó el universo de lo erudito y lo popular para darle forma al sonido futurista del tango. Ástor Pantaleón Piazzolla,  dejó un legado cercano a las mil obras, que resultan un testamento al que músicos de distintas generaciones y géneros acuden con frecuencia para captar el sonido contemporáneo de Buenos Aires. Sus comienzos como arreglador de Aníbal Troilo, sus incursiones en la orquesta típica y sus formaciones emblemáticas como el Octeto de Buenos Aires y el Quinteto, sus cruces con artistas del jazz como Gerry Mulligan, marcaron un camino en el sonido del tango contemporáneo. Polemizó con los tangueros tradicionales, dejó grandes himnos cantados como "Balada para un loco" con letra de Horacio Ferrer y se hizo universal con clásicos como "Adiós Nonino", "Libertango" y la operita "María de Buenos Aires". Astor Piazzolla tenía 71 años cuando falleció, tras las secuelas producidas por una severa trombosis cerebral que lo tuvo en coma a lo largo de dos años.




Libertango




Adiós Nonino




Oblivion

























miércoles, 10 de marzo de 2021

MONARQUÍA: RACISMO Y PREJUICIOS.

 

Meghan y Harry contra 'The Institution': otro cuento de hadas real... 

Marina Hyde




"Es justo decir que la casa de Windsor no ha podido poner fin a su tabú de casarse con una estadounidense divorciada". 





Una “monarquía del siglo XXI”. Como un oxímoron, está a la altura de la “cirugía cerebral del siglo IV”. Tratar de limpiar después de la entrevista de Meghan y Harry se siente un poco como preguntar a una serie de soldados de la mafia decapitados si pueden producir un rastro de correo electrónico que muestre que plantearon sus problemas con su gerente de línea.

La institución presidida por la Reina, de 94 años, está acusada de racismo, junto con un miembro de la familia real aún no identificado sobre quien es probable que se cierre la red de sospechas febriles. Mucha gente habrá lidiado con sus propios familiares racistas, por supuesto, pero las preocupaciones sobre el linaje significan mucho más proveniente de cualquier casa real fundada en matrimonios mixtos. Aun así, se siente un poco tarde para que la realeza se interese por la genética. Un niño que es una cuarta parte afroamericano es un tema de conversación algo menos que un lado de la familia de ese niño que se ha criado repetidamente con sus primos durante la mitad de los siglos XIX y XX.



Aún así, sigamos con el espectáculo. Es justo decir que la casa de Windsor no ha podido poner fin a su tabú de casarse con una estadounidense divorciada. En cuanto a la idea de que hay algún tipo de proceso de recursos humanos en marcha para investigar las quejas de Meghan y las quejas contra Meghan, estoy segura  que es una buena idea, pero… hazme un favor. La familia real ni siquiera puede empezar a fingir que "la empresa" es como "una empresa". Ninguna empresa para la que he trabajado siente que todavía tiene que pagarle a un pedófilo internacional,  él mismo que ha tenido que negar haber tenido relaciones sexuales con una joven de 17 años víctima de trata.  

Como era de esperar, la duquesa de Sussex no es la primera persona relacionada con esta "empresa" que se siente suicida. Cuando Crawfie, la devota niñera de la reina y la princesa Margarita, escribió unas memorias anodinas y de adoración discreta sobre las princesitas, la familia real la destruyó. Algún tipo de reminiscencias publicadas había sido inicialmente idea de la Reina Madre, pero Crawfie fue completamente expulsada y demonizada durante los siguientes 30 años, separada para siempre de los dos niñas que efectivamente había criado, a una edad en la que ahora ya no podía tener su propia familia. Desesperada por la reconciliación, compró una casa en una carretera de Aberdeen por la que la familia conducía en su campamento anual de verano a Balmoral. Nunca se detuvieron. Cuando intentó quitarse la vida, como lo hizo dos veces, Crawfie dejó una nota que decía: "No puedo soportar que los que amo pasen por el camino y ni saluden".

