domingo, 15 de octubre de 2017

UNA DE ESPÍAS



Mata Hari, la espía que lo perdió todo

En el centenario de su fusilamiento en Francia, durante la Primera Guerra Mundial


Isabel Ferrer







 Mata Hari, en un retrato sin datar.  EFE







Mata Hari,  espía por excelencia y  mujer oscurecida por su fama de femme fatale ¿Cómo hacer justicia a la joven holandesa de buena familia casada con un marido alcohólico que le contagio la sífilis, a ella y a los dos hijos de ambos, y le arrebató a la niña? En el centenario del fusilamiento en Francia de Margaretha Geertruida Zelle (1876-1917), su nombre real, una muestra en el Museo de Frisia, abierto en Leeuwarden, su ciudad natal, trata de devolver su rostro a una chica de provincias que arrasó en la Belle Époque con sus bailes exóticos, y fue encarnada en el cine por las actrices Greta Garbo, Marlene Dietrich, Jeanne Moreau o su compatriota Sylvia Kristel.

Quedan muy pocos objetos personales de Mata-Hari a los que acudir. Apenas un broche, sus tarjetas de visita, como bailarina oriental y como Margaretha MacLeod, el apellido de su marido, un militar destacado en la actual Indonesia, entonces colonia holandesa. También el álbum de recortes de su carrera y los sonajeros de sus hijos, Norman y Louise, apodada Non. El museo los ha dispuesto de forma casi teatral, acompañados de una mesa que semeja la del interrogatorio de su consejo de guerra por espionaje en Francia. Pero hay algo más valioso en la sala en Mata Hari, el mito y la muchacha es mucho más valioso: su correspondencia personal y los informes del juicio. Un conjunto epistolar que es la guía desesperanzada de un ser humano que se había reinventado.

Llegó a París en 1903 con 27 años, divorciada y arruinada, y pasó de los salones privados a los teatros de moda: del Olympia al Folies-Bergère, interpretando a su manera las danzas de Java que había visto durante su matrimonio. “Su trayectoria guarda un paralelismo inesperado con el escándalo que rodea hoy al productor de Hollywood Harvey Weinstein. Ella tenía gran éxito entre los hombres y a los 15 años perdió un trabajo en una escuela local por acoso sexual. Luego fue maltratada por su marido y acabó prostituyéndose para sobrevivir”, dice Julie Wheelwright, autora de La amante desgraciada: Mata Hari y el mito de la mujer en el espionaje. La estudiosa despeja rauda las dudas sobre la vida de la holandesa. “Sí, se acostó con hombres por dinero, pero después de que su ex marido se negara a pagar la manutención de su hija, y ella perdiera la custodia. Fue reclutada -y luego traicionada- por los alemanes bajo el código H21, y trabajó también para los franceses. Uno de sus mensajes más valiosos fue descartado, pero resultó cierto. El uso de tinta invisible era muy importante durante la Primera Guerra Mundial, y le dijo a sus contactos en Francia que los germanos la llevaban en las uñas. No la creyeron”.

Foto policial de Mata-Hari cuando fue detenida por militares franceses y acusada de doble espionaje.

El problema es que Mata Hari, (ojo del día en malayo, amanecer ) ya mantenía relaciones con militares de ambos bandos antes de la contienda y estaba endeudada. “Me gustan los oficiales. Prefiero ser la amante de uno pobre que la de un banquero rico”, dijo durante el proceso. Los servicios secretos germanos se aprovecharon de su situación, aunque también le dieron un adelanto de 20.000 francos (37.000 euros de hoy). Y ella, que jugó al exotismo y el desnudo en París, Montecarlo, Viena o Milán, no vio que ambos bandos la vigilaban. Con su pasaporte holandés, país neutral durante la guerra, cruzaba fronteras sin problemas, y no apreció a tiempo el cambio de mentalidad generado por la lucha. De golpe, desaparecieron los mismos varones que pagaron por verla entre 1905 y 1914.



El broche que Mata-Hari dejó para su hija Louise.MUSEO DE FRISIA (EFE)








Antes de acabar en la prisión parisina de Saint-Lazare, y luego frente a un pelotón de fusilamiento en Vincennes el 15 de octubre de 1917, Margaretha Zelle fue una niña cualquiera. Su progenitor tenía una buena tienda de sombreros, pero se arruinó. A los 18 años, ella contestó a un anuncio en busca de esposa firmado por el capitán Rudolph John MacLeod, 20 años mayor, bebedor y autoritario. Se casaron en 1895. Él le contagió la sífilis y sus dos hijos la heredaron. Norman, el niño, murió a los dos años intoxicado por el mercurio usado para tratarla. Non, falleció a los 21 por un aneurisma cerebral, “pero creemos que pudo ser por lo mismo”, dice Weelwright. Una tragedia con un fogonazo casi redentor al final. “Se enamoró del oficial ruso Vadim Masloff y quería empezar de nuevo”. Vadim nunca recibió las cartas que su amada le escribió desde la cárcel. Tampoco su hija, que murió sin volver a verla.



