lunes, 23 de octubre de 2017

POEMA



Solo dame una razón


Loreto Sesma











Si nos da miedo el amor, 
es porque hubo una vez nos hicieron daño, 
o incluso dos. 
Y cuando a la tercera,
cuando en teoría va la vencida,
lo que ocurrió es que realmente nos dimos por vencidos. 

Así que no juzgues a alguien por lo que quiere
o deja de querer, 
porque a lo mejor tiene el corazón hecho añicos 
y unas cicatrices en su piel que no se irán,
por mucho tiempo que pase. 

El amor es ese tren que no es que no espere, 
sino que atropella. 
Pero es dirigido por alguien por quien te habrías tirado 
a las vías una y otra vez. 
Por eso no vuelve a pasar, 
porque cada amor mata. 
Y la ilusión del siguiente es lo que resucita, 
y por eso hay quien dice que si no has muerto por lo menos siete veces en vida
es que no has vivido nada.

Hay que tener un par de cojones 
y mucho
pero que mucho coraje para enamorarte,
porque aquel que te sonríe
es el mismo que una mañana te dejara las sabanas frías
y un hueco imposible de llenar en tu cama. 

Hay que ser valiente para querer enamorarte de alguien,
aún sabiendo que será el poema más bonito,
pero también el más jodido de escribir cuando todo se apague. 

Tienes que ser un jodido héroe 
para ser capaz de salvar la sonrisa de alguien
cuando esté naufragando en lágrimas 
y todo su mundo se haya reducido a un mar
de donde no hay posibilidad de rescate, 
pero llegues tú y le digas: 

Mira,
no se si ira todo bien, 
pero si te ahogas,
te prometo que lo haremos juntos. 

Imbécil es lo que eres si pones tu canción favorita
pensando en esa persona, 
porque luego cuando la escuches,
toda partitura, 
palabra, 
sílaba 
y sonido 
será un recuerdo llamando a tu puerta. 

Así que te pido que tengas mucho cuidado. 
Te dirán que el amor solo tiene un final posible 
y es el olvido. 
Pues olvídales tú a ellos. 
Verás a tu alrededor 
historias rotas y escritos como este. 
Qué te sirvan de motivo
para demostrarnos que todo es posible. 

Huye de quien te diga como vivir, 
porque ni el ni nadie
tenemos ni puta idea de como hacerlo. 

Y arriésgate, 
porque echar de menos 
es como si el corazón dijera: 
Oye, me rindo, 
a mí no me jodes más.

Y yo no es por joder, 
pero si ensuciamos tanto la palabra amor, 
si creemos que sabemos querer, 
es por gente como tú.








































jueves, 19 de octubre de 2017

LA OTRA CHINA III



Polución en China

Macarena Vidal Liy











Los valles alpinos de la provincia de Qinghai, en el oeste de China, parecen el paraíso. Las praderas se extienden hasta donde se extiende la vista. El aire es tan puro que dos hermanas acaban de abrir una tienda on line para venderlo en bolsas. En su suelo se encuentra la mayor planta de placas solares de China; durante una semana este verano, la región se abasteció exclusivamente de energías limpias. La meseta tibetana de la que forma parte, llamada el “tercer polo” del mundo, es el gran pulmón de una China asfixiada por la contaminación de su atmósfera.













Pero incluso en este paraíso hay zonas con veneno. “A nuestros animales se les han estado cayendo los dientes, por la contaminación”, se queja Dorjee, un granjero de 40 años de la etnia tibetana asentado en Daotanghe, una pequeña localidad a un centenar de kilómetros de Xining, capital y uno de los centros industriales de la provincia.
Dorjee atribuye los problemas de sus rebaños, y de otros de la zona, a la polución que llega de Xining, una ciudad que en los últimos años ha figurado entre las más contaminadas de China. Es difícil establecerlo con seguridad; en la zona operan también empresas mineras, y otros ganaderos apuntan a ellas. Aunque el granjero enfatiza que la salud de sus yaks ha mejorado en el último par de años, quizá porque han ido a "protestar muchas veces ante las autoridades locales”, dice.
La lucha contra la contaminación y el cambio climático son uno de los grandes problemas que han plagado China en los últimos años y que deberá abordar el presidente chino, Xi Jinping, cuando presente el balance de sus primeros cinco años de gestión en la inauguración del 19º Congreso del Partido Comunista (PCCh), la gran cita política quinquenal del país, que tendrá lugar el miércoles. El medioambiente ha pagado el precio de la rápida industrialización y crecimiento económico de China. No se trata solo del aire: dos tercios de los ríos del país están sucios, algunos tanto que beber el agua es peligroso para el ser humano y los animales. Cerca de un 20% del suelo cultivable contiene elementos dañinos.