Cuanto más Harry y Meghan usaron la palabra "la institución" en su entrevista con Oprah, más sonaba una vez más como un lugar conocido localmente como "La Institución". Como en un lugar de pesadilla, con el personal instruido para no hablar con la gente del pueblo sobre lo que sucede allí. Simplemente asuma que la Reina tiene un cartel loco en su escritorio: "No tienes que estar enojado para trabajar aquí, pero lo estarás cuando te vayas".

En cuanto al dinero, estoy segura de que es desafortunado estar "cortado financieramente " a mediados de los 30, de una manera que lo obliga a dejar una casa financiada por los contribuyentes para comprar una mansión californiana de $ 14.5 millones (£ 10.4 millones). Pero se siente aún más cuando el Palacio de Buckingham anuncia trabajos por debajo del salario digno, dado que muchos de los deberes suenan como algo que se espera que realice si lo retuvieran sin su pasaporte a cambio de "alojamiento y comida" en un cobertizo.

Siempre que se detallan las tareas de los sirvientes reales, solo puedo imaginarlos siendo escuchados por un oficial de policía ficticio de una unidad especializada, probablemente interpretada por Sarah Lancashire. “¿Y dices que tu trabajo consistía en exprimir pasta de dientes en el cepillo de dientes de tu maestro…? está bien. ¿Y qué pasaría si te pusieras la pasta de dientes mal? … Correcto. Veo. ¿Y está diciendo que tuvo que sostener la botella de la muestra cuando le dio una muestra de orina? No, está bien, amor. Sé que es duro. Vamos a tomarnos un descanso y traerle una taza de té”.

Pero sabemos todo esto. Quizás la última verdad que algunos no se atreven a hablar sobre la disfunción real es su propia adicción a ella. Hablando con mi propia verdad, me doy cuenta de que estoy escribiendo otra columna sobre el drama, la segunda en tres semanas. Y a pesar de toda la indignación de ayer, hubo una sensación de gran entusiasmo por el compromiso de muchas personas con los últimos bombardeos, ya que condenaron / apoyaron a dramatis personae tres veces por hora en las redes sociales. Me acordé de la mujer que conocí en Windsor el día antes de la boda de Meghan y Harry, que era una de las que acampaba para ver a la feliz pareja. "Es terrible lo que le han hecho", me dijo furiosa de los tabloides, tres de los cuales había comprado esa mañana.

Hay muchos precedentes aquí. Al contrario de la forma pomposa en que se habla a menudo, a la gente le encantó la crisis de la abdicación. Todo el drama les dio un gran impulso en tiempos por lo demás deprimentes. He citado un pasaje de los diarios de Evelyn Waugh aquí antes, pero volvamos a hablar: “La crisis de Wallis Simpson ha sido un gran deleite para todos. En el asilo de ancianos de Maidie, informan de un pronunciado cambio para mejor en todos los pacientes adultos. Rara vez puede haber habido un evento que haya causado tanto deleite general y tan poco dolor”.

La impactante muerte de Jorge VI también fue sensacional, según la diarista de Bloomsbury Group, Frances Partridge, quien señaló “boletines de atronadora gravedad y desabrochamiento emocional ricamente deleitado”.“Todo el efecto es la actuación de los aficionados”, continuó, “y se están hablando muchas tonterías sobre el alivio necesario para nuestros sentimientos torturados. Lo que siente el público es una sensación de gran drama, nada desagradable”.

Mi creencia desde hace mucho tiempo es que lo que la gente realmente quiere de la familia real es una sensación de gran drama. No es lo que la gente DICE que quiere, por supuesto. La gente dice que quiere cortadores de cinta obedientes que hablen en lugares comunes y solo semestralmente. Dicen que quieren una copia terriblemente aburrida sobre cómo la reina lleva un broche que usó en su luna de miel para este o aquel compromiso, y lo que eso podría significar. Dicen que quieren 1.500 palabras de tonterías tórpidas y dolorosamente sin incidentes sobre William y Kate abordar un vuelo de easy Jet. Pero lo que realmente quieren es un gran drama, puro desorden, villanos grotescos y un lado para tomar.

Ciertamente tienen uno ahora. Las primeras encuestas sugieren que la simpatía por el Palacio y los Sussex está profundamente dividida en líneas generacionales, lo cual es un problema si estás a cargo de algo que debe transmitirse de generación en generación. Cada vez está más claro que la Reina ha construido una monarquía que solo funciona con su personaje específico e irrepetible al mando. O para decirlo de otra manera, si quieres contar una historia de terror de gran éxito en dos palabras, prueba este tono: “Charles III”. Apres señora, le diluvio.