Envuelta en una nube de seda, pólvora y misterio


Jacinto Antón





Como Lawrence de Arabia, con el que tiene mucho en común, y el Barón Rojo, Mata Hari es uno de esos pocos privilegiados personajes que se alzan sobre el anónimo matadero embarrado de las trincheras de la Primera Guerra Mundial para cautivar nuestra imaginación. Al igual que el coronel Lawrence, la holandesa Margaretha Geertruida Zelle devino una leyenda trascendiendo sus limitaciones físicas y complejos, en su caso ser altísima para la época (1,75m) y carecer prácticamente de pecho: de ahí el uso del famoso cache-seins metálico del que no se despojaba ni para hacer el amor, pretextando que un amante enardecido le había arrancado a mordiscos los pezones, que ya es daño.

















En ambos casos, el emir dinamita y la bailarina cortesana, encontramos el mismo afán por reinventarse y un gusto casi patológico por el disfraz. Si Lawrence tomó la identidad de hombre de acción y los ropajes de la élite beduina para acaudillar la revuelta árabe (y cumplir sus anhelos de soñador de día), la holandesa hija de un sombrerero de provincias se forjó una personalidad postiza como danzarina hindú sagrada dedicada desde la pubertad a Siva (dispuesta a hacer streptease, eso sí), aprovechando la experiencia de haber vivido en Indonesia casada con un oficial del ejército colonial.





















Bajo el nombre de Mata Hari, bailó provocadoramente por toda Europa cautivando y escandalizando a la Belle Époque. Paralelamente, cosechó una larga lista de amantes y patrones que la mantenían en las horas bajas. Su habilidad para fantasear con sus orígenes, su internacionalismo, sus amistades en todos los países y sin duda su libertad, promiscuidad y fama de femme fatale–y también su ingenuidad- la pusieron en el centro de la psicosis de espionitis que se vivió durante la Primera Guerra Mundial. Parece claro que, para conseguir dinero (a fin de vivir con su joven amante, el oficial ruso tuerto Vadim Masloff), se enredó en un juego que la superaba (la ficharon los franceses y luego la acusaron de ser agente doble); y que pagó por la necesidad de Francia de encontrar otros culpables a los que achacar la muerte de millones de poilus que no fueran los incompetentes generales.
Murió con una entereza que no tuvo su homóloga aliada, Edith Cavell, a la que los alemanes hubieron de fusilar desvanecida en el suelo. Mata Hari, toda valor y dignidad –“¡Parbleu!, ¡esta dama sabe morir!”, exclamó uno de los que la ejecutaron- , no se amilanó ante los 12 zuavos del pelotón (hasta les lanzó un beso), y fue uno de ellos el que cayó desmayado. Las 11 balas restantes la alcanzaron y luego un sargento de dragones le pegó el brutal tiro de gracia en la sien. El cuerpo fue llevado a la facultad de Medicina: se cuenta que su cabeza fue conservada aunque se desconoce su paradero actual. Como Lawrence de Arabia, su ascenso al reino de los mitos fue imparable. Por mucho que se la humanice y explique, la bailarina exótica, irresistible amante y espía letal sigue ahí, envuelta en una niebla de seda, cigarrillos egipcios, humo del Oriente Express, pólvora y misterio. ¡Mata Hari!















viernes, 13 de octubre de 2017

MUCHA



El triunfal regreso de Mucha

Manuel Morales











“El sol tenía un brillo estival, a las seis ya se oían los trinos y el ajetreo de la Rambla. Los gritos y el ruido de los carruajes llenaban el aire desde el amanecer”. Quien describió así las primeras horas de un día de abril de 1898 en Barcelona es el artista checo Alphonse Mucha, llegado entonces para ilustrar una Historia de España. Mucha fue uno de los artífices del art nouveau, el modernismo que tanto brilló precisamente en la ciudad catalana. Casi 120 años después de aquel viaje que le llevó, durante tres meses, también por Tarragona, Valencia, Granada, Córdoba, Toledo, San Sebastián, Madrid... llega a la capital la exposición Alphonse Mucha, que resume su enorme variedad creativa, con más de 200 piezas entre óleos, carteles, fotografías, esculturas y objetos decorativos.

'Bières de la Meuse' (1897), bella litografía a color que podrá verse en el palacio de Gaviria, reabierto como espacio expositivo
 tras haber sido sede de unos comercios.