Presa de Jishixia, sobre el río Amarillo, una de las obras de reciente construcción en Qinghai.


Pekín proclamó la “guerra a la contaminación” en 2014, después de que una serie de graves episodios de polución en Pekín hubiese dado la vuelta al mundo. Desde entonces ha adoptado medidas como el cierre de fábricas “sucias”, la imposición de duros estándares de emisiones e inspecciones estrictas. Ha adoptado planes de acción específicos para luchar contra la contaminación del aire, del suelo y del agua. El propio Xi ha asegurado que “aguas limpias y colinas verdes valen como montañas de oro y plata”. Pero, según la ONG Greenpeace, la pasada primavera un tercio de las ciudades chinas vio empeorar la calidad de su aire en comparación con el año anterior. De esa contaminación y ese cambio climático causados por la acción humana, no se libran ni las provincias menos industrializadas.
En julio, Pekín reprendió públicamente a un centenar de altos funcionarios por haber causado “graves daños ecológicos” en las montañas de Qilian, una reserva natural en la meseta tibetana, al haber aprobado la construcción de presas y minas y haber permitido que las compañías propietarias vertieran residuos tóxicos en ríos de la zona. También en esas montañas, en Muli, a 300 kilómetros del lago Qinghai, se encuentra una gigantesca mina de carbón, con un potencial extractivo de 23 millones de toneladas de carbón y denunciada en 2014 por Greenpeace como ilegal.

Un informe de la ONG Tibet Watch sostenía en 2015 que China explota los recursos minerales de este altiplano “con creciente intensidad”, desde cobre y oro hasta carbón o magnesio. “Las compañías chinas han trabajado tradicionalmente a pequeña escala, pero ahora ocurren extracciones en grande, principalmente por grandes compañías propiedad de, o que tienen vínculos estrechos con, el Gobierno”.


Un carro transporta heno en las zonas de pastoreo de Erdi, en Qinghai. El deterioro de los pastos ha obligado a los pastores 
a comprar forraje extra para alimentar a sus animales.



Los defensores del medioambiente han denunciado con regularidad los efectos nocivos de esta explotación para el ecosistema de una zona vital para China y el mundo, en donde nacen algunos de los principales ríos de Asia. Para la población tibetana, que se lamenta de los efectos sobre el agua o el daño a los pastos, la explotación minera constituye un asalto a sus valores religiosos y a una naturaleza con la que han vivido en armonía durante siglos. Algunos defensores del medioambiente tratan de conseguir que algunas áreas en Qinghai sean declaradas “lugares naturales sagrados”, bajo el control de la comunidad tibetana.

Es difícil establecer hasta qué punto el daño a los pastos deba atribuirse únicamente a la explotación de los recursos naturales. La meseta tibetana es uno de los lugares del mundo donde es más patente el cambio climático global. “Se está calentando tres veces más rápido que el resto de la tierra; sus glaciares se están derritiendo y su capa de hielo permanente desaparece”, recuerda la Campaña Internacional para el Tíbet.


Este calentamiento más rápido puede desestabilizar el delicado ecosistema, advierte un estudio publicado en mayo y encabezado por científicos de la Universidad de Pekín. Las plantas que mejor se adapten a las temperaturas más cálidas pueden crecer demasiado y extinguir a las especies con un crecimiento más lento. Es algo que puede tener un enorme impacto en los 14 millones de yaks y 40 millones de ovejas que crían los pastores en la meseta.
Otro informe paralelo de científicos chinos, publicado el mes pasado, encontró que la llegada de la primavera se ha adelantado una semana entera desde 1960 en el área de Sanheyuan, donde nacen el río Amarillo, el Yangtzé y el Mekong. De allí procede la mayor parte del agua de China, y de otros países de Asia.

“Si el deshielo anual se adelanta cada vez más, puede cambiar los patrones de inundaciones y sequías de estos grandes ríos y afectar a las vidas de mucha gente”, declaró Yan Zhongwei, del Instituto de Física Atmosférica de la Academia de Ciencias en Pekín y uno de los autores del estudio, en el periódico de Hong Kong South China Morning Post.
Como resultado de estos cambios, los lagos en la meseta se están expandiendo. Desde 1970, el número de estanques y lagos en la región ha crecido un 14%, según la Academia China de Ciencias. La superficie de Tíbet cubierta por agua creció en un 19%.
Tras décadas de pérdida de volumen, desde 2011 el lago Qinghai, el mayor de agua salada de China y una barrera natural contra la desertificación, ha visto crecer sus aguas más de un 10% (lo que equivale a 50 kilómetros cuadrados) debido a mayores lluvias y el aumento del deshielo.
Pero no es algo que perjudique a todos. La mayor humedad y el aumento de lluvias han hecho que las praderas en torno al lago sean más verdes y abundantes, algo que ha hecho las delicias de los pastores trashumantes que llevan allí sus rebaños a pastar.