 



Ver también: La Musa Encantada: LOS YOUTUBERS Y LOS CONSPICUOS COMENTARISTAS...


















BANKSY EN AMSTERDAM

 

La venta del trabajo de Banksy salvó puestos de trabajo 

Daniel Boffey 

 

 

 

 


Veneno de mono de Banksy. 

 

 





Kim Logchies-Prins cuenta cómo los empleados se reunieron alrededor de un lienzo, vendido por 1,5 millones de libras, para dar gracias

La propietaria de un museo de arte en Ámsterdam que vendió un preciado cuadro de Banksy en 2 millones de dólares para evitar despedir personal durante la pandemia de coronavirus,  ha contado cómo sus empleados se reunieron alrededor del lienzo para agradecer.

Kim Logchies-Prins, cofundadora con su esposo, Lionel, del museo de arte moderno, contemporáneo y callejero Moco, dijo que se unió a 20 miembros del personal de la oficina para presentar sus respetos y despedirse de Banksy's Monkey Poison, luego de su venta a un comprador estadounidense anónimo en una subasta en Nueva York.  Unos meses más tarde, Logchies-Prins recibió un correo electrónico del comprador que ofrecía prestar la obra al museo durante "al menos un año". “Fue simplemente un milagro”, dijo Logchies-Prins.

El museo Moco como otros en los Países Bajos se vio obligado a cerrar sus puertas en marzo de 2020 hasta el verano y ha estado al capricho de las regulaciones del coronavirus del país desde entonces. En estos días, puede esperar alrededor de 200 visitantes un lunes en comparación con los 2.000 antes de la crisis.

 

El museo Moco en Amsterdam.






El gobierno holandés paga los salarios del personal, pero las empresas aún deben pagar impuestos a pesar de que muchas de ellas obtienen pocos o ningún ingreso. 

 Logchies-Prins dijo que no tenía ninguna duda de que estaba haciendo lo correcto al vender la pintura a pesar de ser uno de los “óleos crudos” muy queridos del artista, una serie de pinturas clásicas actualizadas con las figuras icónicas de Banksy. 

El museo tiene alrededor de 60 empleados permanentes y a tiempo parcial. Dice: “En abril y mayo pensamos que teníamos que estar seguros. Hemos estado abiertos durante cuatro años y medio y somos un museo nuevo y lleva un tiempo tener el personal perfecto, el equipo familiar perfecto. Y lo acabamos de tener. Dejar ir a alguien se sintió realmente mal." “Y sentir la presión con el equipo. Tenían amigos que trabajaban en hoteles y otros museos que fueron despedidos, por lo que el museo se estaba asustando y queríamos quitar eso." “No quiero vender nunca, me gusta mucho construir. Pero mi esposo estaba asombrado porque realmente sentí que no, está bien." “Le dijimos al personal y realmente lo apreciaron. Pero también apreciaron el arte. Así que agradecimos a la pieza por todos los buenos años, todos los recuerdos. Nos sentamos todos juntos frente al cuadro, mirando el cuadro ".

Banksy 2004 Monkey Poison presenta a uno de los personajes más comunes del artista, el chimpancé, pintado con aerosol sobre una obra del Viejo Maestro reproducida en un marco dorado que representa una idílica escena pastoral. El mono personaje de dibujos animados está bebiendo una lata de aceite mientras mira por encima del lienzo. Antes de la venta, Jean Paul Engelen de Phillips Auction House en Nueva York, donde la pintura tenía un valor estimado de $ 1.800.000 a $ 2.500.000, dijo: “Es una pintura del siglo XIX, obviamente un objeto encontrado que muestra cómo debería ser la vida, inspiración ideal de la humanidad. Banksy luego se burla. Se burla del arte del siglo XIX, se burla de la visión idealista de lo que seríamos mostrándonos en qué nos convertimos, simplemente monos devoradores de gasolina".