Del periplo Mucha dejó escritas unas memorias inéditas, que ahora se han traducido del checo al inglés. En ellas describe su euforia por la naturaleza que veía y por una belleza “presente por doquier”; su fascinación por las corridas de toros (“orgías de heroísmo”) y la diversidad de las gentes, “españoles de tez oscura, unos descendientes de África; otros, herederos de los celtas de cabello castaño o de los visigodos rubios". Resfriado en el fresco interior de la Mezquita de Córdoba, admirado del “milagro árabe de la Alhambra” o impresionado por “la mortal tristeza” de El Escorial, quedaron también un cuaderno de dibujos, y tres óleos y una acuarela, uno de ellos representa a Fernando el Católico aceptando las llaves de Granada.

Sin embargo, el motivo principal de su recorrido español se truncó con la muerte, en 1900, del editor de París que le había encargado tan placentera tarea. Tampoco podemos deleitarnos con las fotografías que tomó porque en la aduana, unos agentes con exceso de celo, le velaron los negativos. Mucha fue un apasionado del arte de la imagen, se divertía tomándose como modelo o fotografiando a sus amigos, como a Gauguin, tocando el armonio, sin pantalones, en el estudio del checo.

Nacido en 1860 en la región de Moravia, entonces en el Imperio Austriaco, Mucha fue otro de los muchos aspirantes a artista que recaló en París. Llegó en 1887 a una megalópolis que preparaba la Exposición Universal y construía su Torre Eiffel. Sobrevivió como ilustrador de libros y revistas en unos años en que las principales ciudades europeas hervían por los cambios políticos y tecnológicos, que se iban a trasladar al art nouveau. Nombre que procede de una galería de arte parisiense, pero una etiqueta que a Mucha no le gustaba, cuenta su hijo Jiri en el catálogo de la exposición.

Reminiscencias bizantinas

Su estilo se caracteriza por las reminiscencias bizantinas, con flores, arabescos y una aureola mística que impactaron en el París finisecular, todo ello favorecido por una novedosa técnica de impresión: la litografía en color, un proceso que supervisaba en todos sus pasos. Sin embargo, lo que cambió la vida de Mucha fue su cruce con la popularísima actriz francesa Sarah Bernhardt, tras el encargo del cartel para la obra Gismonda, en 1894. Cuando la intérprete lo vio, le dijo: "¡Qué bonito! Desde ahora vas a trabajar para mí, no te vas a separar de mí".





El afiche tapizó las paredes de París y le convirtió en un artista popular. Los parisinos se enamoraron de ese anuncio alargado y de tonos pastel con el que logró un contrato de seis años con Bernhardt. Las grandes marcas querían al fenómeno que había convertido los carteles en obras de arte: Moët and Chandon, etiquetas para perfumes, calendarios, paneles decorativos, jarras... “Mi arte, si se puede llamar así, se puso de moda. 












Se difundió por fábricas y talleres”, declaró. En 1904, visitó Estados Unidos, donde trabajó en murales y decorados de obras de teatro. La prensa lo agasajó como “el mejor artista decorativo del mundo”.

Eslavo defensor de la independencia de su tierra del yugo Habsburgo, imprimió su patriotismo a lo que producía porque “el artista tiene que ser fiel a sus raíces nacionales”, sostenía. Fue quien diseñó los primeros sellos y billetes de la recién nacida Checoslovaquia, en 1918, por la desintegración del Imperio Austro-Húngaro. Su nacionalismo fervoroso rebrotó al final de su vida creativa, con los 20 grandes cuadros de un proyecto que llamó Epopeya eslava. Para un hombre que de palabra y obra había mostrado tanto amor por su patria, no es difícil imaginar lo que supuso la invasión nazi de Bohemia y Moravia, el 15 de marzo de 1939. Mucha fue arrestado e interrogado por la Gestapo. Cuando lo liberaron se encontraba en un estado tan lamentable que murió poco después, el 14 de julio. Sin embargo, su arte sobrevivió y los cuadros de la Epopeya eslava, escondidos durante la Segunda Guerra Mundial, reaparecieron en los años sesenta en Checoslovaquía.