Mientras prepara un té tradicional de mantequilla en sus pastos de verano, junto al lago Qinghai, la nómada Tsewang Zanmo lo reconoce: “Los yaks están ahora mejor alimentados. Pueden comer en abundancia y engordar”.












De El País. España








LA OTRA CHINA II



Minorías

Macarena Vidal Liy






Un grupo de mujeres de la etnia Salar se dirige hacia la mezquita en Xunhua, Qinghai (China)






Para entrar en la mezquita de Chotamba, una abigarrada mezcla de arte islámico y arquitectura clásica china, hay que pasar ante dos cámaras de seguridad de buen tamaño. Y de una enorme pancarta roja que, en mandarín, ordena a los fieles a “mantener la situación política de estabilidad y unidad, para el éxito del 19º Congreso del Partido Comunista”.
“No lleva mucho tiempo allí”, dice sobre el cartel Masudi, de 75 años; “Más o menos desde que ordenaron quitar los altavoces” para llamar a la oración, en agosto. De larga barba canosa y con el traje negro típico de su comunidad, es miembro de la etnia musulmana Salar, predominante en Xunhua, un apacible rincón en un valle a orillas del río Amarillo en Qinghai, en el noroeste de China.















Este miércoles se inaugura en Pekín, a 1.700 kilómetros, en la otra punta de China, el congreso del PCCh. . Es el gran cónclave político quinquenal en el que el presidente chino, Xi Jinping, renovará su mandato para otros cinco años y será aclamado como el líder con más poder desde Mao Zedong, fallecido en 1976. Durante su primer lustro, Xi ha hecho hincapié en la importancia de la “estabilidad social”. Y ha dejado claro que considera la religión, especialmente si es de origen “extranjero” como el islam o el cristianismo, una amenaza para esa estabilidad en un país nominalmente ateo y donde el Partido Comunista es la única autoridad suprema.
“La religión se percibe como una amenaza existencial al mandato del Partido Comunista, y Xi Jinping reclamó el achinamiento de las religiones extranjeras como el islam en 2015. A otros les gustaría ver una sociedad china completamente laica”, explica James Leibold, de la universidad australiana de Latrobe y experto en las minorías musulmanas en China.

Los fieles son relativamente pocos en ambos casos. Se calcula que, entre los 1.370 millones de chinos, practican el cristianismo unos 70 millones. Y el islam, aproximadamente 23 millones (el 2% de la población). Ambas son religiones añejas en suelo chino aunque de origen foráneo. El cristianismo está presente desde el siglo VII. El islam llegó con las caravanas de la Ruta de la Seda: el Corán más antiguo de China (del siglo XI) se custodia precisamente en otra mezquita de Xunhua.
Masudi reconoce que hay rachas en las que se intensifica el control. “Se nos insiste más en que tengamos cuidado”. Pero este musulmán, cuya familia ha vivido en el barrio hace 80 años, insiste en que jamás ha tenido un problema: “Gracias a la política de sociedad armoniosa del Gobierno, no hay animosidad. Todos nos llevamos bien”.
La situación es bien distinta en la vecina región autónoma de Xinjiang. Centenares de personas han muerto en ataques violentos desde 2009, cuando los enfrentamientos entre la etnia musulmana uigur y la mayoría Han dejaron más de 200 cadáveres.
El Gobierno chino ha respondido con mano muy dura, en lo que los defensores de los derechos humanos sostienen que genera un ciclo de represión y radicalización: ha aumentado en 30.000 sus efectivos en la zona, ha confiscado los pasaportes de los uigur que los tuvieran e incluso ha prohibido a los varones dejarse la barba larga. Nombres considerados demasiado islámicos, como Meca o Mohamed, han quedado vetados para los recién nacidos. Ante el inminente congreso comunista, los hoteles han recibido orden de no admitir huéspedes uigures, so pena de fuertes multas. Pekín alega que son medidas necesarias porque China afronta una grave amenaza de separatistas uigur vinculados con el Estado Islámico (el ISIS) o Al Qaeda.