“Lo compramos hace unos años, es una de nuestras buenas piezas”, dijo Logchies-Prins. “Los crudos son las piezas más queridas por Banksy porque son muy singulares. Pinta sobre un cuadro que ha encontrado. Por eso se le llama crudos, también llamado arte vandalizado."

“Es una pintura hermosa y luego un mono se sienta con una botella de veneno como si quisiera prenderle fuego o algo así. Me gustan casi todos sus oleos crudos porque siempre hay una historia en ellos..."


























martes, 9 de marzo de 2021

EL PODER DEL TACTO

 

El poder del tacto.

Joe Moran




"El tacto es el sentido que más damos por sentado". Fotografía: Coneyl Jay /










El distanciamiento social nos ha recordado el papel crucial que juega el toque en nuestro bienestar, dice el historiador social y cultural Joe Moran

¿Cuándo fue la última vez que tocaste a alguien con quien no vives? Probablemente un día de marzo pasado; no estás seguro de la fecha. ¿Le dio la mano a un nuevo colega en el trabajo? ¿Tu abrigo se rozó con el de otro viajero en el tren? ¿Alguien te golpeó el codo y murmuró una disculpa cuando pasó corriendo por una escalera mecánica? Si hubieras sabido que era la última vez que entrarías en contacto con el cuerpo de un extraño, habrías prestado más atención.

¿Y qué hay de los 8,2 millones de adultos británicos que viven solos? Muchos habrán pasado casi un año sin ni siquiera una palmadita en el brazo de otra persona. El tacto es el sentido que más damos por sentado, pero lo extrañamos cuando desaparece. Los psicólogos tienen un término para los sentimientos de privación y abandono que experimentamos: “hambre de piel”.

El hambre de piel no es una frase con la que me hubiera encontrado antes del año pasado, ni un problema que alguna vez imaginé enfrentar. Soy una persona socialmente torpe y no táctil. He observado con nerviosismo cómo, durante las últimas dos décadas, los abrazos han pasado de ser una búsqueda marginal a una constante de la vida social británica. Un abrazo me parece una extraña mezcla de naturalidad e ingenio. Es natural porque el contacto corporal es el primer lenguaje liberador de endorfinas que aprendemos de bebés y compartimos con otros simios. Pero también es ingenioso, porque tiene que sincronizarse silenciosamente con otra persona, a diferencia de un apretón de manos que se puede ofrecer y aceptar de forma asincrónica.

Para los verdaderamente ineptos socialmente, incluso un apretón de manos puede resultar complicado. Solía ​​fastidiarlos todo el tiempo, ofreciéndoles la mano equivocada (ser zurdo no ayudaba) o agarrando los dedos de la otra persona en lugar de su palma. Luego, justo cuando había completado mi larga pasantía en apretón de manos, comenzó a perder vigencia y tuve que volver a apresurarme a abrazar.  Lo mejor que pude manejar al principio fue una especie de agarre de garra de oso con mis brazos colgando sin fuerzas por la espalda de mi abrazado. Debe haber sido como intentar abrazar a un espantapájaros. Mejoré en eso; Tenía que hacerlo. Ahora encuentro que realmente extraño abrazar a la gente. Incluso extraño esos abrazos torpes e inoportunos en los que golpeas los huesos y dura un poco demasiado o no lo suficiente. Y "hambre" se siente como la palabra correcta para describirlo, en el sentido de que su cuerpo le hace saber a su mente que algo está pasando y lo llena con una sensación de ausencia.

Aristóteles consideraba que el tacto era el sentido más humilde. Lo miró hacia abajo porque se encontraba en todos los animales y se basaba en la mera proximidad, no en las facultades humanas superiores de pensamiento, memoria e imaginación. Pero se podría decir con la misma facilidad que el tacto es el sentido más elevado y por las mismas razones. Es el instinto animal básico el que nos permite saber que estamos vivos en el mundo. Ofrece una prueba de la solidez de otras cosas además de nosotros.