Místico y Masón

Junto al amor por su patria, Alphonse Mucha mostró un elevado interés por lo espiritual. Si conocer a Sarah Bernhardt le llenó el bolsillo de dinero, contactar con el dramaturgo sueco August Strindberg le sumergió en la masonería. En enero de 1898, Mucha se unió a la logia parisiense del Gran Oriente de Francia, la más antigua de la Europa Continental, explica el catálogo de la exposición. Su credo fue desde entonces difundir con su arte el amor y la belleza, para contribuir a la evolución del ser humano. Mucha expresó esa espiritualidad en óleos como Visión (estudio en azul) y la experimentó en autorretratos con doble exposición que le daban un aspecto espectral.










jueves, 12 de octubre de 2017

HERMENEGILDO SÁBAT



 Premio Konex de Brillante 







A sus 84 años, no le molesta pasarse días enteros rodeado de periodistas, editores y dibujantes entre lápices, colores y computadoras. Verdaderamente ama lo que hace, es su oficio, su modo de expresarse. De pronto, alguien interrumpe su inspirada concentración para darle una noticia que lo sensibiliza por completo: acaban de premiarlo con el Konex de Brillante por su trayectoria. ¿Quién podría dudar del tal merecimiento?












Quizás pocos lo sepan, pero Sábat es uruguayo. Su porteñidad no está puesta en duda, pero lo cierto es que su carrera comenzó del otro lado del charco, publicando sus primeros dibujos en el diario Acción de Montevideo a los 15 años. Nació un 23 de junio de 1933 y en aquella primera mitad del siglo pasado se las ingenió como un comunicador todoterreno: no solo incursionó en las artes plásticas, también lo hizo en la fotografía y el periodismo. Pero si vamos atrás en el calendario, se podría decir que la vida de Sábat comenzó incluso antes de que naciera, porque ya llevaba consigo los genes de un refinado arte intelectual: su padre fue el dibujante, periodista y escritor Juan Carlos Sábat Pebet y su abuelo fue Hermenegildo Sábat Lleó, un pintor y caricaturista español que llegó desde chico a las tierras orientales de América Latina.














En el 66, Sábat llegó a la Argentina. Tenía 33 años y unas ganas inmensas de desarrollar sus capacidades, pero también de demostrar todo su potencial. Y no falló: en La Opinión, Primera Plana, Atlántida y desde 1973 en Clarín, maravilló con sus dotes únicas para la caricatura política. Desde aquel momento, jamás paró. Con casi 30 libros publicados, es muy fácil reconocer cuándo un dibujo es de Sábat. Sus trazos arremolinados y desprolijamente certeros se han vuelto un sello inimitable. Cuando comprendió que Buenos Aires iba a ser su lugar en el mundo, allá por 1980, se nacionalizó argentino. Para las décadas siguientes le llovieron los premios, entre ellos el Premio Konex y un Diploma al Mérito otorgado por la misma fundación en 1982. Este año se repitió.

Hoy preside la Fundación Artes Visuales (la cual creó en 1982) y enseña dibujo, pintura, grabado e ilustración en su taller de Monserrat, además de realizar esas excéntricas y ácidas obras para el diario, que tanta repercusión han generado, otorgándole amantes y detractores. Aunque arriesgado, nunca ha sido fácil. 



"Miro mis dibujos en la dictadura y pienso que es un milagro estar vivo", dijo en una entrevista, refiriéndose a la caricatura que hizo de Videla cuando estaba prohibido dibujarlo. Incluso en democracia, muchos políticos se mostraron enojados con sus trabajos: la mismísima Cristina Fernández de Kirchner, por ejemplo. 





Un mes atrás, Sábat estaba sobre el escenario recibiendo el galardón en el rubro humor. Junto a su elegancia —portaba saco oscuro, corbata azul— en la entrega de los Premios Konex, lo acompañaban los colegas también agasajados: Ingrid Beck, Martín Bilyk, Alejandro Borensztein y Pedro Saborido. Magdalena Ruiz Guiñazú, presidente del jurado que definió la selección, les entregó el premio en mano. Pero ahora, la noticia fue aún mayor. Si ya bastaba con ser reconocido como uno de los grandes humoristas en el periodismo de los últimos 10 años, destacar su nutrida trayectoria con nada más y nada menos que el Konex de Brillante completa el merecido homenaje a un artista que sabe leer como nadie, desde el humor, la actualidad argentina.










miércoles, 11 de octubre de 2017

NOBEL


Richard H. Thaler, Premio Nobel de Economía 2017














El estadounidense  Richard H. Thaler, de 72 años, ha sido galardonado con el Premio Nobel de Economía, por su contribución a la economía del comportamiento, esto es, básicamente la incorporación de la psicología a la ciencias económicas. Nacido en 1945 en Nueva Jersey (EE UU), imparte clases de esta disciplina en la Universidad de Chicago. Sus investigaciones demuestran que las decisiones no siempre obedecen a criterios racionales, sino que también entran en juego variables psicológicas que las desvían de un comportamiento económico racional.