La vigilancia, a todas luces, va a seguir aumentando. Las advertencias han llegado hasta los hui, la mayor etnia musulmana y bien integrada en China. En agosto, Pekín aprobó una reforma de sus normas sobre práctica religiosa, que entrará en vigor en febrero y que aumenta la supervisión del Estado para impedir, a su juicio, el extremismo.
Según el responsable del departamento de Asuntos Religiosos chino, Wang Zuoan, la revisión era urgente porque “el uso extranjero de la religión para infiltrar [el país] se intensifica cada día y el pensamiento extremista religioso se está extendiendo en algunas áreas”. La desconfianza no solo proviene de las altas esferas del régimen. La mayoría Han percibe un trato de favor hacia las etnias musulmanas, y sus quejas han ido a más, especialmente en Internet, desde los disturbios de 2009 en Xinjiang.

 “Hay una larga historia de resentimiento de los Han contra el trato preferente que las minorías étnicas como los Hui o los Uigur reciben según la ley china de Autonomía Regional Étnica”, apunta el profesor Leibold. “La revolución de Internet ha provisto de nuevas vías de expresión pública al nacionalismo racial Han, y la islamofobia es una expresión de su chauvinismo. Como en otros países, los ataques terroristas de inspiración yihadista han creado un miedo desproporcionado a ‘el otro musulmán’, y las redes sociales son formatos donde prolifera este tipo de discurso de odio irracional”.
Las decisiones que originan las quejas por discriminación pueden sonar un tanto fútiles pues incluyen la asignación de duchas individuales en una universidad a estudiantes musulmanes; el anuncio de que una empresa de reparto de comida a domicilio ofrecería platos halal en contenedores separados; o que la gala de Fin de Año en la televisión estatal evitara alusiones a la carne de cerdo, que el islam prohíbe. “China es un país laico, gobernado por un partido ateo, y debe boicotear con firmeza las leyes islámicas”, es un comentario típico en las redes sociales.

Hasta tal punto han llegado los denuestos que las autoridades han prohibido el uso de algunos de los términos islamófobos más frecuentes en las redes. “La religión verde” o “el cáncer verde”, por el color símbolo, están bloqueados por el bien de la “sociedad armoniosa” a la que aludía el fiel Masudi. Aunque ello no evita que continúe la polémica en Internet. El anuncio de una universidad en Pekín de que los pastelillos típicos que repartiría entre sus estudiantes para celebrar la fiesta del Medio Otoño, hace diez días, serían únicamente halal, volvió a encender los foros.
La prohibición, si se hace cumplir de manera uniforme, “no eliminará este resentimiento, pero quitará un poco de leña del fuego, y ojalá impida que este sentimiento degenere en violencia antimusulmana en las calles”, apunta el profesor Leibold. “La verdadera cuestión es por qué le ha llevado tanto tiempo a las autoridades chinas el reaccionar; parte de la razón es el apoyo entre altas esferas del Partido a este sentimiento antimusulmán”.
En Xunhua, las autoridades locales ordenaron retirar este agosto los altavoces de las mezquitas por los que se llamaba a la oración; un millar de ellos desapareció de 355 lugares de culto en tres días, según el diario Haidong Times. Los funcionarios alegaron que los vecinos habían protestado porque les molestaba el ruido.
“Echo de menos las llamadas a la oración. Podemos saber a qué hora ir a la mezquita mirando el reloj, claro”, contemporiza Masudi. “Pero no siempre la gente lleva el reloj en hora, y es fácil perderse algún rezo”.







De El País. España








miércoles, 18 de octubre de 2017

LA OTRA CHINA




Nómadas en verano

Macarena Vidal Liy





Paisaje sobre el lago Qinghai, el mayor de agua salada en China y a 3.300 metros de altura en la meseta tibetana




Tsewang Zanmo y su familia apuran los últimos días cálidos en su campamento sobre el lago Qinghai, el mayor de agua salada en China y a 3.300 metros de altura en la meseta tibetana. El frío empieza a notarse y sus yaks ya dan cada vez menos leche. En breve, desmontarán su gur, la tienda de campaña en la que han habitado durante el verano; su marido llevará su rebaño de yaks, la fuente de sustento familiar, hacia los pastos de invierno. Ella y su hija Pedma, de siete años, se instalarán en la vivienda en la que desde hace unos años pasan los meses fríos y se despedirán de su vida ancestral de nómadas hasta que vuelva la primavera.
La familia de Tsewang es una de las cientos de miles de nómadas tibetanos que intentan mantener su estilo de vida tradicional como pueden, al tiempo que se adaptan a una rápida modernización, una política de reasentamientos en muchos casos forzosos del Gobierno chino y un cambio climático palpable.
La de Qinghai es una de las provincias de mayor tamaño de China —la cuarta—, pero también una de las menos pobladas, con apenas cinco millones de habitantes en una nación de 1.370 millones de personas, y una de las más pobres: apenas contribuye el 0,35% al PIB anual de China. Como tal, ha sido uno de los focos preferentes de uno de los objetivos prioritarios del Gobierno en Pekín: la erradicación completa de la pobreza en el país para 2020. Un plan que será uno de los principales asuntos en el 19º Congreso del Partido Comunista de China, el gran cónclave político que celebra el país cada cinco años, a partir del día 18 de octubre.