El tacto es nuestra primera sensación. La mano de un feto humano de dos meses agarrará cuando sienta algo en su palma



Un bebé recién nacido girará instintivamente la cabeza hacia un toque en la mejilla. En todo el mundo, los niños juegan a la mancha sin tener que aprender a hacerlo. Las primeras formas de medicina se basaron en esta necesidad humana de tocar y ser tocado. La práctica del masaje curativo surgió en la India, China y el sudeste asiático en el tercer milenio a. C., antes de extenderse hacia el oeste. Asclepio, el dios griego de la curación, curaba a las personas tocándolas. La palabra cirujano originalmente significaba sanador de manos, del griego para mano ( kheir) y trabajo ( ergon) . En los evangelios, Jesús cura a los enfermos con la imposición de manos.

En los últimos años, las profesiones solidarias han revivido esta práctica de curar a través del tacto. Ahora se sabe que el toque tierno de los demás estimula el sistema inmunológico, reduce la presión arterial, disminuye el nivel de hormonas del estrés como el cortisol y desencadena la liberación del mismo tipo de opiáceos que los analgésicos. Los bebés prematuros aumentan de peso cuando se les frota ligeramente de la cabeza a los pies. Los masajes reducen el dolor en mujeres embarazadas. Las personas con demencia a las que abrazan y acarician son menos propensas a la irritabilidad y la depresión.

Nuestros mitos más antiguos hablan del poder vivificante del tacto. En la Odisea de Homero , Ulises, de visita en el Hades, intenta abrazar a su madre muerta, Anticleia, para que "encuentren un gélido consuelo en las lágrimas compartidas". Pero Anticleia es ahora una cáscara sin vida; ella simplemente se desliza a través de sus brazos como un holograma. La metáfora de Homero para el abismo infranqueable entre los vivos y los muertos, un abrazo fallido, se siente nuevamente resonante en la época de Covid. El inframundo homérico es un lugar de encierro permanente, donde los muertos viven como fantasmas inalcanzables y autoaislantes.

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La trilogía His Dark Materials de Philip Pullman se hace eco de esta escena en su último libro, The Amber Spyglass . Lyra intenta abrazar a su amigo Roger en el mundo de los muertos, pero él pasa "como humo frío por sus brazos". La trilogía de Pullman es un himno a la materialidad del cuerpo humano. Invierte deliberadamente la historia cristiana tradicional, en la que nuestras almas eternas triunfan sobre nuestra carne imperfecta y pecadora. Los ángeles de Pullman anhelan tener cuerpos como los humanos, sentir el mundo a través de los sentidos. Sus personajes humanos tienen "demonios", manifestaciones físicas de sus almas, lo que significa que pueden sostenerse en sus brazos, de la misma manera que Lyra abraza a su demonio, Pan.




Es difícil leer Su materia oscura ahora sin pensar en cómo la pandemia nos ha separado unos de otros. Los diferentes mundos del trabajo de Pullman están divididos por la más delgada de las membranas. Los nuevos y extraños rituales del año pasado han consistido en tratar de atravesar divisiones tan delgadas pero absolutas. Las parejas mayores se paran en los jardines delanteros, saludando a sus nietos a través de las ventanas e imitando abrazos. Las personas abrazan a sus familiares en los hogares de ancianos a través de “cortinas de abrazos”: láminas de plástico con dos pares de mangas, que les permiten abrazarse sin tocarse. En las reuniones de Zoom, sonreímos y saludamos a los píxeles que cambian de forma en nuestras pantallas porque se parecen a las personas que solíamos conocer y tal vez alguna vez tocamos.

El virus, al separarnos, nos recuerda este hecho ineludible: vivimos en nuestros cuerpos. Quizás habíamos empezado a olvidar esto en un mundo que nos vincula de tantas formas virtuales e intangibles. Esa milagrosa pieza de tecnología, la pantalla táctil, funciona a través de un toque insensibilizado y casi sin contacto. Responde suavemente a nuestras insinuaciones, pellizcos y deslizamientos para que podamos cumplir con nuestro deber como buenos ciudadanos en línea, trabajando, comprando y distrayéndonos sin cesar. Pero a medida que nuestros dedos y pulgares se deslizan por la superficie uniforme, no hay sensualidad ni sensibilidad en el tacto. Para los hambrientos de piel, esta es una papilla fina.