El comité que ha otorgado el galardón explica que los economistas suelen asumir que las personas tienen buen acceso a la información, pueden procesarla sin problemas y llevan a la práctica sus decisiones buscando una ganancia personal. Sin embargo, existen muchas discrepancias entre esas teorías y lo que luego ocurre. No siempre existe un comportamiento racional. Y, a veces, incluso influye el sentido de la equidad. "Thaler ha contribuido a expandir y refinar el análisis económico al considerar tres rasgos que sistemáticamente influyen en las decisiones económicas: la racionalidad limitada, la percepción de justicia, y la falta de autocontrol", subraya el jurado del premio en Ciencias Económicas que concede el Banco de Suecia en memoria de Alfred Nobel.

Entre los méritos que subraya el Banco de Suecia, se encuentra el desarrollo de la teoría de la contabilidad mental, que explica cómo la gente simplifica decisiones financieras. Esta sostiene que los individuos crean cuentas separadas en sus mentes y toman las decisiones según cómo afectan a esas cuentas separadas y no en el conjunto de sus finanzas. Un caso muy claro: financiar una necesidad de liquidez a corto plazo con un crédito al consumo, mucho más caro que sacar el dinero de los ahorros. O cómo los taxistas solo trabajan hasta conseguir unos ingresos determinados al día y luego se marchan a conciliar en casa. Con este patrón, los taxistas no aprovechan bien los días en los que hay más carga de trabajo: dejan de ingresar porque se han ido antes. O, por ejemplo, cómo el consumidor compra centrándose en los porcentajes que se rebajan y no en las cantidades rebajadas. No es de extrañar que el trabajo del nuevo premio Nobel haya tenido aplicaciones directas en el marketing. 

Otra teoría muy celebrada de Thaler es el "efecto propiedad", es decir, que mucha gente tiende a valorar más lo que posee y le asigna un precio mayor que si no lo tuviese en propiedad. Esto explica que "el sentimiento negativo de una pérdida sea más fuerte que el positivo cuanto se obtiene una ganancia exactamente igual", señala el jurado. De acuerdo con estos principios, muchas veces la pérdida o la ganancia se fija según un punto de referencia, como sucede al comprar en tiendas de rebajas. También se extiende a los que acaban de ganar dinero en bolsa o en el casino, que tardan más en reconocer las pérdidas porque en su mente todavía no están en números rojos. O cuando el comprador está dispuesto a abonar por lo mismo cifras muy distintas solo porque cambia la manera en que se presenta el producto: pagaríamos más por la misma cerveza en la playa en las mismas condiciones solo porque procede de un hotel en lugar de un chiringuito.   

La investigación de Thaler también ha abordado las preferencias sociales y cómo incide en las decisiones económicas el concepto de lo que es justo. Su trabajo demuestra que "la gente no toma las decisiones solo mirando lo que es beneficioso para ellos", indica el jurado, "también están preparados para privarse de un beneficio material con tal de mantener lo que ellos perciben como una distribución justa. Están preparados para soportar un coste personal si así castigan a otros que violan las reglas básicas de lo que es justo. Y no solo cuando ellos se ven afectados, también si alguien más ha sido afectado". Además, pueden hacerlo considerando el bienestar de otro de una forma positiva, a través de la cooperación y la solidaridad, o negativa, como en la envidia o los celos. 
De ahí los boycots que a veces se producen sobre ciertos productos. Entre los ejemplos que brinda Thaler, no se suele considerar justo que un vendedor de paraguas infle mucho los precios en un día de lluvia a pesar de que, según la teoría económica, simplemente está respondiendo a la ley de la oferta y la demanda. Otro asunto que analiza Thaler son los salarios: los trabajadores se resisten mucho a las rebajas nominales de los sueldos. En cambio, suelen encajar bien subidas por debajo de la inflación pese a que también conllevan un recorte del poder de compra.

El nuevo premio Nobel también ha descrito las tensiones entre lo que se planea y lo que se hace, y cómo el bienestar a largo plazo puede verse influido por las tentaciones a corto y la falta de autocontrol, algo muy evidente a la hora de fumar, comer o intentar ahorrar para la jubilación. Por ello, Thaler ha argumentado que las instituciones públicas y privadas pueden dar a los individuos pequeños empujones o estímulos hacia la dirección correcta, manteniendo siempre la libertad de elección de estos. Bajo esta óptica, conocida con el nombre de nudge theory, países como Estados Unidos y Reino Unido han establecido agencias que ayudan a reformar la administración pública en campos como el ahorro para las pensiones, las donaciones de órganos o políticas de medio ambiente. Gracias a estos esquemas, la agencia tributaria británica ha logrado mejorar las respuestas de los contribuyentes simplemente recordándoles que sus vecinos ya han pagado.