El objetivo, anunciado en 2015, cuenta con el aval personal del presidente Xi Jinping. Aunque desde 1978 China ha desarrollado proyectos para la reducción de la pobreza y ha logrado sacar a 700 millones de personas de la miseria, eliminarla por completo permitiría al Partido Comunista enviar el mensaje a sus ciudadanos de que sus medidas benefician a absolutamente todos y solo el Partido ha logrado el bienestar generalizado que ningún otro régimen consiguió.
El plan, dotado de más de 30.000 millones de dólares, marca que cada año, desde 2015, China saque de la pobreza rural a 10 millones de personas —entendida como unos ingresos de menos de 2.300 yuanes, o 296 euros, al año—, que aún carecen de comunicaciones, agua corriente o electricidad mediante medidas como las inversiones en infraestructuras, el desarrollo de industrias específicas o el traslado. Según las autoridades, el año pasado en China 12,4 millones de personas salieron de la miseria. De ellas, 110.000 en Qinghai.
Aunque el proceso ha conllevado su lado oscuro. La administración de los programas específicos ha posibilitado sonados casos de corrupción en algunas provincias. La gestión desde arriba no siempre ha facilitado que los fondos se empleen de la manera más eficiente posible. Y, en el caso de Qinghai, donde el 90% de la población es de origen tibetano y buena parte procede de comunidades dedicadas tradicionalmente al pastoreo nómada, el desarrollismo ha traído —como ha ocurrido en otros lugares— sus propios problemas.


La nómada tibetana Tsewang Zanmo señala su rebaño de Yak



Aquí los cambios comenzaron en los años 90, cuando China se planteó desarrollar el oeste empobrecido del país y comenzó una fuerte inversión en infraestructuras: aeropuertos, líneas de tren de alta velocidad, presas, carreteras… Poco de lo que se ve tiene más de 15 años.
En 2003, el Gobierno en Pekín lanzó una nueva campaña, Tuimu Huancao  (Convertir los pastos en praderas), para reasentar a los nómadas con el argumento de que los rebaños causaban la desertificación de un área vital en la meseta tibetana de Qinghai, donde nacen tres de los principales ríos de Asia: el Yangtsé, el río Amarillo y el Mekong. En esta provincia, 530.000 personas, el 10% de la población, han sido objeto de esta política, según las cifras del periódico Qinghai Daily. En 15 años se han construido más de 80 asentamientos para alojarlos, con resultados mixtos.

El asentamiento facilita el disfrute a comodidades modernas, desde el agua corriente a la televisión, así como el acceso a la educación y a los servicios sanitarios. El Gobierno ofrece ventajosas condiciones, desde ayudas a la compra de vivienda a estipendios individuales durante los primeros años de adaptación.
Pero también el realojamiento “ha tenido enormes implicaciones en la inadaptación cultural y social”, explica Emily Yeh, de la Universidad de Colorado. Sin hablar mandarín en numerosos casos, y con escasa formación, “a menudo no han podido encontrar puestos de trabajo u otras fuentes de ingresos, mientras que los subsidios no se actualizan con la inflación. Ambas cosas son recetas para problemas sociales”.
“En esos casos, es frecuente que pierdan el ánimo. Que no le encuentran un sentido a asentarse. Quizás se empleen como conductores, o para reparar carreteras, o montan un pequeño negocio… Emborracharse o darse al juego es un comportamiento común”, explica Chamcuoji, una trabajadora social de 32 años, que hoy visita a su hermano en Yemaocun, una aldea de viviendas idénticas nuevas en el este del lago.
Es una situación especialmente difícil para aquellos que con el traslado, bien porque se les obligó o bien voluntariamente, se deshicieron de sus yaks y sus ovejas y han perdido esa fuente de ingresos. Una opción es el sector turístico, visible en la zona del lago, donde han proliferado los pequeños restaurantes o las ofertas de alojamiento en gurs tradicionales o no: “Con esto pago el colegio de los niños”, dice la nómada Lhamo Jamyang del negocio de alquiler de caballos a orillas del lago que inició hace dos años.
Otros, como Tsewang y su familia, optaron por la vía de en medio: conservar los rebaños y hacer vida nómada en verano, urbana en invierno. Los menos continuaron su vida errante, en la que solo los ancianos o los más pequeños habitan en construcciones tradicionales de adobe o ladrillo para escapar la crudeza de los meses fríos. Todos ellos, no obstante, han debido adaptarse a una nueva realidad.