El tacto es un idioma universal, pero cada cultura tiene su propia forma de hablarlo. En el norte de África y el Medio Oriente, los hombres juntan sus manos para saludar, luego se besan o se las llevan al corazón. Los congoleños se tocan en las sienes y se besan en la frente. En Tuvalu se huelen las mejillas. Los isleños de Andamán en la Bahía de Bengala se sientan en el regazo del otro y luego, a modo de despedida, se llevan la mano a la boca de la otra persona y soplan.




Gran Bretaña, por el contrario, ha sido históricamente una cultura de bajo contacto. Una explicación del auge de los bailes de salón en este país es que les dio a los desconocidos tímidos un permiso formal para abrazarse. Al estudiar la etiqueta en un salón de baile de Bolton en 1938, el antropólogo Tom Harrisson notó que un hombre le pedía un baile a una mujer simplemente tocando su codo y esperando que cayera en sus brazos. Esta pareja puede bailar toda la noche sin hablar y luego ir por caminos separados

En las culturas privadas de contacto, tocar no es menos importante que en las táctiles. Como hemos aprendido durante el año pasado, cuando las personas están hambrientas de contacto, las formas más leves de contacto se llenan de significado. Un abrazo vacilante puede hablar con tanta fuerza como uno ardiente. El 30 de mayo de 1953, Edmund Hillary y Tenzing Norgay regresaron al campamento base avanzado después de escalar el Everest. Según el líder de la expedición, John Hunt, fueron recibidos con "apretones de manos, incluso, me sonrojo decir, abrazos".

En 1966, el psicólogo Sidney Jourard realizó un estudio de campo de parejas sentadas en cafeterías de todo el mundo. Encontró que en la capital puertorriqueña, San Juan, las parejas se tocaban, tomándose de la mano, acariciando la espalda, acariciando el cabello o palmeando las rodillas, un promedio de 180 veces por hora. En París, fue 110 veces; en Gainesville, Florida, fue dos veces; en Londres, nunca.

Jourard concluyó que los estadounidenses y los británicos vivían bajo un "tabú del tacto". En los EE. UU., Esto incluso se extendió a los barberos que usaban masajeadores eléctricos para el cuero cabelludo sujetos a sus manos para que no tocaran la cabeza de sus clientes. Jourard se preguntó si el gran número de salones de masajes en las ciudades británicas y estadounidenses delataba una necesidad que no se cumplía en las relaciones normales. Muchas habitaciones de moteles estadounidenses estaban equipadas con Magic Fingers, un dispositivo que, al insertar una moneda, hacía vibrar lentamente la cama. La máquina, escribió Jourard, “ha asumido otra función del hombre: la caricia amorosa y reconfortante”.




Las nuevas terapias que surgieron de California a fines de la década de 1960 buscaron curar a los países de habla inglesa de su falta de contacto. Le recetaron generosas dosis de abrazos. Bernard Gunther, del Instituto Esalen en Big Sur Hot Springs, enseñó técnicas de masaje de cuerpo completo como un camino hacia el despertar sensorial. Algunos de los métodos más extravagantes de Gunther, el lavado mutuo del cabello con champú y el "sándwich de héroe Gunther" (un grupo de personas que se dan cucharadas entre sí), no tuvieron éxito. Pero los masajistas probablemente ayudaron a Gran Bretaña y Estados Unidos a convertirse en sociedades más táctiles. En la década de 1980, las máquinas Magic Fingers habían desaparecido en gran medida de las habitaciones de los moteles.



Encerrados, los hambrientos de piel se han visto obligados una vez más a improvisar soluciones técnicas inadecuadas. Se abrazan a sí mismos, o abrazan almohadas y edredones, o arropan bien las mantas de la cama por la noche. La industria de la robótica ha intentado replicar la sensación del contacto humano con "camisas de abrazo" habilitadas para Bluetooth y labios de silicona que le permiten abrazar y besar a alguien de forma remota. Pero no es lo mismo y nunca lo será, por muy buena que sea la tecnología. Nada sustituye al contacto humano.