En este sentido, sus estudios implican que los planes de pensiones recogidos en la nónima como una opción por defecto aumentan mucho más las cantidades ahorradas que dejándolas meramente a la voluntad del individuo. No obstante, en ocasiones esta perspectiva ha sido tildada por los críticos de paternalista.
Junto al también premio Nobel Robert J. Schiller, Thaler ha documentado la existencia de comportamientos irracionales en los mercados financieros, una volatilidad que poco tiene que ver con la teoría de los mercados eficientes y en la que los agentes sobrerreaccionan a la información nueva. "Estas fluctuaciones en el ruido del mercado crean preferencias", indica la academia sueca. De hecho, Thaler apareció en la película La Gran Apuesta explicando cómo habían proliferado productos de deuda complejos durante la burbuja previa a la crisis.
“Desgrana la crisis financiera como una situación de información asimétrica en la que los elementos psicológicos priman sobre los racionales”, afirma el economista Lorenzo Bernaldo de Quirós.

"En resumen, sus contribuciones han desarrollado un puente entre el análisis económico y el psicológico en la toma de decisiones individuales", concluye la Real Academia Sueca de las Ciencias. Tras el anuncio del premio, dotado con casi un millón de euros, Thaler ha comentado que intentará gastar el dinero "de la forma más irracional posible". Entre sus aficiones: jugar al golf. 
El perfil del ganador del Nobel de Economía es uno de los más fáciles de adivinar: se caracteriza por ser un hombre de más de 55 años de nacionalidad estadounidense. En los últimos 20 años, tres cuartas partes de los premiados respondían a esta descripción.

En 2016, el Banco de Suecia concedió el premio a Oliver Hart y Bengt Holmström, motivado por sus aportaciones a la Teoría de los Contratos, que analiza cómo se elabora la contratación y sus efectos, sobre todo en el mundo de la empresa.

Incoherencias de la mente humana.

Un un típico experimento de Thaler se llevan a cabo dos encuestas distintas. En una se pregunta a los entrevistados cuánto pagarían por la cura de una enfermedad mortal si tienen una probabilidad de haberla contraído del 0,001%. En la otra, se pide que cifren cuánto cobrarían por exponerse trabajando a una enfermedad mortal con unas probabilidades estimadas de contraerla del 0,001%. En ambas cuestiones las probabilidades de sufrir la enfermedad son idénticas. Sin embargo, los encuestados preferían cobrar mucho más por el trabajo que lo que ofrecían pagar por la cura. Estas son las incongruencias que persigue el trabajo del nuevo premio Nobel. 




Retina papers


Rebeca Gimeno









Le damos demasiada importancia al presente (y eso es un error): este Nobel explica por qué


Todo empezó con una lista en una pizarra sobre “cosas absurdas que hacía la gente”. A Richard Thaler,  con el premio Nobel de Economía, le aburría un poco la carrera que había elegido y trataba de divertirse observando el mundo que le rodeaba planteando cuestiones como ¿por qué iríamos al otro lado de la ciudad para ahorrar 10 euros en una radio de 45 euros pero no nos molestaríamos en conducir la misma distancia para ahorrarnos la misma cantidad en la compra de un televisor de 495 euros?


Su director de tesis no esperaba mucho de él con este tipo de planteamientos de estudio. A Thaler le divertía ver cómo se irritaban muchos de sus colegas economistas con sus preguntas mientras trataba de encontrar la forma de investigar los temas que le llamaban la atención. Todo cambió el día que descubrió en la biblioteca un estudio de dos psicólogos israelíes llamados Daniel Kahneman y Amos Tversky. Se convirtieron en sus ídolos. Thaler los persiguió hasta California para conocerlos. Consiguió quedarse un año allí de profesor. Los tres se hicieron muy amigos y empezaron a colaborar. Así arrancó uno de los capítulos más relevantes del making of de lo que se conoce como la economía del comportamiento: la fusión de la economía y la psicología.

Cuarenta años más tarde, el 4 de enero de 2016, en la sala Continental del hotel Hilton de San Francisco, Thaler pronunciaba su último discurso como presidente de la Asociación Estadounidense de Economía. “¡Los locos dirigen el asilo!”, bromea el profesor cuando recuerda su nombramiento al frente de esta prestigiosa institución. El título de su charla era: “Economía del comportamiento: pasado, presente y futuro”.
Thaler argumentó ante sus colegas que había llegado el momento de pasar a un enfoque más constructivo. La teoría económica neoclásica tenía que abrir los ojos y darse cuenta de que su estudio se centraba en la existencia de una “criatura mitológica” llamada Homo Economicus. El mundo real lo habitaban personas que no siempre tomaban las mejores decisiones ni las más racionales. Eran simplemente humanos.
“Tras la Segunda Guerra Mundial se trató de aportar rigurosidad matemática a la economía pero la profesión parece haber perdido la buena intuición sobre el comportamiento humano. En los textos de economía ya no hay humanos. ¿Cómo pudo ocurrir esto?”