Nómadas tibetanos venden hongo cordyceps en un mercado, en mayo de 2016

 “Durante el verano claro que prefiero vivir en el gur, explica esta mujer de 33 años y una sonrisa iluminada por dos dientes de oro. Aunque la del gur es una vida espartana: dentro de su tienda, apenas caben un colchón, algunos aperos de cocina, cajas con ropa y la estufa que ahora alimenta con estiércol de yak para preparar un té de leche y mantequilla a la manera tibetana. Y para ella supone mucho más trabajo: “Las hembras de yak solo tienen leche durante la temporada cálida. Cada día tengo que ordeñarlas, después batir la leche para hacerla mantequilla. Con lo que queda, toca hacer queso. Y hay sacar a los animales a pastar, y preparar las comidas para la familia”. En invierno, en cambio, “como los animales no dan leche, el único trabajo es llevarles a pastar”.

¿Merece la pena renunciar, aunque solo sea parcialmente, a las tradiciones para lograr un mejor bienestar? Chamcuoji se encoge de hombros, mientras echa un vistazo en torno al amplio salón de la vivienda de su hermano, donde un inmenso sofá de estilo rococó convive con decoraciones tibetanas y el mantra budista Om Mani Padme Hum. “A veces merece la pena perder un poco de tradición. Lo dice un refrán chino: en algunos casos, para ganar algo nuevo, es necesario perder algo viejo"









De El País España






martes, 17 de octubre de 2017

ALGO MÁS QUE MÚSICA



La Orquesta de Cateura

 Jorge Coronel












Esta es la historia de la Orquesta de Cateura, ( Paraguay) un proyecto que alguna vez diseñó con escasos recursos, y que hoy lleva recorridos más de 25 países, teloneó a Metallica y tiene a la Reina Sofía de España como una seguidora más.

La historia de Favio Hernán Chávez parece haber salido de un cuento, cuyo protagonista no deja de cumplir los sueños de su niñez. Eso sí, a costa de esfuerzos, formación y mucho trabajo.
El director de la Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura conoció la magia de la música desde muy pequeño, cuando con 7 u 8 años empezó a tomar clases de guitarra popular con el maestro Felipe Miranda, en su Carapeguá natal. 

Poco tiempo después incursionó en grupos musicales, formando parte del coro de su ciudad y, a los 13 años, impartiendo clases de guitarra a sus compañeros –pagado por el mismo colegio del que formaba parte, el instituto Mariscal Estigarribia–. “No había un profesor de ese instrumento”, comenta hoy el director. Fue así como aquel niño aprendió a tomar liderazgo, disciplina y capacidad de organización. Ya con 15 años integró y dirigió el coro de niños de la catedral de Carapeguá. Tiempo después ingresó al Seminario, donde aprovechó el conocimiento de sus profesores religiosos, quienes lo enriquecieron en música y cultura general. Finalmente, decidió dejar el camino para estudiar Teología; Filosofía en la Universidad Católica y la carrera de ingeniería en ecología humana en la Universidad Nacional de Asunción. “Por esa carrera fui a trabajar a Cateura como técnico ambiental”, comenta. Pero la música, para él, era solo una actividad adicional, complementaria. “Siempre trabajé de otra cosa formalmente”, señala. De esa forma, enseñó Filosofía en varios colegios de Asunción, Fernando de la Mora y Luque; enseñó Administración Agropecuaria en Carapeguá y se desempeñó como administrador del vivero municipal en esa ciudad. Chávez llegó a la humilde zona de Cateura como responsable de educación ambiental, como parte del proyecto Procicla. Desde allí, algo nuevo y fundamental en su vida se empezaría a forjar.


Entre basuras, la música
















“Cuando trabajé en el vertedero comencé a enseñar música a los niños. Primeramente, a los hijos de las personas que trabajaban en la planta de procesamiento de residuos; luego se abrió a la comunidad y ahí comenzó la historia de enseñar música en ese lugar, en ese contexto”, relata el docente. A partir de esa situación social, surgió en él la necesidad de crear instrumentos de materiales reciclados.