Cuando era adolescente, la escritora y activista autista Temple Grandin anhelaba sentir la estimulación de la presión de un abrazo. Sin embargo, como muchas personas autistas, encontraba difícil que la tocaran. Un día, mientras visitaba el rancho de su tía en Arizona, vio que metían ganado en una rampa: un corral con lados de metal comprimidos, que los mantenía tranquilos mientras los marcaban o castraban. Así inspirada, hizo su propia “máquina de apretar” humana. Tenía dos tablas de madera, tapizadas con grueso acolchado y unidas por bisagras. Cuando se arrodilló dentro y encendió un compresor de aire, se sintió como si la abrazaran. Para Grandin, esta fue una publicación útil en el camino de tocar a la gente. A los veintitantos años aprendió a dar la mano. Cuando tenía 60 años, su máquina exprimidora finalmente se rompió y no se molestó en arreglarla. “Ahora me gusta abrazar a la gente”, dijo.

El toque humano real es infinitamente sutil e intrincado, menos un sentido que un sensorium. La piel, que constituye casi el 20% de nuestro cuerpo, es nuestro órgano más grande y sensible. Un área de piel del tamaño de una moneda de £ 1 contiene 50 terminaciones nerviosas y 3 pies de vasos sanguíneos. El trabajo del tacto lo realizan receptores sensoriales, enterrados en la piel a diferentes profundidades según el tipo de estímulo que detecten, como calor, frío o dolor. Uno de estos receptores, el corpúsculo de Pacini, responde a la presión y la vibración. Puede detectar movimientos de menos de una millonésima de metro.




Todo lo que tocamos tiene su propia forma, textura y firmeza específicas, su propia resistencia especial a la presión que ejercemos sobre él. Cada abrazo se siente diferente porque todas las personas a las que abrazas ocupan espacio en el mundo de una manera diferente. Nadie más tiene los mismos contornos, los mismos pliegues y ondulaciones en su ropa, el mismo calor y peso, la misma disposición precisa de carne y huesos. Tu propio cuerpo también es único. Se pliega y se anida con el de otra persona de una manera que ningún otro cuerpo puede hacerlo.

“Enviar abrazos”, dice la gente en línea, pero no puedes enviar un abrazo. Un abrazo virtual solo abre el apetito por lo que te estás perdiendo, al igual que mirar la comida cuando tienes hambre te da más hambre. El sentimiento que intentas compartir en un abrazo está envuelto en su encarnación en el espacio y el tiempo. Un abrazo une lo físico y lo emocional con tanta fuerza que no puedes distinguirlos. El escritor Pádraig Ó Tuama señala que una forma irlandesa de decir abrazo es duine a theannadh le do chroí : apretar a alguien con el corazón.




Me pregunto cómo se sentirá cuando podamos abrazar a la gente nuevamente. ¿Tendremos que volver a aprender el protocolo o se activará la memoria muscular? ¿Nuestras terminaciones nerviosas se habrán debilitado o hipersensibilizado por la abstinencia? ¿Abrazaremos a todos demasiado y con demasiada fuerza, porque nuestros hábitos de alimentación han cambiado al modo de festín o hambre, como lobos que matan más de lo que pueden comer? Una cosa que sí sabemos ahora es que estamos programados para el tacto. No estábamos destinados a desviarnos el uno del otro en la calle, o imitar abrazos a través de las ventanas, o abrazarnos a través de paredes de plástico. Estábamos destinados a abrazar a las personas, sentir los huesos de su espalda y el subir y bajar de sus pechos, y recordarnos unos a otros que somos cuerpos cálidos, todavía respirando, todavía vivos.

















 

lunes, 8 de marzo de 2021

POEMA


Mis versos

Ana Isabel García Llorent















 

Se me tuercen los renglones,

se me caen.

Se me hunden en los mares.

Por la carga que soportan las palabras

al servir del dicho al hecho,

al sentido, inexpresable.

Se me caen.

Y aunque tenga yo el propósito

de escribirlos derechitos,

luego firman encorvados

por el peso de la vida.

Mis versos cansados, ¡ay!,

mis versos errantes,

manifestación de mí,

de mi paso por el mundo,

cual acuse de recibo,

que, aunque vivan más allá,

son la copia de la vida que yo llevo:

así, torcidos.

Y por más que tiro, que casi me ahogo

al sacarlos a flote,

no quieren nadar y subir a mi barco.

Mis versos hundidos.

Si no puedo sacarlos

que me arrastren consigo.