La principales ideas de esta conferencias se recogen en un breve estudio que resume muy bien la trayectoria profesional de Thaler y sus principales ideas (y los argumentos que le plantearon sus colegas para justificar cómo se venían haciendo las cosas). El Nobel recurre a la física para explicar lo que pasaba:
“Uno empieza a estudiar física estudiando el comportamiento de los objetos en el vacío; la atmósfera se puede añadir luego. Pero los físicos nunca negaron la existencia o la importancia del aire sino que trabajaron para construir modelos más complicados. Durante muchos años los economistas reaccionaron a las dudas sobre el realismo de sus modelos haciendo lo que sería el equivalente a negar la existencia del aire o a reivindicar que no era importante”. 
De alguna manera lo que Thaler proponía era abrir las ventanas para que corriera el aire pero no para vaciar la casa de muebles. Lo que había que hacer era mejorar la teoría que ya existía. Complicar el modelo con la evidencia de los datos y las reacciones humanas. Había que empezar por reconocer los puntos débiles del sistema.

¿Todas las decisiones son iguales?

En el modelo tradicional no había niveles de dificultad, por así decirlo. Una persona tenía que ser igual de racional y megalista tanto decidiendo el número de huevos del desayuno como la cantidad de ahorros necesarios para la jubilación. Los ortodoxos se defendían diciendo que la teoría lo que decía era que las personas prestarían más atención a las decisiones más importantes y se comportarían “como si fueran expertos”. Si no lo eran, terminarían aprendiendo con la práctica. Thaler no estaba de acuerdo.
“Consideremos la siguiente lista de actividades económicas: decidir cuánta leche comprar en la tienda, elegir un suéter, comprar una casa, elegir una profesión, cuánto ahorrar… Es verdad que la práctica mejora los resultados en la mayoría de las actividades. Muchas familias han llegado a dominar el arte de la gestión del inventario de leche a base de prueba y error. Pero pocos de nosotros compramos tan a menudo coches como para ser muy buenos en ello. En las grandes decisiones hay poco espacio para el aprendizaje”. 


El falso movimiento de mano invisible

Otra línea de defensa de la teoría era que cuando las cosas no salían como se esperaba, los mercados corregirían la situación. Como por arte de magia impondrían la sabiduría que les faltaba a los humanos.
“Creo que la idea de que los mercados acabarán con los comportamientos aberrantes es una muestra de no entender cómo funcionan los mercados. Consideremos dos posibles estrategias para dos firmas ante unos consumidores cometiendo errores (como pagar una cuota mensual al gimnasio para ir dos veces al mes). Las empresas pueden tratar de enseñarles cuál es el coste de su descuido o pueden diseñar una estrategia para explotar esa situación y conseguir más ganancias. Esta última opción siempre será más rentable”.

Antes de que estallara la crisis, ¿alguien se hizo rico diciendo a la gente que no se comprara una casa o que no se hipotecara porque quizá no se lo podía permitir? No hay por lo tanto un Panoramix con una poción mágica de los mercados que convierta a los Homer Simpson irracionales e impulsivos en versiones de Dr. Spock frío, calculador y listísimo.
Además es bastante habitual que los seres humanos vengan con un defecto de fábrica llamado sesgo del presente. Tendemos a darle más peso al presente en nuestras decisiones y terminamos cometiendo errores. Preferimos comprar algo que nos satisfaga hoy frente a una ganancia futura. Estas preferencias pueden hacer que tomemos decisiones poco consistentes o irracionales.
El entorno, la forma, el orden en la que se nos presentan todas las opciones influirá también en nuestra decisión. Son los factores supuestamente irrelevantes (SIF’s, supposedly irrelevant factors). Los ahorros de cara a la jubilación es uno de los terrenos donde más se ha documentado la relevancia de estos factores “irrelevantes”. Según la teoría, las personas deberíamos saber cuál sería nuestro consumo óptimo en el futuro y establecer un plan de ahorro e inversión que tenga en cuenta la probabilidad de divorciarnos o enfermar. “Esta decisión hace que una partida de ajedrez con un campeón mundial parezca fácil. El ajedrez no tiene incertidumbre ni problemas de autocontrol que empañen el resultado. No obstante, con la ayuda de algunos SIFs hemos podido ayudar a la gente en esta abrumadora tarea”. Un ejemplo sería establecer la opción por defecto de ahorrar una cantidad al mes. Esto sería un pequeño empujón para conseguir nuestro objetivo (o nudge, el influyente término que Thaler desarrolló junto al abogado Cass Sunstein). Es una de sus aportaciones prácticas más relevantes.