“Para nosotros fue fácil porque dábamos clases de música en el mismo lugar donde se trabajaba, en la planta de procesamiento de residuos sólidos. Solo teníamos que extender la mano y agarrar materiales que llegaba todos los días por tonelada”, recuerda. Los primeros instrumentos que surgieron fueron los de percusión y uno de viento: un humilde violín, fabricado a partir de un viejo colador de acero y caño de agua. “Utilizaba eso más bien para mostrarlo como simulacro de instrumento. Llevaba eso a los colegios, para concienciar a las personas sobre la importancia del reciclaje”.

La sorpresa, para él, fue cuando de esos bocetos de instrumentos empezaron a emerger sonidos. Desde allí contó con la colaboración de personas como Nicolás Gómez, y empezaron a experimentar con nuevos materiales, para lograr una mejor calidad. Una fuente de inspiración para Chávez fueron los instrumentos que la popular agrupación de humor argentina Les Luthiers utiliza para sus presentaciones. Esos instrumentos fabricados con materiales alternativos – “no necesariamente residuos, sino alternativos”, acota Chávez– sirvieron para que el paraguayo pensara en fabricar algo similar, con fines didácticos. “Ahí empezamos a investigar. En ese momento había pocos lugares adonde acudir, y la mayoría de los instrumentos fueron resultado de nuestro propio ingenio”, menciona, sin falsa modestia. De esta manera, la agrupación paraguaya se convirtió en la pionera en creación de instrumentos reciclados e implementados para su uso, de la mano de niños y jóvenes considerados en situación de vulnerabilidad.

El gran despegue




Cierto día la productora paraguaya Alejandra Amarilla y la colombiana Juana Peña Aranda empezaron a hurgar en posibles temáticas para la realización de un documental en Paraguay. “Hasta que se enteraron de esa pequeña experiencia que todavía hacíamos en Cateura, cuando visitaron la comunidad y vieron a los chicos tocando música en ese mismo lugar, se les ocurrió que podía ser un buen tema para crear un documental”, relata Chávez. Entonces empezaron a grabar un breve documental. Por cuestiones de presupuesto no pudieron regresar al país; hasta que, tiempo después, volvieron y se encontraron con un crecimiento excepcional. “Tuvieron que cambiar su guión y emprendieron un documental de 90 minutos. Eso implica un trabajo enorme”, explica el músico. Así fue que se esbozó Landfill Harmonic (La armonía del vertedero), documental dirigido por el estadounidense Graham Townsley, y cuyo primer tráiler se empezó a difundir en las principales redes sociales en 2012. Las reacciones de distintas personalidades del mundo fueron inmediatas. Desde el violinista de Madonna, Jason Yang, hasta músicos de la legendaria banda de thrash metal, Megadeth, o la prestigiosa actriz británica Emma Watson y el cantante español David Bisbal, todos compartieron en sus redes sociales su admiración por la creativa formación guaraní.






Telonear a Metallica




En su recorrido internacional, los paraguayos no olvidarán la inédita experiencia de telonear los shows de Metallica en la gira que la agrupación de thrash metal dio en países de Sudamérica este año.“Fue lo más impactante en cuanto a lo artístico”, comenta el músico. “Nunca nos vimos en ese contexto, de esa forma, esa manera; participar de un evento de tanta trascendencia, con tanta gente y producción de por medio. Nosotros, lo que hacemos artísticamente, es muy humilde, somos muy conscientes de nuestras limitaciones, pero habernos proyectado a esa situación, para nosotros fue un desafío”, reconoce Chávez. El director se sincera y confiesa que nunca antes había asistido a un recital de rock. “No sabía cómo uno tiene que comportarse, qué se decía ni dejaba de decir”. En el primer concierto de la gira –en Bogotá, Colombia–, una fuerte lluvia casi interrumpió la presentación. Hasta que el temporal pasó y los paraguayos salieron a escena. “Había 35 mil personas atentas, bajo la lluvia, y que empezaron a corear con nosotros y gritar: ‘¡Paraguay, Paraguay! Para nosotros fue realmente impactante”.

Para el recital en Asunción, el mismo James Hetfield, líder de Metallica, se ubicó detrás del escenario para saludar y desear éxitos a cada integrante, antes de subir a tocar. “Ellos mismos acompañaron a los chicos antes de la entrada, ellos mismos salieron de su propio protocolo de seguridad”, recuerda el director.

Rockstar

Pero otro momento no menos importante fue compartir escenario con otra gigante del metal: Megadeth. En agosto de 2013, los paraguayos interpretaron junto a la banda de David Ellefson aquel himno de Symphony of Destruction, en Broomfield, Colorado, Estados Unidos. “Fue casi una coincidencia porque viajamos a Estados Unidos por otro motivo, otra presentación; y coincidía que era la siguiente ciudad donde ellos daban un concierto. Cuando fuimos coincidiendo, a partir de ahí vimos que existía la posibilidad de tocar con ellos. Nuestro bautismo, en ese contexto, fue allí”, revela Chávez. Tiempo antes, en mayo de 2013, el bajista de Megadeth, David Ellefson, había llegado de sorpresa al vertedero de Cateura para compartir una jornada con los jóvenes músicos.  “Con Megadeth nos sentimos más arropados porque tocamos con ellos. Lo de Metallica fue una exposición enorme. Ellos nos decían: ‘Sean ustedes mismos’”.

Conquistar a la reina

Quizás la fan más ‘importante’ de los chicos de Cateura sea nada menos que la reina Sofía de España, quien quedó fascinada con la creatividad y el talento de los niños y jóvenes paraguayos del grupo. “Nuestra visita a España tuvo tantas expectativas –a la conferencia de prensa asistieron todos los canales de televisión y diarios–; y llegó hasta los oídos de la Reina. Alguien les había hablado ya de nosotros; y de manera muy informal primero pidió estar en un curso de capacitación que estábamos dando a niños de la comunidad de Madrid”, recuerda.“No sabíamos que una persona tan importante se sienta con nosotros de igual a igual, a compartir con nosotros”, relata el músico, con entusiasmo. Finalmente, fue la misma reina Sofía quien presidió el concierto de la Orquesta de Cateura en el Auditorio Nacional de Madrid.  Fue tanto el entusiasmo, que la reina Sofía apadrinó un proyecto de música en España inspirado en la experiencia de instrumentos reciclados de Cateura.

Cuestión filosófica 

Favio Chávez es consciente de cierta crítica que gira en torno a la continuidad del uso de instrumentos reciclados, en lugar de los tradicionales, a los cuales ya pueden acceder.
“Los instrumentos reciclados forman parte del proceso, no son el final”, explica. “En la mayoría de los casos (los chicos) vienen sin padre ni madre; a veces pasa un año sin que sepamos quiénes son sus padres… esos chicos, por lo general, no tienen la experiencia ni antecedentes ni habilidad para cuidar un instrumento, de saber cómo hay que tener cuidado para que ese instrumento no se rompa. Y a veces no vienen con la disciplina y obediencia que se puede controlar en una escuela de música formal”, refiere.Es por eso que los niños y jóvenes principiantes harán uso de los instrumentos reciclados de basuras, y los tradicionales serán de uso para los alumnos avanzados. “Imaginate un niño con su casa inundada, ¿cómo va a trasladar un chelo o contrabajo de madera con esta situación?”, se pregunta el docente.
“Para cambiar la vida de un chico tienen que pasar cosas más complejas en relación a su familia, a él mismo, porque la pobreza no es una condición; es una forma de ser. La pobreza es una actitud, y estos chicos están camino a superarla”.

Mirar al futuro

Actualmente, unos 40 niños y jóvenes forman parte de la Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura. Por otra parte, son 200 las personas que aprenden música en la escuela de música que dirige Chávez en el nuevo local, que igualmente “queda chico”, según comenta. En miras al futuro, y después de llevar su música a más de 25 países, la orquesta de Cateura promete no detenerse. “No solamente en lo artístico, queremos seguir creciendo en un nivel musical, de repertorio, de habilidad musical en varios géneros”.

Acompañamiento 

El maestro Favio Chávez fue recientemente reconocido por la Cámara de Diputados con la Orden Nacional al Mérito Comuneros, en honor a la labor social que desarrolla con la Orquesta de Cateura. “Lo veo grato para mí y para todos los integrantes de la orquesta”, dice el músico sobre el homenaje. “Pero eso no nos quita de vista el hecho de que falta mucho todavía por hacer. Nosotros necesitamos realmente un acompañamiento, no solamente un reconocimiento. El gobierno tiene mucho por hacer para ayudar a nuestra labor”.









lunes, 16 de octubre de 2017

POEMA


¿Vas a enseñarme a vivir?
Miriam Reyes









Te dejaré tocar mi colección de cáscaras
compartiré contigo las uñas que guardo en los bolsillos.

Las semillas que nos dieron

son pastillas para dormir
y del ombligo dormidos nos crecen frutales.

Te daré de comer.

Ven.

La tierra prometida es cosa de otros.

Para nosotros la arena:
un paisaje que cambia con el viento.