“Ha llegado el momento de adoptar la economía basada en la evidencia. Esto no debería ser difícil de vender. Los economistas usan las técnicas más sofisticadas de la estadística y tienen acceso a potentes bases de datos. En este contexto, la economía del comportamiento no es más que una parte del importante trabajo empírico que se está realizando.”

Thaler terminó su discurso y cedió el testigo a otro “loco”: Robert Schiller, también galardonado con el Nobel por un enfoque parecido aplicado al campo de las finanzas.





El País.España.










martes, 10 de octubre de 2017

BASURA



Dragones

Ana Merino








Un inodoro sale a flote durante una operación de limpieza del canal San Martín de París. 























Han vuelto. Ahora se alimentan de todo lo que les lanzan las doncellas, los mozos, las damas y los caballeros por la boca del inodoro

Cuentan que en casi todas las culturas de la tierra han existido los dragones. Están, por ejemplo, el afable dragón del horóscopo chino, o la impresionante serpiente emplumada Quetzalcoatl de la tradición prehispánica. Están los dragones de la Europa medieval, hijos de diferentes mitologías. La eslava los sacaba de un mundo subterráneo, y los cristianos, del imaginario del Apocalipsis.

Dragones para todos los gustos han asombrado a niños y adultos al ser evocados en historias tenebrosas a la luz de la hoguera, o proyectados en las pantallas del cine, la televisión o los videojuegos. Los dragones nos han rondado durante siglos apareciendo en pinturas, esculturas, gárgolas o emblemas. Su majestuosidad, su gigantesco porte, su intimidante presencia, han adornado las mejores leyendas. Lo sorprendente es la capacidad de estos bichos para reinventarse y retornar a una nueva existencia. Lo confirmo, vuelven a estar entre nosotros, de sus bocas ya no salen chispas de azufre ni fuego, ahora exhalan un hedor repugnante que supera en intensidad al que salía de la boca de sus ancestros con reflujo. 

Sus nuevas guaridas son las alcantarillas, la superficie de sus escamas está hecha de toallitas húmedas y grasa putrefacta solidificada. Esa piel endurecida y rugosa les da un aspecto tenebroso, adquieren tamaños sorprendentes, uno de los que habita en las alcantarillas de Londres dicen que pesa 130 toneladas y mide 250 metros. El de la ciudad de San Sebastián mide 100 metros, y el descomunal de la ciudad de Valencia nos atemoriza con su kilómetro de longitud y sus 1.000 toneladas. Son dragones que se alimentan de las múltiples ofrendas de toallitas, compresas, tampones, preservativos, bastoncitos del oído, aceites y mil cositas más que les lanzan las doncellas, los mozos, las damas y los caballeros por la blanquecina boca del inodoro. Los nuevos dragones del subsuelo rugen con fuerza quebrando las tuberías, colapsando las depuradoras e inundando las calles con aguas fecales. Impresiona su densidad y su porte, superan todas las expectativas mitológicas. El monstruo del lago Ness se siente minusvalorado, le ha costado mucho permanecer en el imaginario actual de las leyendas, y ahora, estos dragones advenedizos lo están desplazando. 

Una empresa planea abrir una ruta turística que recorra sus principales guaridas para hacer las delicias de los curiosos. Un grupo de caballeros buzos indignados sigue la estela de san Jorge y quiere aniquilarlos. Dicen que estos bichos anuncian el fin de las ciudades y el regreso al orden oscuro de las cloacas.









El País. España







lunes, 9 de octubre de 2017

POEMA




Ojalá


Sara Búho












Ojalá ahora que ya no puedes verme,

sea cuando más guapa me imagines.

Ojalá me imagines.

Ojalá me busques en otras bocas;

que busques y busques y me encuentres en todas.

Ojalá te despiertes sobresaltado y acompañado

y que tristemente te des cuenta de que no soy yo,

que no volveré a ser yo,

que entiendas que no puedes encontrar a tu lado

a quien has empujado al olvido.



Quiero que experimentes el amargor

de una despedida

cuando no se dice adiós,

pero se siente.

Quiero que me eches de menos con resaca;

resaca del alcohol que bebas,

y del que te eches en las heridas para sentirme

de alguna manera.

Ojalá sientas despedirte de mí en todos y cada uno

de los besos que no vas a volver a darme.



Ojalá me alcancen las horas y logre olvidarte,

y asuma que el olvido es una ecuación en la cual

“tiempo” y “espacio” bailan

para que “nosotros” deje de ser el resultado.